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Téngase presente que los espíritus, hechos por Dios, han de sufrir una serie de encarnaciones en diferentes mundos, que, en cada una de ellas, han de obrar bien y caminar siempre hacia su perfección, de manera que, pronto puedan llegar al término del viaje, esto es, volver a la morada de Dios, purificados, perfeccionados. En aquellas palabras se quiere manifestar que no existe la proscripción eterna, que Dios, no castiga, no aleja de sí para siempre a sus criaturas por malas que hayan sido; porque siempre llega un momento más o menos temprano en que, conociendo sus faltas, y enmendadas por los castigos a que se han hecho acreedores, tratan  de perfeccionarse y purificarse y lo logran siempre. —La voluntad y constancia lo pueden todo, y Dios no es tan vengativo como lo pintan ciertas religiones, (la católica, por ejemplo), que le hace condenar a las almas por toda la eternidad; siendo bueno y misericordioso siempre ofrece un cable, una tabla salvadora, esto es, un momento de lucidez al espíritu, para que comprenda su error y pida trabajar para su enmienda, y poder después, como los justos, gozar de la presencia del Padre.

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