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El hombre puede lo que quiere; por lo tanto llegará a su Criador cuando se lo proponga, cuando sea su voluntad. No quiere decir esto que el hombre sea igual a Dios, muy al contrario, es su hijo y depende de Él, pero habiendo el Padre establecido unas leyes fijas no cabe duda que el que las cumpla, alcanzará premio de Él y este premio es gozar de su presencia; el que no las cumpla, ha de sufrir el castigo. Pues bien, si nos proponemos ser buenos, cumplir los mandatos del Criador y sacrificarnos por nuestros hermanos si es preciso, nada más natural que al terminar nuestra existencia terrena vayamos al Padre. Si obramos al revés y echamos en olvido las leyes divinas, en vez de premio hemos de sufrir un castigo. Teniendo esto presente, no debe extrañar que se diga que el hombre va al Padre cuando lo quiera el hombre, pues que en su voluntad está el ser bueno o el ser malo y por tanto alcanzar premio o castigo.

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