Año I

Barcelona Enero de 1898

Num. 1

INMUTABLE

AMOR

PAZ

CARIDAD

BONDAD

MISERICORDIA

JUSTICIA

SIN VELO
EL JESUITA BLANCO, FILOSÓFICO, NATURAL, DEFENSOR
DEL DEÍSMO Y CRISTIANISMO VERDAD

Número 10 cénts.

Publicación quincenal

Número 10 cénts.

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Redacción: Abaixadors, 3º 1ª
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LA CABAÑA EN 1887

En el mes de Enero del mismo salió a la luz pública un periódico que se tituló <<La Cabaña>>, porque en ella hablaba el pastor del rebaño humano; tuvo necesidad de ella para que las ovejas humanas de la tierra le comprendieran; por cuanto, en general, no comprendían su lenguaje, y le era indispensable un intérprete; por ella habló y escribió el Pastor cuanto creyó conveniente para dar y enseñar los pastos que debían comer, para que las sanas engordaran y las enfermas sanaran; y cuanto tal hizo se echó a dormir. Los lobos rapaces, creyeron que el sueño era pesado, y, vestidos con piel de oveja, se presentaron al rebaño, llamándole en masa, para matar a su propia madre, de cuyos pechos habían mamado sano alimento, y crear una madrastra, en cuyos pechos sólo podían hallar el veneno más corrosivo.

Sin embargo, se engañaron a sí mismos, puesto que el Pastor les enseñó el báculo y la piel con que se habían cubierto, y sus trabajos infames quedaron pronto desechos, volviendo la Cabaña a su sueño natural; mas los lobos aparecieron por otro lado con más orgullo y abundancia, y no vestidos con piel de oveja, pero sí de carnero muy velludo; mas el Pastor, haciendo uso de su báculo, les dio tan fuerte, que la manada se desbandó sin enseñar los colmillos, y la Cabaña volvió a dormir hasta el presente que sale refundida en el Jesuita Blanco, puesto que el antiguo pastor no la necesita por haber ascendido a rebaño superior, cuyas ovejas comprenden su lenguaje a la perfección.

Por tanto, la prensa en general comprenderá que no viene al periodismo para hacer política ni defender asuntos materiales; viene, sí, para defender el Deísmo y Cristianismo verdad, hasta quitar la máscara a todos esos que, tomando los nombres de deístas, cristianos y espiritistas, pretenden plaza de grandes sabios en el asunto, cuando no conocen la primera letra, ni se conocen a sí mismos; para tal defensa nos valdremos de sus propias armas, cual son los Evangelios católicos y las obras espiritistas por Allan Kardec y otras análogas a ellas, puesto que, antes que nosotros, dijeron otros lo que nosotros podemos decir, y fueron tapadas las luces que descubrieron; así, pues, pueden prepararse a la lid todos los sabios Deístas, Cristianos y Espiritistas, y les rogamos que dentro de la más pura moral no tengan compasión del Jesuita Blanco, porque él no puede tenerla de ninguno, si ha de cumplir el nivel justo que hace tiempo juró, así como se propone no contestar a ninguna discusión que salga de la verdadera moral.

Damos a nuestro periódico el título de Jesuita Blanco, para no confundirnos con los de la Compañía llamada de Jesús que van vestidos de negro; y como a nosotros y nuestra compañía nos gusta tanto la claridad, somos la antítesis de ellos; en las maneras de obrar podrá ver la humanidad cual es la verdadera Compañía de Jesús, llamado el Cristo, a quien vamos a representar en el actual palenque.

Nosotros sabemos que seremos comprendidos por ellos; como sabemos que la pobre humanidad, en mayoría, es posible que no nos comprenda, por haberle ocultado ellos mismos la pura y verdadera luz, para dominar al mundo entero; mas la cosa es imposible desde el momento en que somos desterrados, según nos dicen; porque el recuerdo de nuestra patria nos hace marchar a ella, cueste más o menos trabajo.

Procuraremos, antes de entrar en discusión con ellos, decir a la humanidad de la tierra quién es el creador de su inteligencia, de dónde ha venido, por qué, para qué, y los trabajos que debe practicar para volver al lado de su Creador y gozar de toda clase de delicias; para ello, fíjese en la portada y reconozca si puede admitir los atributos que concedemos al ser Creador universal, y luego recordar dos cosas; primera, que el Evangelio dice: <<Amarás a Dios en espíritu y verdad>>; segunda, que el Catolicismo representa a todos los santos con imágenes o figuras de hombres y mujeres, como a Él con la Custodia, que la llama Dios; y luego de admitir nuestra propuesta, le será fácil correr el velo que cubre su inteligencia, por ese atributo de justicia de la divinidad, y comprenderá una gran parte de la maldad de esos hombres que se dicen sus hermanos (y que en verdad lo son sus almas) causa de que en la actualidad tantos hermanos hayan llegado al ateísmo, y desenfrenados, marchan hasta la destrucción de la humanidad entera; mas esperamos que en mayoría reconocerán su error, y este reconocimiento les servirá de freno inquebrantable para reconocerse a sí mismos.


DIOS GRAN ARQUITECTO

Dios, Gran Arquitecto del Universo, Creador de toda cosa vista, Ser Todopoderoso e infalible en toda su obra ¡y cuantas cosas más le atribuyen los hipócritas hombres de la tierra! pero cuando queremos saber, y para ello preguntamos a esos hombres, cómo practica cuantos atributos le conceden, sólo oímos explicaciones absurdas, como por ejemplo; que es invisible para el hombre, que su obra se destruye, que castiga con penas eternas a unos de sus hijos, y a otros protege con eterna felicidad, y en fin, que es un caprichoso, puesto que todos dicen: <<Dios no quiso que tal cosa se haría>>, <<si Dios quiere yo me salvaré>>, etc., etc., mas también dicen que es un espíritu purísimo, pero de todos modos invisible, y para la generalidad incomunicativo; mas no se vaya a creer que estos conceptos hayan salido de lo que se llama vulgo ignorante; de hombres pretenciosos en el saber religioso y científico, es de donde salen los más absurdos, como luego citaremos partes y comprobantes, en los cuales es imposible caber más orgullo ni demostrarse mejor la ignorancia de los que se hacen maestros, so pena de que su Dios o gran arquitecto, no sea el que nosotros reconocemos con los atributos que ellos y nosotros concedemos, y para que el vulgo, que los falsos sabios llaman ignorante, pueda juzgarnos a todos y elegir el que más sea de su agrado, vamos a exponer el nuestro, que no se esconce y es comunicativo con todo lo por él creado.

DIOS, CREADOR UNIVERSAL

Según la Biblia, creó al hombre de barro y le dio soplo de vida; y nosotros hemos averiguado que no es al hombre material a quien creó y crea, sino a la forma de hombre y la de todo ser vital llamado espíritu, todo de materia etérea pero imponderable, a la que se une una chispa de luz de ese Sol que llamáis central, que es lo que llaman soplo de vida; mas nosotros llamamos y debemos llamar, la unión del alma al espíritu que se dispone a formar al hombre carnal y a los cuerpos de los demás seres vitales.

El espíritu formado de este modo se halla en constante lucha hasta que el alma lo haya vencido, con cuyo vencimiento se engrandece y vuelve con todo su grandor al punto de donde salió, formando otro Sol imagen de su creador.

Esta creación la ejecuta por el atributo de amor y para tener con quien comunicarse.

CARIDAD Y MISERICORDIA

Cuando los espíritus humanos son creados del modo mencionado, deben recorrer la pluralidad de mundos, en donde se ejercita el alma para vencer al espíritu, llevando siempre en su acompañamiento otro hermano superior a él, que le recuerda los deberes que recibió de su Creador cuando fue creado, y que debe cumplirlos antes de volver a la casa paterna, pero con la completa libertad de ejecutarlos dónde y cómo le dé la gana; este encargo es la ley que le dice: <<Amor, Paz y Caridad te encomiendo con todos tus semejantes; no volverás a mi lado hasta que así hayas cumplido>>; y Jesucristo la recomendó y vulgarizó cuando dijo: <<no hagas a otro lo que no quisieres que te hagan a ti, que en ello amas al Padre que está en los cielos>>.

PAZ Y BONDAD

Por estos atributos nunca podrá haber revolución quimérica alguna en el centro solar, donde todo es armonía y placer, de donde toda inteligencia que allí acude recibe su pedido con todo cariño; de allí no puede salir venganza ni predilección; puesto que existe la inmutabilidad, todo es arreglado con el rigor del nivel más justo; pues si bien se conceden pedidos por los demás atributos hasta con antojo de los espíritus, también se reciben por este nivel los desagradables, como compensación para que el alma pueda luchar con ventajas de la materia; y llega a tanto la exactitud de estos atributos, que el Creador nunca dijo a sus hijos que lo amasen a él; bien al contrario, dijo, que para poder ser amado por sus hijos, es menester que entre ellos se amen mutuamente. ¿Quién puede negar que el mencionado Sol presta su luz por igual a todo ser humano sin distinción, ya sea negro, blanco, o de otro color, ya religioso o ateo, ya criminal o juez? Ello nos da a demostrar cuán grande es su amor y bondad; mas también entra en su justicia el que unos de sus hijos lo vean con velo y otros sin él; como el que unos lleguemos a él, veamos lo que hay, y nos enteremos de la creación natural, y otros no, razón por la que podemos asegurar, que de la creación nada perece, todo progresa constantemente con arreglo a justicia.

Este es nuestro Dios visto y comprendido sin velo, cosa imposible de ver y comprender con el velo puesto.

EL VELO

No es que el Creador se ponga velo alguno para que el género humano no le vea, no hay tal, es el que el alma conserva en sí por falta de cumplimiento a la Ley de Amor, Paz y Caridad impuesta por su Autor, velo que conserva mientras no venza a su enemigo (el espíritu) que como material, se impone con su orgullo, egoísmo y vanidad, tapando los ojos del alma cual la catarata a los ojos del hombre, y del mismo modo que este último ve las cosas de la tierra, del mismo modo el alma ve las cosas del Sol cuando rompe el velo y cura su propia vista; pregunta, pues, al hombre que tuvo enferma la vista por causa de la catarata, si vio y comprendió las cosas materiales cuando la tuvo enferma como cuando la tuvo sana, y comprenderéis que lo propio sucede al alma respecto a las cosas esenciales, razón por la que San Pablo, en su capítulo II, v. 14, 1ª. a los Corintios dice: <<El hombre animal no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque le son locura, y no las puede entender, por que se han de examinar espiritualmente>>.

No olviden, pues, este versículo los señores sabios, que tanto se empeñan en buscar a Dios por medio de las ciencias y artefactos materiales; búsquenlo por medio de la filosofía natural y el cumplimiento de la Ley recomendada por el Cristo, y no duden que lo conseguirán tan a la perfección como sea su merecido, del propio modo que hablarán con él y comprenderán la creación; puesto que lo que llaman secretos de la naturaleza, están a la vista del que puede llegar a la casa paterna, dispuesto a poder ver y comprender; hechas estas aclaraciones, pasemos a explicar el por qué el Santo dice: <<el hombre animal>>.

Los apóstoles, como todo filósofo  y teólogo natural, comprendieron por tal, a los hombres cuyas almas están dominadas por los espíritus; que son aptos para todo conocimiento material, del cual sacan tan gran producto para vivir en la tierra, como escaso para poder atravesar la atmósfera que la circunda; inversamente sucede a los que la atravesaron, pocos son los que hagan grandes negocios en la tierra, porque comprendiendo que son ficticios, se dedican a hacerlos para su verdadera patria, en donde tienen la seguridad de que, como todo es verdadero, no se les perderán.

Esta es la razón del por qué en todo tiempo los hombres llamados ignorantes o pobres, por falta de interés material han abundado más en las creencias filosóficas naturales o religiosas en verdad, que los llamados sabios por grandes estudios materiales, y como comprobante de esto, hallamos una contestación de un espíritu en las obras de Allan Kardec, pag. 147: <<Los fisiólogos son orgullosos y lo reducen todo a su saber, creídos que la Naturaleza nada les puede ocultar, etc.>>

Ahora bien, ¿es posible que el Padre que crea inteligencias y vitalidades sea de peor condición que el padre que sólo contribuye a crear cuerpos materiales?

Nuestra razón nos indica que no, y nos hace creer que, a pesar del gran orgullo que domina a algunos hombres, (como luego demostraremos) pocos habrá que crean al contrario; luego, si el padre hombre les da un lenguaje a sus hijos para que le comprendan y él comprenderlos, no es posible que el Padre creador de espíritus deje de dar también el suyo; y, en efecto, Roma lo ha dicho y nosotros juramos que dijo verdad; <<con el pensamiento y las buenas obras podemos hablar con nuestro Padre y hermanos espirituales, como hablando bocalmente lo hacemos con los padres materiales  y nuestros hermanos los hombres>>.

ORAR O FILOSOFAR

La oración que pronuncian los labios no puede ser oída por Dios, ni los Ángeles, Querubines ni Serafines; sólo puede ser oída por los terrenales como lenguaje propio para ellos y quien tal ora, aquí recibe la recompensa (si sus oyentes se la quieren dar); mas el que ora mentalmente buscando con su pensamiento al Padre y espíritus, es oído por él, y servido según en justicia le quepa por sus hermanos espirituales, encargados de su dirección espiritual; es y tiene que ser oído por los atributos mencionados, y por los mismos es servido por extraviado que haya sido y sea; si hay quien cree lo contrario es por falta de comprensión.

El nombre de oración mental se lo dieron los que se titularon religiosos desde mucha antigüedad; mas otros le dieron el de filosofar, porque no sólo se dedicaban a saber lo concerniente a sus almas, sino también a buscar lo que llamaban secretos de la Naturaleza; y a todo cuanto por ese medio han hallado en cosas materiales, le dieron el nombre de ciencias; luego no pueden negar que la filosofía natural es el lenguaje del alma y madre de todas las ciencias, por más que científicos de gran nombre han pretendido y pretenden matarla; mas yo pregunto a tales sabios y a todos los inventores de cualquier clase que sean: ¿a dónde dirigen su pensamiento en los momentos de buscar su invento? seguramente a lo elevado, por más que su invento haya de ser hallado en las entrañas de la tierra; ved a los niños pequeñuelos cuando salen al campo preocupados en saber y conocer el por qué de tantas cosas que nos presenta la Naturaleza, y sobre todo, en las noches serenas, del modo que se fijan en los astros, y el deseo que tienen de conocer como se llaman y lo que puede encontrarse en ellos; pues estos tiernos hombres no hacen otra cosa que filosofar, mejor dicho, quieren ejercer el lenguaje del alma, cuyos órganos se encuentran en embrión, para conocer las cosas de la Naturaleza, como los del cuerpo para conocer las cosas terrenales; mas de este embrión resulta el tiempo de la pubertad, cuando unos y otros órganos entran en desarrollo, y desgraciadamente, como los hombres que se llaman sabios son modistas que cambian de nombre a las cosas a su gusto y manera, las inteligencias elevadas de aquellos seres, no pueden romper su propio velo, y mucho menos cuando se las prohíbe dirigir sus pensamientos a lo elevado, obligándolas a seguir estudios o trabajos contra su propia voluntad, de donde resulta luego, que conciben ideas equivocadas, y en vez de ser personas honradas, se hacen perversas, como acostumbramos decir a los que se extravían de toda ley, mas ¿cómo no ha de suceder así? ¡parece imposible que uno solo pueda salvarse de la hecatombe!.

Todas las religiones se afanan en contar gran número de adeptos, y por ese mismo afán procuran hacerlos suyos desde la más tierna edad; tanto, que procuran cogerlos apenas han salido del calabozo donde tomaron la forma de hombres o mujeres, obligándoles a que luego sigan dentro de aquella religión o secta, so pretexto de que sus padres así lo quisieron, sin tener en cuenta que, de haber errores en la dirección que la tal religión o secta enseña, son responsables los que coartaron el libre albedrío, del atraso que puedan tener las almas que obligaron a ejecutarlos.

Seguramente, que si esto último supieran muchos de los que pretenden ser directores de almas, no obrarían de tal modo por grande que fuera su deseo de comer con poco o ningún trabajo; mas sepan desde este momento que no sólo han de responder del atraso en que se hallen sus afiliados que con esmero sigan el camino que ellos les señalan, sino del de los que entre sí se extravíen por su causa y la de los falsos sabios.

Entre unos y otros crearon religiones a su gusto y manera, sin comprender, o querer comprender, que no puede haber más que una religión, como imposible que haya más que un Dios; luego no hay más religiosos, en verdad, que aquellos que cumplen la ley Divina, sean de la religión que fueren, puesto que la ley no reconoce nombres y los admite todos, pero no admite embudos, perdones ni fábulas; lo que sí hay es una pena del Talión, o sea, padecimientos tantos, y algo más, que los que cada cual haya hecho pasar a sus semejantes, con arreglo a nivel justo, penas que cada cual se impone cuando viene a la tierra, porque antes de venir comprende mejor las cosas del alma.

Por tanto, si como dicen, las religiones son el freno de los hombres para que no se extravíen, pueden retirarse, que la humanidad no las necesitará desde el momento en que cumpla las dos leyes que pesan sobre ella; la del cuerpo se le enseñará y obligará a cumplir la justicia de la tierra; la del alma, la cumplirá cuando quiera, puesto que tiene libre albedrío y derecho a reencarnar tantas veces como quiera, sin que el mismo Creador se lo pueda impedir; luego menos los hombres.

Estos son los misterios que entre unos y otros habéis tenido ocultos, con lo cual habéis creado el ateísmo, y validos de ciertas ciencias, obligado al desenfreno de todas las pasiones, hasta brutales; ya aclararemos poco a poco estos conceptos en el transcurso de nuestra discusión, pues tenemos material para ello.


LOS HIJOS DE MARIA
JERUSALÉN Y ROMA

Jerusalén es la patria del Evangelio; Roma la de las Decretales. La primera recuerda la Pasión; la segunda los Concilios, los Cánones, los esplendores del sacerdocio, la grandeza de la Tiara, las luchas por el poder y la soberanía. Jerusalén es la cuna misteriosa del ideal puro, sereno e inocente, recién nacido que se alza en el cielo de la historia como el sol en mañana de primavera, antes que vengan a turbarle y oscurecerle las impurezas de la vida y las pasiones de los hombres. Roma es la cuna de las pasiones mundanas y madre de las tinieblas del alma, como lo vamos a ver. Dios se lo pagará pronto con todo el rigor de su justicia, y para que mejor sea comprendido, copiamos íntegro el adjunto escrito que hallamos en el Boletín Salesiano, publicado en Abril de 1897, y es como sigue:

LA OBRA DE LOS HIJOS DE MARIA
SU IMPORTANCIA

Nada más a propósito para encarecer la importancia de la Obra de los hijos de María y para animarnos a cooperar a ella con todos los medios que estén a nuestros alcances, como ponderar la altísima dignidad del sacerdote, la sublime misión que le ha sido confiada, los bienes que su institución ha obrado y continuará obrando en el mundo. Porque ¿que alma noble y grande puede haber que al considerar estas verdades no se sienta potentemente movida a sostener y difundir una obra que como la que nos ocupamos, tiene por fin, el más alto y nobilísimo, cual es, el fomento de las vocaciones, la formación de sacerdotes?.

De la misma manera que no ha existido pueblo ni nación alguna por bárbara que haya sido sin religión, tampoco ha existido sin sacerdotes, porque no hay religión sin sacrificios, ni éstos sin sacrificadores, es decir, sin sacerdotes. Nuestro Señor Jesucristo al venir al mundo, y establecer su Religión divina, si bien hubiera podido por sí mismo o por el ministerio invisible de los ángeles conducir a los hombres por el camino del cielo, no vino a destruir el sacerdocio antiguo, sino a nobilitarlo, a sublimarlo a una dignidad formidable y superior a cuanto la inteligencia criada puede comprender.

Todos los intereses espirituales y eternos del género humano; todo el valor de la sangre de Jesucristo; toda la obra de la santificación y salvación de los hombres está al cuidado del sacerdote. En su poder ha puesto el Hijo de Dios las llaves del cielo; en sus manos ha depositado el tesoro de la fe; a su cuidado ha entregado el rebaño que compró a costa de su vida, y el mismo Jesucristo se ha puesto, por así decirlo, a disposición del sacerdote.

De todas estas estupendas maravillas que el hombre-Dios ha obrado en miserables criaturas suyas para perpetuar su eterno sacerdocio y asegurar los frutos de la Redención, encontramos patentes testimonios en los sagrados Evangelios.

En efecto; nuestro Señor Jesucristo en la última cena, después de haber dado a comer a sus apóstoles su adorable cuerpo, les dice: Haced esto en memoria mía (=1=); y desde este punto los apóstoles quedan ordenados sacerdotes y reciben la potestad de consagrar el cuerpo y sangre de Jesucristo. Pero Éste no instituyó el sacerdocio sólo para que ofreciera al Eterno Padre el Sacrificio de nuestros altares, sino también para que perdonara los pecados, para que enseñara, bautizara y rigiera a los que en él creyeran.

Y estos poderes les fueron también confiados a los Apóstoles, y en ellos a todos sus sucesores en tan alta dignidad, con las siguientes palabras: Recibid el Espíritu Santo; a quienes perdonaréis los pecados les serán perdonados; y a quienes se los retuviereis les serán retenidos (=2=). Como mi Padre me envió, así yo envío a vosotros (=3=). Todo poder se me ha dado en el cielo y en la tierra; id, pues, y enseñad a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándolas a observar todas las cosas que os he mandado (=4=).

¿Quién, pues, podrá medir la grandeza, la sublimidad de la dignidad del sacerdote, sal de la tierra, luz del mundo, dispensador de los misterios de Dios, vicario de Jesucristo, Cristo de Dios vivo y Dioses de la tierra, como le llama la escritura divina?

Nada hay en la tierra que exceda en dignidad al sacerdote, ni el esplendor brillante del solio de los reyes; ni el oro bruñido y la rica pedrería de sus coronas y diademas; ni la augusta púrpura de que se revisten los emperadores; ni el más encumbrado trono, pues, como dice S. Ignacio, discípulo de S. Juan Apóstol, "el sacerdocio es la cumbre de todos cuantos bienes Dios ha puesto en la tierra"; y S. Ambrosio: "va tanto de la dignidad de los reyes y emperadores a la del sacerdote, cuanto va del plomo al oro purísimo, de la tierra al cielo".

Mas no es sólo en la tierra, pero ni aún entre los ángeles o encumbrados serafines encontraremos dignidad que pueda igualar a la del sacerdote. Es tal la excelencia de aquellos purísimos espíritus, que los Profetas, buscando comparaciones para dar a entender la santidad y sabiduría del futuro Mesías, le dieron el nombre de ángel; pero a pesar de esto no llega a la del sacerdote.

"No sólo ha elevado Dios al sacerdote sobre los reyes y emperadores, dice San Bernardo, sino también sobre los ángeles y los arcángeles, los tronos y las dominaciones". Y el Glorioso S. Francisco de Asís, solía decir: "Si me hallase en presencia de un sacerdote y de un ángel, dejaría el ángel y me postraría delante del sacerdote, porque éste consagra el cuerpo de Jesucristo, y nos administra el pan de la vida".

Y la augusta Madre de Dios, pregunta el P. Mach, ¿no será en poder y dignidad igual y superior al sacerdote? Sin duda, responde, cuanto ha obrado en las criaturas no tiene comparación con las grandezas que obró en María el brazo omnipotente del Altísimo; mas lo diré con vuestra licencia; Madre mía, y con el acatamiento debido a Vuestra Majestad, y con uno de vuestros más regalados hijos, S. Bernardino de Sena: el sacerdote os aventaja todavía en potestad: Sacerdotium ipse praetulit supra te. Hablasteis y el Verbo se encarnó una sola vez en vuestras purísimas entrañas; habla el sacerdote, y se encarna de nuevo todos los días en sus manos el mismo Jesucristo, no mortal y pasible como vos lo concebisteis, sino impasible, inmortal y glorioso como está en los cielos. Y si hallándose próximo a expirar, vuelve a Vos su llorosa vista un pecador invocando vuestro valimiento para con Dios, no le sabréis dispensar mayor gracia que la de concederle un sacerdote que le absuelva de sus pecados y crímenes. Vos misma no podéis perdonárselos; pero irá ese sacerdote revestido del poder de Vuestro Hijo, y por indigno que sea, dirá: Ego te absolvo, y el más infeliz de los hombres quedará al instante hecho hijo de Dios y heredero felicísimo del cielo.

Concluyamos con S. Agustín: "¡Oh venerable dignidad de los sacerdotes en cuyas manos sagradas como en el seno virginal de María Santísima encarna el Hijo de Dios! ... Este prodigio pasma al cielo, horroriza al infierno, hace temblar al demonio y llena de veneración a toda la celsitud angélica". Y con S. Efrén: "Grande y extraordinaria, inmensa e infinita es la dignidad del sacerdote". Trabajemos, pues, amados cooperadores, en difundir una obra, cuyo objeto, como hemos visto, es el más grande y sublime. No os arredren las dificultades que haya que superar, ni los sacrificios que debamos imponernos, pues el premio y la recompensa que el Señor nos tendrá reservada será, al igual de la obra a que consagremos nuestros esfuerzos, magnanimis, es decir, superior a cuanto podamos imaginar.


Nota: Como quiera que hallamos un párrafo a continuación que dice, que todos los que cooperan a la dicha obra reciben una bendición especial de Su Santidad porque la ha aplaudido y reconocido, nos autoriza a creer que todo el sacerdocio llamado católico está incluido en las mismas gracias y virtudes que los aludidos Hijos de María, y sobre todo cuando ninguno de distinto título ha protestado de los absurdos expuestos por ellos.

CONTESTACIÓN

Como el autor del adjunto escrito no pone su nombre, y como declaramos en la nota también adjunta, ninguna clase de sacerdotes católicos ha protestado de lo que creemos absurdo en tal escrito, a todos hacemos responsables ante Dios y el que llaman Jesucristo, de las calumnias que en él se escriben, y nos proponemos probarlas moral y materialmente, párrafo por párrafo, para que la humanidad comprenda que el catolicismo no es deísta, cristiano, ni siquiera apostólico; y si en algo de estas tres clases lo admitimos, es en el capítulo 2º, versículo 14 de S. Pablo, 1ª a los Corintios, que dice: El hombre animal, etc., etc.

Párrafo 1º y 2º <<¿Podéis negar el dicho de Jesús a Nicodemus, que no entraría en el reino de los cielos sin volver a nacer de nuevo?>> Creemos que no, si, al menos, no queréis negar a vuestros libros sagrados; como tampoco negaréis que Nicodemus era príncipe de los sacerdotes, luego ¿comprendéis la sublimidad y grandeza sacerdotal?

3º Causa pena sólo el pensar que la razón de un hombre se halle tan enferma y millares de otros hombres que como él se dicen religiosos y directores de almas, no la hayan sabido ver, y, como él, hayan caído en la misma tentación del orgullo endemoniado; sí, sólo el orgullo infame ha podido dar al sacerdocio tal arrebato de locura en la pretensión de poseer las llaves del Cielo; ¿acaso es posible poseerlas el hombre, que, como los católicos, falta a la ley divina y cristiana? No, porque siendo Dios Justo, como declaran los católicos en su doctrina, no puede hacer injusticia tal.

Como no ha estado, no está, ni puede estar Jesucristo a la disposición de los sacerdotes, ni confió su rebaño a quien, como ellos, falta a la ley divina recomendada por él, y a la ley natural con su celibato inicuo; por el contrario, los aborrece por sus hechos contradictorios a sus doctrinas, cual declaran los apóstoles, como Pablo, cuando dice: "que los que se dediquen a la enseñanza de la doctrina del Cristo sean casados y sepan gobernar su casa y cuidar de sus hijos, porque el que no sabe gobernar su casa y familia mal podrá cuidar de otras".

4º No, no es cierto que Dios haya obrado tales maravillas, porque Dios dio y da a todos libre albedrío para que sean responsables de todos sus actos; pero luego es inmutable, tales maravillas son obra de los hijos rebeldes a su ley, o sea, los que llamáis demonios.

5º Si el Cristo consagró el pan y el vino, también consagraría el cordero que en la cena no podía faltar, por ser la conmemoración de la salida de Egipto los de Israel, tradición que nada tiene que ver con la cuestión religiosa, y como sabía que no le perdonarían los hebreos el haber tirado la ley de Moisés por cumplir la divina, al decir que de los diez mandamientos sólo debían quedar dos, nada más natural que se despidiera de sus compañeros y hermanos en filosofía natural, y que como superior en tales conocimientos, les diera reglas para que con más facilidad, luego, le pudieran comprender y servirle de intermediarios entre él y la demás humanidad. Todo esto queda comprobado por Juan, puesto que dijo, <<que no les podía entonces decir todas las cosas por que no estaban en razón para comprenderlas; que luego mandaría otro espíritu para que las dijera en su nombre>>.

Desde aquel punto, los apóstoles quedaron autorizados para enseñar la ley divina, que es amor, paz y caridad, que él vulgarizó, y se repite por varios de ellos: <<No hagas a otro lo que no quisieres que te hagan a ti; pero haz con todos como quisieres que hagan contigo, en iguales circunstancias que en ello amas al Padre que está en los Cielos>>; esta es la ley y los profetas. Añadiendo, <<que el que no está con él no está con el Padre, porque él es la ley>>; mas en cuanto a los sacerdotes quedó extinguido tal nombre en Nicodemus; lo que llamáis consagración no aparece hasta que Fabiano, el año 236, ordenó que se consagrara el Óleo y Crisma; consagración que procedía de Aarón, no de Cristo como luego probaremos.

Tampoco tuvo necesidad el Cristo de establecer ningún sacerdocio para ofrecer a Dios sacrificio de ninguna especie; porque sabía que a Dios no pueden llegar las fórmulas de ninguna clase, y que sólo pueden llegar a Él los trabajos que hacemos para rebajar el egoísmo, orgullo y vanidad, que nos obligaron a venir al destierro.

En cuanto al perdón de pecados, es la calumnia más grande que pueden adjudicar a Dios y al Cristo los católicos romanos. ¿Cómo pudo decir que los Apóstoles tenían poder de perdonar pecados, puesto que en la oración a Dios dice: que nos perdone como nosotros perdonamos a nuestros deudores? ¿Dónde halláis que el Cristo no concediera al Creador el atributo de justo que también se lo concede el catolicismo?

¿Siendo justo, cómo puede perdonar a nadie la cosa más insignificante? ¿O creéis que ese Dios tan bueno, tan sabio, tan justo, etc., se ha de acomodar a vuestros caprichos? No, ese Dios, por su justicia no puede perdonar ni castigar, se hizo inmutable desde que nos dio y da el libre albedrío ¿y creéis que el Cristo no lo sabía? manifestado queda con la manera de pedir que perdone nuestras deudas ¿por qué, pues, tanto empeño en que sea ignorante en filosofía después de haberlo hecho Dios? y ¿quién podrá creer que los hombres tienen más potestad para perdonar las faltas que otros hombres cometen a la ley divina, que Dios mismo? Sólo los que, como los sacerdotes católicos, se hallan comprendidos en el capítulo 2º, versículo 14 de S. Pablo, 1ª a los Corintios, en donde los retrata con toda justicia y perfección, sobre todo, cuando Mateo, capítulo 12, vers. 31, dice textualmente: "que no pueden ser perdonados los pecados espirituales"; nosotros, por nuestra parte, debemos añadir que sólo los que se hallan en tal caso de animalidad pueden tener la pretensión de ser más que Dios y con mayores poderes.

6º ¿Cómo habían de enseñar y bautizar a las gentes? ¿acaso en lengua que el pueblo no comprenda como los sacerdotes, por cuya causa han hecho del latín lengua universal? no, no, en lengua vulgar para que todos comprendan; y si alguno llegare al punto de reunión y hablare lengua distinta de la que podían comprender los congregados en ella, debía haber un intérprete, para que todos comprendieran lo que aquel decía; ¿Bautizaban con agua como vosotros? tampoco; los Apóstoles usaban el agua como higiénico, no como religioso; tal bautismo debían hacerlo enseñando la ley divina en práctica, como lo manifiesta Mateo, cap. 28, versículos 19 y 20; y para más comprobación, véase el primer concilio o reunión que tuvieron los cristianos el año 49, donde se determina que ya no les era obligatoria la circuncisión como bautismo Mosaico; pero en nada y para nada se habla del agua hasta el 130 que Alejandro, antes de morir, determina que el sacerdote eche agua al vino y se sirvan de agua bendecida; y aún suponiendo que todo cuanto dice el párrafo que nos ocupa lo hubieran recibido los Apóstoles, no pudo llegar a los sacerdotes católicos, por cuanto éstos no nacieron del cristianismo, pero sí del gentilismo, como probaremos más adelante, tomando al Cristo por pantalla para encubrir sus hechos orgullosos y egoístas; como probaremos apostólicamente que los verdaderos católicos no pueden entrar en el reino de los cielos, sin volver a nacer de nuevo.

El perdón de los pecados que los Hijos de María, así como el sacerdocio en general; atribuyen a Jesucristo, procedía de Moisés y Aarón, o sea de la ley de los judíos, y lo vamos a probar; así como la procedencia de la confesión, para que nuestros hermanos que no tuvieron ocasión de saberlo y creyeron obra del Cristo, corran el velo que aún cubre sus inteligencias, y vean clara la luz del alma; mas conviene que comprendan el estilo y maneras de decir las cosas de aquel tiempo, y las comparen con el estilo del presente; así como que cuanto hallen en los Evangelios lo examinen espiritualmente; más vulgar, todo el que quiera penetrarse de estas cosas, no pase de un versículo a otro sin antes haberlo meditado con el pensamiento dirigido al sol, de donde su inteligencia recibirá ayuda para toda comprensión verdad espiritual.

Vean, pues, lo que dice la Biblia en el Levítico:

El capítulo 1º. trata de los holocaustos y de los ritos con que debe ofrecerse al Señor.

El 2º trata de las ceremonias para las ofertas y de las primicias.

El 3º trata de las hostias pacíficas, o sacrificios por los beneficios que se han recibido del Señor.

El 4º (textual); rito para los sacrificios por los pecados del sacerdote, por los del pueblo, por los de un particular, cometidos por ignorancia o malicia.

El 5º trata de algunos otros sacrificios por varias culpas.

Hagamos una observación para la mejor comprensión.

El nombre de rito lo daban a las fórmulas que los hijos de Aarón, hoy sacerdotes judíos, debían observar para pedir a Dios el perdón de los pecados de aquellos pecadores que les llevaban las ofrendas; pero conste que para Dios era una parte mínima, el resto para el sacerdote, como se declara en el cap. 2, párrafos 1 al 3, que dicen así:

Cuando alguna persona ofreciere oración de presente a Dios, cuya ofrenda será flor de harina, sobre la cual echará aceite y pondrá sobre ella incienso.

(Continuará)

Imp. de P. ORTEGA, Aribau, 13 - Barcelona

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Deísmo, Cristianismo y Espiritismo

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Notas a pie de página:
Periódico Filosófico El Jesuita Blanco defensor del Deísmo, Espiritismo y Cristianismo verdad - Nº 1

=1=
Lucas XXII, 19

=2=
Joan. XX, 22 y 23

=3=
Joan. XX, 21

=4=
Mateo. XXVIII, 18-20

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