Año I

Barcelona 1º. Julio de 1898

Num. 11

INMUTABLE

AMOR

PAZ

CARIDAD

BONDAD

MISERICORDIA

JUSTICIA

SIN VELO
EL JESUITA BLANCO, FILOSÓFICO, NATURAL, DEFENSOR
DEL DEÍSMO Y CRISTIANISMO VERDAD

Número 10 cénts.

Publicación quincenal

Número 10 cénts.

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Redacción: Abaixadors, 3º 1ª
Administración: Borrell, 53 bis, tienda

LOS HIJOS DE MARIA
JERUSALÉN Y ROMA
Como paga el Catolicismo a sus protectores
(Continuación)

Poco después murió Juan V.

Sucedióle su hijo José I, y durante veintisiete años, gracias al carácter noble de este Monarca, la masonería no tuvo que sufrir ninguna persecución.

No fue tan feliz en el reinado siguiente; Dª. María I, proclamada reina el 13 de Mayo de 1777, comenzó, o más bien, dejó comenzar un sistema de atroces persecuciones, elegido imperiosamente por el fanatismo religioso de que entonces era presa Portugal, y los hombres más recomendables por su saber, se vieron obligados a huir del reino para sustraerse a las torturas con que les amenazaba la Inquisición; por otra parte, los acontecimientos que se realizaron en Francia el año 1789, proporcionaron nuevas armas a los enemigos de la francmasonería.

El inquisidor Álvaro José Rotelhan, de acuerdo con el intendente de la policía del reino, Diego Ignacio de Pina Manique, hizo expulsar de Portugal en 1791, al francés Juan José de Opigny, por sospechas de que conspiraba, y al año siguiente, la Reina ordenó al gobernador de Isla de Madera, que entregase al Tribunal del Santo Oficio, todos los masones promovedores de la revolución francesa.

Estas órdenes recibieron inmediata ejecución y las pocas familias que pudieron huir, buscaron refugio en los Estados Unidos de América. Uno de los buques que conducían a los fugitivos, entró en el puerto de Nueva York llevando en su tope una bandera blanca con esta inscripción: Ausilium querimus; los principales masones de la ciudad se apresuraron a pasar a bordo y llevaron consigo a las familias proscritas, a las cuales concedieron la más generosa hospitalidad.

A pesar de estas persecuciones, no habían podido arrancarse de Portugal los primeros gérmenes de la masonería. Continuaban, por el contrario, desarrollándose, y existían diferentes logias en pleno ejercicio; por el año 1795 había en Coimbra, de la cual era venerable, un alemán llamado Mateus. En la misma época había en Oporto, y por cierto que, habiendo despertado las sospechas de la policía, no tardó en ser objeto de las vejaciones del Corregidor.

La de Lisboa tuvo que sufrir igualmente numerosas persecuciones; pero, a pesar de ellas, continuó valerosamente el ejercicio de las ceremonias masónicas.

Muchos historiadores refieren un hecho sumamente dramático de los francmasones en Portugal. En tanto que la policía buscaba en todos lados en tierra a los desgraciados francmasones, éstos encontraban fácilmente refugio y abrigo a bordo de los buques anclados en la rada de Lisboa o en otros puntos del litoral.

Todas las noches, a la hora en que los lebreles del Corregidor se dedicaban a buscar con una paciencia digna de mejor suerte los ocultos retiros en que los francmasones celebraban de ordinario las ceremonias de su misterioso culto, se alejaban silenciosamente de la playa algunas barcas, que ganaban el alta mar y abordaban a ciertos buques sólo de ellos conocidos. Nadie sabía a donde iban aquellas barcas; pero tampoco inspiraban la menor inquietud. El buque anclado en el puerto recibía a su bordo a los hombres que las barcas transportaban; y cuando todos estaban reunidos, ante la inmensidad y el solemne silencio del Océano, empezaba una de esas extrañas ceremonias que elevan el alma y extasían poderosamente la imaginación. De esta manera existía en 1797, a bordo de la fragata "Fénix", una logia regular, a la que existían como visitadores y afiliados muchos hermanos ingleses y portugueses. Esta logia dio conocimiento a la titulada La Regeneración, que tenía su asiento en Lisboa, y que fue a su vez cuna de otras cinco logias, siendo una de ellas la Fortaleza, que llegó a hacerse notable y entre cuyos miembros, que llegaban al número de 140, se contaban los portugueses más ilustres por su talento y su posición social.

El gobierno de la masonería estaba en aquella época, a cargo de una comisión directiva compuesta de seis hermanos, cuyas atribuciones eran, no solamente dirigir los trabajos de logias portuguesas, sino también prevenir las persecuciones o debilitar sus consecuencias por todos los medios de que pudieran disponer.

Bajo la influencia de esta comisión, la Sociedad Masónica se propagó rápidamente por las diversas provincias del reino, y además de las logias de que acabamos de hablar, se formaron en Lisboa otras tres, dos de ellas militares, y tenían su asiento, la una, en San Julián de Barra, y la otra, en el cuartel del regimiento auxiliar de dragones ligeros; la tercera celebraba sus reuniones en la calle de Patrocinio.

En tanto que de esta manera iba desarrollándose y creciendo la masonería, el intendente general, Diego Ignacio de Pina Manique, redoblaba su celo para adquirir noticias ciertas de la institución, llegó el año 1800. La Reina, agravada por las dolencias, había entregado las riendas del Gobierno, a su hijo el príncipe don Juan, que tomó el título de Regente del reino.

Diego Ignacio de Pina Manique, dirigió entonces una larga memoria manifestando que no era posible dudar de la existencia de la Sociedad Masónica en Portugal, que había la perentoria necesidad de concluir por cualquier medio con aquella maldita canalla, y que los masones eran enemigos declarados de todas las religiones, en particular, de la religión católica. Añadía que aspiraban, ante todo, a la abolición de la monarquía.

En apoyo de estas acusaciones presentó Manique un testigo pagado, vil sicario de la policía, que juraba, con haber visto sus propios ojos, y a favor de una abertura practicada en el espesor de un muro, a los francmasones azotar una imagen de Cristo que derramaba sangre en abundancia y exhalaba lamentables gemidos.

El denunciador afirmaba, además, que los francmasones habían introducido algunos barriles de pólvora en los subterráneos de la citada Nova, con objeto de que estallasen cuando el príncipe atravesara aquel barrio con la procesión de Corpus Cristi.

Apunto estuvo esta maquinación de alcanzar éxito completo, y no faltó mucho para que Manique pudiera apoderarse de todas las logias portuguesas. El hecho fue como sigue:

Antonio Martínez de Costa Pasos, natural de Río Janeiro, y francmasón, acababa de llegar a Lisboa en la más completa indigencia. Impulsado por la miseria, y no encontrando medio honroso de salir de tan precaria situación, sin embargo, de que sus correligionarios de Lisboa, a quienes se había dirigido, le habían asignado una pensión de cuatrocientos ochenta reis diarios que le eran pagados con la mayor exactitud, se entendió con el padre Antonio de Caminha y fue a ofrecer a Manique darle a conocer el nombre de los masones, el lugar en que celebraban sus asambleas y todos los detalles de lo que en ellas pasaba.

Pasos, en su calidad de extranjero, tenía entrada franca en todas las logias de Lisboa, y se le había permitido consultar los diversos manuscritos relativos a la masonería portuguesa. Pasos consagró algunos meses a copiar estos documentos, con objeto de hacerlos conocer a Manique; pero felizmente para los francmasones, la trama urdida por el brasileño y el padre Antonio, no tardó en ser descubierta, y dos miembros de la comisión directiva pudieron tomar las medidas convenientes para prevenir sus efectos.

Primeramente, y para desautorizar las denuncias hechas por Pasos, imaginaron mezclar con los papeles que éste copiaba, varios contradictorios, con objeto de que unos a otros se destruyesen mutuamente.

No contentos con esto, llevaron más lejos la previsión, y algún tiempo después, sin que se sepa de que manera, Pasos desapareció de Lisboa. Dícese que, al conocer esta desaparición, no tuvo límites la cólera de Manique y juró ahorcar, uno de tras de otro, a todos los masones de Portugal.

Inmediatamente se puso en movimiento toda la policía de Lisboa, y los tenebrosos agentes de Manique, redoblaron su celo y sus esfuerzos para llegar a descubrir el lugar de las reuniones secretas de los francmasones, con objeto de apoderarse de todos a la vez; pero si los esbirros del intendente general redoblaron su celo, redoblaban también el valor y la vigilancia de los masones portugueses, que constantemente inquietados por la policía, consiguieron siempre engañarla, y no interrumpieron ni un solo día los misteriosos trabajos de sus logias.

Sin embargo, para obtener este resultado, se veían en la previsión de tomar las mayores precauciones de recurrir a mil distintos disfraces, de cambiar perpetuamente de local, y con frecuencia, mientras unos hermanos se dedicaban ostensiblemente al baile y otros placeres que no podían inspirar sospechas, los demás miembros de logia, se dedicaban a los trabajos graves de la orden.

Fácilmente se concibe lo difícil y peligroso de esta situación, pues un día u otro podrían ser sorprendidos del implacable Manique. Con objeto de evitar este riesgo, el hermano Hipólito José de Costa Pereira Furdo de Mendoza, acompañado de los Hermanos Montero y José Ferrao Mendoza, Sousa, prior de Anjos, se dirigió a D. Rodrigo de Sousa Contonsio, después marqués de Lunares, que ejercía entonces las funciones de ministro de Hacienda y Presidente del Tesoro Público. El hermano Hipólito tuvo primeramente una conferencia particular con el ministro; fueron luego introducidos los dos hermanos y Monteiro, que era el Venerable de la logia "La Concordia," le expuso el estado de las cosas, y le rogó que interpusiera su autoridad para hacer cesar las injustas persecuciones de que era objeto la Masonería.

Don Rodrigo la interpretó, y dirigiéndose al hermano Ferrao, le dijo: Señor prior, hacedme el favor de ir a decir de mi parte al Sr. Intendente Manique, que los Masones no son tal como él los ha pintado a su Alteza, sino que, por el contrario, son súbditos fieles y honrados ciudadanos.

Añadid que yo mismo me he encontrado en Turín con don Alejandro de Holstein, cuya fidelidad es tan acrisolada como la mía, y que le ruego que deje en paz a mis amigos, ofreciéndole desde luego que serán prudentes y que no abusarán de mi tolerancia.

Las simpatías de D. Rodrigo prometían a los francmasones un porvenir más seguro y tranquilo. Sin embargo, Manique no era hombre que renunciase fácilmente a sus proyectos; necesitaba a toda costa una venganza terrible, y no perdonaba al hermano Hipólito que se hubiera dirigido al ministro de Hacienda, y sobre todo, que sus explicaciones hubieran alcanzado buen éxito.

En Julio de 1802 aprovechó el Intendente de policía una ocasión favorable, y el hermano Hipólito fue reducido a prisión. Se le vigiló con el mayor rigor, se les negó la entrada en el calabozo a las personas que deseaban verlo, y ni siquiera se permitió que se le entrasen alimentos o algún otro objeto de que pudiera tener necesidad. No obstante, los francmasones, por quienes sufría Hipólito esta rigurosa detención, trabajaban tanto y tan bien, que una noche se abrió la puerta de la cárcel e Hipólito huyó con el carcelero que le guardaba. Durante algunas horas vagó por las calles de Lisboa a la ventura buscando algún amigo a quien pudiera descubrirse; por fin, se le presentó un hermano que le ofreció un refugio en su casa; y no tardó en pasar a bordo de un buque que, mediante un pasaporte del Embajador de España, le condujo a Gibraltar.

Compréndese fácilmente cual sería el furor de Manique cuando supo la desaparición de su víctima; pero la fuga era ya un hecho consumado, y sus investigaciones y pesquisas fueron de todo punto inútiles. Manique se arrojó entonces sobre los hermanos que permanecían en Lisboa; sucediéronse las prisiones con una rapidez inaudita, y la torre de Belén, donde se encontraban los presos, estuvo muy pronto llena. No fue posible encontrar pruebas contra algunos de ellos, y se les puso en libertad después de tres o cuatro meses de encarcelamiento; pero los demás fueron juzgados inexorablemente y deportados a América.

Semejante enormidad no podría explicarse sino en España o Portugal, pues aún en aquella época la menor acusación bastaba al Santo Oficio para justificar sus sangrientas persecuciones.

La Inquisición no tenía ya, ciertamente, el poder formidable de que en otro tiempo había gozado; pero conservaba, sin embargo, una gran influencia, de la que abusaba con frecuencia.

Por fortuna para este desgraciado país, iba a llegar el momento de la regeneración, y los ejércitos franceses se preparaban a echar en él fecundos gérmenes de libertad e independencia que habían ya sembrado en las demás naciones de Europa.

Estalló la guerra entre Portugal y Francia, y las tropas imperiales mandadas por el general Junot, hicieron su entrada en Lisboa en el año 1807.

Una diputación masónica compuesta de los miembros más distinguidos por su posición, fue inmediatamente a cumplimentar al general francés y a pedirle su protección para la masonería, mereciendo del general la más favorable acogida; hecho que nada tiene de particular, puesto que la institución masónica estaba sumamente extendida en los ejércitos de Napoleón, hasta el punto de que cada división, y aún cada regimiento, tenía logia particular. La más franca cordialidad reinó durante algún tiempo entre los vencedores y vencidos pertenecientes a la francmasonería, pero los manejos del duque de Surex, que ocupaba una alta posición en la masonería inglesa, rompieron fatalmente estas amistosas relaciones, y no faltó mucho para que los francmasones portugueses experimentaran nuevas vejaciones.

Rechazados los franceses de Portugal y evacuado el territorio después de la capitulación de Cintra, volvieron por segunda vez en 1809 al mando del mariscal Soult, si bien se sostuvieron muy poco tiempo.

Algunas semanas después de su retirada definitiva, tuvo lugar un hecho sumamente singular; los ingleses habían tenido la idea de celebrar una procesión masónica en Lisboa, desde el castillo San Jorge hasta la calle de Alegrín.

Se continuará (=1=)


UNA DISCUSIÓN

Entre un católico que pretende ser cristiano y un cristiano que renegó del catolicismo; sabio el primero —según los hombres— e ignorante el segundo.

(Conclusión)

Caracol.— Pablo en su 1ª a Corintios, cap. 15 vers. 3 y siguientes dice: que por qué primeramente os enseñé lo que así mismo recibí; que Cristo fue muerto por nuestros pecados conforme a las escrituras; que fue sepultado y resucitó al tercer día; que apareció a Caifás y después a los doce; después apareció a más de quinientos hermanos juntos y después a más de mil, y el postrero de todos apareció a mí. Y si Cristo es predicado que resucitó de los muertos ¿cómo dicen algunos entre vosotros que no hay resurrección de muertos? porque si no hay resurrección de muertos, Cristo tampoco resucitó; y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación; vana es también vuestra fe. Y aún somos llamados falsos testigos de Dios, porque hemos testificado de Dios que Él haya levantado al Cristo, al cual no levantó, si en verdad los muertos no resucitan; porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó. Mas ahora, Cristo ha resucitado de los muertos; primicia de los que durmieron fue hecha por cuanto la muerte entró por un hombre, también por un hombre la resurrección de los muertos; ¿de otro modo qué harán los que se bautizan por los muertos, si en ninguna manera los muertos no resucitan? Si los muertos no resucitan, comamos y bebamos que mañana moriremos; mas dirá alguno: ¿Cómo resucitan los muertos? ¿Con qué cuerpo vendrán? Necio, lo que tú siembras no se vivifica si no muere antes; cuerpos hay celestiales y cuerpos hay terrenales; uno es la gloria de los celestiales y otro es la gloria de los terrenales. Así también es la resurrección de los muertos; se siembra en corrupción, se levantará en incorrupción; se siembra cuerpo animal, resucitará cuerpo espiritual; todos ciertamente no dormiremos, mas todos seremos transformados; los muertos serán levantados sin corrupción y nosotros seremos transformados.

2ª de Pablo a Corintios, Cap. 3º., versículo 18 dice: Nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor somos transformados de gloria en gloria en la misma semejanza como el Espíritu del Señor. El Evangelio de Juan, Cap. 3º., vers. 3: Y respondió Jesús a Nicodemus; y díjole: De cierto te digo, que el que no naciere otra vez no puede entrar en el reino de Dios; 76: lo que es nacido de carne, carne es; y lo que es nacido de espíritu, espíritu es; 29: y los que hicieron bien saldrán a reencarnación de vida; mas los que hicieron mal a reencarnación de condenación.

Capítulo 10 verº. 17: Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida para volverla a tomar; y verº. 18: Nadie me la quita, mas yo la pongo de mí mismo, porque tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar. Este Mandamiento recibí de mi Padre.

Pablo a Romanos, capítulo 6, verº. 5: Porque si fuimos plantados juntos en él a semejanza de muerte, así también lo seremos a la de su reencarnación.

Pablo 1ª. a Tesalonicenses, capº. 4, verº. 14: Si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Él a los que durmieron en Jesús.

Juan 3—7: No te maravilles de que te diga, si es necesario volver a nacer otra vez.

En la filosofía griega, escrita por Ricardo Beltrán, hallamos que nuestras almas son seres caídos del Cielo en la envoltura del cuerpo a consecuencia de un gran crimen; pero el castigo no es eterno, entre tanto el alma emigra y va pasando de un cuerpo de mayor a menor escala, según sus merecimientos.

Los de la vida pasada: Si el alma ha realizado grandes y bellas acciones, el nuevo cuerpo que anime se hallará perfectamente sujeto a las influencias del amor. En condiciones opuestas será la discordia ley del cuerpo. Esta emigración no queda sujeta al mundo humano, comprende a todo lo orgánico.

Las aspiraciones del alma humana es encarnarse en cuerpos y mundos superiores para aproximarse cada vez más a lo purísimo y celeste, y para conseguir este fin no hay otro remedio que el bien, ni otra ayuda que el amor.

Y por último, Juan, capº. 14 versº. 2, dice haber oído a Jesús que en la casa del Padre hay muchas moradas.

Renegado.— ¿Qué te ha parecido la explicación de Caracol?

Católico.— Admirable.

R.— ¿Puedes rechazar un solo dicho?

C.— No, desde el momento que son al pie de la letra.

R.— ¿Luego quedas convencido de que el catolicismo no es deísta, ni cristiano, ni siquiera Apostólico?

C.— Con tales pruebas no hay más remedio que convencerse, puesto que son Evangélicas en mayoría, y veo, además, que vosotros habéis examinado y comprendido mejor que yo los textos sagrados de la Iglesia Católica.

R.— Pues qué ¿Pudisteis creer que nosotros obrábamos sin registrar tales textos? en tal caso, mal creído; es en donde más nos hemos filtrado para conocer lo verdadero y lo incierto, como pudisteis comprenderlo al examinar el Padre nuestro y las Bienaventuranzas, en donde los laborantes de la Biblia cometieron tan grandes adulterios.

C.— ¿Quisieras decirme de qué medios os valéis para tales exámenes?

R.— De los naturales, como ya has podido comprender; cuando cogemos un texto que trata de cosas filosóficas y teológicas, pasamos la vista material por ellas, teniendo el pensamiento buscando el centro de lo justo, y los comprendemos según en justicia nos cabe por el uso que de ello queremos hacer.

C.— ¿Crees conveniente que utilice algunos ratos con Caracol para cosas de comprobación como lo hemos hecho?

R.— Sí, esta clase de datos te los dará tan exactos como yo mismo, puesto tiene más textos que yo y le gusta revisarlos.

C.— Está bien, procuraré aprovechar, puesto que en ello veo la gran ilustración del alma, de que tanta necesidad tengo; volveré, adiós.

P. V. G.
LA CABAÑA.


¿QUIÉN ES EL DEMONIO?


(Continuación)

Los toques que hace Dios en el alma querida, consisten en una sensación verdadera y real, pero puramente espiritual, por la cual el alma siente a Dios en su íntimo y le gusta con gran deleite. Para sentir el toque espiritual, hace falta que el alma se perfeccione y se acerque tanto a aquel acto experimental que se llama toque de Dios, por el cual le sienta y le guste en la sabia del monte, y estas noticias son altas y amorosas no las pueden tener sino las almas que llegan a la unión con Dios por medio de la divina caridad; y dan tales noticias un sabor y un olor tan sublime y agradable, que el alma conoce que ha llegado para ella la vida eterna; y confirmando esto San Juan, dice: que aunque en esta vida no se goce perfectamente como en la gloria, sin embargo, como el contacto de la divinidad es tan suave prevé pronto el alma la vida eterna de donde recibe el don de fortaleza y sabiduría, &., &.

Cuando el alma se transforma en Dios, no pierde el alma un punto de su ser, ni Dios del suyo, quedando ambos cuales eran antes de dicha transformación.

352.— Hablando Santa Teresa de la unión mística (desposorio) bien que en su ínfimo grado, que ella llama unión simple, dice que aquí no tiene entrada la fantasía; pero éstas están del todo perdidas (las potencias en tiempo de la unión, de la cual habla aquí) y sin imaginar cosa alguna, (que a mi parecer la imaginativa también se pierde totalmente) digo, que es por breve tiempo. Esto lo vuelve a explicar la Santa de varias maneras:

Aquí, dice, faltan las potencias, y se suspenden de manera que de ningún modo se conoce que obren.

Si estaba pensando en un paso se pierde la memoria como si no hubiese pensado jamás; si leía no hay recuerdo ni reflexión sobre que leía; lo mismo digo si oraba vocalmente; así que a esta importuna mariposilla de la memoria se la queman aquí las alas y no puede moverse ni inquietarse.

La falta de potencias compréndase que es de las materiales, porque en cuanto a las racionales jamás están más despiertas, ni obran más altamente que las tales uniones, razón por la que se pierden (aunque por breve tiempo) las potencias materiales.

Traigo, por ejemplo, una cierta unión de puro espíritu que se hace en el caso referido de la misma en el castillo interior; aquí habla de una unión espiritual tan pura que la entiende solo el alma y Dios; sin embargo se advierte que le precede un recuerdo de Dios hecho por vía de palabra.

Finalmente, queda el alma unida a Dios por medio de una operación espiritualísima, desconocida de los sentidos corporales, pero conocida por los sentidos del alma.

Reflexione el lector que en las contemplaciones Dios se hace presente al alma, y se le manifiesta a sí mismo y sus perfecciones. Aquí le da aquellos abrazos que tanto deseaba la esposa. Aquí le da aquellos dulces ósculos que le pedía el esposo con tanto afecto; y San Bernardo, añade: calcule el lector cuál será la deleitación y gozo del alma hallándose en la presencia y entre los ósculos y abrazos de su amado; esto es, dentro experimental del sumo bien, y añade el Santo: semejante gozo en esta vida poseído aunque en breve tiempo es una verdadera prenda de la eterna felicidad.

Santo Tomás, continuando lo dicho por Santa Teresa, dice que en tales casos el alma puede decirse con verdad que en la tal unión está muerta a sí misma y vive solo para Dios.

De esto se infiere que el amor divino une tanto el alma a Dios que la hace vivir en sí misma, y que Santa Teresa explica esta unión con la bella semejanza del gusano de la seda. Fabrica éste su capullo y dentro de aquel sepulcro de seda queda muerto. Después resucita o vuelve a la vida, pero se levanta trocado en una linda y bella mariposa. Así el alma que antes era gusano por sus terrenas y bajas cualidades, en esta simple unión muere a sí misma y renace a Dios. Así que ella misma, después de una profunda meditación si la sucede, y si con frecuencia la sucede hallarse en ella, se ve tan trocada que no se conoce a sí misma, y si antes procedió con lentitud en el ejercicio de las virtudes y caminaba como gusano, después se ve con las alas puestas para volar a la cumbre de la santidad.. Ve sus miserias con grande claridad porque en la morada donde bate con viva luz del sol de justicia no hay átomo ni lunar que pueda quedar escondido, por lo cual, en vez de concebir complacencia vana de tan alto favor se queda en un grande apocamiento y desprecio de sí misma; pero queda con gran despejo de todas las cosas terrenas; y si retenía algún afecto a los parientes, a los amigos, a la hacienda, a las diversiones, &., &., todo lo pierde, porque habiendo gustado la dulzura divina en su fuente, todos los bienes de la tierra le parecen aguas turbias y hediondas, y todo la fastidia; pero queda con grande resolución y fortaleza para subir a lo más alto de la cumbre y de la perfección; y no ya paso a paso como lo hacía antes, sino con rápidos vuelos, pues para ello recibió las alas de amor.

Todos se siguen por una cierta naturalidad a la dicha unión; porque quedando el alma en estos primeros grados de transformación en Dios y de algún modo divinizada deja sus propiedades y su modo bajo de obrar, por comenzar a lo divino.

Prosiguiendo la Santa dice, que aunque la confianza en Dios jamás es sobrada puede ser indiscreta cuando no va junta con una desconfianza de sí misma y un santo temor con prudente miramiento en el obrar; pues las almas que ya han gustado de la Divina unión con Dios, hay algunas, que se creen que ya nada hay que temer; pero se engañan; porque aunque han levantado algún vuelo habiéndolas sacado Dios del nido son, todavía, pájaros de primera pluma y no han adquirido todavía fuerza bastante para volar sin peligro de caer; quiero decir, que no han adquirido virtudes bastantes sólidas que las hagan seguras. Es verdad que Dios es esposo amantísimo del alma, pero también es esposo celosísimo; quiere reinar Él solo en ella y lo quiere poseer todo. Mas si ésta empieza a revoletear en otro objeto con sus afectos, Él se retira pronto de ella amargado de su poca fidelidad y comienza luego a romper los tratos del desposorio que por medio de las mismas pasadas también habían comenzado.

Creemos que con los antecedentes expuestos bastan para que la humanidad quede convencida, de que el catolicismo no es ignorante en las maneras de obrar respecto de la dirección de las almas, luego, esta misma humanidad se hace responsable al aceptar sus necias enseñanzas, puesto su propio deber, es después del cumplimiento de la Ley Cristiana y Divina acudir al Padre celestial con su pensamiento (cual Teresa y otros enseñan) y hablar con Él como hablan con el lenguaje vocal con los padres hombres, y no dudamos que obtendrán comunicación correcta, siempre que lo verifiquen con el pensamiento puro, y exclusivamente, para las cosas del alma, medio por el cual, toda ella sabrá elegir entre la dirección que le dan los perdonadores de pecados, la que dio Jesús llamado el Cristo y el Jesuita Blanco, sin olvidar que los dos últimos son responsables del atraso que reciban en la carrera espiritual todos los que sigan sus enseñanzas.


CONTESTACIÓN
A "LA REVELACIÓN" DE ALICANTE


La Revelación de Alicante de Mayo último nos dedica cinco párrafos; y en el último nos amenaza con dar por terminada esta discusión si no rectificamos nuestro dicho y prueba de que es poco Deísta y poco Kardeísta.

Pregunta en el primero:

¿Cómo se afirma que Kardec rechazara las ciencias por materiales por el mero hecho de manifestar que los hombres científicos no pueden ser peritos en el Espiritismo?; por la sencilla razón de que el sabio todo lo subordina a la ciencia o especialidad que él ha estudiado, lo que no deja de ser un verdadero orgullo, etcétera, etc., y nosotros debemos contestar añadiendo:

Que la partida 19 del mismo libro, Espíritus, dice:

¿No puede el hombre, merced a las investigaciones de las ciencias, penetrar algunos secretos de la Naturaleza?

La ciencia le ha sido dada para su progreso en todas las cosas; pero no puede traspasar los límites fijados por Dios.

20. Fuera de las investigaciones de la ciencia, ¿le es dado al hombre recibir comunicaciones de un orden más elevado sobre lo que se sustrae a sus sentidos? Sí, y si Dios lo juzga útil, puede revelar lo que no pueden enseñar las ciencias.

147. ¿Por qué los anatómicos, los fisiólogos y los que profundizan las leyes naturales se inclinan frecuentemente al materialismo?

Los fisiólogos lo refieren todo a lo que ven. Orgullo de los hombres que creen saberlo todo, y no admiten que algo sea superior a su entendimiento. Su misma ciencia los hace presuntuosos, y creen que nada puede ocultarles la naturaleza.

617. ¿Qué objetos abrazan las leyes divinas? ¿Conciernen algo más que a la conducta moral?

Todas las leyes de la naturaleza son divinas, puesto que Dios es autor de todas ellas. El sabio estudia las leyes de la materia; el hombre de bien las del alma y las practica; y en su final protesta hasta seis veces; y pasando a hojear el libro de Médiums nos encontramos con la página 149, partidas 17 y 18, declarando, que el espiritismo es una filosofía y no debe salirse de ella un solo paso; luego como rectificación debemos decir que La Revelación no es nada Kardeísta.

En el 2º párrafo manifiesta, sin aclarar las dos cosas hasta con empeño, esto es, o pretende que nosotros despreciamos las ciencias o que ellos son el todo para todo; si es el primer caso, decimos, en verdad, que no hemos sido comprendidos, puesto nosotros las usamos en cuanto nos son necesarias para los usos de la vida corporal, como usamos la filosofía natural para las cosas del alma, cual La Revelación nos aconseja, para dar a Dios y al César lo que a cada uno corresponde, acompañado del cumplimiento, en cuanto nos es posible, del Amor y Caridad espirituales, único medio de llegar a Dios, puesto la filosofía natural es el lenguaje del alma y madre de toda ciencia que tanto se recomienda en las partidas 614, 617, 621, 621 dº., 622, 625, 626, 676, 878, 887, 879 y otras; y afirmamos que por tal camino llega el alma tan directamente a Dios como la separan las ciencias, por más que sean Astronómicas; y hacemos esta afirmación sin hipótesis de ningún género, cual no puede hacer la ciencia de clase alguna.

Marchando por el mismo camino vemos y comprendemos la verdadera luz del alma y las ciencias espirituales; por eso sabemos diferenciar la esencia de la materia, que tanto os ha maravillado en nuestra aclaración, al paso que comprendido el progreso positivo; mas es verdad que para ello hemos dejado de continuar el progreso científico que, como ficticio, sólo nos enseña la luz de los cañones y fusiles y el robo con el magnetismo, que como los católicos nos guiaban al centro de la tierra, en vez de dirigirnos al Sol, patria de nuestra procedencia; La Revelación teme volverse loca cuando de tales cosas se trata, porque ella no ha llegado a comprenderlas, porque embebida en las ciencias y tomando a Kardec por pantalla, no ha sabido hallar la causa de la no comprensión, que en el libro de Espíritus, partª. 182, es como sigue:

Podemos conocer con exactitud el estado físico y moral de los diferentes mundos? Nosotros los espíritus no podemos responder más que conforme al grado en que os encontráis; es decir, que estas cosas no debemos revelarlas a todos; porque no todos estáis en estado de comprenderlas y les perturbaría.

Así pues, el que teme volverse loco porque no comprende estas cosas, debe separarse de ellas y procurar mucho adelanto en su grado para poderlas comprender; mas no rechazar ni despreciar lo que él no comprende, pues de otro modo tendremos razón para decir que hay locos por voluntad propia.

En cuanto al valor que puedan tener las ciencias para el caso que nos ocupa, vamos a transcribir un párrafo.

Dice Bosmini que una ciencia que no salga de los conocimientos de los hechos experimentales, continuamente mudables, fallece, muere y se anula por sí misma, porque no puede conocer más que hechos, los cuales, privados de principios, carecen de todo valor.

Otro:

La ciencia que reduce sus investigaciones y sus esfuerzos a los límites de un orden material y sensible, es ciencia que se niega a sí misma.

La investigación verdaderamente científica no se detiene en el estudio de los simples hechos, tales como se ofrecen a nuestros sentidos, sino que trata de elevarse inmediatamente hasta sus causas y razones, y aún es de advertir que, para que una ciencia constituya en toda su perfección posible, no basta que se eleve a las causas próximas de los hechos ni a las razones intrínsecas de las cosas que las producen, sino que debe elevarse también a las razones últimas que contempla la Metafísica, procurando ver un fin determinado en todo hecho y no verdadero designio de toda obra.

Con razón ha dicho un químico eminente: No hay ciencia alguna que no tenga su filosofía, como no se escribe sonata alguna que no tenga pensamiento preconcebido.

Pudiéramos alargar la cuestión mucho más, creemos que basta con lo expuesto para dar a comprender a La Revelación y a todos los que se titulan Espiritistas kardeístas, que no somos extraños al fruto que pueden dar las ciencias para comprender la luz verdadera espiritual, y lo funesto que es el camino por que dirigen a la humanidad en la tierra, para que un día llegue a la unión de una sola familia; y somos con Kardec: usen los científicos sus ciencias para toda clase de experimentos; mas dejen al espiritismo con la filosofía natural, único medio de que el alma pueda dirigirse al Sol central, como punto de su procedencia, a donde puede llegar, por más que habite en la tierra, y ver y comprender lo que allí ocurre, siquiera sea por breves instantes, y con ello dará a Dios y al César lo que a cada uno corresponde, cual a nosotros nos aconseja La Revelación.

En el párrafo 3º teme volverse loca si cree que el alma es esencia y el Espíritu materia, por lo que lo resuelve todo con este dicho: el alma es un espíritu encarnado y nada más, etc., etc.

Tal vez tenga razón en sus temores, puesto su razón no se halla a la elevación debida para comprender el caso como ya manifestamos arriba, partida 182, mas le probaremos una vez más que no es nada Kardeísta, puesto Kardec declara, en varias partes, que son tres y no dos las partes de que se compone.

En cuanto a la amenaza de que dará por terminada esta discusión si no rectificamos nuestro dicho de poco deísta y poco kardeísta, tiene libre voluntad de obrar del modo que más le agrade, pero le recordamos la partida 349 del libro de Médiums, que dice en su final: los Espíritus que rehúsan la discusión de sus enseñanzas, es porque comprenden su debilidad.

Quedamos, pues, en que no es nada Kardeísta ni Espiritista, puesto Kardec, o sea, su filosofía o libro de Espíritus, rechaza las ciencias, y recomienda la filosofía como lenguaje espiritual, acompañada del cumplimiento de la ley Divina, que es Amor y Caridad espiritualmente; y en cuanto a Deísta, sostenemos nuestro dicho por hoy, mas prometemos dar el fallo en otra ocasión no lejana.


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