Año I

Barcelona 15 Febrero de 1898

Num. 2

INMUTABLE

AMOR

PAZ

CARIDAD

BONDAD

MISERICORDIA

JUSTICIA

SIN VELO
EL JESUITA BLANCO, FILOSÓFICO, NATURAL, DEFENSOR
DEL DEÍSMO Y CRISTIANISMO VERDAD

Número 10 cénts.

Publicación quincenal

Número 10 cénts.

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Redacción: Abaixadors, 3º 1ª
Administración: Borrell, 53 bis, tienda

LOS HIJOS DE MARIA
JERUSALÉN Y ROMA
(Continuación)

Y la traerá a los sacerdotes hijos de Aarón, y de ello tomará el sacerdote su puño lleno de la flor de harina, y de su aceite con todo su incienso, y lo hará arder sobre el altar; será esto encendido, ofrenda para recuerdo de olor suave a Dios, y la sobra del presente será de Aarón y sus hijos. Es cosa santísima de las ofrendas que se queman a Dios; por manera, que en aquel tiempo eran perdonados todos los pecados, presentando a los sacerdotes un becerro, un cordero, una oveja, una cabra, etc., etc., según la voluntad y posibles del pecador, puesto que se admitía hasta un par de tórtolas o un puñado de flor de harina; mas téngase en cuenta que había muchas clases de pecados, puesto que las mujeres caían en él con sólo servir de madres, y estaban obligadas al pago de la ofrenda.

Todos estos usos y costumbres como religiosos se hallan en la ley Mosaica  y Judía, que Cristo retocó cuando dijo, que los diez Mandamientos se encerraban en dos; en servir y amar a Dios, y al prójimo como a ti mismo; motivo por el cual le pusieron preso y le quitaron la vida los sacerdotes. ¿Dónde, pues, hallan los que se dicen sacerdotes que Cristo siguiera los ritos mencionados y otros muchos que les podemos citar?

Lo atribuyen al dicho de la última cena, pero sin observar que todas sus palabras deben tomarse para el espíritu; mas suponiendo que la letra quisieran hacerla espiritual, tenemos aquí varias cuentas que ajustar. Si en efecto, partió el pan, lo repartió y repartió el vino ¿qué hizo de los demás manjares? pues en la cena no podía faltar el cordero, puesto que era la conmemoración de la salida de Egipto de los israelitas o judíos, y por lo tanto, indispensable; ¿queréis suponer que no lo hubo? No cabe tal suposición, puesto que entre los israelitas se observaba el precepto con todo rigor; y para tales casos no hay ninguno que no tenga, porque el que le falta recibe del que le sobra.

Pero hay más, si es cierto que él bebió, dio a beber a los que estaban en su compañía de la misma copa, y dio a comer del mismo pan que él comía ¿cómo vosotros os atrevéis a no seguir su práctica? ¿es que os habéis creído superiores a los demás hombres, vuestros hermanos, ante el Padre celestial? Pues no olvidéis que todo el que quiere ser el primero será el último ante Él. Pretendéis superioridad porque os decís consagrados; mas ¿qué es la consagración? ¿de dónde procede y cómo se ejecuta? ¿acaso procede del Cristo? no, como lo vais a ver en el Éxodo, 40:

"Y tomarás el aceite de la unción y ungirás el tabernáculo y todo lo que estará en él; lo santificarás con todos sus vasos y será santo.

Ungirás también el altar del holocausto y todos sus vasos; y santificarás el altar y será santísimo etc., etc.

¿En qué parte del Evangelio se halla la menor consagración? Sólo se habla de la bendición; y Cleto el año 91 es el primero que da la bendición apostólica, y el año 130 empieza el uso del agua bendita por Alejandro. El 156 establece el bautismo y confirmación Higinio, pero nada se habla de la consagración hasta el 236 en que Fabiano ordena se consagre el óleo y crisma al estilo Mosaico como queda demostrado, luego ¿por qué tanto empeño en que se borren los conocimientos que el Cristo demostró tener de la filosofía natural? ¿Es que con sus enseñanzas no podéis tener medios materiales para la ostentación y regalos corporales? Pues tenéis derecho a dejarlas y tomar otras más de vuestro agrado; mas no el de calumniar ni ensuciar la pureza de una ley y doctrina, y menos cuando se hace a sabiendas, como la historia lo demuestra con el anatema sobre Novaciano por haber dicho, que los pecados no son perdonados por sólo confesarlos. ¿Cómo, pues, pretenden ser directores de almas los hombres que tan torcidamente se dirigen a ellos mismos? Imposible; como imposible dispensar los misterios de Dios porque no los tiene. Nuestro Padre nada oculta a los hijos que quieren y pueden llegar a Él, todo está a la vista del que quiere y puede ver por el cumplimiento de la ley justa, y quien otra cosa diga está en un error.

Nos dicen los Hijos de María que Jesucristo dio toda potestad a los Apóstoles, y nos citan el capítulo 28, vers. 18 y 20 de San Mateo, pero dejan en medio el v. 19, que no les conviene citar; mas nosotros citaremos los tres para que se descubra la verdad.

<<18.  Y llegando Jesús, les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra.>>

<<Por tanto, id, y adoctrinar a todos los gentiles, bautizándoles en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo.>>

<<Enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado.>>

La potestad que anunció haber recibido fue la de haberse encargado regentador del mundo-tierra; y como tal, debía pasar a habitar fuera de la atmósfera terráquea, a donde todos los espíritus deben presentarse cuando dejan la materia, a dar cuenta del cumplimiento que hicieron de la ley divina que él enseñó, y que los llamados Apóstoles debían enseñar a los gentiles que sólo creían en ídolos, o imágenes a vuestro estilo; así como debían comprender, que cada hombre es una trinidad compuesta de espíritu, alma y cuerpo, para que supieran de dónde habían venido, por qué y para qué.

Esta es la manera de bautizar al estilo cristiano, y no el agua como vosotros queréis hacer ver, justificando esto el dicho de: "enseñándoles que guarden todas las cosas que os he enseñado." ¿No es verdad, hermanos míos, que nosotros interpretamos los Evangelios más filosóficamente que vosotros? ¿Y no sabéis por qué? Pues claro lo dice San Pablo al hablar del hombre animal.

En cuanto a la repetición del perdón de los pecados que repite en Juan, 20, compréndase, hermanos míos, que a todo el que cumpla la ley divina y cristiana le son perdonados por su cumplimiento; y como el bautismo es esa misma enseñanza, nada más natural que el que creyera y cumpliera la mencionada ley es él perdonado, porque con el tal cumplimiento ha pagado la pena del talión, donde se cumple el dicho de: <<perdónanos como nosotros perdonamos.>>

En cuanto al soplo para dar el Espíritu Santo, es una parábola lo mismo que la cuenta el Génesis; no porque en realidad sea tan material como la explicáis. Los espíritus cuando han cumplido el Mandato o Ley Divina todos son santos, y no están a la merced del soplo de un hombre cual era Jesús; están siempre dispuestos a acudir a cualquier ser humano que los llame con objeto de obrar caridad espiritual, puesto que la caridad material no existe para ellos; por tanto, sepan todos los sacerdotes habidos y por haber, que, ante Dios, todos sus hijos son atendidos según el trato que den a sus inferiores ya libres ya encarnados; medio por el cual podemos hacernos elegidos, reelegidos, y hasta elegidos entre los reelegidos, por más que seamos hombres en la tierra; llegar nuestro espíritu y enterarse de todas las cosas que llamáis ocultas, puesto que todo está al descubierto y a la vista del que allí puede llegar y ver; y el que a tal caso llega puede y debe dar testimonio de lo que vio, oyó y comprendió, y publicarlo por caridad a sus semejantes; mas no debe imponer nunca su voluntad a otro alguno para que siga el camino que él siguió, puesto que todos los espíritus, cuando salen a recorrer la pluralidad de mundos, llevan su libre albedrío para volver allí cuando sea su libre voluntad, medio por el cual se hacen responsables de sus actos buenos o malos, como no pueden serlo si se les roba el mencionado libre albedrío; en tal caso es responsable el que cometió el robo, de todos los retrasos o faltas que cometan los robados, como el JESUITA BLANCO responde del atraso que reciban todos los que con exactitud sigan el camino que él señala; ¿podéis hacer tal los sacerdotes católicos? no, porque sois ciegos del alma; y como tales, empeñados en ser guías de otros ciegos; pero en vez de elevaros y atravesar la atmósfera terráquea, vuestra propia ceguedad os conducirá al centro de la tierra, o a vuestro estilo, a los profundos infiernos, hasta que se haya rebajado vuestro orgullo y egoísmo; mas no por una eternidad es, como hacéis ver a los infelices que os toman por dioses ¡cual sabéis escribir! ¡insensatos! ¿es ese el conocimiento que tenéis de vuestro Padre? Sí, sí, no debemos dudarlo; ¿mas no enseñáis a las gentes que no hay más que un Dios? ¿No os basta con calumniar a Jesús, vuestro hermano, haciéndolo Dios, que también os hacéis a vosotros mismos? Luego ¿cuántos dioses ha de haber? Para vosotros, idólatras, tantos como os de la gana, puesto que hacéis y adoráis dioses de hombres, de piedra, de madera, y hasta de flor de harina; ¡y queréis ser cristianos cuando aquel prohibió todo eso y dijo que solo hay un Dios, "El Padre que está en los cielos", a quien debemos adorar como espíritu, no como vosotros lo hacéis! Además, ¿queréis decirme en qué imitáis al Cristo? porque yo he trabajado algo por encontrar algún punto de imitación, y no he sabido hallar nada de cuanto aquél encargó, pero sí he hallado que en vuestras oraciones, cánticos y maneras de ser sacerdotes, habéis tomado, no del Cristo, mas sí de los gentiles, judíos y otros, hasta en las maneras de vestir, como lo prueba el escrito que sigue a continuación:

IMITACIÓN DEL PRESUNTUOSO CATÓLICO

La sotana negra con faja a la cintura era la vestidura de los sacerdotes de Mithra. a los que llamaban hierocoraces (sacerdotes cuervos), por el color de su traje.

Las albas y sobrepellices recuerdan las vestiduras de los sacerdotes de Isis, cuyo color blanco exigía la temperatura.

Los sacerdotes paganos adoptaron su uso, y con este traje se les veía en las procesiones, de las que Ovidio nos pinta la cándida pompa (Fastes. V. 906). El amito, usado también por los sacerdotes paganos, tenía por objeto cubrir (amicere) el cuello. La casulla, ancho vestido anudado al cuello y descendiendo hasta los talones, era la vestidura de los sacrificadores egipcios y fenicios.

Su nombre viene de que presenta el aspecto de una cabaña (casula) cubriendo al sacerdote.

Desde la antigüedad más remota era costumbre peculiar a los sacerdotes el afeitarse toda la barba. En el arte caldeo, el tipo barbudo y con cabellera representa a los dioses, los héroes, los príncipes, los guerreros y los pastores, y el rapado a los sacerdotes. El origen del traje es el mismo que el de la tonsura. Creíase en los tiempos primitivos que en la cabellera residía una virtud mágica; la leyenda de Sansón viene de esa creencia.

En los pueblos antiguos era frecuente el sacrificio total o parcial de la cabellera; se encuentra de ello numerosos ejemplos en las religiones.

La rasura de los cabellos era el símbolo de la consagración y de la personalidad entera, traduciéndose en el sacrificio de una parte de sí mismo.

Entre los egipcios, los sacerdotes de Isis especialmente, consagrados al culto del sol, se afeitaban la parte superior de la cabeza en forma de disco. Esta tonsura simbólica en lo alto de la cabeza, propia de los sacerdotes de Isis, veíase frecuentemente en Roma. Dicho signo, característico del culto solar, no ha desaparecido aún.

El bonete cuadrado negro con que se cubren los sacerdotes oficiantes, es exactamente el tocado de los Flaminios, sacerdotes de Júpiter en Roma, rematado en una borla de lana o hilo, llamada flammeum. El casquete negro hemisférico cubría en otro tiempo la cabeza de los sacerdotes del colegio de los Arvades en Roma, como los testifican los figurines en bronce, que se remontan a cinco siglos antes de Jesucristo.

La Mitra de los obispos recuerda el tocado antiguo en forma de cabeza de pescado de los sacerdotes caldeos, que se veía también en Egipto en las cabezas de los sacerdotes y de ciertas divinidades. Cuanto al báculo, antiguo bastón de los jefes de tribu, señal de mando y de autoridad, tenía desde los tiempos más remotos esta significación simbólica, y se veía en manos de los sacerdotes de la Siria, como en la de los lamas boúdhicos. En el paganismo este era el bastón augural.

La vestidura de los papas también está tomada del pasado. Los reyes de Babilonia llevaban un anillo de oro que les servía de sello; babuchas, que besaban los reyes vencidos; un manto blanco, una tiara de oro, de la que colgaban dos cintas.

El Papa lleva, como ellos, un anillo de oro que le sirve de sello, babuchas que besan los fieles, un manto de satín blanco sembrado de estrellas de oro, una tiara de la que penden dos cintas de oro.

MALVERT.

(Diluvio del mes de Julio de 1896)

¿Estáis satisfechos por este lado? pues veamos por qué Jesús echó a los mercaderes del templo.

San Mateo, cap. 21, v.12 y 13.

<<Y entró Jesús en el templo de Dios; y echó fuera todos los que vendían y compraban, y trastornó las mesas de los cambiadores y las sillas de los que vendían palomas, y les dice: Escrito está; mi casa, casa de oración será llamada, mas vosotros cueva de ladrones la habéis hecho.>> Así pues; si Jesús trató de tal modo a los mercaderes del templo judío, ¿qué haría hoy con los templos católicos que pretenden ser católicos, que no sólo compran y venden en los atrios, sino que lo verifican dentro del templo y en nombre del mismo?.

Jesucristo ordena a los Apóstoles que den lo que han recibido y al mismo precio; y no se halla caso alguno en que, tanto el mandatario como los mandados, cobraran cosa alguna por sus enseñanzas; todo el afán que demuestran por riquezas, son para el alma, como lo demuestra el que, cuando algún rico quiso seguirle, le mandó que dejara las riquezas materiales primero. Sus palacios de hospedaje fueron las casas de los amigos que en ellas lo quisieron recibir, o los campos y bosques donde se reunían para la instrucción; sus cabalgaduras, una burra; sus vestidos, lo estrictamente necesario para cubrir la desnudez adánica; ¿en qué, pues, se parece a ellos, que pretenden ser sus representantes desde lo más alto a lo más bajo? ¿acaso en la mansedumbre y buen trato a sus semejantes? Quien tal crea, busque la historia de los papas, y verá a donde llega el deseo de venganza entre ellos mismos; y no le será difícil hallar a un papa que hace desenterrar a su antecesor, cortarle tres dedos de la mano y arrojarlo al río Tíber; y verá dos Papas a un mismo tiempo y cada cual con su ejército correspondiente, regando la tierra con sangre humana.

(Continuará)


CREACIÓN DE LOS SERES VITALES

Téngase presente, ante todo, que fuera de la atmósfera que circunda la tierra, no se halla ningún nombre de las cosas porque no se necesitan, puesto que basta a los seres pensar en una cosa cualquiera para tenerla a su disposición al más leve momento; mas los que no han podido llegar hasta allí, ¿cómo podrían comprendernos sino les damos nombres, puesto que a ellos están acostumbrados? Imposible; y por esta misma imposibilidad, mas la obligación que hemos adquirido de vulgarizar las cosas, nos vemos en el caso de dar nombres a las que no los tienen, usándolos más sencillos, y comparaciones con las cosas terrenales para que nos puedan comprender todas las inteligencias que quieran; así, pues, haremos la comparación de la creación del espíritu, mejor dicho, de los espíritus con la masa de hacer el pan, que nos sirve de alimento corporal.

Esta masa se prepara de distintas clases de harina; y según la clase sirve para distintos panes, más o menos finos, y más o menos alimenticios.

El panadero prepara las pastas; pero, si no le pone levadura es como una pasta de barro; se hace pesada, mas sin movimiento alguno; mas al ponerle la levadura, la pasta se mueve, crece en dimensión, da señales de movimiento, y si a tiempo no se pone en el horno a cocer, aquella pequeña parte de levadura que se unió a la pasta se apodera de ella y todo se convierte en levadura.

Lo propio sucede a la masa que se prepara en el gran taller universal; también allí se preparan materias etéreas de varias clases; la primera, es destinada a la creación, o formas de la humanidad; la segunda, a los seres animales, y la tercera, a los vegetales; todas estas materias son recogidas de los cuerpos que dejan los espíritus humanos cuando decimos ha muerto, y de ellas se saca la flor, segunda clase, etcétera.

Preparadas las formas, son como la pasta del pan sin levadura; mas desde el momento que una chispa de luz divina se une a una de dichas formas, empieza la vida y la lucha entre la chispa de luz y la materia, o sea, entre el espíritu y el alma; el primero, como material que es, le domina el egoísmo, el orgullo y la vanidad; la segunda, como divina, le domina el amor, la paz y la caridad; el primero tiende a separarse del Creador, la segunda a aproximarse a Él.

Esta clase de espíritus son la imagen solar y serán por toda una eternidad, y al estilo de la pasta del pan para cocer, no vence en la lucha hasta que la chispa haya vencido a la materia; con cuyo vencimiento crece, y crece tanto, que, cual el hijo del hombre, puede llegar a ser mayor en volumen que el que lo creó, mas nunca en poder, puesto que no puede llegar a ser infalible; siempre se hallará sumiso a su Autor.

Los espíritus animal y vegetal, creados de las pastas inferiores y en distintas especies, deben servir al humano en cuanto de ellos pueda necesitar por toda una eternidad, y con el mismo cargo que el humano en cuanto al vencimiento de la materia y ascenso correspondiente, hasta volver la chispa al punto de su procedencia. El humano debe usar de todos, mas no debe abusar; unos y otros, luego de creados, deben recorrer la pluralidad de mundos, en los cuales hallan los medios para que la esencia se fortifique y tome preponderancia sobre la materia; mas el humano, antes de emprender el viaje, recibe la orden o mandato siguiente: vete, recorre la pluralidad de mundos, en los cuales debes cumplir el amor, la paz y la caridad con tus semejantes, y no volverás a mi lado hasta que así hayas cumplido; llevas contigo libre albedrío.

Entonces, otro espíritu superior a él lo conduce a los mundos preparados a recibir los espíritus niños, y queda encargado de él, cual lo verifican nuestras niñeras, hasta que sepa andar solo, o sea, hasta que, vencida la materia, pueda el alma presentarse con todo su esplendor al Creador; mas veamos lo que ocurre en su tránsito por la pluralidad.

TRANSMIGRACIÓN

Damos el nombre de guía protector al superior que ejecuta el oficio de nuestras niñeras; éste, cuando llegó al punto primero de tomar materia, al protegido lo custodia mientras duerme y se asimila la materia necesaria con que forma su cuerpo.

Esta materia es más pesada que la que en sí lleva el espíritu, causa por la que se ve sujeto al mundo donde la tomó.

Cuando despierta, se alimenta con vegetales, que nunca faltan a su alcance, así como los animales, que, por voluntad propia, acuden a cumplir su misión de servir al humano en cuanto de ellos pueda necesitar, y haciendo el humano uso de ellos según las necesidades de la vida y el poder de sus facultades materiales se lo permita.

Desde que fue creado tiene en el centro solar un hilo, que, aunque etéreo, lo podemos comparar al de nuestros teléfonos, puesto que nos hace el mismo servicio para la cosas del alma que el de aquí para las del cuerpo; cuando queremos comunicación con los hombres de la tierra, acudimos al centro telefónico para que nos ponga en comunicación con el que queramos; lo propio sucede cuando un espíritu encarnado desea relacionarse con cualquiera de sus hermanos que quiera; acude al centro solar y pide relación con el ser que más le agrade, y le prometo que no falta nunca la comunicación con arreglo a justicia, y todo lo que como negativo puede resultar, es, que por falta de desarrollo en los órganos esenciales le suceda lo propio que al niño cuando no tiene desarrollados los del cuerpo para comprender las cosas materiales; mas téngase presente, que si para el cuerpo usamos la palabra, para el alma debemos usar el pensamiento puro.

Provisto el espíritu de los atavíos mencionados, empieza a dar su paseo por la pluralidad hasta que la esencia venza a la materia en su mayor parte.

Cuando deja la materia en uno de los mundos por donde hace su paseo, lo verifica cual el gusano de la seda, y decimos así, porque es la comparación más adecuada que hallamos para el caso; puesto que como la mariposa vuela, más o menos, según el peso material que le quedó; si éste le permite elevarse a mundo más aproximado al Sol lo ejecuta, mas en caso contrario se separa de él porque la luz le ofende, y así sucesivamente va marchando hasta que llega a cierto límite, que el protector no puede dejarlo pasar por su rebeldía al cumplimiento de la ley; entonces lo toma en sus brazos y lo conduce a la tierra como único punto en donde puede satisfacer sus deseos, puesto que en ningún otro mundo halló la libertad que aquí para usar el derecho de lo que tanto desea, el orgullo, el egoísmo y la vanidad; mas a pesar de su terquedad no lo abandona el guía protector, pues constantemente le avisa cuando aquél piensa faltar a la ley, con el toque de la conciencia; como todo el que sea su voluntad puede observar con facilidad.

Cuando algún encarnado piensa en hacer a algún semejante suyo lo que, de seguro, no quisiera que le hicieran a él, repentinamente siente que a su conciencia le repugna; éste es el aviso del guía protector, que si el sujeto obedece, vence, y puede decir que ganó la batalla a poca costa; mas si desprecia el aviso y entra la lucha, difícilmente vencerá, y es cuando caemos en lo que se llama pecado espiritual.

Como quiera que en todas las primeras venidas todos conservan su libre albedrío, el protector no debe disgustar al protegido; por el contrario, cuando hace caso omiso de sus avisos, debe ayudarle a que cumpla su deseo y, cuanto antes, caiga en lo que llamamos precipicio, porque el castigo material que estas mismas leyes le imponen le obliga a rebajar el orgullo y egoísmo, causa de todos los males. Ya hablaremos de las reencarnaciones a su vez.

Cuando los primeros espíritus vinieron al destierro, encarnaron en él, como lo verifican en otros mundos que el suelo les sirve de madre, y gozaban de lo que llama la humanidad Paraíso terrenal, que duró en toda la primera época; mas como pidieron los goces sensuales que no tenía, y el Creador se los debía conceder por su atributo de bondad, hubo necesidad de concluir con todo lo vital terráqueo, y se verificó por medio del fuego general que calentó las aguas del mar para que perecieran todas las materias.

Una vez vuelto todo a su normal estado y tomado encarnación los espíritus, aparecieron los sexos de varones y hembras, para que cuando llegaran al tiempo de pubertad dejara de ser la tierra madre de los nuevos vivientes, y en vez de asimilarse los espíritus, para formar los cuerpos, la materia que cubre el suelo, debían asimilarse la plástica formada por la pareja, según especies; a estas penas quedaron sujetos los que no se habían conformado sin los goces sensuales, como remuneración de la ley de justicia a la de bondad; mas no así los que se conformaron, que trajeron los dos sexos para no disfrutar de ninguno, cual sucede a los hermafroditas, que si no gozan, tampoco tienen las incomodidades de criar hijos; de donde resulta, que no fue un Adán y una Eva, sino muchos Adanes y muchas Evas los que llegaron a un mismo tiempo, y por lo tanto, el hombre orgulloso no puede, en razón, culpar a la mujer de los trabajos que pasa para cumplir el cargo de padre que tanto pidió, y que debe cumplir por caridad como pronto probaremos.

La estancia de los espíritus en la tierra y medios que tienen para salir de ella.

La causa de haber venido y de venir a la tierra no ha sido, es, ni será otra, que el dominio del egoísmo, del orgullo y de la vanidad, y de ella no pueden salir sin haberse desprendido de tales causas, por cuanto llevarían la perturbación a donde quiera que fuesen; pero estas causas y perturbaciones deben comprenderse propiamente espirituales, y compréndase, además, que en ellas quedan encerrados todos los males y hasta crímenes que el espíritu puede cometer.

Hacemos esta narración para que se comprenda, luego, que en algunos casos, de los que los hombres llaman virtudes, se cometen las faltas de mayor gravedad espiritual; por eso la justicia infalible nos marca la ley con tan pocas palabras: Amor, Paz y Caridad espirituales; y como los espíritus, en general, al tomar envoltura material olvidan las obligaciones espirituales, por la turbación que les causa la estancia en el calabozo, mientras forman el cuerpo, y por tal olvido, son muchos los que no comprenden el lenguaje que les habla el guía protector, hay, pues, la necesidad de que, de vez en cuando, haya intermediarios que, cual Jesús, llamado el Cristo, les recuerden materialmente sus deberes espirituales; necesidad y obligación que adquieren aquellos seres que como él han podido llegar a comprender los dos lenguajes, y que el Creador concede y premia por el atributo de caridad; la Ley, vulgarizada al lenguaje material, es: No hagas a otro lo que no quieras que te hagan a ti; haz con todos como quisieres que hagan contigo; no de otro modo puedes amar al Padre que está en los cielos; por cuanto, al dar la encomienda, dice: que practiquemos su mandato con nuestro semejantes, no con Él.

(Continuará)


UNA DISCUSIÓN

Entre un católico que pretende ser cristiano y un cristiano que renegó del catolicismo; sabio el primero —según los hombres— e ignorante el segundo.

Un día del mes de Mayo de 1896 se encontraron los dos hombres aludidos, desconocidos como hombres, mas conocidos por sus ideas públicamente, y al reconocerse se desafiaron a discusión privada, puesto que el católico deseaba ocultar su nombre.

Señalada la fecha, hora y local, acudieron presurosos uno y otro a las nueve de la noche, puesto que el renegado no podía acudir de día, porque las ocupaciones materiales se lo impedían, con lo cual se pagan mutuamente una atención como los mejores amigos.

Una vez reunidos y bajo promesa de discutir sin rencor ni pasión la idea verdaderamente deísta y cristiana, como cada cual la comprendiera, propuso el renegado al católico que preguntara cuanto al particular tuviera por conveniente, que él le contestaría dentro de los atributos que Roma concede a la Deidad, con los cuales creía que él estaría conforme como buen católico romano.

Católico.— ¿Y tú sabrías nombrar tales atributos?

Renegado.— Sí, pues los aprendí del Padre Astete en mis tiempos juveniles; que a la pregunta ¿Quién es Dios? contesta con esta respuesta: <<Dios es un ser infinitamente bueno, infinitamente sabio, poderoso, caritativo, misericordioso y justo.>>

C.— No, yo leo en tal catecismo y no los hallo como tú dices.

R.— Es verdad, porque el Astete que tú lees es apócrifo; busca el auténtico que existía por los años cuarenta al cincuenta de este siglo y tengo la seguridad que los hallarás; como hallarás otra pregunta muy esencial que tampoco consta en los modernos, y es: <<¿Cuántas maneras hay de orar? Dos. ¿Cómo se llaman? Mental y vocal. ¿Cual de las dos es la mejor? La mental, porque con ella se habla con Dios como con la boca con los hombres.>>

C.— Tal catecismo ha tenido tantas alteraciones como la Iglesia ha considerado útiles para la comprensión de los fieles, por lo cual no os negaré vuestro dicho, y menos cuando el antiguo no lo tengo a mi alcance en estos momentos; no obstante, lo buscaré y procuraré enterarme.

R.— La tirada a que me refiero era de Valladolid.

C.— Demos por sentado que los atributos y maneras de orar sean como tú explicas, ¿qué tienen que ver para justificar las bravatas de tu folleto diciendo que el catolicismo es antideísta y anticristiano?

R.— Vamos por partes; tratemos primero el deísmo, ¿admites los atributos mencionados?

C.— Sí, sin ellos no habría Dios posible, y debo añadir otro, el de inmutabilidad, pues de ser mutable sería como los hombres, y mi inteligencia no ve tal, ve otra cosa muy superior a ellos.

R.— Muy bien; sois el primer católico sabio que he hallado dispuesto para una discusión deísta verdadera, y espero que pronto retiraréis la palabra "bravatas" que poco ha me habéis dirigido, puesto que para la justificación que me habéis pedido no saldré de los atributos mencionados, las maneras de orar y los Evangelios que dicen, amor, paz y caridad es la ley; mas os suplico paciencia, pues seré un poco largo en mi explicación.
Admitiendo que Dios es bueno ¿cómo se puede admitir un cielo y un infierno eternos? Los hombres buenos castigan a su hijos cuando cometen faltas a su autoridad, pero cuando arrepentidos y sumisos vuelven a su lado, los reciben con los brazos abiertos y les dan participación en los negocios de la casa, según sus merecimientos; luego si vuestro Dios tiene un lugar en donde colocar a sus hijos que no cumplen sus mandatos para que eternamente padezcan toda clase de males, sin esperanza de gozar de los bienes, no puede tener el atributo de bueno.
Admitís que es poderoso, y, no obstante, admitís y publicáis que los ángeles se rebelaron contra Él, y de todo su poder no sabe sacar otro fruto, que encerrarlos en los profundos infiernos por toda una eternidad; mas los hombres poderosos no hacen tal, pues, cuando mucho, los mandan encerrar por algún tiempo o los alejan de su lado para que la experiencia del mundo les enseñe a ser buenos y honrados; luego vuestro Dios es menos bueno y poderoso que los hombres.
Admitís que es misericordioso y no permitís que practique esa misericordia permitiendo al ser que tome tantas encarnaciones y reencarnaciones como necesite para el pago de esa pena del talión, que tanto mencionáis cuando os conviene, no obstante de decir a esa humanidad que es desterrada, y que Pablo, en su capítulo 15, 1ª. a los Corintios, declara la reencarnación; ¿en qué otra cosa puede ejercer misericordia?
Admitís el de caridad y con él al Ángel Guardián de cada ser y es el único que os pertenece; pues pasando al de justicia os ciega tanto el orgullo, el egoísmo y la vanidad, que no veis más allá de vuestras narices.

C.— Alto ahí; eso es insultar y no permitiré insultos en nombre del catolicismo.

R.— Hermano mío, no es insulto, según mi conciencia, es justicia, y a probarlo vamos. Para conocer la cosa más justa tenemos el metro y el nivel; si discrepan tanto como el grueso de un cabello de nuestra cabeza ya no son justos. Los católicos enseñáis a todo momento que Dios perdona los pecados que cometen los hombres por grandes criminales que hubiesen sido, siempre que se los confiesen a uno de sus confesores; y yo pregunto: ¿Dios, esencia de todo justicia, puede perdonarme a mi las faltas y agravios que cometí a uno solo de mis semejantes?

C.— Sí.

R.— No, como no me puede castigar sin faltar a los atributos que le hemos concedido, y Mateo, cap. 12, vers. 31, declara terminantemente que no hay perdón espiritual; y yo añado, y repito, que no puede haberlo sin el pago de la pena del talión, cual consta en la palabra <<perdona nuestras deudas como perdonamos a nuestros deudores.>>

C.— Dios es único todopoderoso y sabio, y quien como tú lo ultraja, sólo puede ser uno de esos demonios que se rebelaron contra Él.

R.— No dudes que por demonios vinimos a la tierra tú, yo y todos cuantos en ella nos hallamos, pero por que pretendemos dejar de serlo para ser diablos o ángeles, nos hallamos filosofando, o practicando el trabajo progresivo de nuestras almas, combatiendo al demonio en todas sus partes.

C.— ¿Me quieres decir si hablo con un loco o con un cuerdo, o pretendes que yo vaya al manicomio?

R.— No hay motivo para que tal digas, pídeme explicaciones y te las daré tan vulgares como sea menester para que tu razón, que por el momento se halla ofuscada, se despeje; y no dudo que te enmendarás en tu lenguaje, y si algo más quieres, ve lo que dice Pablo a los corintios, cap. 2, vers. 14: <<Mas el hombre animal no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios porque le son locura; y no las puede entender porque se han de examinar espiritualmente.>>

C.— Perdona si te he ofendido, pero tales disparates te estoy oyendo que creo faltar a mis deberes si continúo oyéndote.

R.— En cuanto a las faltas que puedas cometer, yo cargo con la responsabilidad del retraso que pueda obtener tu alma para llegar al centro de ese Sol que nos alumbra, por oír mis explicaciones.... o locuras, a vuestro estilo.

C.— Permíteme que tome apuntes para que no me envuelvas en las mallas de tus redes endemoniadas. <<Dios no puede perdonar.>> <<El demonio no es el diablo ni el ángel.>> <<Mi alma ha de presentar sus cuentas al Sol.>> Así no me embrollarás, y menos si vamos por partes. Dime, ¿Dios no puede perdonar las faltas que a Él cometemos, ya por palabra ya por obra?

R.— A Dios no le podemos ofender por todo cuanto hagamos y digamos sobre Él mismo porque es inmutable, cual tú mismo has reconocido.

C.— ¿Luego no hay premio ni castigo?

R.— Cuando cumplimos su ley recibimos el premio aproximándonos a Él y relacionándose nuestra alma con Él y con nuestros hermanos mayores y superiores, de cuyas relaciones recibimos los conocimientos del alma, cual recibimos los pertenecientes al cuerpo oyendo a nuestros hombres más sabios aquí en la tierra. Cuando no cumplimos sucede al contrario, el alma se retira del Sol tanto como puede, o sea, con arreglo al orgullo, egoísmo y vanidad que la dominó, que son las faltas que puede cometer a la ley divina, de donde resulta su lucidez o la obscuridad para la comprensión de las cosas divinas.

C.— ¿Luego las almas no tienen que dar cuenta de sus actos a ninguno?

R.— Sí; todas las que salen del destierro se han de presentar al regentador del mismo mundo tan pronto puedan atravesar la atmósfera que circunda a la tierra para revisar sus cuentas; los que las hallen canceladas, para marchar a mundos mejores; los que deben todavía, para volver a la tierra y emprender nuevos padecimientos en beneficio de sus semejantes, hasta hacer tanto bueno como malo habían practicado.

C.— ¿Por qué volver a la tierra? ¿Es que no pueden hacerlo en otra parte?

R.— Preguntando el P. Astete ¿quién es el demonio?, contesta, que es nuestro mismo cuerpo con sus pasiones y malas inclinaciones; y nosotros reconocemos que es el único y verdadero demonio, pero reconocemos que el tal cuerpo no es sólo el que reconocemos en el hombre, es el cuerpo espiritual, que formado de materia, aunque etérea, es orgullo, egoísmo y vanidad, causas por las que venimos a la tierra a tomar forma humana; y si con tales defectos quedan en otro mundo alguno, no podrían hallarse separados el bien del mal sin que la justicia divina fuese satisfecha.

C.— Cuando el alma o el espíritu vuelven a la tierra ¿vienen conformes?

R.— Más o menos, según los conocimientos que alcanzó; pues en general los traen los ángeles guardianes en la misma forma que nuestras niñeras transportan al que está a su cuidado.

C.— ¿Por qué comparas a nuestras niñeras con los ángeles de la Guarda?

(Continuará)

Imp. de P. ORTEGA, Aribau, 13 - Barcelona

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