Año I

Barcelona 1º. Marzo de 1898

Num. 3

INMUTABLE

AMOR

PAZ

CARIDAD

BONDAD

MISERICORDIA

JUSTICIA

SIN VELO
EL JESUITA BLANCO, FILOSÓFICO, NATURAL, DEFENSOR
DEL DEÍSMO Y CRISTIANISMO VERDAD

Número 10 cénts.

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Número 10 cénts.

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Redacción: Abaixadors, 3º 1ª
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LOS HIJOS DE MARIA
JERUSALÉN Y ROMA
(Continuación)

Busquen la Historia de la Inquisición y se horrorizarán. Con qué saña y por qué frívolas causas llevaban a la hoguera al género humano; y todo haciendo al Cristo responsable de tales hechos; y para más baldón e ignominia, llevaban su efigie en todos los casos de tanta criminalidad; pero no para aquí todo, como más adelante probaremos con datos auténticos. Volvamos a la que llaman Iglesia de Cristo.

Ya hemos dicho que echó de la Sinagoga a los mercaderes; y en la actualidad ¿cuántos hay que no lo sean en lo que llaman Iglesia? Ellos venden el agua del bautismo, el día que uno nace; venden al pecador la inútil indulgencia o perdón de los pecados; venden a los amantes el derecho de casarse; venden a los moribundos el derecho de agonizar; venden a los difuntos la misa funeral; venden a los parientes el oficio aniversario, y vendéis misas comunes; vendéis rosarios, cruces, bendiciones. Nada es sagrado para vosotros, todo es mercancía, y no se puede entrar en vuestra iglesia sin pagar para entrar, sin pagar para sentarse, sin pagar para orar; a vuestro altar le estaría mejor el nombre de mesa para contar dinero; y por si algo os pudiere faltar, vendéis hasta los favores de vuestros Santos y de la Virgen María, lo mismo que en los más sucios lugares se vende el amor...material.

Todo refleja en vosotros la fealdad de vuestras almas, ¡sepulcros blanqueados!..... Los escribas, vuestros antepasados, eran menos perversos... Vosotros ni siquiera sois sepulcros blanqueados.... Validos de actas falsas y extorsiones de los Borgias, de la astucia, de la usurpación, vuestras quintas, decís, forman el patrimonio de San Pedro, y todo hombre debe obrar en él como fraile y no como ciudadano. Mas pensad que es un delito que la ley castiga con la pena del talión....

Aquí se ven, con vosotros, el orgullo y la avaricia; el hipócrita y el necio venden la justicia, y el único deber, según vosotros, es arrastrarse a vuestros pies.

Vosotros no invocáis al cielo más que para reinar en la tierra, y poco consideráis que los tiempos han cambiado y que la humanidad, cansada del yugo clerical, romperá el caduco cetro teocrático; y la libertad de conciencia sonríe ya al ver vuestros delirios de ayer tirados por el suelo, cual les sucede a todo edificio que, como el vuestro, tiene los cimientos sobre arena movediza.

Así, pues, rogamos a la humanidad que examine y compare nuestro deísmo y cristianismo, para que libremente elija cada uno el que más sea de su agrado, puesto que nuestro representado no llama, sólo recibe al que por su voluntad quiere llegar hasta él; mas conste que la confesión y el perdón de los pecados pertenecen a la ley de Moisés, (judío), nunca a la de Cristo, así como los ídolos o imágenes a los gentiles, y que los Apóstoles declaran, que quien las adore no es Cristiano ni puede entrar en el reino de los cielos.

¿Quién fue Jesús, llamado el Cristo, como hombre, y quién como religioso?

Jesucristo, como hombre, fue como los demás hombres; como ellos nació, vivió y murió; no aconteció suceso alguno fuera de lo estrictamente natural, ni es posible que ocurriera, si Dios ha de conservar los atributos de bueno y justo que todos le concedemos. Fue engendrado por obra de varón y hembra, resultando hijo único de la hembra, mas no del varón, que al contraer matrimonio con ella tenía otros hijos e hijas.

Cuando el espíritu de Jesús tomó la encarnación última en la tierra, podía no haber venido a ella por su adelanto espiritual, mas su gran deseo de crecer espiritualmente le llamó la atención, y vino voluntariamente como vienen otros varios sin ser desterrados; ¿cómo podía crecer? Cumpliendo la ley divina y enseñando a que la cumplieran los demás; ésta es la única diferencia que hubo en su venida a la tierra, reencarnación y vida en sus primeros años. Nació dentro de la ley de los judíos y dentro de la misma murió en la cruz, como todos los que como él faltaban a dicha ley; ¿qué hay hasta aquí de misterioso?

Los Evangelios hablan poco de su vida material y religiosa, pero nosotros vamos a levantar ese velo.

Como su padre José tenía avanzada edad cuando el niño nació, pronto éste quedó en la orfandad de padre; hostigado por los demás hijos de José y la necesidad que su espíritu tenía de una educación más esmerada que la que tenían sus hermanos, pronto desapareció de entre ellos para empezar sus estudios filosóficos naturales por medio del lenguaje espiritual y el cumplimiento de la ley divina. ¿Quiénes fueron sus maestros materiales? Los masones de aquel tiempo, que como nunca, profesaban y cumplían la ley divina. Cristo fue perjuro, puesto que al penetrar en la masonería juró guardar los secretos que en ella viere; y como él comprendía el lenguaje espiritual, consultó con el Padre espiritual sobre la falta que pudiera cometer al descubrir esta luz del alma para que se salven todos los humanos que sea su voluntad, y entonces supo que lo había traído por misión cuando pidió volver a la tierra.

Su genio no podía consentir que la verdad divina se hallara encerrada entre pocos, y por más que sabía lo que le había de suceder, salió de la logia y descubrió la luz. Juntamente con él salieron cuatro más que le acompañaron hasta su muerte; una vez ocurrida ésta, fueron llamados a logia sus compañeros, que también prefirieron la muerte desastrosa a los goces materiales que les ofrecían los masones; formaron sus grupos de creyentes a costa de poco trabajo, pues como la verdad es tan pura, penetraba con facilidad en las inteligencias ricas, tanto, como asustaba a las pobres; las primeras, recibían la luz con todo placer; las segundas, la odiaban, porque con tales doctrinas concluían los privilegios de que ellos gozaban y no podían consentir de que pudiera llegar su fin, causa por la que tuvieron tan gran persecución los cristianos, que para no concluir, se unieron a los gentiles, o adoradores de imágenes.

Hasta aquí llega la rama de masones que Jesús había formado; pero pronto vemos que no todos los de la unión quedaban contentos, puesto que recordaban que el Maestro les había prevenido que en los puntos de reunión para la meditación e instrucciones filosóficas, no hubiera ídolos ni pinturas; porque si fijaban en ellas su pensamiento no serían oídos por el Padre que está en los cielos; los descontentos se separaron; mas los que se quedaron con los idólatras, además de quedarse con los escritos auténticos, persiguieron a sus hermanos hasta destruirlos, quedando concluida en un todo la verdadera doctrina del Cristo.

FORMACIÓN DEL CATOLICISMO

Pasemos a Roma en tiempo de los Marcelos y los Escipiones.

Sabido es que la sociedad romana no trataba a los esclavos como personas; la ley Águila les colocaba en la categoría de las bestias, y no se les sustentaba más que como un objeto de lujo o para utilizarles en las fiestas con que se divertía al pueblo.

Nerón hizo matar en una sola vez cuatrocientos, y el liberto Vendins Poblion, tenía fama de arrojar los suyos en los aljibes con objeto de que engordaran sus peces.

Esto, no obstante, entre los esclavos había hombres dignos de mejor suerte y formaron sus sociedades secretas con objeto de libertarse, valiéndose para sus reuniones de los grandes bosques que en Italia existían y en donde se reunían todos los esclavos que podían escapar a la acción de sus opresores.

Entre los esclavos los había tanto judíos como idólatras, pero todos hicieron causa común, pues su objeto era el gran número, para hacer frente a la tiranía, y en efecto, lo consiguieron.

Entonces, apareció otra sociedad también secreta bajo el nombre de cristianos, ostentando la cruz, y explicando en parte las doctrinas del Cristo, y sobre todo, la libertad de los esclavos y la comunidad de bienes terrenales, que pronto tuvo cabida entre las grandes masas de esclavos; mas era secreta, y como la fama de su gran beneficencia corría de boca en boca, se afanaban las gentes, sobre todo las de humilde rango, por pertenecer a ella.

La masonería estaba en su apogeo, y le dio la mano cuanto pudo para su crecimiento, en vez de denunciarla. Los nuevos cristianos se reunían, no sólo en los bosques, si que también en las catacumbas, donde empezaron las fórmulas y los ídolos para halagar más a las gentes del tiempo que corrían; mas como todo lo practicaban en secreto, no eran conocidos de los gentiles o druidas, y validos de la hipocresía, se comunicaban con gentes de arraigo, por donde pudieron hacer, además del gran número, fuerza moral, hasta poder competir con toda clase de gentiles. Desde entonces se cambiaron los nombres a los ídolos, que antes eran Dioses, y pasaron a ser Santos; y como antes había sacerdotes y sacerdotisas que se dedicaban a la consulta de los Dioses para impetrar de ellos las gracias y dones temporales, pasó a que hubiera sacerdotes que ejecutaran lo propio con los Santos y con el mismo Dios, cuyo ídolo o imagen establecieron en el siglo XII, o sea, el año 1241, con lo que llaman la custodia, siendo pontífice Urbano IV, lo que nos da a demostrar que no estaban conformes con el dicho del Cristo "Adorarás a Dios en espíritu y verdad".

Hasta aquí no hemos podido hallar el medio de que los sacerdotes católicos pudieran haber recibido potestad alguna del Cristo y sus sucesores los Apóstoles para perdonar pecados, como ellos se abrogan pomposamente. Veamos lo que dicen los Evangelios y Epístolas, a cuyos autores parece debemos dar más crédito que a los creadores de sacerdotes.

Por de pronto, nos hallamos con Pablo, que en su cap. 2, 1ª Corintios, versículo 14, dice, que el hombre animal no percibe las cosas que son del espíritu de Dios porque le son locura, y no las puede entender porque se han de examinar espiritualmente.

¿Han examinado así los sacerdotes católicos los versículos 22 y 23 del capítulo 20 de Juan. o San Juan? No, ellos lo han tomado materialmente, porque así les conviene para el cuerpo, haciendo caso omiso de otro que dice, que debe comprenderse al espíritu de lo que quieren decir tales doctrinas, porque la letra mata, mas el espíritu vivifica. Dice San Pablo en su cap. 5, 1ª Corintios, versículos 9, 10, 11 y 12: "Os he escrito por cartas que no os envolváis con los fornicarios".

No, absolutamente, con los fornicarios  de este mundo, o con los avaros, o con los ladrones, o con los idólatras, pues en tal caso os será menester salir del mundo.

Mas ahora os he escrito que no os envolváis; es, a saber, que si alguno siendo hermano, fuere fornicario, o avaro, o idólatra, o maldiciente, o borracho, o ladrón, con el tal ni aún comáis.

(Continuará)


CREACIÓN DE LOS SERES VITALES
(Continuación)

Una vez el espíritu en el destierro, no puede salir de él hasta que cumpla la mencionada ley divina; mas el atributo de misericordia divina le concede tantas reencarnaciones como necesite dentro de la misma tierra, o mejor dicho, destierro espiritual, para el pago de todas las faltas que cometió a sus semejantes; y si a tanto llega su rebeldía, tiene buen cuidado el guía protector de trasladarlo al centro de la misma tierra, a donde no puede disfrutar del sexo ni de lo tuyo y mío porque no existe; pero es el caso, que para verificar las reencarnaciones a su voluntad, es preciso que los hombres y las mujeres preparen las materias que ellos necesitan para formar los cuerpos, que les sirvan de medios para cumplir y pagar lo que deben entre los mismos corporales que las cometieron; mas, ¿cómo puede llegar a este caso si estos últimos se hacen célibes por egoísmo, y sordos al llamamiento de lo que dicen Naturaleza? imposible; deben esperar y sufrir hasta que los egoístas, en una u otras reencarnaciones les quieran obrar la caridad de quererlos recibir. Hé ahí uno de los mayores crímenes que como espiritual cometen los seres encarnados en la tierra y la mayor falta a la ley divina; ¡y sin embargo, es lo que entre esta humanidad se llama la virtud más acrisolada! Como la mayor falta que puede cometer una mujer que no esté dentro de las leyes materiales y llegue, sólo a demostrar, que dio caridad a la mayor necesidad espiritual, sin tener en cuenta, que no habiendo igual número de varones que de hembras, forzosamente se ha de faltar a la ley material o a la natural, razón por la que, el hombre y hombres que hicieron tales leyes y con tanto rigor las sostienen y trasmiten, mucho les falta para cancelar su deuda espiritual; y no piensen llegar a la casa paterna sin la cancelación, porque aquella justicia es completamente inmutable; mas no teman mis hermanos que las penas que están ganando hayan de pasar por ellas por toda una eternidad, no; como justa que es aquella justicia, sólo estarán el tiempo que les de la gana; pero tengo la convicción de que desde el momento que vuestras inteligencias empiecen a ver sólo el reflejo de la luz verdad, empezarán vuestros padecimientos al ver los goces que otros hermanos vuestros que en materia habéis conocido y vilipendiado, disfrutan, que podéis tomarlos por ejemplo aquí en la tierra.

Mirad a los que llamáis pobres e ignorantes cuando vosotros os presentáis ante ellos cargados de orgullo y vanidad enseñándoles vuestras riquezas sobrantes, ¡cuando ellos no han comido lo suficiente para sostener sus materias! y tal vez en mayoría trabajan y sudan para que vosotros sostengáis vuestro fausto inusitado. ¿Qué pensamientos harán? Pues hacen los mismos que vosotros haréis cuando lleguéis a ver que no podéis gozar como ellos gozan; y tened en cuenta, que como estos vuestros hermanos mencionados aquí, llegaréis a veros antes de que podáis ver los goces de allí; con lo que debéis comprender, que todos los que en la tierra llamáis pobres como materiales son mucho más ricos efectivos que el más rico de la tierra, si aquí saben conformarse con lo que llamáis suerte, porque esa suerte fue elegida por ellos antes de venir por última vez, como pago de sus deudas atrasadas.

Los espíritus, cuando dejan la materia en cualquier mundo de la pluralidad, no necesitan presentarse a los regentadores de los mismos, como no sea en los casos de poder ascender, sino que pasan a otro inferior hasta llegar a la tierra; mas aquí, como no hay otro inferior, les es preciso presentarse y ver el libro de su cuenta con el debe y haber, y según aquélla se halle y los deseos que tienen de pagar, eligen nueva reencarnación.

Son muchos los que no se presentan; algunos, porque están convencidos de no haber cumplido su pedido o misión cuando vinieron; otros, porque les gusta la erraticidad, y es menester tratarlos como en la tierra trata la policía y Guardia civil a los criminales.

Todas estas clases de espíritus están sujetos a nueva encarnación, ya en la tierra, ya en su centro; para esto son juzgados por un juez y un tribunal con arreglo a lo que marca el nivel de justicia, y no se les permite tomar nuevos cargos o misiones hasta que hayan cancelado su deuda; pero hay otros muchos de los que se presentaron, que teniéndola cancelada y sin haber salido del radio que la ley del progreso les permite, si quieren volver a la tierra a cumplir misiones espirituales entre la humanidad, la ley se lo concede.

Estos, en general, hacen pacto con el guía protector, o sea, le ceden su libre albedrío, para que, cuando se hallen en la tierra, sabedores que la turbación del calabozo les ha de prohibir la comprensión espiritual, pueda usar los artefactos contra su propia materia, para que los padecimientos materiales le obliguen a filosofar y comprender lo espiritual, medio por el cual recuerden sus deberes, pues no tienen bastante confianza en sus propias fuerzas, y prefieren partir las ganancias con aquel que quedarse con todas; mas a pesar de estos medios de ayuda, no todos tienen valor para arrostrar las consecuencias que al paso se les presentan, y son vencidos por ellas más tarde o más temprano, cual sucede a los suicidas; por eso son muchos los llamados y pocos los escogidos; mas los hay también, que no sólo cumplen su primitiva misión, sino que piden otras después de haber cumplido aquélla y le son concedidas hasta con preferencia a los espíritus libres; y llegan hasta el extremo de recibir comunicación directa y a tomar asiento en la casa paterna en los ratos extáticos, como recorrer y ver el centro solar y efectos de la creación vital, etc., etc., pues nada hay oculto para tales seres, por más que pertenezcan a la tierra corporalmente; mas para tales conocimientos ha de estacionarse, pues de otro modo no puede llegar allí sin haber dejado la materia.

Esta clase de estacionamiento se concede para cumplir grandes misiones, y de largo tiempo; que prohíbe llegar y permanecer en el centro solar, cual están otros hermanos habitualmente; puede penetrar, recorrer y finalizar toda la casa, mas no tomarla por morada definitiva; (no se vaya a confundir con el estacionamiento forzado de que vamos a hablar).

Estacionamiento por cobardía

Los espíritus, hombres, siguen su ascenso, según el cumplimiento que hacen de la ley, todos en general; pero son varios los que comprenden sus deberes, y al probarles los guías protectores, para ver los cargos que les pueden confiar, se acobardan, y prefieren ejercer los asuntos materiales por que les son más halagüeños a la materia.

Desde este momento queda suspendido su ascenso espiritual, y no dan un paso más en los conocimientos del alma; mas los guías protectores deben obrar según las facultades que tienen; ya hemos dicho que si no tienen pacto, deben complacerlos; mas si lo tienen, deben por todos conceptos obligarles a que no disfruten gran cosa de los goces materiales; de donde resulta, que los protegidos, incapaces de sufrir tales incomodidades, se cansan de la vida material y sufrimientos de la misma y llegan al suicidio, creídos de que con él, se concluirán sus penas, sin considerar, que con tal cobardía las multiplican.

Esta clase de seres, los hemos hallado, que, después de mucho tiempo de haber suicidado la materia, padecían lo mismo, que, según ellos, motivó la causa del suicidio, más lo que les causó la agonía, y sin darse cuenta de que ya no pertenecían a los cuerpos terrenales; y al sacarlos de tal estado avergonzarse doblemente, tanto por su cobardía, cuanto por el retraso que contrajeron en su ascenso espiritual; pues comprenden que tienen necesidad de volver y tomar su propia cruz y llevarla hasta el Gólgota.

Lo propio sucede a los que mueren en desafío y a los matadores; así como a los que con saña matan traidoramente, por más que hay, según el grado de injusticia, recargo en los padecimientos espirituales; ¡si los hombres vieran los padecimientos de tales espíritus, cuando libres del cuerpo los hallamos en esos espacios atmosféricos, creídos en que todavía son hombres corporales, padeciendo los tormentos materiales, muchos son los que cambiarían de maneras de obrar contra su prójimo, y serían más valerosos para arrostrar lo que llaman causas afrentosas; puesto que en ello no hacen más que cortar los abrojos que sembraron para que su prójimo se pinchara los pies!. Son muchos los que se suicidan por evitar lo que llaman afrenta ante la humanidad, y hasta por cosas frívolas; creídos ya que la humanidad no los ve, ni ellos oyen sus críticas; ¡desgraciados! Entonces es cuando se presenta ante ellos la verdadera humanidad espiritual, que de ellos se burla, y les pone ante sí, todos sus defectos y cobardías que tuvieron en la tierra, a donde antes de venir, le prometieron ser tan valiente y ganar todas las batallas que se les presentasen.

El número que de estos desgraciados hallamos, es grande; pero es menester un gran tacto para poderles hacer comprender su situación y hacerles caridad sin faltar a ella, por la turbación de sus facultades intelectuales; pues son muchos los que nos tratan de locos, y para poderles hacer caridad nos vemos en la necesidad de usar la fuerza espiritual poniéndolos presos, hasta que, viendo la nulidad de sus fuerzas se convencen y meditan para salir de su error; con cuyo convencimiento se alivian sus penas en gran parte, y más, cuando se les conduce al estudio de las cosas justas; porque ven clara su situación; entonces sólo les queda el pensar de tener que volver a tomar nueva reencarnación, a pagar sus deudas, pues ya saben que no hay otro perdón.

Hay otra clase de estacionarios forzosos que no sólo se estacionan por su falta de cumplimiento, sino que, cuando dejan la materia se avergüenzan de presentarse al regentador por las burlas y mofas de sus semejantes; pues en esta cuestión de faltas son peores los espíritus para los espíritus, que los hombres para los hombres; y les damos el nombre de prófugos; y cuando son cogidos por los caritativos, son destinados, en mayoría, al centro de la tierra, a donde deben permanecer hasta rebajar la materia primitiva que todavía arrastran, punto al que también se destinan los triple rebeldes y los nuevos desterrados; razón por la qué el progreso moral de la tierra tomará gran incremento en corto plazo, porque los nuevos espíritus que vengan a reencarnar a la costra terráquea todos han visto la luz del alma, y como quiera que a todas partes han llegado a reencarnar seres que comprenderán el lenguaje del alma con facilidad, se disiparán las tinieblas formadas por las religiones hipócritas, brillando la luz pura.

Salida definitiva de los espíritus de la costra terráquea

De esta clase de espíritus tenemos dos: uno de ascenso, otro de descenso.

La primera es la que ya hemos dicho, que siendo corpóreos materiales pueden llegar hasta la casa paterna; mas al dejar la materia no pueden tomar posesión definitiva, sin tomar encarnación en todos los mundos del tránsito, siquiera brevemente, para cambiar la envoltura fluídica.

Cuando dejan la materia, quedan como los demás, turbados por más o por menos tiempo, sin saber lo que les pasa, lo que son y donde se encuentran, excepción de los más adelantados que aún está la materia caliente, cuando ellos ya están fuera de la atmósfera, acompañados de muchos de los de su grado, que lo regocijan cual nosotros al valiente soldado cuando viene de campaña y ganó muchas y grandes batallas; este acompañamiento dura hasta que lo dejan colocado en el punto donde ha de asimilarse la materia correspondiente al mundo que ha de habitar al propio tiempo que deja la envoltura espiritual que llevó del destierro; la materia que toma es tan fluídica que no le prohíbe el vuelo para todos sus actos, como vuela nuestro pensamiento.

En el acto de tomar la materia los hallamos como nuestros niños pequeñuelos cuando duermen, y constantemente cae sobre ellos una polviza (si así queréis comprender) que los cubre hasta el momento de despertar; entonces, con el corto movimiento, se rompe la envoltura que llevaron desde la tierra, cual el pollo rompe el huevo; salen de él y vuelan cual la mariposa en nuestra tierra, alegres y contentos de su libertad; los que parten a mundos más elevados sólo disfrutan cortos momentos de aquella envoltura, que pronto la dejan para pasar a tomar otra en mundo más fluídico, con arreglo a su rango, y sucesivamente hasta llegar al centro Solar, y tomar estancia al lado de sus hermanos superiores.

Estas reencarnaciones no quiere decir que se hagan precipitadas; son con arreglo a progreso; y las misiones que hayan de desempeñar en el tránsito, que son muchas y grandes. ¡Cuán inversamente sucede a los que deben marchar al centro de la tierra!

Comparémoslos con los hombres que la ley material manda a los que llamamos presidios cuando los conduce la Guardia civil; ¡es tan grande la tristeza que causa la mayor compasión!; mas ésta desaparece ante el nivel justo que lleva en la mano su conductor; puesto, nos demuestra, que sin tal separación es imposible el reposo y la tranquilidad en parte alguna; causas por las que es indispensable hasta que se hayan regenerado. Consideremos ¿qué sería la vida en la tierra sin la separación de los criminales? Pues lo propio sucede con los espirituales; por eso tanto rigor con los que pretenden la vida errante.

Cuando llegan al centro de la tierra también hay distintos medios de tomar encarnación, puesto que los hay que la toman en el barro putrefacto como las ranas, en agua como los peces, en el barro menos sucio y en el polvo cual los reptiles, cada cual con arreglo a su causa, y en cuyos locales deben trabajar para buscar los alimentos necesarios para la vida, variando las formas según las necesidades a que cada clase queda sujeta; así en unos encontramos que las piernas les sirven de remo para la locomoción nadatoria, otros que no se les pueden ver por tenerlas siempre ocultas en el fango, otros que conservan toda la figura humana, y no obstante, no tienen un palmo de estatura; en lo único en que son todos semejantes y se dejan ver con claridad es en las caras y brazos; y para mayor desgracia, nada contestan al lenguaje espiritual, lo que nos indica que son ignorantes en él; luego una vez pasados allí nada podemos obrar en su beneficio, puesto que no nos comprenden; todo hay que dejarlo al tiempo, que les rebaje el orgullo y egoísmo de que tan cargados están.

(Se continuará)


UNA DISCUSIÓN

Entre un católico que pretende ser cristiano y un cristiano que renegó del catolicismo; sabio el primero —según los hombres— e ignorante el segundo.

(Continuación)

R.— Porque todos tienen el mismo empleo en su clase; Dios, por el atributo de caridad, concede al Ángel dirigir al espíritu inferior por la pluralidad de mundos hasta que sepa cumplir la ley por sí solo, que es cuando deja de ser demonio y pasa a ser diablo, como lo demuestra con la luz que adquiere; lo propio hace el hombre que también confía su hijo a una niñera hasta que sepa andar sólo por la tierra.

C.— Pero a todo esto ¿qué tengo yo que ver con ese Sol que nos alumbra, ante el cual has dicho que me he de presentar a dar cuenta de los actos de mi alma?

R.— ¡Qué pregunta tan extraña para ser hecha por un católico! ¿Es posible, hermano mío, que con completa ignorancia de lo que tienes que ver con el Sol que llamamos central, o rey de los astros al estilo científico, me la hayas hecho? Quien es tu Dios en espíritu y bondad, al que debe adorar todo deísta y cristiano, cual el Cristo adoró y enseñó a que se adorase ¿acaso tu Iglesia lo ignora? No, puesto lo demuestra con la custodia o sacramento imagen solar, que llamáis Dios, cual representáis a los que llamáis santos con las imágenes a su manera. Hé aquí el fruto que sacan vuestras almas con haberse hecho idólatras; ellas enflaquecen por momentos mientras los cuerpos os fastidian por demasiado obesos, mas no te admires por tan poca aclaración ni formes dudas de mis palabras, pues te puedo dar guía para que por ti mismo puedas hallar escritos de mucha antigüedad y muy reservados entre los grandes católicos, que te pondrán al corriente de todo cuanto te digo y mucho más, si deseas sacar a tu inteligencia de la turbación en que se halla.

El catolicismo sabe perfectamente que nuestra alma o vitalidad procede del Sol que nos alumbra, como sabe que el espíritu o forma de hombres es formado de esencia de materia.

C.— Si lo sabe ¿por qué lo calla?

R.— Por sus fines egoístas y orgullosos.  ¿Por qué cuando juráis guardar los secretos de la Iglesia lo hacéis sin antes conocerlos?

C.— No sé lo que me pasa, siempre en mis oratorias tuve palabras para vencer a los enemigos del catolicismo cristiano, mas contigo me faltan palabras, y hasta la garganta se niega a pronunciar las pocas que acuden.

R.— Permite, hermano, que os haga dos observaciones; la primera es, que nada hemos tratado del cristianismo, y tal vez tengas, cuando de ello tratemos, razones en vez de palabras que me puedas convencer; la segunda es, que como sólo hemos tratado de Dios y el alma, te ha sucedido como a la mariposa que tanto le agrada la luz, que se embriaga en ella, y concluye por caer dentro del foco, y en tal caso tu turbación es pasajera; mas por el momento procede me digas si hallas conformes mis explicaciones con los atributos divinos, y, sobre todo, con el de justicia.

C.— Nada puedo rechazar por el momento filosóficamente, lo examinaré y tal vez halle medio de rebatirte, esperando de tu amabilidad que me permitirás hacerlo si no me hallo tan conforme como en este momento.

R.— Siempre comprendí que de la discusión sale la luz, y cuando es sin otro fin que el de conocerla y descubrirla cual nos hemos propuesto, siquiera privadamente, es mi mayor placer; sólo debo recordarte que medites un poco si los hombres pueden tener poder para perdonar pecados, cuando el mismo Creador no puede hacerlo si ha de conservar el atributo de justicia que todos le concedemos; por tanto, pasemos a probar que el catolicismo no es cristiano ni apostólico.

C.— (Dando un abrazo al renegado).— Si me pruebas el cristianismo como lo has hecho con el deísmo, prometo seguir tu camino —siquiera privadamente— por no faltar a mis primeros juramentos.

Pruebas de que el Catolicismo no es Cristiano Evangélicamente

Católico.— He pensado en nuestra última conferencia y me he puesto en deseos de que tengamos la segunda, para ver si mi inteligencia se despeja, pues comprendo que tus palabras la turbaron bastante. ¿Quieres hacerme el favor de que empecemos?

Renegado.— Estoy a sus órdenes.

C.— Dejémonos de tratamientos, pues como dijiste otro día, somos hermanos, y pues que nos debemos recíprocas atenciones, tratémonos tú por tú, que es el lenguaje más bello. Dime: ¿Qué entiendes tú por cristiano?

R.— Entiendo que la palabra cristiano es derivada de que Jesús de Cafarnaum murió crucificado en la cruz, pero no comprendo que haya cristianos más que los que cumplen sus consejos y enseñanzas doctrinales y cumplen su ley.

C.— No; es cristiano todo el que en nombre de Cristo recibe el agua del bautismo, cual él la recibió de San Juan en el río Jordán, y como todos los Apóstoles; desde aquel momento queda el hombre hecho cristiano. Además, tampoco fue Jesús de Cafarnaum, sino de Nazaret.

R.— Prescindo si fue de uno u otro pueblo, puesto que para el caso filosófico de que tratamos era universal; mas si, como dices, Jesús y los Apóstoles se bañaban en el Jordán, como cuestión religiosa, ¿por qué siguieron siendo judíos? Podrás decirme que a Jesús lo crucificaron por haber revocado ocho de los diez mandamientos de Moisés, es verdad, pero no me podrás negar que murió, como nació, dentro de la ley judaica; y si, como acreditáis, murió el año 33 de nuestra era, es menester que sepáis, que el 49, primer concilio y único al que asistió Pedro, se determinó que no era necesaria la circuncisión, o sea, bautismo judaico, sin que se tratara de ninguna clase de agua ni fórmula alguna que los uniera al Maestro más que la ley de Amor y Caridad por él enseñada con todos sus semejantes; en cuanto al uso del agua, ya en mi pequeña obra os señalo cuándo y por quién fue instituido el sacramento del bautismo, que fue algunos siglos después de la muerte del Cristo, establecido por hombres egoístas; no hay duda que se bañarían en el río, como en toda parte donde hallaban agua, mas era por higiene, no por fórmula religiosa; y para más aclaración, mira lo que dice Mateo en su cap. 28, versículo 19 y 20:

<<El bautismo se ejecutará enseñando las doctrinas del Cristo>>.

C.— Según tú ¿no hay cristianos en el catolicismo?

R.— Desde el momento que el catolicismo nada practica del Cristo, ningún católico puede ser cristiano en verdad, y, debo añadir, que todo buen católico no puede entrar en el reino de los cielos sin volver a nacer de nuevo, cual Cristo dijo a Nicodemus; y como yo, dice Juan, cap. 3, v. 1 al 7.

C.— ¿Cómo me lo probarás?

R.— Con mucha sencillez; la ley que Cristo enseñó y con toda vulgaridad practicó es la divina, que vulgarizada dice: <<No hagas a otro lo que no quieras que te hagan a ti; haz con todos como quieras que harían contigo en iguales circunstancias, que en ello amas al Padre que está en los cielos>>. Aconsejó la humildad y la practicó; aconsejó la oración mental, o sea, el lenguaje del alma, y que se hiciera ocultamente; prohibió las imágenes y pinturas en los sitios de oración; aconsejó que sus doctrinas se enseñaran en lenguaje vulgar; prohibió el fausto y la ostentación, en dicho y en hecho; prohibió el uso de armas homicidas a los suyos; aconsejó que a ninguno se obligase a seguir sus doctrinas, reconociendo en ello el libre albedrío que cada cual posee; su mayor fausto en comodidades fue montar en una asna cuyo pollino la seguía; y de todo esto ¿qué practican los católicos? ¿Callas? ¿Quieres que yo te lo diga y pruebe con datos irrefutables?

C.— No, desgraciadamente me veo en la necesidad de no poderte contradecir.

R.— No es bastante que tú lo reconozcas en el momento, es menester que reconozcas que todos los actos de la vida católica son anticristianos, materialistas hasta en las ropas que visten, como lo vas a ver pronto por el adjunto escrito que acabo de recibir.

C.— ¿Qué escrito es ese?

R.— Mira, y revócalo si puedes.

C.— Hermano, esos escritos son inventados por demonios masones, que tanto trabajan para desacreditar al cristianismo católico.

R.— Hermano, todo ser que en la tierra cumple el código masónico es un verdadero cristiano, y se separa tanto de serlo, el mal masón como el buen católico; y como prueba, compara la ley masónica que es Amor, Caridad y Fraternidad, con la católica, <<divide y reinarás>>.

C.— Eso no; la Iglesia siempre trabaja para la unión de toda la humanidad, bajo la representación Papal, como delegado de Jesucristo en la tierra.

R.— No, no es posible que el Papa sea representante en la tierra, y en nombre de ese mismo Jesús, llamo blasfemo a quien tal diga.

Ya he dicho arriba las maneras de proceder del Cristo, que a ti te ha ruborizado sólo pensar que los católicos hacen todo lo contrario, pero te irrita el que se descubran sus feos hechos. Y saliendo fuera de la sana razón, culpas a los verdaderos cristianos; y como prueba de que lo son, te he citado el código cristiano y masónico, que es el mismo. En cuanto al cumplimiento, lo ignoro, pues ellos siguen la reserva señalada por el Cristo, y que yo tampoco tengo medios de estar filtrado en sus secretos, por no pertenecer a las logias terrestres; mas no habiendo encontrado en los católicos el dato más pequeño que se imite al Cristo, los rechazo como tales hasta que me presentéis siquiera uno que lo pueda aceptar.

(Continuará)


UNA PREGUNTA a los que se dicen Espiritistas Kardecistas en general, y en particular a los de la Unión de Barcelona; y suplicamos nos contesten por caridad espiritual a la humanidad y es: Que nos den a conocer su Dios o Espíritu primero a quien todos los demás deben obediencia; si es visible y comunicativo y los atributos que le conceden; pues el Jesuita Blanco ha presentado el suyo sin velo y se dispone a que, por medio de discusiones morales, se corran todos los que oscurecen su luz, la filosofía del Cristo y de Kardec a los cuales representa y obedece en los actuales momentos.

Imp. de P. ORTEGA, Aribau, 13 - Barcelona

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Deísmo, Cristianismo y Espiritismo

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