Año I

Barcelona 1º. Abril de 1898

Num. 5

INMUTABLE

AMOR

PAZ

CARIDAD

BONDAD

MISERICORDIA

JUSTICIA

SIN VELO
EL JESUITA BLANCO, FILOSÓFICO, NATURAL, DEFENSOR
DEL DEÍSMO Y CRISTIANISMO VERDAD

Número 10 cénts.

Publicación quincenal

Número 10 cénts.

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Redacción: Abaixadors, 3º 1ª
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LOS HIJOS DE MARIA
JERUSALÉN Y ROMA
(Continuación)

Alejandro y su hijo César habían determinado envenenar algunos cardenales, entre ellos, a Adriano Corneto, en la casa de campo de este mismo. Allí debía cenar el Papa con otros convidados. César había entregado a un criado una botella conteniendo la fatal ponzoña, con orden de no servirla sino a los que él indicara. Era el mes de Agosto; llegó Alejandro muy acalorado y sediento y pide de beber, y como el que había recibido la botella de César la hubiera pasado a otro, éste, ignorante de todo, la entregó al Papa. Tenía 72 años entonces, falleciendo el 18 de Agosto del año 1503.

Sobre este suceso leemos también en la Biblioteca religiosa, —Historia de los Papas— lo siguiente:

<<Alejandro VI y César quisieron envenenar al cardenal Adriano Corneto, como uno de los más ricos, para repartirse sus expolios; el tósigo que tenían preparado les fue servido a ellos por equivocación, y Alejandro murió en medio de los mayores dolores.>>

Estos Papas, según los concilios, también fueron infalibles, y, por lo tanto, dioses; mas prosigamos, que es posible todavía que hallemos quien los haga buenos católicos, aunque no apostólicos cristianos ni deístas de verdad.

ESTEBAN VI

Llamándose Formoso, obispo de Oporto, se levantó a la cabeza de una facción contra Juan VIII, que le excomulgó dos veces. A pesar de eso, Formoso logró hacerse elegir Papa. Le sucedió —dice el padre Arnal— Esteban VI, romano, en 896. En trece o quince meses que fue Papa, tuvo Esteban un Concilio para condenar a su predecesor Formoso; hizo llevar ante los padres el cadáver vestido de pontifical, se le hicieron cargos como si estuviera vivo y se le señaló abogado que dio su defensa. Esteban, dirigiéndose al cadáver, le pregunta: ¿Por qué, obispo de Oporto, has llevado tu ambición hasta venir a usurpar la silla de Roma?

El resultado de esta farsa llamada proceso, formado por un tribunal llamado Concilio, fue declarar al cadáver reo de haber abandonado el obispado de Oporto y cambiándole por el de Roma, degradándole y excomulgándole; pero, además, debía decretarse una pena material proporcionada a tan alto crimen, cual en efecto contenía la sentencia pronunciada en el acto y en seguida ejecutada. Tal fue decapitado el cadáver de Formoso por mano del verdugo, cortarle tres dedos de la mano y arrojarlo al río Tíber.

De tal modo se soliviantaron los ánimos en el pueblo romano con la burlesca cuanto impía venganza, que se apoderó del Papa, le encarceló y le degolló.

No es de Esteban VI el único caso de un ardoroso encono religioso que ni la muerte apaga.

Almarico, doctor parisiense del siglo doce, entre otros errores, dijo: <<Que durante el estado de inocencia (esto es, en el de Adán si no hubiera pecado), todos los individuos de nuestra especie serían varones, y que Dios los había de criar inmediatamente por sí mismo, como había criado a Adán.>>

Los errores de Almarico fueron condenados en un Concilio parisiense en 1209. Era ya muerto Almarico un año antes que se prohibiesen sus dogmas; y así fueron desenterrados sus huesos y arrojados a un lugar inmundo. (Teatro del P. Feijóo. — I, 300).

SERGIO III

Teodora, dama romana, parienta de Adalberto II, de Toscana, en unión de sus dos hijas Marozia y Teodora, que participaban de su vida desarreglada, era el alma de un partido, por cuyas intrigas fueron elegidos sucesivamente ocho Papas en la primera mitad del siglo X.

Hablando de aquellas cortesanas, dice el ilustre Amat:

<<Las tres muy ambiciosas y de singular belleza y travesura de ingenio; las cuales, prostituyéndose a algunos Papas y a los Marqueses de Turcia, dueños del castillo de Santo Angelo, gobernaban la ciudad de Roma y llenaban al mundo de los mayores escándalos.>>

Sergio III fue deudor del Sacro Solio, adonde ascendió en 904, por su querida Marozia, de quien tuvo luego un hijo, y por Teodora, madre de su querida.

Sergio, que había sido gran enemigo del Papa Formoso antes del atentado cometido en el cadáver de este Papa por Esteban VI, aprobó cuanto éste hizo, y revocó las providencias de los Papas intermedios, a quienes trataba de usurpadores. Murió Sergio III en 911 y Anastasio III en 913, que sucedió a Sergio.

Las dos indicadas hermanas, que habían prestado igualmente su influjo a Anastasio, procuraron igualmente la elección de Landón, otro de sus favoritos; pero falleciendo a los cuatro meses de pontificado, Teodora, la joven, hizo que se eligiera a su amante Juan X, Papa.

Juan era un clérigo de Rávena, muy buen mozo, del cual se enamoró Teodora, la hija; le hizo nombrar obispo de Bolonia, después Arzobispo de Rávena, y últimamente, Papa.

Pero en 928, Marozia, la hermana de su querida, le hizo meter en la cárcel, dónde murió sofocado por la misma, poniéndole una mordaza en la boca, auxiliada por su marido, Guido de Toscana.

JUAN XI, JUAN XII, BENEDICTO IX

Al cabo de algún tiempo, en 931, la propia Marozia hizo colocar en la Sede pontificia a su mismo hijo, que hubo de Sergio III, Juan XI, a la sazón de 24 a 25 años de edad.

El 959, un nieto de la referida Marozia, por el crédito que esa familia gozaba en Roma, fue nombrado también Papa. Tomó éste el nombre de Juan XII, en memoria de su pariente Juan XI. Contaba entonces la edad de 18 años, y entregado éste a toda clase de excesos, convirtió el palacio de Letrán en casa de prostitución, muriendo de una de ellas a mano airada; según algunos, a manos de un marido, cuyo lecho había aquél profanado.

En la Biblioteca Religiosa, <<Historia de los Papas>>, 7 H.P. 245, se refiere así el fin de Juan XII:

<<Habiendo dado una cita nocturna a una mujer casada, fue sorprendido y maltratado tan violentamente, que murió a los ocho días, sin haber recibido el Viático, el 14 de Mayo del 961.>>

Comprada la elección a peso de oro, subió al trono pontificio Benedicto IX, a la edad de 12 o pocos más años. Así lo dice el ilustre Amat, 9—175. Por sus instintos depravados fue expulsado del pontificado por dos veces; pero protegido por los condes tosculanos, de cuya familia era, recobró el trono, que luego vendió, como lo había adquirido, por buena moneda.

JUAN XIX

¿Juan XIX, que después de cónsul, duque y senador se hizo elegir, saliéndose del cohecho de que un día pasó de seglar a Papa, fue infalible? ¿Lo sería León décimo, que a los doce años fue cardenal?.

Hugo, hijo del conde Herberto, fue nombrado obispo de Reims a los cinco años, elección que fue aprobada por el Papa Juan X.

Cuando Esteban VIII ascendió al supremo sacerdocio, concedió el Palio a Hugo. Después fue echado y Arnaldo puesto en su lugar. Fue arrojado Arnaldo, por más que protestó y apeló al Papa, y en un Concilio fue consagrado Hugo, que ya tenía unos 20 años.

Gozó poco de la dignidad, pues el año 945 Arnaldo fue otra vez restablecido. Hugo procuró algunas veces recobrar la iglesia, pero jamás pudo, antes bien fue excomulgado en varios Concilios; ilustre Amat, 9—126. La causa de tal pugilato fue el que las rentas del arzobispado de Reims eran muy pingües.

JULIO II

Como tantos otros, este Papa debió la tiara a las dádivas derramadas antes del Cónclave.

Dedicado exclusivamente a la guerra y a la política, sólo se cuidó del poder espiritual para aumentar el temporal.

No pudiendo conseguir que los venecianos le entregasen las ciudades que Alejandro VI les había conquistado, y que después de su muerte ellos habían recuperado, armó contra los mismos a la Europa entera, puede decirse, haciendo alianza con el emperador Maximiliano, con el rey de Francia Luis XII y con el de Aragón Fernando el Católico; alianza conocida con el nombre de liga de Cambray, en 1508.

Entre otras de sus proezas, en esa y otras guerras que sostuvo o provocó, merecen mencionarse las que en él se admiraron en el cerco de la ciudad de Mirándola, que personalmente dirigió, y en el que, cubierto de casco y coraza y ciñendo espada, se le veía recorrer el campamento animando a los soldados, apresurando las obras del sitio, dando vida a todo con su febril actividad, y cuando la brecha estuvo practicable, en 20 de Enero de 1511, armado de punta en blanco entró por ella vencedor a la cabeza de su ejército.

Poco esclavo de su palabra, a menudo la empeñaba en los tratados que celebraba, dijo un día a los embajadores de Madrid y de Venecia, que sus soberanos no debían alarmarse por la paz que él había pactado con el rey de Francia. Mi plan —añadió— es adormecerle a fin de arrebatarle la corona cuando más descuidado esté.

A León X y Martín V les dio por la vanidad más inusitada, pues al paso que Jesús hizo su entrada en Jerusalén montano en una asna, ellos, cargados de oro y pedrería, montados en caballos enjaezados del propio metal, se hacían conducir por príncipes que llevaban las bridas.

CLEMENTE V

A este Papa, además de su vida relajada, se le imputaba de que hacía tráfico con las cosas sagradas.

En su corte se vendían públicamente los beneficios; hizo suyas las rentas de los que vacaban en Inglaterra, lo que dio origen al derecho de Anatas.

Era tal su afán de riquezas, que en su viaje de Lión a Burdeos se apoderó de todas las de los monasterios e iglesias. (Ilustre Amat, 10—2).

JUAN XIII

Juan XIII, llamado Gallina Blanca, fue expulsado de Roma por una sublevación. Con el auxilio de Otón entró de nuevo y se entregó a las más crueles venganzas.

BENEDICTO VI

A Juan XIII sucedió Benedicto VI, el cual, habiéndose hecho odioso a los romanos, fue preso al cabo de dieciocho meses, y su sucesor, a poco de ocupar la Santa Sede, mandó estrangularle en la misma cárcel.

BONIFACIO VII

Bonifacio VII fue elegido de diácono a cardenal, muy travieso, que tomó tal nombre; quien luego de la muerte de su antecesor, se escapó a Constantinopla cargado con lo más precioso de la iglesia vaticana, y vuelto después a Roma, al frente de un partido furioso, cuando ocupaba la Silla Apostólica Juan XIV, le mandó prender y matar. Al cabo de once meses murió el mismo Bonifacio VII, y se había hecho tan odioso a los romanos que arrastraron su cadáver con infamia y lo dejaron desnudo al pie del caballo de Constantino.

URBANO VI

Urbano VI ascendió al Pontificado por muerte de Gregorio XI, en concurrencia con Clemente VII, siendo esta doble elección el principio del gran cisma que tanto escándalo causó en la Iglesia. Reconocido Urbano sólo por una parte de la cristiandad, mostró su carácter violento poco digno del Vicario de Jesucristo. Envió una expedición contra Juan de Nápoles; hizo poner en el tormento y dar muerte a seis de sus cardenales, con quienes había tenido fuertes reyertas; y guerreando con el rey de Hungría, a quien había incitado a pelear contra Juan, se vio obligado a huir a Salermo, a Sicilia y a Génova, volviendo a Roma después de varios reveses y victorias, pero cansado de hacer correr la sangre.

INOCENCIO VIII

Este Papa aparentó un gran esmero porque los príncipes cristianos se reuniesen y concertasen para batir a los turcos. Mas este celo era sólo un pretexto para enriquecerse y acumular mucho oro en sus arcas; ese anhelo inmoderado reconocía por fin enriquecer a sus hijos, que eran fruto de sus placeres, producto de sus ilícitos amores.

Todos esos de que nos venimos ocupando, más que Papas, príncipes fastuosos, o infames especuladores y homicidas, o guerreros inquietos y turbulentos, objetos de venganzas o vengándose cruelmente, perseguidos o perseguidores, vencedores o vencidos, estranguladores o estrangulados. Estos Papas depuestos de su papado o armándose para conquistarlo, nunca tranquilos en sus tronos; de continuo provocando a pueblos y reyes; esos Papas ocupados exclusivamente en lo temporal y perecedero, ¿se acordaron siquiera de la prerrogativa, que demasiado sabían que eran indignos, propia tan sólo del ser inmortal y eterno? Así pregunta Carlos Jamar; y nosotros a la vez preguntamos: ¿también a éstos les dejó el Cristo el derecho de perdonar pecados? No es posible, como imposible que Dios les haya perdonado a ellos sin la pena del Talión, porque es justicia infinita. Mas prosigamos.

SIXTO V

Este venturoso pastor (o porquero), de Moltalto, entró en los Franciscanos.

Siendo inquisidor general en Venecia se indispuso seriamente con el Senado y con los religiosos de su Orden, de suerte, que tuvo necesidad de huir. Al criticársele su evasión precipitada, alegó que, como había hecho voto de ser Papa en Roma, no había creído prudente hacerse colgar en Venecia.

(Continuará)


A LOS SEÑORES CIENTÍFICOS

En su primera revelación de La Cabaña, dice el pastor a los sabios de toda clase de ciencias: <<Puesto sois los directores de todo el resto de la humanidad, etc., etc.

<<No vengo entre vosotros para deshacer vuestros edificios, no; vengo para daros nuevos estudios, nuevos trabajos y preparándoos al gran camino, para que me acompañéis en la gran obra de la regeneración del desterrado, a fin de que todos puedan ser tan felices como su voluntad desee.

<<Estudiad por medio de vuestros alcances intelectuales y desarrollad vuestro deseo de saber de veras, que quien así cumpliere pronto obtendrá la recompensa.

<<Comprended, queridos hermanos, que la humanidad está dormida, mejor dicho, aletargada, sin haber llegado a comprender lo que más le interesa; ¿cuál es la causa de esto? Vosotros lo sois sin haberos dado cuenta de ello.

<<¿Y en qué consiste? En que habéis fijado vuestros estudios en aprender las tradiciones, sin cuidaros de estudiar por vosotros mismos los errores que otros pudieron cometer, sin comprender que ninguno fue infalible y sin pensar que como progresa todo arte material también progresa lo esencial en el ser humano.

<<¿Habéis creído, acaso, que el Ser Creador Universal cierra sus puertas a ninguno de los seres humanos que por ellas tenga voluntad de entrar? No; el que todo es amor, caridad, paz, bondad y misericordia, siempre espera que alguno de sus hijos llame a ellas para acogerlo en su seno aunque hubiere sido pródigo. ¿No comprendéis que si no obrase de esta manera no podría tener los atributos mencionados y que todos en masa le concedéis? Pero es también justicia infinita, y sólo llegan a sus puertas los que cumplen la ley que nos impuso a todos; esto es, tratar a nuestros semejantes como queramos que ellos nos traten a nosotros.

<<Algunos de vosotros que os tituláis materialistas, y que todo lo atribuís a la materia, no haréis ningún caso de este aviso que os da un hermano que os ama, mas yo os ruego que meditéis con profundidad, y muchos de vosotros me lo agradeceréis después.

<<Decidme: ¿no es verdad que cuando salís al campo y veis al vegetal y al animal cumplir las leyes de la naturaleza, os causa un efecto tan maravilloso que no acertáis a comprenderlo? ¿No es verdad que lo propio os sucede cuando contempláis el mar? Decidme también: ¿no es verdad que cuando veis una obra de arte que os maravilla, procuráis saber el nombre o conocer personalmente al autor de la obra que tanto os maravilla? ¿Por qué, pues, no buscáis al Autor de la naturaleza? ¿De dónde partirá, pues, para indagarlo vuestra inteligencia, que tantos conocimientos os ha dado?

<<Vosotros sabéis de qué substancias se componen los cuerpos tanto animal como humano; ¿pero habéis podido formar alguno igual a los naturales? No. ¿Habéis podido detener alguna inteligencia cuando decís que tenéis muerta la materia? ¿Por qué, al menos, no habéis hecho pasar aquella inteligencia a hombres fabricados por vosotros con materia y artefactos? ¿Qué sois, pues? ¿De dónde proceden vuestras inteligencias? ¿Por qué estáis aquí? ¿Cómo debéis obrar para salir del caos en que os encontráis? ¿A dónde debéis ir para poder gozar de la bienaventuranza eterna?

<<Nada de esto me podéis contestar, porque lo ignoráis todo; pero dais a comprender que no estáis solamente en la tierra y vivís en ella para comer, pues lo demostráis con la constancia que trabajáis y los deseos que tenéis de saber; por esto estoy entre vosotros, para que todo el que tenga voluntad sea de verdad sabio.

<<Estudiad profundamente con los medios que os da la escuela que os presento y comprenderéis con ella la causa de la agitación en que vive la raza humana en los actuales momentos. ¿A qué es debida tal agitación? ¿Será acaso el presentimiento de que han de venir lo que llamáis tiempos calamitosos? No hay duda alguna; pero si el hombre fuera solo materia no tendría tales presentimientos. ¿De dónde le vienen, pues? ¿Será acaso que hace ya cuarenta años vienen anunciándolos vuestros hermanos de ultratumba?.. Y si es esto último, ¿por qué todos no os halláis dispuestos a recibir con valor los acontecimientos? ¿Es, quizá, que os encontráis con saber bastante para detenerlos? Pues, si fuese esto, en verdad os digo que todo lo decretado por el Ser Supremo debe cumplirse, porque la Ley Natural es inmutable y vuestro mundo debe pasar por el sexto cataclismo, para obtener el ascenso que por ley de justicia le corresponde.

<<He aquí lo que vengo a deciros: Regeneraos en la ley del amor, paz y caridad; o más claro, que os améis como hermanos que sois y que tratéis a vuestros semejantes como queráis ser tratados por ellos, único medio de amar a Dios, como no dejaréis de ofenderlo si ofendéis a uno de ellos.

<<Un padre material tenéis conocido y él os da un lenguaje material para comunicaros con él; un Padre espiritual tenéis y también tenéis otro lenguaje para entenderos con Él. Os daré instrucción, pero antes invoquemos con fervor y Él nos oirá y nos contestará a cada uno con su justicia y según nuestro cumplimiento con su ley.>>

Esto dice el pastor por medio de su Cabaña, en 1884; vea la humanidad los acontecimientos que han pasado desde aquella fecha, y tenga presente que no serán más halagüeños por espacio de algunos años más hasta que el cataclismo concluya de pasar, por el cual la humanidad en la tierra debe disminuir en algo más de la mitad, con cuya disminución llegaremos a la regeneración, que es el verdadero progreso humano al que tanto reclaman muchos hombres, tal vez sin comprender por qué; y encargamos a los señores sabios, en particular, que luego de haber hecho el examen de los 14 años últimos, observen qué progresos han hecho con sus ciencias separadas de la filosofía respecto del alma; puesto nos cacarearon que separándose de la mencionada filosofía y con sólo las ciencias nos habían de descubrir los secretos del universo entero. Mas ¡oh, error grave! No sólo no han podido descubrir los secretos de la naturaleza, sino que se han visto precisados a confesar que no saben por dónde andan, puesto que en este tiempo el hermano Flammarion declara haber hallado en el sol que no es materia candescente y sí le hace el Creador universal, y tratándose de Venus, que tan próximo se halla a la tierra, tampoco saben salir de su estupefacción al haber observado un cambio en que desdice a los estudios que antes tenían hecho sobre él.

Algún otro ha querido llevar más allá las ciencias y ha fotografiado al sol; pero tan sólo ha podido sacar el convencimiento de que no hay materia en él y duda que exista el oxígeno, ¡que es todo cuanto pueden alcanzar con artefactos materiales! y menos desde la tierra, por razón de la atmósfera que la circunda y la precipitación de su rotación.

Todo esto han conseguido mis hermanos que en el año 1884 cacareaban, escribían y publicaban que quien no estudia las ciencias no ve la luz; entonces y varias veces después, hemos protestado de tales publicaciones, y hoy más que nunca podemos y debemos repetirlo: las ciencias son materiales, y como tales deben usarse para el cuerpo; la filosofía y la teología son esenciales, y como tales sólo pueden ser estudiadas y comprendidas por los sentidos del alma, mejor o peor según el desarrollo de ésta, o sea, el cumplimiento que hizo del mandato divino; pero no es todo lo expuesto el solo mal que han causado y causan los que en todo quieren ser sabios por pretensión; el mayor mal de los males está en que no admiten que el que no estudió libros ni siguió la tradición como ellos, pueda obtener conocimientos más certeros de las cuestiones naturales y de su Autor. Mas ¡pobres hermanos míos! ¡Cuán grande será vuestra admiración cuando veáis claro con la verdadera luz del alma y comprendáis que sólo sois espíritus errantes, que vuestro orgullo de sabios os impide llegar a la casa paterna y ver cuanto en ella ocurre!. Sí, sólo el orgullo de ser sabios en la tierra priva a los astrónomos penetrar en el centro solar y ver que allí no existe otra cosa que esencias vitales para la procreación de lo que habéis conocido con el nombre de naturaleza; desde la creación de los mundos hasta el ser más microscópico, todo, esencialmente, tiene allí su residencia cuando ha cumplido la misión para que fue creado; pues si los mundos no penetran en el radio solar cuál las demás vitalidades, sirven de lugares para recreo de los espíritus que los pueden ocupar con arreglo a la desmaterialización que unos y otros alcanzaron, desmaterialización que está muy lejos de poderse ver con artefactos, cual les sucede con los lugares que se hallan en la cúspide atmosférica de la tierra y a los físicos cuando pretenden hallar al espíritu con el escalpelo; mas nosotros, sin conocimiento alguno material de la cuestión física y astronómica, diremos que el espíritu, si bien es el que da forma al cuerpo, tiene su base en el tronco nervioso; pues busque el físico anatómico ese tronco, que no dudamos existe, y por medio de su anatomía hallará las ramas, mas no hallará las raíces con tales objetos, por que aquellas no son materiales, y por lo mismo, no están en disposición.

Lo propio sucede a los astrónomos respecto a la creación de mundos. Los hallan en el espacio y formando conjeturas se deciden a las hipótesis; ¿para qué? ¿Que es una hipótesis? Es lo que en matemáticas se llama un cálculo que se aproxima más o menos a la verdad; esto puede admitirse en conceptos materiales, mas tratándose de cosas tan grandes como la creación por el Gran Arquitecto del universo, es un poco más delicado, y los hombres antes de hablar por hipótesis debemos esperar a que otros hablen con firmeza, pues que la responsabilidad de los errores que la humanidad recoja caen sobre los que se hicieron maestros sin haber salido de aprendices.  Querrán decir que enseñan lo que saben, mas nosotros somos del parecer, que antes es saber lo que se enseña; por ejemplo: si mis hermanos sabios necesitan un par de zapatos, los dan a hacer a un pobre aprendiz en el oficio de zapatero; el aprendiz los hará según sepa; el dueño se los va a poner y resultan tan imperfectos que no los puede usar; procura arreglarlos y para ello acude a un maestro del oficio; pero es el caso que por haber dado el aprendiz mal principio, resulta tan malo el arreglo como imposible la perfección en el calzado, y tanto, que es menester desecharlo, todo por la prisa de lucir un calzado nuevo.

¿No es verdad que hubiera ganado mucho con esperar al maestro en vez de precipitarse con el aprendiz? Al menos éste, en caso de no sacar bien el calzado, hubiera abonado su valor; mas al aprendiz no puede hacérsele responsable puesto que hizo lo que sabía. Lo propio sucede a los sabios, mis hermanos; tanto deseo tienen de hacer sabia a la humanidad, que se precipitan a enseñar lo que no les ha sido dado comprender; ¿por qué cuando vuestras inteligencias rodean al disco solar no penetran dentro y verifican la preparación para la creación de mundos cual nosotros hemos visto? ¿Es que os acobarda el nivel por donde irremisiblemente debéis pasar? Pues es preciso que así sea; os sucede como a los hijos del hombre, rebeldes a los mandatos del padre; quieren pero no pueden enterarse de los negocios de la casa; el padre se lo prohíbe por el mal uso que de ellos harían.

(Continuará)


UNA DISCUSIÓN

Entre un católico que pretende ser cristiano y un cristiano que renegó del catolicismo; sabio el primero —según los hombres— e ignorante el segundo.

(Continuación)

C.— No, hermano mío, no me has ofendido; es que has herido mi alma de tal modo que se avergüenza de haber vivido en tantas tinieblas cual en el momento comprendo; dispensa mi emoción repentina, hija de la luz que he llegado a ver, cuando por tu consejo se ha dirigido al centro Solar, y se encontró con el nivel que buscaba en la mano del Juez de los jueces; deja que mi llanto corra, pues de quererlo detener reventaría el pecho, ¡oh, Pablo! ¿por qué no creí tu arrepentimiento cuando lo leí en tus epístolas?  Mas te prometo seguir tu camino de arrepentimiento  y procuraré llegar al punto más elevado por el cumplimiento de la ley de Amor, Paz y Caridad, para lo cual, hermano Pedro, te elijo por maestro.

R.— No, no debes obrar de tal modo, llama a tu Ángel de la Guarda, que es el encargado de conducirte por la tabla resbaladiza y te conducirá al puerto de salvación.
Sin embargo, de aquí hasta llegar a una buena inteligencia puedes usar el escrito que tienes en tus manos en los actuales momentos.

C.— Gracias, y permite que me retire a la soledad, pues la emoción me tiene dominado en demasía.

R.— Como último consejo te recomiendo que acudas a ese mismo Sol reclamando el bálsamo para tu herida, y tengo seguridad de que lo recibirás instantáneamente.

Católico, gracias, nos veremos a menudo. Adiós.


Católico.— Gracias a Dios que te hallo en disposición de que puedas oír mis dudas y explicármelas según tu comprensión, pues veo que mi inteligencia está demasiado turbada para comprender las cosas del alma a pesar de vuestra vulgaridad; ¿estás en disposición para empezar?

Renegado.— Cuando gustes.

C.— Como son varias las traigo apuntadas para que no se me olviden; empezaremos por la primera. ¿Por qué las mujeres sólo pueden entrar en el reino de los cielos a fuerza de parir hijos?

R.— Si mal no recuerdo, creo haberte dado ya tal explicación en la parte del celibato, mas no obstante, la repetiremos otra vez.
Admitida la venida a la tierra de los seres humanos y no pudiéndolo verificar sin obra de varón y hembra, es el principio de la caridad espiritual la unión de los dos seres mencionados, con cuya unión se elabora la materia, que el que desea venir ha de usar en la formación de su cuerpo y órganos materiales para poder habitar en ella, pues debe hacerlo como desterrado, y no hay otro medio desde que empezó la segunda época, cual explicamos en nuestra segunda revelación. Ahora bien; si el varón y la hembra se hacen célibes, o mejor dicho, huyen del llamamiento que les hace la naturaleza por el egoísmo de no padecer las incomodidades que causa tener hijos, ¿cómo es posible que puedan entrar en el reino de los cielos quienes abiertamente faltan a la ley natural? Pues mucho menos si como por necesidad indispensable imitan a los de Sodoma.

C.— ¿Pero es posible que tantas vírgenes que se sacrifican al Señor creídas de obrar bien, y que a muchas les cuesta la vida, hayan de perderse en ese laberinto desconocido, sin que su Esposo les tome en cuenta su sacrificio carnal?

R.— Hermano, ese que tú llamas Señor, dijo bien claro que Amor y Caridad es la Ley Divina, y repito, que quien no está con El no está con el Padre, porque El es la Ley.  Luego la mujer que no cumple la Ley no puede ser esposa suya por más sacrificios que, como tú dices haga, y en su nombre te digo, que ante sus ojos es muy amada toda mujer que cumple su ley, por más que, como vosotros decís, sea barragana; y te digo más: feliz debe llamarse toda mujer soltera que tiene hijos y sabe cumplir el deber de madre en la tierra; mas ¡cuán poco sabe el que la abandona y a madre e hijos desprecia, el cargo que sobre sí toma!  Yo digo, en verdad, que volverá a pisar y cortar las espinas que sembró.

C.— Luego lo que llamamos virtud los hombres, ¿es un crimen espiritual?

R.— No todos, mas sí el que estamos tratando.

C.— Me admira tanto todo lo que te estoy oyendo, que a no haberme dado pruebas irrecusables diría que mientes.

R.— Alto ahí; eleva tu pensamiento a lo alto y averigua si debes o no creer; busca el nivel de lo justo y él te marcará lo que en realidad es.

C.— Basta, basta, lo veo claro, ajustado... Dios mío, ¿por qué desconfié un solo instante? Te suplico, hermano Pedro, que pasemos a otra cosa, pues que esto está bastante claro; que el cumplimiento de las leyes de la tierra no bastan para entrar en el cielo.
¿Por qué dices que los hombres quisieron decir que llevas 60 años en la tierra?

R.— Porque en 1850 de este siglo no se halló la partida de bautismo en la parroquia donde indispensablemente debía haber sido bautizado (según los hombres) en 1834 anterior.

C.— Luego ¿dudas ser bautizado como los demás hombres, con el agua bendita?

R.— Materialmente, dudo; moralmente, estoy en lo cierto que no.

C.— ¿Luego tu vida es un misterio?

R.— Tal podrán decir los que ignoran, mas no hay misterio para los que les es permitido conocerlos por sus hechos; los ángeles guardianes que saben para qué venimos a la tierra, saben conducirnos por la senda que conviene, para que, sin faltar a los preceptos materiales podamos cumplir los Divinos, y mientras no nos hallamos dignos de conocerlos duran los misterios ocultos.

C.— Luego ¿sabes para qué viniste a la tierra?

R.— Mira lo que dice Juan, capítulo 14, versículos 25 y 26; cap. 15, versículo 26 y 27; cap. 16, versículo 12 y 14; y cuando los hayas leído pregunta a lo elevado y sabrás toda la verdad.

C.— Basta, veo más todavía; dime: ¿qué clase de crímenes pueden cometer las almas?

R.— Todos los que encierran el orgullo, el egoísmo y la vanidad cuando no han dominado al espíritu; mas cuando lo han dominado están exentas de todo pecado, pues éste sólo cabe en la materia.

C.— Luego el alma y el espíritu ¿no es la misma cosa?

R.— No, puesto que el espíritu es formado de materia y el alma es la esencia divina que le da lo que conoces con el nombre de vida; y como son la antítesis el uno del otro, al propio tiempo que inseparables, producen la lucha constante hasta que el alma vence al espíritu en toda su pureza.

C.— ¿De modo que es el espíritu el encargado del mal?

R.— El espíritu cuando no está vencido por el alma o esencia divina, ya esté en la tierra, ya fuera de ella, es el Satanás, según el Cristo, y el demonio, según el catolicismo, puesto que el primero dice a Pedro: "Apártate de mí, Satanás", cuando pretendió que dejara de publicar la ley divina; y Astete dice que el demonio es nuestro mismo cuerpo, con sus pasiones y malas inclinaciones.

C.— ¿No habría un medio para que los hombres todos pudieran comprender al uno y al otro cuando estamos en lucha?

R.— Sí, y muy eficaz; en cada momento que pensamos hacer el mal, producido por el espíritu (materia), toca nuestra conciencia o alma, que la repugna hacerlo; y si lo rechaza, ¡feliz el hombre que sabe conocer y rechazar, como desgraciado el que no lo hace!; porque luego entra la lucha y pocas son las veces que salga con victoria.

C.— Dices que es eficaz. ¿Será en todos los hombres?

R.— En todos, por criminales que fueren, puedes asegurar que existe el aviso, y por criminales que hubieren sido podrán llegar a la mayor honradez si atienden al primer toque de la conciencia.

C.— Gracias por tu explicación, y creo que con tales consejos mucho podría adelantar la humanidad, y desde este momento te prometo darlos a cuantos me sea posible.
Pasemos a otra cosa que molesta mucho mi atención.
Has dicho en otra conferencia que los idólatras no pueden entrar en el reino de los cielos; en tal caso, ¿los gentiles se condenan todos?

R.— En otro tiempo se llamaban gentiles a los adoradores de imágenes; ¿y hoy qué nombre se les da, o mejor dicho, se han dado ellos mismos? El de Cristianos, Apostólicos, Romanos. Probado queda que no son deístas ni cristianos; y si alguna duda te queda, atiende a lo que dicen los Apóstoles a los idólatras o adoradores de imágenes de aquel tiempo, que yo ratifico y la agrego a los del tiempo presente, puesto que usan la misma hipocresía, la misma intransigencia y la maldad aumentada, que aquellos, puesto que obran con conocimiento de causa.
Empecemos porque Cristo dijo (según Mateo, cap. 6, versículo 6): "Que cuando queramos orar, entremos en nuestro aposento y cerrada la puerta para que ninguno nos vea, oremos al Padre, que también está en secreto, y nos responderá en público" etc., etc.
En todos los Evangelios no se halla un solo párrafo donde se recomiende la adoración de imagen alguna, tanto en público como en privado; mas pasemos a consultar a Pablo, y nos dice en su cap. 8, versículo 6, 1ª. a los Corintios: "Nosotros no tenemos más que un Dios y un Señor que es Jesucristo".
En el capítulo 5, versículos 10 y 11, excomulga a los idólatras. En el 6, versículo 9, que no pueden entrar en el reino de los cielos. En el 10, aconseja que huyamos de los idólatras. Luego si no tenemos más que un Dios y Éste es espíritu (como queda declarado en otra conferencia), los hombres que adoran otro material cual es la Custodia y otros, deben llamarse idólatras en vez de deístas, cristianos y apostólicos. Además, que tampoco concuerda la oración mental con un Dios materia; pues que siendo esta oración lenguaje del alma, sólo puede ser oída por un espíritu, nunca por materia alguna, y por lo tanto, inútiles todas las súplicas que hagamos a Dios mientras nuestro pensamiento se dirija a un ídolo, razón por la que el Cristo aconsejó que en las casas de oración no hubiere ídolos ni pinturas.

C.— ¿Luego los rezos a las imágenes son perjudiciales?

R.— De todo punto perjudiciales, y para probarlo mejor, muchas son las estatuas que los hombres levantan a otros hombres en vida; prueba tú de dirigir la palabra para hacer una pregunta a una de esas estatuas y no tendrás contestación; ¿no es verdad?

(Continuará)

Imp. de P. ORTEGA, Aribau, 13 - Barcelona

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Deísmo, Cristianismo y Espiritismo

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