Año I

Barcelona 1º. Junio de 1898

Num. 9

INMUTABLE

AMOR

PAZ

CARIDAD

BONDAD

MISERICORDIA

JUSTICIA

SIN VELO
EL JESUITA BLANCO, FILOSÓFICO, NATURAL, DEFENSOR
DEL DEÍSMO Y CRISTIANISMO VERDAD

Número 10 cénts.

Publicación quincenal

Número 10 cénts.

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Redacción: Abaixadors, 3º 1ª
Administración: Borrell, 53 bis, tienda

LOS HIJOS DE MARIA
JERUSALÉN Y ROMA
(Continuación)

¿Es esta una manera canónica de ceñirse la tiara? El segundo Concilio de Calcedonia, lo condenó formalmente. En uno de sus cánones se lee: <<El obispo que obtenga su episcopado por dinero lo perderá, y será degradado.>>

El Papa Eugenio III (1148) imitó a Virgilio. San Bernardo, la estrella brillante de su tiempo, reprendió al Papa, diciéndole: <<¿podréis enseñarme en esta gran ciudad de Roma alguno que os hubiera recibido por Papa, sin haber primero recibido oro o plata por ello?>>

Mis venerables hermanos ¿será el Papa que establezca un banco en las puertas del Templo inspirado del Espíritu Santo? ¿Tendrá derecho alguno de enseñar a la Iglesia la infalibilidad?

Conocéis la historia de Formoso demasiado bien, para que yo pueda añadir nada. Esteban VI hizo exhumar su cuerpo, vestido con ropas pontificales; hizo cortarle los dedos con que acostumbraba dar la bendición; y después lo hizo arrojar al Tíber, declarando que era un perjuro e ilegítimo. Entonces el pueblo aprisionó a Esteban, lo envenenó y le agarrotaron. Romano, sucesor de Esteban y tras él Juan X, rehabilitaron la memoria de Formoso.

Quizás me diréis, esas son fábulas, no historia. ¡Fábulas! Id, Monseñores, a la librería del Vaticano, y leed a Platina, el historiador del Papado, y los anales de Baronio. (A. D. 897.)

Estos son hechos que, por honor a la Santa Sede, desearíamos ignorar; cuando se trata de definir un dogma que podrá provocar un gran cisma en medio de nosotros, el amor que abrigamos hacia nuestra venerable madre la Iglesia Católica, Apostólica y Romana, ¿deberá imponernos el silencio?, prosigo.

El erudito cardenal Baronio, hablando de la corte Papal, dice —(haced atención, mis venerables hermanos, a estas palabras)—<<¿Qué parecía la Iglesia Romana en aquellos tiempos? ¡Qué infamia! Solo los poderosísimos cortesanos gobernaban en Roma! Eran ellos los que daban, cambiaban y se tomaban obispados; y, ¡horrible es relatarlo! hacían a sus amantes, los falsos Papas, subir al Trono de San Pedro.>> (Baronio, A. D. 912.)

Me contestaréis, esos eran Papas falsos, no los verdaderos. Séalo así, mas en este caso, si por cincuenta años la Sede de Roma se hallaba ocupada por anti-Papas, ¿cómo podréis reunir el hilo de la sucesión Papal?

¡Pues qué! ¿ha podido la Iglesia existir, al menos por el término de un siglo y medio, sin cabeza hallándose acéfala? ¡Notad bien! La mayor parte de los anti-Papas se ven en el árbol genealógico del Papado; y seguramente deben ser éstos los que describe Baronio; porque aún Genebrado, el gran adulador de los Papas, se atrevió a decir en sus crónicas (A. D. 901.) <<Este centenario ha sido desgraciado, pues, que por cerca de 150 años los Papas han caído de las virtudes de sus predecesores, y se han hecho Apóstatas más bien que Apóstoles>>.

Bien comprendo como el ilustre Baronio se avergonzaba al narrar los actos de esos obispos romanos. Hablando de Juan XI (931) hijo natural del Papa Sergio y de Marozia, escribió estas palabras en sus anales: <<La Santa Iglesia, es decir la Romana, ha sido vilmente atropellada por un monstruo.
Juan XII (956) elegido Papa a la edad de diez y ocho años, mediante las influencias de cortesanos, no fue en nada mejor que su predecesor.>>

Me desagrada, mis venerables hermanos, tener que mover tanta suciedad. Me callo tocante a Alejandro VI, padre y amante de Lucrecia; doy la espalda a Juan XXII (1316) que negó la inmortalidad del alma, y que fue depuesto por el Santo Concilio Ecuménico de Constanza.

Algunos mantendrán que este Concilio fue solo privado. Séalo así; pero si le negáis toda clase de autoridad, deberéis mantener, como consecuencia lógica, que el nombramiento de Martín V, (1417) era ilegal. Entonces ¿en dónde va a parar la sucesión Papal? ¿Podréis hallar su hilo?

No hablo de los cismas que han deshonrado la Iglesia. En esos desgraciados tiempos la Sede de Roma se hallaba ocupada por dos, y a veces tres competidores. ¿Quién de éstos era el verdadero Papa?

Resumiendo una vez más, vuelvo a decir, que si decretáis la infalibilidad del actual obispo de Roma, deberéis establecer la infalibilidad de todos los anteriores, sin excluir a ninguno; mas ¿podréis hacer esto cuando la historia está allí probando, con una claridad igual a la del sol mismo, que los Papas han errado en sus enseñanzas? ¿podéis hacerlo y mantener que Papas avaros, incestuosos, homicidas, simoníacos, han sido Vicarios de Jesucristo? ¡Ah! ¡venerables hermanos! mantener tal enormidad sería hacer traición a Cristo peor que Judas, sería echarle suciedad a la cara. (Gritos: ¡abajo de la Cátedra! ¡pronto! ¡cerrad la boca del hereje!)

Mis venerables hermanos, estáis gritando; ¿pero no sería más digno pesar mis razones y mis palabras en la balanza del Santuario? Creedme: la historia no puede hacerse de nuevo; allí está y permanecerá por toda la eternidad, protestando enérgicamente contra el dogma de la infalibilidad Papal. Podréis declararla unánime, ¡pero faltará un voto, y ese será el mío!

Los verdaderos fieles, Monseñores, tienen los ojos sobre nosotros, esperando de nosotros algún remedio para los innumerables males que deshonran a la Iglesia. ¿Desmentiréis sus esperanzas? ¿Cuál no será nuestra responsabilidad ante Dios, si dejamos pasar esta solemne ocasión que Dios nos ha dado para curar la verdadera fe?

Abracémosla, mis hermanos; armémonos con un ánimo Santo; hagamos un supremo y generoso esfuerzo; y volvamos a la doctrina de los Apóstoles, puesto que, fuera de ella, no hay más que errores, tinieblas y tradiciones falsas.

Aprovechémonos de nuestra razón e inteligencia, tomando a los Apóstoles y Profetas por nuestros únicos maestros en cuanto a la cuestión de las cuestiones. —<<¿Qué debo hacer para ser salvo?>>— Cuando hayamos decidido esto, habremos puesto el fundamento de nuestro sistema dogmático.

Firmes e inmóviles como la roca, constantes e incorruptibles en las divinamente inspiradas escrituras, llenos de confianza, diremos ante el mundo, y, como el Apóstol San Pablo en presencia de los libres pensadores, no reconoceremos <<a nadie más que a Jesu-Cristo y el Crucificado.>> Conquistaremos, mediante la predicación del <<martirio de la cruz,>> así como San Pablo conquistó a los sabios de Grecia y Roma, y la Iglesia Romana, tendrá su glorioso 98. (Gritos clamorosos: ¡bájate! ¡fuera con el protestante, el calvinista, el traidor de la Iglesia!)

Vuestros gritos, Monseñores, no me atemorizan. Si mis palabras son calurosas, mi cabeza está serena. Yo no soy de Lutero ni de Calvino, ni de Pablo ni de los Apóstoles, pero sí de Cristo. (Renovados gritos: ¡anatema! ¡apóstata!)

¡Anatema, Monseñores, anatema! Bien sabéis que no estáis protestando contra mí, sino contra los Santos Apóstoles, bajo cuya protección desearía que este Concilio colocase a la Iglesia. ¡Ah! si cubiertos con sus mortajas saliesen de sus tumbas ¿hablarían de una manera diferente a la mía?

¿Qué les diríais, cuando con sus escritos os dicen que el Papado se ha apartado del Evangelio del Hijo de Dios que ellos predicaron y confirmaron tan generosamente con su sangre? ¿Os atreveríais a decirles: Preferimos la doctrina de nuestros Papas, nuestros Bellarminos, nuestros Ignacios de Loyola a la vuestra? ¡No, mil veces no! a no ser que hayáis tapado vuestros oídos para no oír, cubierto vuestros ojos para no ver, y embotado vuestra mente para no comprender.

¡Ah! si el que reina arriba quiere castigarnos, haciendo caer pesadamente su mano sobre nosotros, como hizo a Faraón, no necesita permitir a los soldados de Garibaldi que nos arrojen de la ciudad Eterna; bastará con dejar que hagáis a Pío Nono un Dios, así como se ha hecho una diosa de la Bienaventurada Virgen.

Deteneos, deteneos, venerables hermanos, en el odioso y ridículo precipicio en que os habéis colocado. Salvad a la Iglesia del naufragio que la amenaza, buscando en las Sagradas Escrituras solamente la regla de fe que debemos creer y profesar. He dicho. Dígnese Dios asistirme.

(Estas últimas palabras fueron recibidas con signos de desaprobación semejantes a los de un teatro. Todos los padres se levantaron; muchos se fueron de la sala. Bastantes italianos, americanos y alemanes y algunos cuantos franceses e ingleses, rodearon al valiente orador, y con un apretón de manos fraternal, demostraron estar conformes con su manera de pensar.)

Qué le parece al Sr. Sardá y todos cuantos aprobaron los opúsculos que nos ocupa; ¿estamos equivocados? pues les decimos que si así lo creen tienen un deber sagrado que cumplir hacia nosotros sacándonos de tal equivocación por medio de argumentos más certeros en los cuales se justifique.

PROSIGAMOS

La veracidad de la expuesto nos autoriza a proseguir relatando la historia, para justificar materialmente que los Sacerdotes católicos, no son, ni pueden ser los representantes de Cristo en la tierra; pero sí son anti-cristianos y anti-deístas, como anti-apostólicos, como atestigua el Evangelio cuando dice: Vendrán muchos Cristos, no los creáis; encargando que, conocerán al Espíritu de verdad por sus obras, no por los dichos y mirando a los hechos espirituales del Sacerdocio católico, los hallamos demonios en vez de ángeles, arcángeles, querubines, serafines, Cristos o Dioses.

(Continuará)


A LOS QUE SE DICEN ESPIRITISTAS KARDEÍSTAS
(Continuación)

Declarar públicamente que los mundos se extinguen y los soles desaparecen, cual lo declararon los Apóstoles, vizconde de Torres-Solanot, M. Vives, F. Usich y Amalia Domingo Soler, es hacer a Dios falible como los hombres, ¿y con estas condiciones en tales Apóstoles del espiritismo (que no pueden negar), queréis llegar a que la humanidad en la tierra sea una sola familia? No, hermanos míos; por tal camino sólo se llega al caos, a la destrucción de toda moral en el ser humano terráqueo, y por lo tanto indignos sois de pronunciar los nombres de deístas, cristianos y espiritistas; pues si vuestros labios los pronuncian porque son luz que brilla, vuestros hechos los quieren apagar para que otros no los vean.

Mas ¿es todo ignorancia? No, puesto que Amalia Domingo escribió que Dios en la Naturaleza y su Trono está en el sol; ¿por qué tal negativa luego? Registrad vuestra conciencia y no será extraño que halléis la causa.

Culpáis a los espíritus de que hacen mal a los hombres ¿con qué derecho? ¿por qué sabéis tal cosa? ¿porque lo habéis leído en los libros? ¡Pobres hermanos míos!, que después de tanto saber no saben lo que han leído o no lo quieren saber, puesto que no una sino varias veces se repite; que los demonios son los hombres que quieren hacer de un Dios bueno y misericordioso un Dios injusto y perverso con sus maneras de dirigir a la humanidad; que Dios crea espíritus ignorantes, pero no malos; que los ignorantes son como nuestros niños; que a los ignorantes les permiten llegar los guías protectores a sus protegidos para que éstos aprendan a defenderse, etc., etc.; ¿no es verdad que no lo habéis querido hallar y menos publicar, porque si no hay espíritus malos no habrá curanderos? Hé aquí vuestro modus vivendi como los católicos el perdón de pecados; aquellos toman la ley por perdón, vosotros hacéis a Dios perverso y calumniáis al Cristo, puesto que decís que en su nombre curáis enfermedades como Él también curaba; mas ¿en qué podéis imitarlo puesto que los cojos, mancos, ciegos, etc., etc., que Él curaba eran solo del alma?  Él usó para todos una sola medicina, el cumplimiento de la Ley Divina, y con ella no solo curaban y curan todos los enfermos que en verdad la tomen, sino que no faltaba a la caridad que debía y debemos a nuestros hermanos los médicos materiales, que deben comer el pan con el sudor de su frente, y solo cuando éstos, por falta de voluntad o verdadera ausencia de medios del enfermo, es cuando el espiritista debe pedir permiso a algún protector del enfermo para obrar sobre éste usando el lenguaje espiritual con aquel; mas ¿cómo es posible usar tal lenguaje los que lo negáis en absoluto? Pues de ninguna manera, porque tampoco es posible conocer la enfermedad del alma que vais a curar.

Vosotros os valéis del magnetismo animal para curar enfermedades, y para darlas ¿cómo lo practicáis? Porque es indudable que podéis dar como quitar, cual se está probando continuamente hasta en las plazas públicas; para este fin habéis aprovechado las explicaciones que se hacen en el libro de Médiums, tratado de las Obsesiones; mas yo os digo que los espíritus libres no obran de tal manera por ignorantes que sean, puesto que como ignorantes no tienen más facultades que nuestros niños pequeñuelos, tanto por su calidad de espíritus ignorantes cuanto por la ley justa, que no les permite facultad alguna para obrar por cuenta propia, y además cada ser tiene su guía protector que lo dirige y protege; luego ¿queréis decir que aquellos guías no saben cumplir sus deberes como tales? Mal dicho, por cuanto los hombres científicos y de sana conciencia os han puesto al descubierto publicando las fechorías que se pueden hacer por medio del magnetismo y quedar el magnetizador oculto de toda justicia, cual sucede en general con los enfermos que vosotros curáis, y para mejor quedar a cubierto tenéis empeño en que la humanidad no comprenda el lenguaje del alma, que tan claro y repetido se enseña en los libros de Espíritus y Médiums; mas ha llegado el tiempo de que la verdad brille con toda su pureza, y como queda manifestado, los hombres de sana conciencia, sean de las ideas que fueren, se unen en sus manifestaciones para el caso. Ver como los que titulándose científicos magnetizadores descubren los amaños de los que cubiertos con el manto de espiritistas obran la maldad, puesto que declaran que no tiene comparación el sonámbulo provocado con el natural para estudios espirituales, y en efecto, el primero, quedando subyugado al magnetizador, le es imposible dar otros conocimientos filosóficos que los que le trasmita éste, y como prueba palpable que se presenten objetos al magnetizado que no haya visto el magnetizador ni los toque, y es seguro que no los nombrará ni menos los leerá; luego ¿qué fruto puede sacar la humanidad del magnetismo para el alma? El mismo que el hombre del arsénico cuando lo toma sin medida medical; luego el magnetismo como material, y más perjudicial que provechoso para la humanidad, debe penetrar en cátedra y no salir de ella más que como sale el arsénico; mas me preguntarán: ¿debe en ley natural existir el espiritismo natural? Y yo debo a mi vez preguntar también: ¿deben los hijos del hombre tener relaciones con su padre y entre ellos mismos?

Me dirán que sí, y yo os diré con Kardec que Dios no puede ser menos que los hombres, y por lo tanto indispensable la relación de seres que pueblan el universo con los que están sujetos a la tierra.

Los hijos del hombre pequeñuelos no comprenden las palabras que su padre y hermanos mayores les hablan hasta que los órganos del cuerpo se han desarrollado para el caso; tampoco las comprenden los espíritus hasta que se han desarrollado los órganos del alma.

Los hijos del hombre cuando no quieren seguir los consejos de su padre, no participan ni conocen los negocios de la casa paterna como los que cumplen, y en general marchan despechados por el mundo desacreditando a su padre y hermanos, y si a muchos les fuera posible hasta concluirían con todo; ¿por qué su padre no los admite en su casa y les da participación en todo como a los que son obedientes y buenos? Porque teme que la perversidad dañe a los buenos, al propio tiempo que perder sus intereses; mas pasado tiempo, generalmente los perversos ven el desengaño y procuran saber algo de la casa paterna, y para saber con más certeza se aproximan cuanto pueden, siquiera ocultamente; mas el temor a que le echen en cara la fealdad de sus hechos, tanto su padre como sus hermanos, le retiene de penetrar hasta que consigue llevar a ella algún mérito que abone su conducta; lo propio sucede a mis hermanos los científicos kardeístas; por sus malos hechos vinieron a la tierra porque la luz del sol les ofendía en otros mundos; aquí reconocen que no es su verdadera patria; para ocultar las feas faltas que cometieron y pasar plaza de justos y buenos, quieren aparentar que tienen conocimientos de la casa paterna, pero niegan su existencia y no admiten que otros puedan tener más conocimientos que ellos tienen de lo que allí hay y ocurre, porque les descubren su falso saber; ¿por qué como ellos no andáis el camino y penetráis en casa para ver y comprender vuestro estado? Pues la entrada está abierta para todos los que quieran ir a ella, ¿qué es lo que os acobarda? El nivel por donde irremisiblemente debéis pasar, pues es irremisible el paso, y tanto tardéis peor para vosotros; por tanto no procuréis sembrar escollos a vuestro viaje, que bastante largo es en sí (=1=); reconoced las verdades que ocultáis y recoged la filosofía que pusisteis bajo vuestros pies en 1888, que os contabais cincuenta millones de kardeístas y que La Cabaña no encontró uno solo que en verdad lo fuera, ¿qué razones tuvo para decir tal? Entonces lo manifestó y hoy el JESUITA BLANCO repite con Kardec, que el espiritismo es una filosofía, sin que se pueda salir de ella porque es el lenguaje del alma y deben estar separadas las sesiones de instrucción de las de experimentación en un todo, pues no de otro modo puede darse a Dios y al César lo que a cada uno corresponde. Mirad lo que estáis haciendo con vuestras sesiones de experimentación, que además de rebajar vuestras almas por debajo de los animales, faltáis a lo más sagrado de la ley divina, que dice: "no hagas a otro lo que no quieras que te hagan a ti, etc."

Para contrarrestar esta ley decís que no magnetizáis a ninguno que no sea su voluntad; mas ¿les habéis manifestado primero que una vez magnetizados quedan sujetos a cumplir todos los caprichos de vuestra voluntad? ¿Les habéis dicho que serán ladrones, asesinos, homicidas, etc., y cometerán toda clase de crímenes que queráis imponerles? ¿Que andarán cojos, mancos, tuertos y pasarán por locos, etc., etc., si queréis que lo hagan? No lo creemos; pues solo bajo estas condiciones podéis llegar a vuestros experimentos, y sin ellas sois ladrones en la esencia, puesto que sin robar el libre albedrío es imposible la sugestión, y la ley divina cristiana y kardeísta no admite robos y menos a inferiores cual vosotros hacéis, puesto que a los superiores en grado les es imposible, imposibilidad que os alcanza con todo inferior si en el momento de vuestras ejecuciones saben dirigir su pensamiento al sol pidiendo protección contra vuestras maldades.

Hasta aquí el fruto que sacáis de las sesiones experimentales que quedan prohibidas en conjunto con las de instrucción, libro de Médiums, partida 127 y comunicación 16 y 17, pero os queda el derecho de la farsa, cual demostramos en nuestro número 5º.

(Se continuará)


UNA DISCUSIÓN

Entre un católico que pretende ser cristiano y un cristiano que renegó del catolicismo; sabio el primero —según los hombres— e ignorante el segundo.

(Continuación)

Católico.— ¿Por qué pasan los seres al centro de la tierra?

Renegado.— Por incorregibles en la costra; por no haber cumplido en ella la Ley, que dice: No hagas a otro lo que no quieras que te hagan a ti.

C.— ¿Y allí la cumplirán?

R.— Forzosamente, puesto no saldrán de allí sin haberse desmaterializado en su mayor parte.

C.— ¿La encarnación, allí es como aquí?

R.— No, puesto que no se conoce el sexo.

C.— ¿Es como en los demás mundos?

R.— Tampoco, puesto que el clima es distinto a todos los demás; y por esta causa puedes comparar la encarnación de los seres humanos allí, como la de ciertos animales anfibios aquí; cuando llega queda dormido en terrenos fangosos, con la propia envoltura que llevó; se queda dormido, y, al despertar, está ligado a la materia pesada que le ha de sujetar allí.

C.— ¿Pero qué razones me das para que yo pueda convencerme de que cuanto me dices es verdad?

R.— Como razones, puedo darte la de que te hablo por haberlo visto y verlo.

C.— ¿Luego también os transportáis al centro de la tierra, como lo has relatado al Sol?

R.— De la misma manera, aunque con menos placer por lo mucho que sufre nuestra alma al ver tanto desgraciado; aunque más sufrió en principio porque no estaba tan acostumbrada a la inmutabilidad.

C.— ¿Cómo es que tú hallas en el centro de la tierra tanta humedad, y los antiguos teólogos hallaron fuego?

R.— Yo hallo frío y humedad; si otros hallaron fuego, pudo ser causa de que no todos vemos las cosas con los mismos ojos.

C.— Pero es el caso, que con tales diferencias en las explicaciones no sabemos a quién debemos creer.

R.— Hermano mío, cuando el niño va a la escuela sin conocer una sola letra, nada extraña al maestro que no sepa la lección que diariamente le señala; mas cuando aprendió a leer y se empeña en que no conoce o no sabe pronunciar un vocablo, ya es cosa distinta y lo corrige por su obcecación, terquedad, etc., y en el caso actual debo tratarte, por lo menos, como a tal niño. ¿No sabes adónde debes acudir para descifrar o saber si yo te engaño o no? ¿Cuántas veces te diré adónde debes acudir? ¿Qué encargo te hice cuando empezamos esta entrevista? ¿No sabes que cuando hablamos de estas cosas, sólo has de tener para mí el oído, y el pensamiento en otra parte?

C.— Cierto; esta mala costumbre mía de discutir con los hombres las cosas apasionadamente sin mirar el asunto ni el valor que cada cual tiene, me extravía de lo esencial, que es lo que en realidad cabe en este asunto, perdóname, que te prometo enmendarme en el asunto que nuevamente volvamos a tratar. Basta por hoy, pues comprendo mi distracción. Adiós.

(Continuará)


¿QUIÉN ES EL DEMONIO?
(Continuación)

¿Qué es, pues, vuestro perdón? un aliciente para poseer bienes materiales y obligar a otros espíritus rebeldes a que por fuerza os sirvan, y aunque hipócritamente, en mayoría os amen más, es un amor tan pobre que el Jesuita Blanco lo desprecia como desprecia vuestro perdón por infame ante Dios nuestro Padre; y el día que la humanidad que llamáis ignorante penetre los secretos del confesionario ¿quién será responsable de los sucesos que ocurran? Es lo más probable que no quieran ser los perdonadores de pecados, como lo han hecho en todos los tiempos que los hombres preclaros han dispuesto de los bienes acumulados por medio de la confesión, en manos muy limpias pertenecientes a conciencias orgullosas y egoístas y por lo tanto demonios; pues no podemos dar otro nombre a los que titulándose cristianos y jefes de tal iglesia fulminan las maldiciones que ellos acaban de fulminar sobre S. E. el Excmo. Sr. Ministro de Hacienda de la nación española, que debía estar cansada de mantener vagos y engañadores hipócritas, en vez de pagar más de setenta millones de pesetas inútilmente, y sacrificando al pobre pueblo para ello, cuando este mismo pueblo si está enfermo del cuerpo necesita pagar al médico para que por medio de su ciencia le alivie en sus dolencias; pero hay más, el pobre que no tiene dinero para pagar la contribución del culto y clero se le embargan hasta los objetos indispensables a la subsistencia, y si no lo tiene para pagar las visitas del médico para que le alivie las enfermedades del cuerpo, a causa de no poder trabajar para la subsistencia familiar ¿qué sucede? pues que debe morirse, no sólo el enfermo sino toda la familia que aquél alimentaba con su trabajo. ¿No sería más justo y caritativo que aquellos que confían su alma en manos de tales engañadores los paguen por cuenta propia, sin obligar a que los paguen también los que conocen el engaño? No tenemos duda de ello, porque de este modo la responsabilidad espiritual caería sobre los que la ganaron por propia voluntad.

Abran, pues, el ojo los que puedan remediar tales males, pues como manifiesta arriba el Apóstol, pecador es el que comprendiendo el bien deja de hacerlo, y sobre todo, pudiendo. Hé aquí uno de los grandes errores que cometen los tradicionalistas de todos matices; comprenden lo mucho que pueden remediar los males, pero se oponen a ello porque sus antepasados no los remediaron, y lo hallamos en mayor escala en los perdonadores de pecados, puesto que en pleno confesionario tienen gran cuidado de aconsejarlo; mas yo he pensado muchas veces, si tanto le agrada la tradición y tan feo les parece el progreso ¿por qué no siguen la primera en un todo, y en un todo dejan la segunda?

Pongamos por ejemplo la tradición cristiana: ¿Por qué los que se llaman sacerdotes católicos romanos no imitan al Cristo en cuanto a los bienes temporales? El dijo: no basta que guardes los mandamientos, deja tus riquezas y sígueme; mas éstos dicen: ven tú, pero con tus riquezas; y por ejecución les agrada más que acuda a ellos la riqueza que la persona. Vamos probando con datos históricos, comprobación que demuestra bien claro sus diabluras en todas sus partes, puesto que todos sus trabajos les conducen a engolfarse en el egoísmo, orgullo y vanidad, pisando en todas sus partes la ley divina. ¡Infelices! ¡Si supieran que no pueden entrar en el reino de los cielos sin pisar las espinas que están sembrando todos en general, creemos que procurarían sembrar menos, al propio tiempo que cortarían algunas! ¡Cuán cara pagaréis vuestra osadía actual cuando volváis a reencarnar para pagar la pena del talión, y cuánto maldeciréis vuestra propia obra desde el momento que os preparéis a reencarnar y observéis el egoísmo que habéis sembrado y estáis cultivando con vuestro celibato para evitaros la incomodidad de criar hijos!...¡Y vosotras, las que para conservar el mismo celibato os encerráis entre rejas so pretexto de que os hacéis esposas del Señor ¿queréis decir si es idea material o espiritual la que domina vuestra inteligencia en los tiempos de vuestra profesión, y si no habéis sido sugestionadas a tal profesión con consejos egoístas, enumerándoos el gran número de santas que salieron de los conventos, y sobre todas a Santa Teresa de Jesús?

Miradlo bien, y luego meditar profundamente los consejos del Jesuita Blanco, y mejor, consultar con ese Señor que llamáis vuestro esposo si os admite como tales, por medio de ese lenguaje espiritual que tenéis obligación de saber todos y todas los que habéis entrado en el estado religioso, y tengo la seguridad, que os contestará de esta manera: "No puedo desposarme con hermana alguna que no cumple la ley impuesta por nuestro Padre Dios", mas probarlo es vuestro deber.

No dudéis que Teresa se hizo esposa del Señor, pero fue después de haber sido esposa de Alfonso IX Rey de León, y haber tenido con él tres hijos, y de haberla hecho dejar a su verdadero esposo hombre, uno de ese ángeles rebeldes a la ley divina; (historia de España).

Cumplido el deber de madre y obligada por los hombres a no continuar cumpliendo la ley de naturaleza, buscó un esposo en el cielo y lo halló; mas no esposo material perecedero, sino eterno, cual otras lo han hallado sin el encierro hipócrita a vuestro estilo, y nosotros podemos y debemos dar fe de tales desposorios, siendo ellas mujeres y habitando corporalmente en la tierra como nosotros; pero sus almas corren parejas en el cielo con su esposo, pues de menos elevación tampoco hubiera llegado tal desposorio. ¿Estáis en igual caso vosotras? Miradlo bien y no olvidéis que para ser esposas de Jesús es menester haberse elevado a su altura espiritual, pues no de otro modo pueden confundirse dos almas en una sola, cual sucede con el desposorio, y esa elevación es imposible sin el cumplimiento de la ley divina en todas sus partes; y ¿creéis posible alcanzarla aceptando los hechos de vuestros directores de almas como el que sigue?

EXCOMUNIÓN O MALDICIONES
ANATEMA POR EL PAPA
Copiado de Carlos Jamark

El Excmo. Sr. Cardenal Belarmino nos prueba en sus ejemplos los efectos formidables que tiene una excomunión mayor ipso facto incurrenda; es en efecto, horrible, causa horror y basta su simple lectura y consideración para erizar los cabellos.
En el salmo 108 que suele decirse en voz funesta en el día del Anatema, hay una compilación y agregado de fatales desventuras, que cargan sobre los infelices excomulgados y entre otras cosas dice el Profeta que a la mano derecha tenga el excomulgado el demonio. Cuando sea juzgado, salga condenado y su oración como hecha en pecado mortal; sus días sean pocos y sus conveniencias queden para otros más dignos; sus hijos, si los tiene, queden huérfanos y mujer viuda y desamparada; sus hijos sean trasferidos, llevados de una tierra a otra y anden mendigando, y sean echados de sus propias habitaciones; sus acreedores se lleven toda su hacienda y los ajenos destruyan y devoren el trabajo de sus manos; no tenga quien le ayude ni le ampare al infeliz excomulgado, ni halle quien tenga misericordia de sus hijos pupilos; sus hijos infelices vivan solo para caer y acabarse con brevedad, y en una generación se borre el nombre del maldito excomulgado; la maldad de su padre se vuelva a poner en la presencia de Dios, y el pecado de su madre no se ponga en olvido; el horroroso excomulgado amó la maldad, y ésta vendrá sobre él, y pues no quiso la bendición, ésta se pondrá lejos de su presencia; va vestido el excomulgado de la maldición de Dios, y así, nada se ve en él que no sea maldito; y la maldición entra como el agua a su interior, y como el aceite penetrante se le pone dentro de los huesos; se hace oprobio de todos los buenos cristianos, los cuales le miran compasivos, pero huyen de su conversación para no mancharse con ella.
En el edicto público del Santo Tribunal de fe se dice a los inobedientes excomulgados sean malditos en poblado y en el campo y en cualquier parte donde estuvieren, y las casas donde morasen; sean malditos los frutos de sus tierras, y los animales y ganados que poseen se les mueran. Envíeles Dios hambre, pestilencia y mortandad, sean perseguidos de aire corrupto y de sus enemigos y sean aborrecidos de todos, y reprendidos en sus malas obras; sobre los campos de sus vecinos envíe Dios lluvia y fertilidad y los suyos queden secos y sin fruto; pierdan el seso y el juicio y cieguen sus ojos de tal manera que la luz se les haga tinieblas, y estén siempre en ellas; sus mujeres sean viudas y sus hijos huérfanos, y anden de puerta en puerta pidiendo limosna y no se la dé nadie; quieran comer y no tengan, que sus días sean pocos y malos, y sus bienes y haciendas, dignidades, beneficios y oficios pasen a los extraños; maldita sea la tierra que pisan, la cama en que durmieren, las vestiduras que vistiesen y las bestias en que anduvieren; el pan, carne y pescado que comieren y el agua o vino que bebieren, malditos sean con Lucifer y Judas y con todos los diablos del infierno, los cuales sean sus señores y estén en su compañía; y cuando fueren a juicio, salgan condenados, vengan sobre ellos todas las plagas de Egipto y la maldición de Sodoma y Gomorra, y ardan en el infierno como ellos ardieron; trágueselos la tierra y desciendan al infierno como Satán y Aviron donde permanezcan en compañía del perverso Judas y de los otros condenados para siempre jamás, si no reconocen su pecado y enmendaran su vida.

(5º. Diccionario del Abate Bergier).

Hé aquí ahora la fórmula precisa de una excomunión cual se ha sabido fulminar desde el Vaticano:

<<Por autoridad de Dios Todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo y de los santos cánones y de la santa e inmaculada Virgen María, madre de Dios y de todas las virtudes celestes, ángeles, arcángeles, tronos, dominaciones, querubines, serafines y de todos los santos Patriarcas, Profetas y Evangelistas, y de los Santos inocentes que en presencia del Cordero Divino, son los únicos dignos de cantar un himno nuevo, y asimístico; por autoridad de los santos mártires y de los santos confesores y de las santas y de todos los santos juntos con los demás elegidos del Señor.
Excomulgamos y anatematizamos a ese malhechor que se hace llamar (aquí el nombre de la persona excomulgada) y le arrojamos del seno de la santa Iglesia de Dios>>.
¡Que Dios Padre que ha criado al hombre lo maldiga!
¡Que el hijo de Dios que ha sufrido por el hombre le maldiga!
¡Que el Espíritu Santo que nos regenera por el bautismo le maldiga!
¡Que la Santa Cruz, a la cual envió Cristo para nuestra salvación y triunfo de sus enemigos le maldigan!
¡Que la santa Virgen María madre de Dios le maldiga!
¡Que San Miguel el abogado de los santos le maldiga!
¡Que todos los Ángeles y Arcángeles, principados y dominaciones, y todas las milicias celestiales le maldigan!
¡Que la gloriosa falange de los Patriarcas y Profetas le maldigan!
¡Que San Juan precursor, que ha bautizado a Cristo, que San Pedro, San Pablo y San Andrés, que todos los Apóstoles juntos así como los demás discípulos de Cristo y los cuatro Evangelistas, cuyas predicaciones han convertido en universo, le maldigan!
¡Que la Santa y maravillosa corte de mártires y confesores que por sus buenas obras han encontrado gracia ante Dios, le maldigan!
¡Que los coros sagrados de las vírgenes, que por gloria de Jesucristo han despreciado las vanidades de este mundo, le maldigan!
¡Que todos los Santos desde el principio del mundo hasta el fin de los siglos serán amados por Dios le maldigan!
¡Que el cielo y la tierra y todas las cosas Santas que hicieren le maldigan!
¡Que sea maldito donde quiera que vaya, en su casa, en el campo, en la carretera, en los pequeños senderos, en el bosque, en el agua, y hasta en la Iglesia si en ella entrare!
¡Que sea maldito durante su vida y en la hora de la muerte!
¡Que sea maldito en cada una de sus acciones, cuando comiese o bebiese, cuando tendrá hambre o sed, cuando ayunara, cuando durmiera, cuando anduviera o estuviera parado, cuando se sentara o se acostara, cuando trabajara o descansara, cuando satisfaga sus necesidades naturales, cuando se abandonara a la voluptuosidad y cuando perdiera su sangre a consecuencia de alguna herida!
¡Que sea maldito en sus cabellos y en su cerebro!
¡Que sea maldito en su cráneo, en sus mejillas, en su frente, en sus orejas, en sus ojos, en sus mandíbulas, en su nariz, en sus dientes y muelas, en sus labios, en su cuello, en sus espaldas, en su carne, en sus brazos, en sus manos, en sus dedos, en su pecho, en su corazón, en su estómago, en sus entrañas, en sus riñones, en sus ingles, en sus muslos, en sus partes genitales, en sus rodillas, en sus pies, en sus pulgares y en sus uñas!
¡Que sea maldito en todas las junturas y articulaciones de sus miembros!
¡Que de lo alto de su cabeza a las plantas de los pies se consuma todo su cuerpo!
¡Que Cristo Hijo de Dios vivo, le maldiga con todo su poder y toda su Magnitud!......


Basta, basta ya de sapos y culebras por esa boca, fanático maldiciente; supersticioso católico.
¿Quedáis satisfechos, hombres que al Cristo queréis imitar? ¿fueron tales sus dichos ni hechos? No; el Evangelio enseña que dijo: <<Amad a vuestros enemigos, pues si sólo amáis a vuestros amigos ya quedáis pagados con su amistad>>.

(Continuará)

Imp. de P. ORTEGA, Aribau, 13 - Barcelona

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Nota a pie de página:
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Ojo a la partida 639, Libro de los Espíritus, La Responsabilidad.

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