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ÚLTIMA LOCURA
DE
LA CABAÑA

No sé qué recono pasa por mi imaginación en estos momentos; son tantos los pensamientos que en ella se atropellan oyendo por todas partes y a todas horas la palabro loco... loco... que no puedo coordinar ninguno.

¿Estaré loco en verdad? Reflexionemos.

¿Qué es locura? Generalmente oigo llamar locos a las personas que perdieron alguno de los órganos intelectuales; razón por la que no pueden coordinar las ideas que acuden a su inteligencia; ¿estaré yo en igual caso? No debe ser así, por cuanto mis superiores no se quejan de faltas que por necesidad debiera cometer en todos mis actos; luego no es locura general; tal vez pretendan que lo sea...
Busquemos por otra parte.

Mas... ¡Ah!... también les dicen locos los Materialistas ateos a los deístas, los Romanos a los Luteranos, Masones, Mahometanos, Budhistas, etcétera, y éstos a ellos; pero es el caso que yo no pertenezco a ninguna clase de todos ellos y, no obstante, todos me dicen loco, loco, loco; y para más quererme convencer, dicen y afirman que, cuando todos lo dicen ha de ser verdad, porque la voz del pueblo es voz del cielo; lo que consideran razón bastante sólida para no querer entrar en discusión filosófica y teológica conmigo, con lo cual me obrarían caridad probándome la real locura; mas con la negación me demuestran que tales sabios todos son terrenales, puesto que no conocen el lenguaje del alma; además, recuerdo haber oído decir que de la ignorancia sale la terquedad y de los grandes conocimientos de las cosas la firmeza de las mismas, y que el asunto filosófico y teológico natural es dado a conocer a tan pocos, como pocos son los sabios en verdad.

¿Acaso me decís loco porque mis maneras de vivir y hacer en la tierra, no cuadran en lo mundano como cuadraron con las vuestras? Sea en buena hora; mas no puedo seguir imitándoos, porque habiendo comprendido que mi vitalidad pertenece a otro mundo distinto, distintas deben ser mis maneras de vivir en éste respecto a la Moral intelectual.

Vosotros, sujetos a la tierra, ella misma os obliga a ser terrenales en todos conceptos.

Yo sólo estoy obligado en la parte material y sus leyes; por eso la vanidad, la hipocresía y el egoísmo mundanos debo separarlos de mí cuanto más lejos; mientras vosotros no podéis vivir sin ellos para poderos engañar unos a otros puesto sin adulación os es imposible la vida.

Vosotros estáis obligados a usar la Moral formada por los hombres, faltando a la Moral natural; yo debo mirar a la primera porque en la tierra habita mi cuerpo, mas no debo faltar a la segunda, por cuanto la vitalidad pertenece a otra parte.

Vosotros habéis formado toda vuestra felicidad en la tierra; y como sabéis que ésta os es imposible sin dinero, para obtener con él los goces sexuales y de la vid etc., etc., todo vuestro pensamiento lo fijáis en los medios de obtenerlo, sean cuales fueren, haciendo caso omiso de que vuestros semejantes, menos afortunados (según vosotros), perezcan ante vuestras ambiciones, creídos de que eternamente podréis hacer lo propio, mas cuando alguna vez llegáis a pensar en lo que llamáis muerte, os entristecéis de miedo y os causa gran dolor el recuerdo de que aquí queda terminada toda vuestra ambición y felicidad.

Yo he formado la mía fuera de la tierra adonde paso mis ratos felices, cuando los cuidados materiales pertenecientes al cuerpo no me molestan, pero felices en verdad, porque he procurado acaparar mis riquezas, en donde no he de tener temor de que me las roben; y en vez de temer y maldecir a lo que llamáis muerte, la suplico llegue tan pronto como yo haya concluido mis locuras (según vosotros), sin preocuparme las riquezas de aquí porque todas van conmigo, y las que antes fueron me producen grandes rendimientos.

Vosotros tenéis amontonados vuestros intereses aquí a donde a menudo hacéis vuestras visitas y en ellas recibís goces de vanidad y grandes disgustos a veces.

Yo también las hago y gozo sin disgustarme, porque en aquel país no cabe la maldad y, por lo tanto, el que es rico goza de sus riquezas, sin quebranto alguno.

Vosotros tenéis miedo a que yo ni otro alguno que no sea interesado en vuestras riquezas, las vea por temor a que os las roben. Yo os convido a todos a que toméis descanso en la morada de mi propiedad hasta recuperar vuestras fuerzas, para que podáis continuar vuestra marcha cuando salgáis de la tierra y os dirijáis al Sol como pueblo de vuestra verdadera naturaleza.

Vosotros, como sabios y muy cuerdos, habéis hecho muchas leyes para poderos gobernar y vivir a vuestro estilo; pero son tantas, con tantos libros, capítulos, artículos y considerandos, que no he hallado ninguno capaz de comprenderlas todas, ni menos poderos entender.

¿Y qué me decís de vuestros códigos penales, con su pena de la vida?

Pues las leyes que rigen el país de nuestra vitalidad tiene por todo capitulado y articulación, etc., tres palabras, que son: Amor, Paz y Caridad; y como falta a ellas otras tres, que son: Egoísmo, orgullo y vanidad; y por Código una sola pena, que es la de no poder permanecer en el país, por lo cual los desterramos mandándolos entre vosotros; no hay otra pena, mas tampoco perdón ni indulto.

¿No es verdad, señores cuerdos y sabios a la moda terrestre, que nuestras leyes y códigos son más fáciles de comprender con tan pocas palabras, que las vuestras con tantos libros, capítulos, artículos y considerandos? Sí, pero más difíciles de embrollar, como más abreviadas para juzgar, y lo prueba el que todos vuestros libros, capítulos, artículos y considerandos están en nuestras tres palabras, como os lo vamos a probar.

Nosotros comprendemos por orgullo desde la falta más insignificante de respeto mutuo y abuso de fuerza entre personas, hasta lo que llamáis asesinato.

Comprendemos por egoísmo todo lo que vosotros entendéis por robo, innecesario para la vida, más y con mayor gravedad al que roba el libre albedrío en la cuestión moral o pretende apagar la luz intelectual o del alma, por cualquier medio que fuere.

Comprendemos por vanidad toda ostentación de cualquier clase que fuere.

Nuestras leyes y defectos nunca se esconden, todos las ven y saben comprender cuando han tomado posesión del país y se les ha introducido en el único colegio que existe, porque todos llevan el nivel regulador en la conciencia, que dice: No hagas a otro lo que no quieras que te hagan a ti; pero haz con todos tus semejantes, como quisieres harían contigo en iguales circunstancias, medio infalible para no poderse equivocar.

Como quiera que el mencionado colegio, estudio o como queráis llamarlo, está abierto para todos los que estudiar quieren la ley justa, también vosotros habéis tenido y tenéis cabida en él, y por ley de naturaleza y Amor divino lleváis también el nivel regulador en la conciencia, que os llama al cumplimiento de la ley cada vez que pretendéis faltar a ella, ¿por qué no acudís a la llamada?, porque apasionados por las cosas de la tierra, no queréis oír lo que más os interesa.

Vuestro orgullo de sabios, aunque ficticios, os hace comprender que la naturaleza no ha de guardar secreto alguno a vuestro saber, y tenéis razón en parte; la naturaleza ni su autor no guardan secreto alguno por sus atributos de Amor y bondad, mas por el de justicia no podéis comprenderlo hasta que vosotros dejéis el orgullo y egoísmo que os domina, y si esto hubierais dejado, recordaríais que en el colegio de los seres corpóreos fluídicos se encierran todos los estudios en conocer las cosas todas, arregladas al nivel más exacto cual marca el disco solar, puesto que es la procedencia de vuestra vitalidad y la mía y nos indica que no podemos penetrar en nuestra verdadera patria, hasta que cumplamos el encargo que recibimos cuando de allí salimos, que es el siguiente: Amor, Paz y Caridad, te encomiendo con todos tus hermanos; no volverás a mi lado hasta que así hayas cumplido; llevas contigo libre albedrío; que vulgarizado es, cumple cuando quieras, en dónde y cómo te dé la gana; pero hasta que haya superado lo bueno a lo malo en beneficio de tus semejantes, no volverás a mi lado; porque esta justicia es inmutable e infalible.

Y, en efecto, en el país de nuestra vitalidad se reconoce esta justicia, porque desprendidos de las pasiones y rencores en su mayor parte, llegan todos con facilidad suma a comprender la verdadera razón; mas los que no han alcanzado posibilidad de habitar allí y tienen que volver a la tierra, les cuesta gran trabajo recordar tales estudios, por dos razones:

La primera es que, al tomar encarnación o reencarnación en la tierra, quedan turbados los seres por la fuerza de la materia que se asimilan.

Segunda, la educación contradictoria que recibe todo ser al despertar del letargo que le causa la maternidad, el cual es bastante pesado y muy inverso de lo que sucede cuando tomamos encarnación en mundos elevados.

Aquí olvidamos la parte moral que aprendimos allá; allá olvidamos toda la parte material que aprendimos aquí.

Pero hay más; los que van a tomar reencarnación allí; llevan la ventaja de que cuando despiertan del letargo maternal, todos sus semejantes son bastante caritativos para enseñarle y dirigirle por la senda de la ley, y pronto se halla él mismo capaz de dirigirse por sí solo, sin grandes entorpecimientos, para el bien común de todos.

¿Pero qué hacéis los terrenales? Todo lo contrario.

Desde el momento que el ser deja la cárcel maternal, todos y sobre todo los que se llaman sus padres, les enseñan a ser criminales; crímenes que vuestras leyes no han precavido todavía como hechas por los hombres de la tierra y, sin embargo, no tardarán el precaverse de ello los legisladores.

Dice vuestro lenguaje que lo que se mama nunca se olvida, y que el árbol debe educarse desde su tierna edad; todo os lo ha enseñado la experiencia; pues bien; bajo estas verdades, no será difícil que conozcáis la que tan olvidada tenéis.

Los padres y las madres de la tierra no procuran otra cosa desde que nacen sus hijos, que enseñarles a ser egoístas, orgullosos y vanidosos.

Empiezan por complacerlos en todas sus exigencias, sin considerar que no los podrán complacer si un día les piden la luna o un astro cualquiera; pero si el objeto que desea el pequeñuelo se halla en manos de otro de su clase, no tienen reparo en aconsejarle que se lo quite y le pegue hasta conseguir su objeto.

Por razón terrenal, la madre del que posee el objeto aconseja al suyo que lo defienda, porque es suyo; con lo cual las madres quedan tan satisfechas al ver las hazañas de sus hijos, que los colman de caricias; ¿no es esto enseñar a sus hijos a ser ladrones y asesinos? Me diréis que no, pero sigamos el curso y pronto hallaremos que los padres que tal camino emprendieron no pueden retroceder, porque la pasión embrutece sus sentidos y se conforman con decir: pronto lo llevaremos al colegio y el profesor lo corregirá; llega este tiempo, se entrega el educando al profesor con facultades limitadas; ¿cómo podrá cortar las raíces de los vicios adquiridos en el pecho de la madre? Imposible; podrá conseguir que a su presencia no se ejecuten las maldades y que el manto de la hipocresía los encubra momentáneamente, mas salido el niño del aula se reproducen con más saña, porque aparece cobarde a los ojos de sus padres que le enseñaron a ser orgulloso, y es falta muy fea; crecen los órganos materiales con los vicios que mamaron y es imposible cortarlos; el orgullo no le permite ceder su amor propio a otro orgulloso como él; ¿y cuáles son los resultados? La cárcel, el presidio o la pena de la vida; ¿y no es verdad que al orgullo no pueden faltar sus compañeros el egoísmo y la vanidad? ¿No es verdad, también, que si desde la más tierna infancia dirigierais el árbol de otro modo, podríais evitar muchos males? Comparad esto con lo que ocurre en otros mundos ya mencionados y reconoceréis mis locuras.

Ya hemos dicho que vuestros legisladores no han tomado en cuenta tales crímenes, por más que éstos y los señores magnetizadores de verde conciencia, sean la causa del porqué se hallan en reclusión dos terceras partes de los reclusos que en la actualidad contienen los edificios destinados a tal fin; pero nos queda que hacer una pregunta importante, puesto que en el mundo de nuestra vitalidad, no creemos que el crimen concluya con lo que vuestras leyes señalan con pena de la vida.

Verdaderamente, el criminal concluye su deuda porque los hombres le obligaron a pagar con lo que tenía; pero para deshacerse los hombres de un criminal, han creado otro, puesto que al primero le fue arrebatado un cuerpo que por naturaleza le pertenecía. ¿Quién será el criminal en este caso? ¿Será el verdugo? Los sabios decís que no, por cuanto él solo cumple con lo que le manda la ley; luego el criminal, ¿es la ley? Tampoco lo encontramos justo, por cuanto la tal ley es escrita y sancionada por los hombres; la letra no puede ser culpable por solo el hecho de hallarse escrita, puesto que es inmóvil, ¿Quién cargará al final con ese muerto?

Meditadlo un poco y calladlo...

No obstante lo expuesto, como el ser, con arreglo a los trabajos que haya practicado en el cumplimiento del mandato divino, recoge facultades para recorrer el espacio que se ganó; y como la parte esencial divina de que es dotado siempre reclama volver al punto de su procedencia, son varios los que cuando los cuerpos descansan (más vulgar, duermen) los hallamos en nuestro colegio alternando con los que no pertenecen a la tierra y, por lo tanto, participan de nuestras locuras.

Allí ninguno se ofende con lo que llamáis palabras mal sonantes, como la que pongo al principio de este escrito, ni otras que los hombres de la tierra llamáis interjecciones sobre los Santos, Dios, etc., como no nos emocionan los llantos, oraciones y pedidos a vuestro estilo, porque no oímos vuestro lenguaje, puesto que las palabras son materia y no pueden pasar de la tierra; allí sólo llegan los hechos que hacéis en pro y en contra de vuestros semejantes.

Nadie se cuida de los deberes de otro para perjudicarlo; todo inferior en escala luminosa es obediente al superior, y basta a éste pensar una cosa para que el inferior la ejecute puntual y fielmente.

La pereza y la maldad para desempeñar los cargos que cada cual debe en beneficio de sus semejantes inferiores no se conoce, como no se conoce tampoco el ordeno y mando; todo es súplica y cariño.

Vosotros procuráis, en general, echar las cargas al prójimo y guardaros las ganancias; allí es al contrario, todos optan para los grandes trabajos sin mirar a las ganancias, satisfechos de que han de cobrar lo justo.

Vosotros tenéis por costumbre cargaros con riquezas que otros trabajaron, riquezas que cuando dejáis la materia terráquea, las dejáis aquí también y sólo podéis llevar el sello del oprobio, que os hace avergonzar cuando llegáis allí, como se avergonzaría el ladrón y asesino que sale de nuestros presidios, si se lo pusierais de hierro caliente en el rostro cuando sale a la calle; por eso es el miedo que tenéis a la muerte, y después de ésta os hacéis prófugos por temor de presentaros al Regentador del país de nuestra vitalidad a darle cuenta de vuestros actos, como juez y propietario del terreno que tenéis que atravesar cuando de la tierra queráis salir; mas todo huída es inútil, porque cual vosotros tenéis en la tierra guardia civil, policía, etc., para coger a los criminales y presentarlos a la justicia, cárceles, etc., también nosotros tenemos hermanos que llamamos caritativos que os persiguen, y amarrados os presentan al Juez; se os juzga y condena al destierro que por vuestros modos de proceder os hayáis ganado, puesto que podréis quedar en la costra de la tierra o pasar a su centro, único castigo que impone nuestro Código.

Y a propósito del centro de la tierra, señores sabios deístas y científicos.

Los deístas habéis dicho que los profundos infiernos se hallan en el centro de la tierra, en cuyo lugar está constantemente el fuego en actividad, mas no hay tal.

Es un lugar o vacío, donde sucedió ese caso en la primera época terráquea, hasta que se concluyó lo que llamáis paraíso terrenal en vuestras historias sagradas; mas cesó el fuego central porque las aguas de los mares penetraron allí (=1=), y habiendo llevado las mismas aguas gérmenes necesarios para la vitalidad de los vegetales, pronto tomaron también posesión los animales como preventivos unos y otros a recibir a los humanos que por su rebeldía al cumplimiento de la ley de Amor, Paz y Caridad, no podían habitar en otra parte alguna.

Los sabios segundos habéis dicho que la vitalidad o espíritu del hombre, procede del animal, vegetal y mineral.

Tampoco estamos conformes.

Nosotros creemos sin temor de equivocarnos, que el hombre crea muchos objetos, necesarios, para complacer a sus hijos; pero todos los crea materiales, y como falible que es, no sabe cuántos ni las clases de objetos que más le pueden convenir, quedándole el derecho de deshacerlos como los hace; mas el Creador de inteligencias es infalible, sabe lo que pueden necesitar sus hijos predilectos (los humanos) y creó al animal y vegetal para que lo sirvan en cuanto de ellos pueda necesitar por toda una eternidad, cada cual en su especie y sujetos todos a la ley de naturaleza; recorren la pluralidad unos y otros, como lo demuestra el que los hallamos en todas partes con arreglo a la desmaterialización que alcanzaron; y el único punto donde más se animaliza es en algunas regiones del centro de la tierra, que se hallan los troncos, cabezas y brazos cual tenemos aquí; pero no las piernas, pues aunque marcadas forman la cola del pescado, la cual le sirve de remo para poder vivir anfibiamente por el tiempo que necesiten disfrutar de tal castigo.

Los habitantes de nuestro país se hallan exentos de tales males; allí sólo hay un propietario que cuida de las provisiones de todos sus semejantes en todas las necesidades que puedan ocurrir, que como más etéreas las materias que las de aquí más escasas son aquellas.

Todos a su pensamiento obedecen, sin la menor réplica ni disculpa con la prontitud del rayo, como él obedece al sol, de quién recibe iluminación y entendimiento para regir con toda justicia; y uno de los mayores goces sobre los innumerables que tienen, es que se les den grandes trabajos, porque saben que con ellos adquieren riqueza luminosa, que es su única propiedad.

Allí no se conoce más religión ni más política que el cumplimiento de la Ley ya mencionada.

Allí se halla un libro en el cual tanto los de allí como los de aquí, tenemos nuestra cuenta abierta con el debe y haber; y todos cuando llegáis, aprendéis a leer y saber todos vuestros actos en pro y contra de vuestros semejantes, practicados desde que vinisteis a la tierra, por los cuales (generalmente) vosotros mismos pedís el justo castigo que habéis ganado.

Los colores a que cada uno perteneció; categorías que desempeñó y cargos que obtuvieron, se hallan alternando con el ropaje del mendigo, miserias del desvalido y cadenas del presidiario, etc., etc., todo se halla igualado al nivel de lo justo manifestado por la riqueza de luz que cada cual presenta; por eso los allí vivientes son más felices que vosotros, como vosotros sois más que los del centro de la tierra.

¿Llamáis a todo lo expuesto locura? Sí; pero es porque todavía no he probado lo bastante que vuestra razón está bastante enferma.

Ya he dicho y comprobado que todas las leyes de la tierra están concentradas en las tres palabras de la Divina y, por lo tanto, todos los hombres pueden llevar sobre sí la Ley y el Código que castiga las faltas que aquel cometa; ¿por qué no lo habéis adoptado ya vosotros? porque el egoísmo, el orgullo y la vanidad os han dominado (causas de todos los que llamáis males de vuestro mundo) pues a no ser por eso hubierais ya reformado vuestras leyes y códigos, entregando, un ejemplar a cada cabeza de familia, haciéndole responsable de que sea leído ante la misma una vez por semana; de este modo cuando alguno quebrantara la Ley, sabría el castigo que se habría ganado; cual sucede al soldado de vuestros ejércitos con las ordenanzas militares ¿sería posible el sostén compacto de los ejércitos sin ordenanzas? No; por eso tenéis gran cuidado de leérselas a menudo, recordándole los castigos que se gana por cada falta de insubordinación; mas no lo sabe el recluta hasta que se las han dado a conocer y las faltas que comete son atenuadas a la ignorancia; pues bien, personas son los civiles como los militares; ¿por qué a los primeros castigáis inconscientes y a los segundos conscientes?.... Meditad un poco, mas según la conciencia de los habitantes de nuestro país, o sea, de nuestra vitalidad, sólo sirven vuestros Códigos para castigar las faltas que cometan a la Ley o leyes materiales los que las hicieron, leyeron, sancionaron y estudiaron, puesto los demás sólo obran por instinto y con ignorancia.

En nuestro sistema de creencias intelectuales no caben pasiones ni rencores, la Ley es igual para todos sin subterfugio alguno; por eso nos entendemos con gran facilidad en nuestros jurados, mientras vosotros no llegáis nunca. Nuestros reos no pierden lo que llamáis tiempo, puesto son juzgados instantáneamente y conducidos al estudio o al destierro.

No existe la pena de muerte, mas tampoco el perdón ni el indulto más leve, sea quien fuere el reo, todos se ajustan al nivel más exacto de la justicia. ¿Son locuras las que nosotros practicamos? Podréis decirlo así, pero nosotros no lo creeremos, hasta que no veamos desaparecer la enfermedad de vuestras inteligencias, mas probemos si nos podemos comparar por medio de palabras filosóficas.

Examinemos.

Dios existe o no existe.

Tal cual suena esta palabra, no cabe duda que es hecha la pregunta a todos los sabios en general; pero habremos de dividirlos en dos clases de sabios; unos deístas y otros materialistas ateos.

En cuanto a los primeros declaran y juran que sí; en cuanto a los segundos declaran que no; ¿cuál de las dos partes tendrá la razón más sana?

Veámoslo.

Los primeros dicen que hay un ser con un saber infinito, como infinito es su amor hacia los seres por él creados a su imagen y semejanza, así como su bondad y misericordia, pero que también su manera de obrar es justicia; y no obstante, declaran que nadie lo ve, que no podemos comunicarnos con él ni con nuestros semejantes, que no son hombres, pero sí que puede perdonar él y en su nombre los sabios deístas, las faltas que los humanos cometan a la Ley divina.

Hete aquí que nuestra razón encuentra en tal deísmo un cúmulo de disparates tan grandes, que huelgan por lo absurdo.

Decimos disparate, porque hemos buscado mucho entre los hombres y no hemos hallado ninguno, que teniendo amor a sus hijos haya dejado de enseñarle su propio lenguaje, ni se esconda por extraviado que el hijo haya sido, cuando sumiso volvió a la autoridad paterna, ni menos prohibir que con él se comunicasen los obedientes y sumisos; y preguntamos a los tales deístas ¿cómo es posible que vuestro Dios siendo tan bondadoso, haga cosas inferiores a las que hace el hombre, falible en todo momento?

Por nuestra parte y a pesar de habernos dado el título de loco, no podemos aceptar las impurezas de un Dios que en un principio nos habéis presentado tan puro y tan bello.

Los segundos se llaman ateos, porque habiendo desmenuzado la materia química, física y astronómicamente, creen haber hallado los fundamentos creadores de la naturaleza, sin procurar averiguar de dónde se surte ésta para la misma creación, y por ende no saben quiénes son ellos mismos, porque son hombres en la tierra, ni adonde irá a parar su propia inteligencia cuando la materia de que es compuesto su propio cuerpo se disgregue, pues les asusta el solo pensar que se quede en el ocaso, y debemos preguntarles ¿creéis que con tantos trabajos sobre la materia son bastante para negar la existencia de un ser inteligente, Creador universal? No. Con todos los medios que esa misma naturaleza ha puesto a vuestro alcance, queda comprobada vuestra impotencia y orgullo.

Por medio de ellos habéis examinado de qué substancias se componen todas las cosas vitales; las habéis reunido todas según las especies, habéis formado los cuerpos, pero no habéis podido crear vitalidades como las cría lo que llamáis naturaleza, ni siquiera detenerlas y obligarlas a pasar a los cuerpos por vosotros creados cuando los naturales se disgregaron; habéis buscado en el espacio habéis hallado materia, porque con artefactos materiales os prohíbe la misma naturaleza que podáis hallar las esencias de su fecundación, cual son las vitalidades todas. Lo propio que os ha sucedido con su autor, que halláis materia candescente donde no existe otra cosa que fluido inmaterial, pero inteligente en toda su pureza. Luego la razón que, sin averiguar las causas del porqué la naturaleza no le ha descubierto todos sus secretos, se decide a negar a su propio Creador, inteligente, universal, está cargada de orgullo y la misma carga le priva de tales conocimientos, como de creer que otras menos cargadas que ella puedan obtenerlos por ley de justicia.

Señores materialistas y ateos; vuestra enfermedad de la razón la encontramos de tanta gravedad, que preferimos nuestra locura; mas, no obstante, compararemos.

En el país de nuestra vitalidad, todos reconocemos un Creador inteligente, universal, con los atributos que le conceden los deístas arriba mencionados; pero comprendidos de muy distinta manera.

Reconocemos que por el atributo de amor, crea seres a imagen y semejanza suya, para tener con quién comunicarse.

Por su bondad crea otros seres que llamamos animales y vegetales, para que sirvan a los primeros en cuanto de ellos puedan necesitar.

Por misericordia y caridad concede la comunicación entre los primeros como con él mismo, para que los superiores sirvan de guía a los inferiores en la transmigración, porque todos hemos de pasar nuestra niñez dominando la materia primitiva que nos dio la forma de hombres que poseemos, y a los cuales debemos obediencia y sumisión en toda la parte moral; mas también reconocemos que por su justicia nos impone una ley y una libertad para cumplirla cuándo, dónde y cómo nos dé la gana, pero que no volveremos a su lado hasta haberla cumplido, o sea, hasta que nuestros hechos en beneficio de nuestros semejantes superen a los que pudimos hacer en perjuicio.

Reconocemos también que si al metro compuesto de mil milímetros (como medida usual entre materiales) se le quita una millonésima parte de milímetro no es el metro justo; luego si el ser Creador, justicia infinita, perdona las faltas que cualquiera de los hombres cometiera a la Ley divina, no es justo; y sólo admitimos el perdón bajo la palabra <<perdona nuestras deudas como perdonamos a nuestros deudores>>, que es pasar por las penas que hicimos pasar; los hombres podrán perdonar las faltas que cometieron a las leyes creadas por ellos, mas en cuanto a la Divina, imposible, puesto que su autor no puede deshacer los hechos.

Entre los hombres causa mucha admiración (y a nosotros nos causó) cuando se preocupan del por qué hay ricos y pobres, por qué blancos y de color, por qué bonitas figuras y feas, por qué señores y esclavos, etc.; mas a los habitantes de nuestro país no les causa ninguna, porque acuden al libro universal y ven con claridad las verdaderas causas de tales efectos, y muchas son las veces que nos compadecemos más de los potentados y de grande rango en la tierra, que de los que van por ella arrastrando sus miembros por falta de salud, puesto en éstos vemos que su cuenta está próxima a ser cancelada y aquéllos no se dan cuenta de ser deudores, porque son completamente terrenales e ignoran todo lo que pasa fuera de su tierra; mas ¡ay! ¡qué cambio se opera en ellos cuando por primera vez llegan a atravesar la atmósfera terráquea! ¡Cuán grandes sufrimientos cuesta el recuerdo de lo pasado, puesto que se presenta toda la deuda atrasada y las delicias futuras acompañadas del nivel de lo justo, que no permite gozar de las últimas sin haber pagado las primeras!; entonces es cuando muchos sabios y potentados pedís volver con toda humildad a sufrir y padecer hasta pagar, y hay quién pide tanto sufrimiento que no cabe poderlo sobrellevar con la resignación que la vitalidad se propuso antes de venir, cual veis a varios que se suicidan y maldicen su propia obra; feliz el que se conforma, pues que en la misma conformidad se halla fuerza y valor para soportar la cruz hasta el Gólgota.

Nosotros reconocemos en el ser Creador la justicia más exacta no sólo en lo expuesto, sino en su presencia, como lo demuestra el que a pesar de ser visible para todo el mundo y prestar su luz y calor lo mismo al negro que al blanco, al señor que al esclavo, al reo que al juez, al deísta que al ateo, etc., sólo lo reconocen y ven su nivel los que por haber saldado su cuenta en su mayor parte, se hacen dignos de ver, oír y comprender las cosas de la naturaleza y por él creadas; cual sucede a los hijos de los hombres, cuando vuelven sumisos y arrepentidos a la voluntad paterna.

¿Quién puede negar esta justicia a la Divinidad? Sólo los hijos depravados que, a imitación de los del hombre no pueden entender de los negocios de la casa paterna hasta que dejen la depravación; mas, ¿debemos tomarlo todo por ignorancia? No; puesto que conocemos dos tendencias a cual más egoístas.

Vemos en los deístas idólatras, que no satisfechos con haber creado imágenes personales de ciertos seres que llamaron santos y celebrar su festividad en los días de cada año, que también a Dios dedican uno representándolo con la imagen solar, por otro nombre la Custodia.

Vemos a los segundos declarando terminantemente que nuestro sistema planetario obedece con toda exactitud al sol central y, sin embargo, se dicen anarquistas en su mayoría, equivalente a decir: somos más que los astros; no queremos obedecer a ninguno; queremos gobernar. Pero ¿a quién y cómo? ¿Quién querrá obedeceros, puesto que vosotros no queréis ser obedientes? Por nuestra parte, encontramos en tales razones una enfermedad tan crónica, que tardará en ser curada; no la queremos.

Mas viene un caso tercero que, sin decirse deístas, ni ateos y sí masones o librepensadores, nos presentan su luz o código que, aunque vulgarizado, encierra la luz divina, pero que sólo pueden conocerlo los que penetran en los centros de reunión masónica, Logias o como quieran comprenderse; mas es lo cierto que al penetrar se juran cumplirlo y reconocer al sol central como rey de los astros y fecundador de la naturaleza y, no obstante, nosotros hemos oído decir a varios de estos terceros sabios que las ciencias, separándose de la filosofía, harán grandes descubrimientos de la verdadera luz, y que el Criador es la naturaleza. Por nuestra parte, no creemos que la razón de los sabios que de tal manera cumplen sus juramentos esté en el normal estado de salud; porque de estarlo, comprenderían que no es posible el uso ni conocimiento de ciencia alguna sin la filosofía, puesto que ésta es el lenguaje del alma; tales masones podrán serlo de nombre, por haber hallado cabida en alguna Logia terrestre; mas están excluidos de la Logia masónica efectiva, que no es terrenal.

La Logia masónica cristiana espiritista universal, se halla fuera de la atmósfera terráquea, es pura y virginal, como lo representa su código presentado por las sucursales terrestres, y como tal, sólo son sus verdaderos hijos los que lo cumplen, los cuales, a pesar de hallarse en la tierra, acuden sus almas a recibir el alimento que constantemente les da la madre filosofía; los hijos depravados no pueden llegar a ella cual les marca el nivel, la escuadra y el compás, símbolo de lo justos que deben ser en todos sus actos.

Las Logias de la tierra sólo son (hablando vulgarmente) sucursales, como lo que se llaman religiones deístas, como preliminares para labrar la piedra tosca, o sea, aprender a filosofar; mas, por desgracia, en la mayoría de los hombres que por masones y religiosos se tienen, han creído que el desarrollo de la inteligencia es material; por eso aprenden un lenguaje que entre los que se creen masones les pueda servir materialmente. ¡Error grave! Tales seres quieren ser terrenales y lo serán; mas, no masones.

Al penetrar en la Logia todos desean hallar la luz del alma y juran trabajar para hallarla; los que cumplen tal juramento labrando la piedra tosca, pronto son llamados a la universal, donde resultan elegidos, reelegidos y pueden resultar elegidos entre los reelegidos; los que no lo cumplen quedan sujetos a nuevas reencarnaciones, ya en la costra de la tierra, ya en el centro.

El error de esta clase de sabios consiste en querer hallar a Dios con artefactos materiales, cosa imposible por más que no puede ocultarse. ¿Creéis que las vitalidades son materia? Error, por vanidad y orgullo.

Las vitalidades son un fluido tan etéreo como imposible de apreciar con vuestros sentidos de hombres, por la poca materialización que contienen y cuya luz os turba la inteligencia, según ley de justicia, y las que veis con toda claridad las confundís con vuestro materialismo, cual hacéis con el sol central, que siendo todo un conjunto de vitalidades, las empeñáis en que es materia incandescente. Por tanto, señores sabios, podéis trabajar con todos los medios que la naturaleza os presenta, mas os prometo que, sin filosofía natural, no hallaréis esa luz tan cacareada.

Por tanto:

Examinada nuestra razón, que dicen los pretenciosos sabios estar perturbada o loca, y comparada con la de ellos, no podemos aceptar el dictado que nos han regalado. ¿Quién, pues, podrá ser el juez de estas divergencias? Nosotros nombramos por tal a ese pueblo que ellos llaman ignorante, cuyo veredicto presentará a su tiempo al verdadero sentenciador, y para que pueda aprender el camino y llegar con toda prontitud, le damos la guía siguiente:


REVELACIÓN 5ª
El Espiritismo Filosófico y Teológico Natural


Única doctrina religiosa del porvenir

—¿Qué es espiritismo filosófico natural?

—La comprensión de los hombres con las vitalidades o espíritus de otros que también fueron hombres como ellos.

—¿Qué es vitalidad o espíritu?

—Es un ser creado por Dios sin el cual el hombre natural no puede existir.

—¿Quién es Dios?

—Es un ser purísimo inmaterial de donde proceden todas las esencias vitales para la procreación de la naturaleza.

—¿Podemos ver y conocer a Dios?

—Sin duda alguna lo veis, y lo comprenderéis cuando hayáis cumplido el mandato que os impuso cuando creó vuestro espíritu.

—¿Cuál es el mandato?

—No hacer con nuestros semejantes lo que no queramos que nos hagan a nosotros, y hacer con todos como quisiéramos que harían con nosotros en iguales circunstancias.

—¿Y hasta entonces no lo podremos conocer ni comprender?

—No, porque es justicia infinita, por la cual no puede dar ni quitar lo que vamos ganando con el cumplimiento de su mandato.

—Cumpliendo tan poca cosa ¿podremos los hombres comprender los misterios divinos?

—No lo dudéis, los hombres veis los trabajos que ejecutan vuestros padres materiales y no todos los comprendéis, pero los espíritus ven, oyen y comprenden del Padre Espiritual según van cumpliendo la ley o mandato por que van aproximándose a él, que nada oculta para ellos por su atributo de justicia.

—Si el espíritu es quien comprende a Dios ¿será cuando muere el cuerpo?

—No; Dios es lo mismo amor y justicia para los encarnados que para los libres, a todos da igualmente lo que ganan.

—Has dicho que vemos a Dios ¿nos darás algunas señales para conocerlo?

—Sí, es mi deber y quiero cumplir; Dios es la luz más pura que puedes hallar en todo el Universo, lo conocerás por las maneras de practicar los atributos que posee.

—¿Cuáles son?

—Amor, Paz, Caridad, Bondad, Misericordia y Justicia, todos en grado infinito.

—Has dicho que el hombre natural no puede existir sin el espíritu; según eso ¿hay hombres artificiales?

—Sí, y son esos que el hombre fabrica de materias que les dais el nombre de estatuas.

—El natural sin espíritu ¿sería igual a ellos?

—No, porque la naturaleza a todo le da su germen, también natural, por medio del cual le da forma y vida a las cosas, según la voluntad de su autor, Dios, con todas las cuales ejerce los atributos que te he mencionado.

—Siendo Dios el creador del espíritu, y que éste le da forma y vida al hombre, ¿tendrá Dios la figura de los hombres?

—No, el hombre se parece al hombre que lo procreó, el espíritu es la imagen de Dios cuando éste lo crea, y vuelve a serlo cuando ha cumplido su mandato.

—¿Por qué no lo es siempre?

—Porque siendo el espíritu creado de materia y dotado de una chispa de luz Divina, ésta debe trabajar hasta vencer a la materia que le domina, por cuyo dominio pierde la forma, mejor dicho, la figura primitiva.

—¿Dios crea a los espíritus como el hombre al hombre?

—No, Dios siendo esencia pura no se sirve más que de las esencias para crear las vitalidades de todas las especies.

—¿Cómo crea a los espíritus?

—Te hablaré de los humanos, puesto también crea animales y vegetales.
Dios para crear al espíritu, le basta tomar una molécula elemental, ponerla a su figura y dotarla con un átomo de su esencia Divina para que el espíritu quede formado.

—¿Qué son moléculas elementales?

—Son materias purificadas, imponderables para el hombre, esencia de materia, o gases que expelen las materias de los humanos, o sea, las que los espíritus van dominando cuando cumplen el mandato divino agregadas a otras que les han correspondido cuando se hallaron encarnados.

—¿Por qué crea Dios a los espíritus?

—A los humanos, para tener con quién comunicarse, y al vegetal y animal para servicio del humano.

—¿Luego Dios tuvo necesidades?

—No hay duda que las tuvo, pero como poderoso y en verdad sabio, no las padecía, porque creó y crea cuanto le es necesario y útil; figúrate tú por un momento solo en la tierra, ¿qué harías? ¿serías feliz?

—¿Por qué Dios no creó los espíritus de esencia pura?

—Porque en tal caso todos llegarían a ser Dioses como él, sin haber ganado mérito alguno.

—¿Y venciendo a la materia pueden llegar a serlo?

—No, llegan a ser su imagen pero sin otros atributos que los que él les concede por su ley de amor y justicia.

—¿Llegan los espíritus a ser creadores de espíritus también?

—No, creador sólo es Dios; los espíritus llegan a ser pulimentadores de los que él crea, o sea, de los inferiores.

—¿Cómo pulimentan los espíritus superiores a los inferiores?

—Difícil es esta explicación para que la humanidad la pueda comprender; sin embargo hay una comparación que podrá serviros de base; vuestros artistas maestros entregan el diamante en bruto a sus oficiales para que lo pulimenten por medio de sus artefactos también materiales; estos los tratan con más o menos aspereza según lo creen necesario para sacarlo cuanto más antes y más puro de la piedra tosca que lo cubre, y al presentarlo al maestro reciben el premio que se ganaron. Del mismo modo los oficiales espirituales reciben al espíritu joven y lo van trabajando por medio de sus artefactos espirituales hasta que la materia de que es formado va desapareciendo y la chispa de luz se hace luminosa, y la podemos presentar al Padre Creador.

—¿Podremos saber qué clase de artefactos son los que empleáis para la pulimentación?

—Todos los que creemos útiles para rebajar vuestro orgullo y egoísmo; estudiar en vuestras farmacias a donde acudís a buscar desde el veneno que mata (según vosotros) hasta el bálsamo que cura; el hombre trabajó las materias para que las podáis usar con más comodidad, pero en sus trabajos se dejó marchar las esencias, las cuales utilizamos los espíritus oficiales (como ya lo has visto) para conseguir nuestros fines en beneficio de los espíritus niños.

—¿Sólo los oficiales tenéis el privilegio de usar los artefactos?

—¿Acaso vosotros entregáis una obra de arte y de gran valor a los aprendices y menos a los niños pequeñuelos? ¿puede tener más valor obra alguna material para un hombre que su propio hijo? pues mucho menos para Dios que todo cuanto ha creado es por amor a los humanos y para que se sirvan de ello en cuanto puedan necesitar.

—¿El hombre puede usar de los animales y vegetales a su antojo?

—Puede y debe usar de todos, mas no se le permite abusar.

—¿El ser humano ha pertenecido al vegetal o animal en algún tiempo o en sus principios de creación?

—El humano siempre fue humano, como el animal, animal y el vegetal, vegetal, según sus especies para comodidad de los humanos. ¿Acaso tú no has procurado por las comodidades de tus hijos? Pues Dios no puede ser menos que tú; ¿y quién es el hombre que para procrear un ser a su imagen y semejanza ha procurado crear primero a otra especie distinta de su especie? Los hombres como materiales creáis de la materia lo que creéis conveniente para que vuestros hijos usen la mayor comodidad posible con arreglo a vuestro estado, Dios como espíritu las crea espirituales para que los suyos hagan el uso que quieran según el estado en que se hallen en toda la pluralidad.

—Tu comparación me satisface; pero los hombres enseñamos nuestro propio lenguaje a los hijos que procreamos, y si bien estos no nos comprenden cuando son pequeñuelos, nos dan señales de comprender a medida que los órganos se van desarrollando; siendo Dios tan bueno y tan justo infaliblemente nos ha de dar un lenguaje espiritual para poderlo comprender; además me has dicho que da todos los conocimientos que ganamos con el cumplimiento de su mandato; ¿en qué consiste que los hombres por sabios que sean no lo comprenden?

—¿Quiénes son los hombres sabios en la tierra? En general son espíritus muy niños para comprender el lenguaje divino; si fueran espíritus hombres y sabios no estarían encarnados en ella porque la ley de progreso se lo impide; los espíritus más adelantados encarnados en la tierra, podrás llamarlos muchachos de corta experiencia y para que puedas conocerlos te daré una base. Todo el que mejor cumpla el mandato Divino en práctica aquel es el mayor, y como espíritus le deben obediencia los demás.

—¿Es perjudicial el mucho saber material para comprender lo espiritual?

—El saber material no es óbice para la comprensión espiritual mientras el hombre cumpla la ley Divina; pero desgraciadamente, los sabios se hacen orgullosos de su saber, hasta el punto de creer que la Providencia nada les puede ocultar, y no permiten que otros más humildes que ellos sean dignos de descubrir lo que para ellos debe estar oculto, razón por la que no comprenden el lenguaje espiritual.

—¿Hay alguna base para comprenderlo?

—Sí.

—¿Cuál es?

—Todo su alfabeto se encierra en el cumplimiento que te he enseñado; no hagas a los demás lo que no quieras que te hagan a ti; obra con tus semejantes como quisieres que obrasen contigo en igualdad de circunstancias. Cuando de este modo hayas cumplido, eleva tu pensamiento al Padre preguntando por las cosas espirituales, y serás contestado por otro pensamiento superior al tuyo, rápidamente según te quepa en la ley de justicia Divina. Cuando hayas de obrar de este modo, sea en momentos que a tu pensamiento no lo distraigan asuntos de la tierra. Por este medio se consigue estar en relación íntima los espíritus desterrados con los que se hallan fuera de la tierra; y con el Padre espiritual cuando te lo hayas ganado como te relacionas con los hombres y el padre material.

—Según eso ¿el hombre tiene dos padres que conocer y dos lenguajes para hablar?

—Ciertamente, y del mismo modo que el niño hombre habla con su padre, al paso que va creciendo en la niñez, lo verifica el niño espíritu con el suyo cuando va creciendo también.

—¿Qué resultaría si al hacer una pregunta espiritual en vez de estar nuestro pensamiento fijo en Dios se distrae en las cosas materiales?

—Que no comprenderéis la contestación verdadera como os sucede cuando hacéis preguntas materiales.

—¿Cuál es la causa de la no comprensión?

—El que los espíritus debemos contestar sólo a las cosas espirituales, puesto que las materiales ya se hallaban en la tierra antes de venir vosotros a ella y obligación tenéis de buscarlas por vosotros mismos; además, ¿halláis el agua tan pura en los arroyos como en el nacimiento natural? no; pues debéis comprender que la fuente pura espiritual es Dios, y cuanto más se aproxima a él vuestro pensamiento, más pura es la contestación que recibís, como cuanto más próximo a la fuente cogéis el agua del arroyo está menos cenagosa.

—¿Los espíritus no pueden influir en que los hombres puedan poseer más o menos materiales?

—Sí, a menudo damos pruebas de ello, pero esto según creemos conveniente para lograr los fines que nos proponemos del espíritu, que es nuestro trabajo, o sea, el diamante que debemos pulimentar.

—¿Por qué usáis tales medios?

—Porque son nuestros artefactos.

—¿Pero es posible que se pulimente un espíritu con cambios de fortuna tan bruscos como se observan, que en algunos casos llegan los hombres hasta la desesperación?

—¿Acaso el artífice se lastima de tratar con más o menos aspereza a la costra que cubre el verdadero brillante? no, lo que desea es quitarla pronto, y cuando la ha separado trata con más suavidad al diamante. Lo propio hacemos nosotros, cuando hemos podido rebajar vuestro orgullo y egoísmo, que es materia; también os damos conocimientos esenciales para que comprendáis y practiquéis el Amor, Paz y Caridad que es la parte esencial Divina.

—¿Por qué hay seres que al nacer en la tierra lo hacen en la opulencia, viven muchos años y mueren en ella, al paso que otros nacen y mueren en la miseria?

—Cada uno antes de venir había elegido las pruebas que deseaba pasar; además, unos dieron facultades a sus protectores para que les dieran a comprender si marchan errados y otros no; con los primeros tenemos más facultades porque dejaron el libre albedrío al guía protector, el cual habían recibido del Creador, y los segundos lo conservan.

—¿En qué consiste el libre albedrío?

—En cumplir o no la encomienda Divina, o sea, más tarde o más temprano.

—Encuentro algo confuso este caso ¿me darías más vulgar explicación?

—Sí, atiende, y cuantas dudas te queden, pregúntalas muchas veces hasta que las comprendas y puedas explicar verdad. Cuando Dios ha formado el espíritu de la materia ya indicada y dotado con una chispa de su luz, lo manda a recorrer la pluralidad de mundos, y le dice: Amor, Paz y Caridad te encomiendo con todos tus hermanos, no volverás a mi lado hasta que así hayas cumplido; llevas contigo libre albedrío.
La parte moleculosa de que es formado el espíritu es egoísmo, orgullo y vanidad, y la chispa de luz de que es dotado es amor, paz y caridad, de donde resulta que todo lo que primero le separa del Creador en principio practicando el mal, le aproxima a él cuando practica el bien, siendo él mismo el responsable de sus acciones mientras conserve el libre albedrío que recibió, como no tiene toda la responsabilidad si lo cede por voluntad al guía protector y es obediente a sus mandatos.

—¿Podemos todos los hombres comprender al guía protector?

—Sí, todos los que quieren cumplir el mandato, puesto que los protectores les avisan por medio de los toques de su conciencia.

—¿En qué consiste que los hombres acostumbrados al crimen no oyen esos toques?

—Todos los oyen, pero la fuerza egoísta y orgullosa tapando los oídos espirituales les obliga a atropellar por todo.

—Y en casos como esos ¿no ponéis medios los protectores para impedir que hagan el mal?

—Sí, lo hacemos cuando un hombre intenta matar la materia de otro que le sirve de adelanto, o sea, que en ella puede cumplir por más tiempo la misión que eligió cuando vino a reencarnar.

—¿Por qué no siempre?

—Porque no hay mal espiritual, es solo material, y cuando el hombre que hizo el mal es cogido por la justicia humana, el espíritu sufre las consecuencias, y muchos hay que les sirve de grande estímulo para rebajar el orgullo y el egoísmo, pero habría muchos más si los espiritistas os dedicarais a educarlos en sus reclusiones.

—¿En qué aprecio tenéis vosotros las materias de los encarnados?

—En el mismo que vosotros; las habitaciones donde ponen en reclusión a vuestros seres queridos la justicia humana por haber faltado a vuestras leyes, pues si cárcel es para el hombre tal habitación, cárcel es también para el espíritu la materia. Vosotros ponéis todos los medios para sacar al preso, incluso el de agujerear el edificio si es menester, para dejar al preso en libertad, nosotros lo hacemos con vuestras materias, a unos porque cumplieron su misión y pasen a otro mundo mejor; a otros porque no les sirve para cumplir la misión que trajeron y puedan tomar otra más útil después de haber estudiado libremente.

—¿Dónde estudian los espíritus?

—En el mundo donde sólo ha sido habitado por ellos en mucho de lo que llamáis tiempo, hoy lo verifican ya entre vosotros, y lo harán más, según vosotros vayáis practicando la ley de amor y caridad.

—¿Por qué dices en mucho de lo que llamamos tiempo?

—Porque para nosotros el tiempo no existe.

—¿En qué consiste que el tiempo sólo existe para los desterrados?

—En que como desterrados ocupáis un mundo análogo a vuestro delito, en el que cuando os halláis en materia, disfrutáis parte de luz del Creador y parte de tinieblas, no así cuando dejéis vuestra materia que será todo luz para los que hayan cumplido en su mayor parte la encomienda Divina y todo tinieblas, para los que no hayan cumplido.

—¿Durarán las tinieblas eternamente?

—¿Cómo os atrevéis a hacer tal pregunta sabiendo que Dios es justo y bueno? ¿acaso eres tú tan cruel para tus hijos? ¿o pretendes ser más que Dios? ¿no sabes que tienen libre albedrío para cumplir más tarde o más temprano el mandato, por medio del cual están más distantes o más aproximados a él? Pues debías haber comprendido ya por ti mismo que, el hallarse en tinieblas, sólo es hasta que cumplan; ¿no has leído en el libro universal donde todo lo pasado se halla presente, que también tú fuiste desterrado varias veces? pues enseña que otros puedan leer cuando sean merecedores y habrás cumplido una gran parte de lo que tienes prometido.

—Sabes, hermano mío, que la humanidad por su ignorancia no se satisface de pedir explicaciones, unos por salir de dudas que hallan en las doctrinas espiritistas, otros porque habiendo caído en las redes de las religiones no saben salir de ellas, y creía no faltar a mi deber siguiendo el curso de nuestra narración para presentarla a ellos; ¿es que no debo continuar?

—¿Crees tú que por mucho que continúes estos trabajos te crearán más? no, ya te dije que debemos escribir poco para que sea comprendido todo; habla y di, cuál es el camino más recto para que los desterrados que sea su voluntad lleguen a su verdadera patria cuanto más pronto por sí mismos y el premio será de cada uno; ¿cómo podrá ser de ellos si tú pones el trabajo? y además ¿sabes tú si a unos das más carga que la que pueden soportar y a otros menos? pues enseña a todos las maneras de cumplir la ley y atributos Divinos y el lenguaje espiritual, por medio del cual puedan comprender a los guías protectores, que son los encargados de dar los conocimientos espirituales que cada cual se haya ganado en justicia y habrás cumplido tu misión sin faltar a ella.

—Me dices que no continúe estos trabajos, y sin embargo, me ordenas que enseñe; ¿es acaso que no debo escribir hasta publicar los errores que halle en obras espiritistas cual a ti y a otro hermano prometí?

—Los trabajos de escritura debes dejarlos para hermanos cuyas materias son más fuertes para ello; conserva la tuya que la necesito para hablar en ella y no la molesta, dirígelos, instrúyelos cual desean y ganarán el premio que para ellos está preparado.

LA CABAÑA

Mayo 1888


Parte 2ª y última aclaración


En nuestras 1ª y 2ª Revelaciones manifestamos los sucesos y promesas hechas cuando en principio empezamos a conocer a los espíritus y su lenguaje; lo que no dijimos fue que se nos ofreció una casa hospitalaria a donde poder reposar todo viajero que por nuestro tránsito vaya molestado y, en efecto, esta oferta como todas cuantas se nos hicieron, han sido satisfechas con tanta largueza como claridad.

Hace algún tiempo recibimos los títulos de propiedad, y hoy, 7 de Octubre de 1895 (de la tierra) y nueve y media de la noche, recibo la orden de preparación para pasar a habitarla en compañía de otro ser que por sus méritos se hizo acreedor a ello; por tanto, debo dejar la materia terrenal y tomar otra fuera de esta atmósfera antes de empezar a regir mi nuevo destino, y a donde invitamos y esperamos a todos nuestros semejantes que aquí queden y por largo tiempo hayan de ser desterrados.

Ratificamos y nos hacemos responsables de todo el atraso que puedan obtener los que sigan el camino que queda trazado en nuestros cortos escritos, como invitamos a pronto juicio a todos los que llamándose religiosos o deístas y con mala voluntad, nos han rechazado y perseguido por negar esa misma divinidad de que alardean tanto. Nuestra venida a la tierra no tuvo otro objeto que restablecer la ley divina recomendada por el que llamáis Cristo y el lenguaje espiritual; venimos y servimos de instrumento, y hoy que volvemos a dejar de ser tales, no nos es permitido seguir siendo desterrados; debemos pasar a ocupar nuestro puesto para que el músico ocupe el suyo.

Nada me preocupa de lo que aquí pueda quedar, incluso mi propia cárcel, fuera de mis semejantes; mas me conforma el que saldrán más o menos tarde y que podré serles útil cuantas veces quieran llamarme para asuntos del alma y acudan con su pensamiento al centro solar, por más que mi residencia sea distante de allí.

Como no dejo intereses materiales, creo dejarán los hombres mi cárcel tranquila para que dé a la naturaleza su justo pago; puesto que con vegetales y animales vivió, deben también aquéllos tomar vida en ella con la fresca tierra. Por tanto, si por efecto del ignorante fanatismo un día tales restos fueran despreciados de los hombres, no sean perseguidos por un hecho de odio, que pronto se arrepentirán ellos mismos.

Nada diré del día, hora ni modo de mi partida, puesto que el tiempo para nosotros no existe; sólo el que ha de cortar el hilo lo sabe; veo que afila las tijeras y me alegro que lo haga pronto, sin importarme el cómo ni dónde lo cumplirá.

Mis enseñanzas no son propiedad particular de ninguno; todo el que quiera puede transcribirlas textualmente para beneficio del género humano, nunca para el propio.

Pronto aparecerá mi secundador, que se dará a conocer por sus maneras de practicar la ley, al que prometo tratar según su comportamiento, puesto que estará a mis inmediatas órdenes; tanto éste como otros que vengan hasta que la regeneración del género humano sea un hecho en la tierra... Mas me dicen que basta ya y que otro toma la palabra.

EL PASTOR Y LA CABAÑA

PASTOR.— Querido Pedro; un día te llamé y me contestaste; repetí el llamamiento para rabadán y me contestaste como pastor amaestrado; te ofrecí un lugar de alguna dimensión que aceptaste gustoso; te di pastos y ovejas para que te desarrollaras en el oficio y creció el rebaño maravillosamente; por tal crecimiento me destinó nuestro amo a mejor población y me permitió sentar a su lado; mas para ello me fue preciso nombrar quien me reemplazara; llamé a exámenes a todos mis rabadanes; varios me contestaron como tales, algunos fueron elegidos, pocos los reelegidos; era preciso hallar uno entre estos últimos y los llamé a nuevo examen; lo hallé, y con el permiso de nuestro amo y señor lo coloqué en mi puesto para yo pasar a otro. ¿No es verdad, hermano mío, que era el único modo de obrar para elegir en justicia?

CABAÑA.— Lo creo así.

PASTOR.— Pues bien, el que ha de ocupar mi puesto eres tú; por tanto debes dejar de ser Cabaña en la tierra para ocupar el puesto de pastor libremente desde el cielo, o sea, dejar la materia de la tierra y pasar a tomar la que te pertenece con arreglo al lugar que vas a ocupar fuera de ella.

Cierra la obra y da por terminada tu misión en esa materia, de la que estoy satisfecho y de la que me hago responsable cual en principio prometí y como tal la firmo.

JESÚS DE CAFARNAUM
EN PEDRO VALLEJO GARNICA
LA CABAÑA

Gráficas Futura - Bonavista, 35 (G.)
Teléfono 81008 - Barcelona

No consta el año de su edición.
(Deducimos que debió ser por 1895)


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Revelación Segunda y Refutación al "Liberalismo es pecado" (2ª edición aumentada).

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