REVELACIÓN SEGUNDA
TEOLOGÍA, COSMOLOGÍA
ONTOLOGÍA Y MORAL ESPIRITISTA
Por
LA CABAÑA
Publicado por la Reunión Familiar
Amor, Paz y Caridad Universales


BARCELONA
IMPRENTA DE D. J. OLIVERES.- STA. MADRONA, 7
1885

Portada: 1ª Edición 1885

Información


ÍNDICE

El índice fue colocado por el Autor al final de la obra, nosotros lo insertamos al inicio, para que el lector, pueda acceder al apartado que desee desde este índice.

Al lector

I

Meditación

II

Oración

III

Dios

IV

Espíritus

V

Transformaciones

VI

Creación y población del mundo tierra

VII

Segunda época, o sea, lo que se explica por el pecado original

VIII

Marcha filosófica de los humanos en la tierra

IX

El Espíritu ignorante en la erraticidad

X

Goces del Espíritu desde que cumple la Ley Divina

XI

Espíritus Mayores

XII

Superiores

XIII

Nuevo destierro

XIV

El Amor, Paz y Caridad

XV

Egoísmo, orgullo y vanidad

XVI

Deberes del guía protector para con el protegido con pacto y sin pacto

XVII

Lenguaje Espiritual.— Comprensión con los espíritus

XVIII

Instrucciones a los espiritistas que deseen seguir con fe la escuela espiritista

XIX

Curanderos materiales

XX

Manifestaciones de los espíritus

XXI

Jesús, llamado el Cristo, es el lazo de amor que unirá a la humanidad

XXII

Deístas

XXIII

Cristianos

Último

A los Deístas, Cristianos y Espiritistas

Apéndice

Instrucciones de los Espíritus

Nota del Editor

A DOLORES OLIVER Y A DOLORES VALLEJO

Un día del mes de Marzo de 1880, viniste, apreciada Oliver, a casa en compañía de cuatro amigos, invitados todos por uno de ellos que lo era vuestro y mío; se habló de religión, y emití mis opiniones y creencia, y me preguntaste si era espiritista; contesté que no, que ni siquiera conocía el significado de tal palabra; y replicaste que yo lo era sin saberlo.
En voz baja hablaste con aquellos amigos y uno de los llamados de efecto físico consintió, y confirmó lo que tú les dijiste. Aquellos hermanos me explicaron cuanto sabían de Espiritismo, y comprendí que había visto y oído hacía ya algún tiempo. Me invitasteis luego a una sesión en vuestra casa y acudí gustoso.
Allí supe que sin saberlo, yo había invocado. Llegó un espíritu a mí y no pude comprenderlo, entonces, hizo que vinierais a mi casa, para que con vuestra ayuda lo comprendiera. Por el mismo intérprete, se me manifestó las facultades de que podía disponer, y cómo había de invocar.
Más tarde obtuve una comunicación, sirviéndome de instrumento el mismo hermano (hoy tu esposo), en la cual supe que estaba destinado a escribir un libro, el cual por su sencillez y reducido volumen podría verse la luz (=1=) por todos, destruyendo los errores que, antecesores míos, habían cometido por no haberles sido dada más comprensión (=2=).
Se me encargó que me dedicara al estudio, pero que dejara toda clase de lecturas hasta haber recibido instrucción espiritual, que me darían cual no había sido dada a ninguno entre los espiritistas.
Tú, querida hermana, sabes cuánto resistí por creerme incapaz, tú y los demás hermanos que se hallaban presentes, podéis dar testimonio de mis protestas; no obstante, tanto insistieron y tanta ayuda me prometieron que, estando vosotros presentes, acepté.
Los que prometieron ayudarme han cumplido y han excedido mis deseos. ¿Qué me corresponde a mí, ya que ha llegado el tiempo? Cumplir, también, pero antes quiero que tú y tu hermana adoptiva aceptéis la dedicatoria del libro, ya que prometisteis ayudarme en otras misiones, que debemos cumplir en beneficio del género humano. Un día jurasteis cumplir cierta promesa. ¿Faltaréis hoy no aceptando esta dedicatoria, ya que fuisteis vosotros la causa de que yo entrara en el Espiritismo?... Aceptamos.
Pues seguiré adelante, contando con la ayuda del que tantos beneficios me ha dispensado, para que en su día, este trabajo produzca el fruto que nos proponemos. ¿Qué me importan los disgustos que me darán los de la materia? Por decir verdades habrá muchos que me escarnezcan, pero muchos serán, los que más tarde o más temprano, se servirán de esta guía para andar en el camino, y cuando mi espíritu vea el adelanto de aquéllos, gozará al ver el fruto del trabajo que hoy se toma, para que salgan del error en que están.
Así, pues, hermanas mías, pidamos valor al Padre, para soportar con paciencia las amarguras materiales, y dispuestos a librar cuantas batallas nos presenten nuestros hermanos en materia, esperemos con calma los acontecimientos.
Sea nuestro lema: Amor, Paz y Caridad espirituales.

LA CABAÑA

AL LECTOR

No sé, querido lector, el juicio que formarás del poco saber mío al llegar a tus manos este trabajo. Si conoces mi talento material sé que, con sólo ver mi firma en la pequeña obra que te presento, la recibirás con una carcajada; pero te suplico que no te conformes con la primera lectura si la lees, porque pudiera ser que al reírte te rieras de ti mismo. Lo lees muchas veces y medita mucho todas las palabras, sin pasión alguna ni prejuicios, para que puedas ser ilustrado por los consejeros invisibles. Poco importa quien seas ni las ciencias a que te dediques, puesto que todos hallarán alguna flor agradable de fino aroma en este pequeño jardín.
Sea elevada o modestísima tu posición social, hallarás algo que te corresponde, pues todos, grandes y pequeños, sois desterrados e hijos de un mismo Padre Espiritual y hermanos míos; por lo tanto, si fueres espiritista ten gran cuidado en juzgar precipitadamente, puesto que para ti, será más pesada la carcajada que dieres, porque debes saber que la ignorancia material no es óbice para las comunicaciones espirituales; medita mucho, y si aclarar tus ideas deseas, abre discusión pública o privada, y cree que comprenderás pronto tu falsa situación.
No busques en esta obra nada de lo que llaman ciencias exactas, porque no las hallarás, busca las espirituales, que son las que interesan al género humano en el destierro, para lograr la regeneración a que estamos llamados todos. Los espiritistas están llamados a ser los guías de los demás, y si no procuráis salir de vuestro estacionamiento, ¿cómo podréis guiar a los hermanos que en vosotros confían para marchar con acierto?
Los anunciadores de las doctrinas os dejaron escritos que no habéis sabido comprender; yo me presento ante vosotros como regenerador, por eso tengo la misión de vulgarizar la ciencia y aclarar las oscuridades que otros dejaron escritas.
Vengo a decir al género humano de dónde procede, por qué vino al destierro, qué debe practicar en él y enseñarle el camino, para que vuelva al Padre Creador tan pronto como su voluntad lo desee. No vengo a derrumbar el edificio que otros han fabricado, no; vengo a construir los cimientos del edificio que vosotros queréis levantar sobre la arena, yo lo cimentaré en la fuerte roca, para que los universales huracanes no lo puedan destruir por los siglos de los siglos.
Otros hermanos escribieron mucho, y fueron poco comprendidos, yo debo escribir poco y vulgarizar mucho, para que sea comprendido todo; y aquél que alguna duda le quedare, que me pregunte tantas veces cuantas necesite para aclararla, pues la más pequeña le sería un gran estorbo para la comprensión de lo demás.
Nada os diré que no haya visto, oído y comprendido, porque soy responsable de los que, tomando el camino que señalo, sufrieran retraso espiritual; ya comprendéis que no es mi deseo rezagarme, aunque, quien me dirige (que es el verdadero regenerador espiritual), tampoco me dejaría decir otra cosa.
Al aceptar el título de elegido, prometí manifestar fielmente cuanto me fuese dado, transmitiendo la luz gratuitamente a quien quisiera recibirla, para que por sí mismo busque el gran foco que es nuestro Padre Creador Universal.
Hermanos míos, debo obrar sin que para ello me detengan obstáculos materiales; recoged vosotros el fruto que este pequeño árbol os presenta, y aquél que sea buen cosechero, será en verdad rico logrando la felicidad eterna. Viéndoos así felices gozará vuestro hermano.

LA CABAÑA

I
MEDITACIÓN

¡Oh, mísera humanidad! ¡En el destierro qué ignorante estás de lo que más necesitas saber! Ciega en tu vil materialismo, no procuras salir del lugar en que has sido arrojada por el egoísmo y orgullo que, en otros mundos que no son destierro, te dominaron también. ¿Cuándo piensas salir de tu letargo? Si supieras que lo material te lo impide, tal vez, toda en masa, dieras el gran paso hacia el progreso que necesitas, para llegar al sitio desde el cual podrías ver lo que el Padre Espiritual, tu Creador, te guarda para cuando hayas cumplido la encomienda que te dio al salir de su lado, para recorrer la pluralidad de mundos, en los cuales prueba tu valor espiritual.
En todo tiempo has tenido hermanos que han venido a enseñarte el camino que debías seguir, para que, como ellos, fueras feliz, mas el orgullo ha hecho que la humanidad desterrada no los comprendiera ni conociera... ¿Por qué me sorprende que en tiempos remotos pasara eso si hoy sucede lo mismo?
En otros tiempos, los orgullosos sacrificaban las materias de los elegidos que habían venido al destierro para enseñar la luz; a aquellos sacrificadores les dan los modernos el epíteto de verdugos, mas yo pregunto: ¿Si aquéllos por sacrificar unas materias merecen tal epíteto, cuál daremos a los que en la actualidad detienen a los Espíritus en su carrera, para que no vean ni disfruten de la verdadera luz?
Yo sé que Dios es justo y que les dará su merecido con la pena del Talión; mas no desesperéis los que por temor a vuestros hermanos orgullosos os halláis estacionados, que, otros hermanos limpios de tal pecado, son cada día más conocidos, y no todos los encarnados dejan de comprender la Ley de amor, paz y caridad que os deben, y saben cumplirla. Cierto que no podemos hacer cuanto deseamos en vuestro beneficio, mas esperamos que, con calma y firmeza, podremos cumplir la misión que hemos recibido de nuestro Padre Creador. ¡Qué importan los padecimientos materiales si hemos de llegar al reino que nos ha sido dado!
¡Oh, Padre! ¡Si la Ley de tu Justicia permitiera que mis hermanos desterrados pudieran ver lo que yo logré por cortos momentos, con seguridad que todos quedarían regenerados instantáneamente; mas ya que este deseo mío no puede lograrse, dame al menos el valor necesario para que pueda cumplir tu voluntad, y mi misión hacia estos desgraciados que, más la ignorancia que la malicia, los retiene en este destierro! Y vosotros, hermanos, que os habéis aligerado de una pequeña parte de vuestra carga, dejando sobre mí la responsabilidad que pesaba sobre vosotros, ayudadme en esta empresa como me habéis prometido, ya que el Padre lo permite y ordena para que, otros necesitados, gocen pronto las delicias que nosotros gozamos. Ved, hermanos míos, que vuestras obras no son comprendidas en su verdadero sentido, se interpretan torcidamente... Ayudadme a vulgarizar esa nueva doctrina (=3=), con la cual, los que se titulan sabios, no pueden estacionar a los que pretenden dirigir.
Mas vosotros, mis queridos Instructores, Profesores y Maestro, no permitáis que este instrumento sea dominado por el orgullo y egoísmo, para que cuanto aquí se manifieste produzca el fruto apetecido, y podamos cumplir los compromisos que tenemos adquiridos, en beneficio de nuestros hermanos desterrados. Vosotros, queridos hermanos, sabéis que acepté esta misión contando con vuestra ayuda, pues de sobras conocía mi nulidad material y espiritual; vosotros comprendisteis mejor que yo y me pedisteis por instrumento, usadlo pues, y aquello que os estorbe separadlo por medio de vuestros artefactos, y quedaré agradecido de la caridad que en ello me hagáis, pues comprendo que estoy en materia y temo que mis enemigos extravíen mi voluntad... Gracias, Padre y hermanos míos; vuestra contestación me hace fuerte para soportar el trabajo que voy a emprender, sin ella me hallaba tan débil... que me era imposible continuar.
Gracias, en nombre del género humano en el destierro, y os prometo, una vez más, cumplir cuantas promesas he hecho en beneficio del mismo.

II
LA ORACIÓN

La humanidad, en su mayoría, ha comprendido mal esta palabra, como lo demuestra el que en todas las Religiones y Sectas hay sus predilectos para las oraciones; llámense Sacerdotes, Pastores, Rabinos, Santones, etc.; mas, ¡Oh error grave! ¿Qué pueden alcanzar tales predilectos con sus rezos, ya que todo eso es un conjunto de palabras que a veces ni ellos mismos comprenden?
La oración que sólo pronuncia el labio es materia, y como tal sólo llegan a oírla los materiales, o sea, los espíritus que en materia nos hallamos en este pobre destierro. Que los hombres materialistas admitan el rezo en esta forma poco me extraña, pero entre Deístas, que sé presumen de sabios, no puedo admitir tal absurdo. ¿Y qué podré decir de los Espiritistas, que dicen haber llevado muchos años de estudios y experiencias y continúan en esa creencia? De éstos debo decir, que son pobres espíritus sin perfeccionarse para poder entrar en el Reino de los Cielos. Ya aclararemos este aserto.
Los que os llamáis Deístas, ¿conocéis a ese Dios que llamáis vuestro Padre Espiritual? ¿Sabéis si es materia o esencia? No, porque de conocerlo y saber que es Espíritu puro, no os valdríais de tales oraciones, porque comprenderíais que a Él sólo llega el lenguaje de los espíritus, el único con el cual nos entendemos con Él, como con la palabra entre los hombres. Sin embargo, vuestra responsabilidad ante el Padre está en razón directa de vuestros conocimientos adquiridos. ¿Pero están en el mismo caso los que se titulan espiritistas? No, porque todo espiritista debe conocer el lenguaje de los espíritus. ¿De otro modo cómo puede comprenderlos?, decid; ¿qué papel desempeña el hombre ante el profesor que ha tomado para que le enseñe un idioma que no conoce y desea aprender, sino procura comprenderlo? Así, pues, todo deísta debe emplear la oración íntima, la que no se manifiesta sólo con los órganos orales, por medio de la cual se entiende con su Padre Espiritual y hermanos espíritus, como con la palabra se entiende con su padre y hermanos materiales, y es tan comprendido de unos como de otros, sirviéndole los espíritus, según la Ley de Justicia Divina, y tanto es así, que puede obtener contestación directa del Padre Espiritual y conocer su figura como la del padre material.
Tened presente que Dios es tan visible como la luz del día, y antes dejaría de ser Dios de Amor, Paz, Caridad, Bondad y Misericordia que esconderse a los ojos de sus hijos, por criminales que éstos sean; pero es también la esencia de Justicia, por lo cual sólo deben conocerlo los que, por el cumplimiento de su mandato, se hacen dignos de ello. No de otro modo podéis conocer la verdadera Justicia Divina, de que tanto hablan las religiones y que vosotros mismos negáis su Divinidad, con vuestro fanatismo los unos y el orgullo y egoísmo los otros.
Cuando un desterrado no ha conocido al padre material poco descanso tiene hasta haber conseguido saber quién fue el autor de sus días. ¿Por qué no tenemos el mismo empeño en averiguar quién es el Autor de todo lo creado y Padre Espiritual? Buscad, pues, y lo encontraréis, lo conoceréis y os relacionaréis tanto con Él como con el material, empleando para con cada uno su especial lenguaje, con la seguridad que obtendréis justicia del primero.

III
DIOS

¿Quién es ese Ser Creador Universal que unos llaman Dios, otros Jehová, otros Alá, etc.? ¿Lo habéis sabido definir? No, puesto que lo hacéis materia unos, esencia otros y algunos dicen que es imaginario y existiendo, por lo tanto, sólo en imaginaciones calenturientas. Mas otros también han adelantado algo y han dicho que Dios es la Naturaleza y que ha fijado su trono en el Sol. ¿En qué quedamos, señores deístas y en particular los que os tituláis espiritistas, es que llamáis a los espíritus para que os ilustren en lo material y no le preguntáis nada del Padre? Si así lo hacéis, con seguridad saldréis engañados de cien preguntas en las noventa y nueve, porque tal es su deber, puesto que como espíritus sólo deben ilustrarnos en la espiritual. Todos concedéis a Dios grandes atributos en vuestros dichos, mas los negáis en vuestros hechos presentándonos un Dios todo venganza, porque no habéis sabido comprender en qué consisten los mencionados atributos. Y, ¿por qué no lo habéis comprendido, ya que desde que los primeros espíritus encarnaron en la tierra, no ha dejado de existir la comunicación entre los libres y encarnados? ¿Si así no hubiere sido, sería Dios Padre de bondad ni misericordia? Hagamos por un momento Ser material al Creador de todo el Universo.
¿Habéis hallado algún padre material, que teniendo amor a sus hijos, se esconda para que no lo vean y les niegue un lenguaje para que no lo comprendan, por criminales que hayan sido, cuando vuelven arrepentidos y sumisos a la voluntad paterna? ¿Lo habéis hallado que prohíba a los hijos dóciles y sumisos la comunicación con sus hermanos extraviados y rebeldes? Con seguridad que no habréis hallado ninguno. ¿Cómo, pues, pretendéis hallarlo en un Ser que es todo amor, bondad, paz, caridad, misericordia y justicia infinita? ¿Es que no lo habéis comprendido? No puedo creer que todos seáis ignorantes, por cuanto no soy el primero que ha comprendido a los espíritus y su lenguaje. En mi juventud material me enseñaron un lenguaje para hablar con los hombres y dijeron que con el mismo había de hablar con Dios. ¿Qué significa eso? Que hay grande interés en ocultar la Luz. ¿Será por amor y caridad o por puro egoísmo de los que vieron y comprendieron? No es mi deber decirlo hoy, porque los hermanos libres me anuncian que ya ha llegado el tiempo de separar la cizaña del buen grano, para que la humanidad goce de la luz de la gran antorcha.

IV
ESPÍRITUS

Dios creador increado es la esencia del Amor, Paz, Caridad, Bondad, Misericordia y Justicia infinita.
Por su ley de Amor creó y crea eternamente los espíritus de los humanos para tener con quien relacionarse, y a los espíritus animales y vegetales para que sirvan a los humanos en cuanto de ellos puedan necesitar, por eso la humanidad tiene la obligación de usar de todos, pero se le prohíbe abusar. Los creó a cado uno de su especie para que sirvan en la misma por toda la eternidad.
Los talleres del gran Arquitecto ocupan el Universo entero, y los artefactos de que se sirve, se hallan en el espacio que los desterrados vemos cuando miramos a lo elevado, el cual aunque nos parece vacío no lo es porque Dios todo lo crea útil. De los artefactos (moléculas), más etéreos e imponderables, pero elementales, se sirve para formar los espíritus humanos, de los más aproximados a éstos forman los animales, y de los que siguen a estos últimos los vegetales; todos los demás los usan los oficiales para pulimentar la obra que el gran Arquitecto crea.
Para crear al humano le basta al Padre tomar una molécula elemental, ponerla a su figura, y dotarla de un átomo de su divina esencia para que el espíritu quede formado. Los materiales deben comprender que la parte moleculosa es materia (Orgullo, Egoísmo y Vanidad), y la de esencia es Amor, Paz y Caridad, o sea, Luz, Vida e Inteligencia.
Desde el momento que se une la esencia a la materia, pierde su luz, y se hace tan pesada como ella por lo que le es forzoso descender a mundos preparados para recibir a los espíritus jóvenes, donde son servidos por los animales y vegetales, en todo lo necesario a su clase y situación.
Cuando salen del lado del Padre Creador les dice: Amor, Paz y Caridad te encomiendo para con todos tus hermanos, mientras así no hayas cumplido no volverás a mi lado, tienes libre albedrío. El espíritu así creado es ignorante y el Padre, por caridad, concede a otro, que ya conozca y comprenda la encomienda, el permiso para que lo dirija por la pluralidad de mundos y le recuerde en todo tiempo el encargo que recibió.
Cuando llega al primer mundo donde debe tomar encarnación le deja dormir por cierto tiempo, y cuando se despierta se halla ligado a la materia que le sirve de cárcel, entonces hace uso del vegetal y del animal hasta que se desprende de ella por no serle útil su permanencia allí para su progreso.
Cuando queda libre vuela, procura elevarse, porque la esencia siempre quiere volver al lugar de donde salió; si ha cumplido la encomienda Divina toma encarnación en mundos más elevados, pero en caso contrario, desciende a otro más inferior, y así sucesivamente va marchando por la pluralidad de mundos, hasta que cumple y se eleva; o al contrario, por no haber cumplido y no querer seguir los consejos de su hermano protector, es traído por rebelde al destierro en que nos hallamos. He aquí el modo como vienen los espíritus humanos a este mundo Tierra, en el cual se reúnen todos los criminales universales; ya que, en todo el universo, no ha existido otro destierro desde que dejó de serlo el que conocemos con el nombre vulgar de Luna, para pasar a ser mundo de espíritus, al cual iban a estudiar para volver a encarnarse, los desterrados que no cumplían con su misión en las anteriores. Hoy están ya encarnados (aunque en minoría), como libres ya estudian entre nosotros, puesto que ya conocemos la Ley Divina, y sabemos que, los rebeldes en mayoría, pasan al nuevo destierro, del cual nos ocuparemos a su tiempo.

V
TRANSFORMACIONES

Son tan variadas las formas del hombre en los diversos mundos donde toma encarnación que, ni me es posible enumerarlas ni describir cada una de ellas. Mas como esto sería sólo llamar la atención curiosa de la humanidad, y no la atención filosófica que es lo que me propongo y he prometido, (y por esta promesa me han sido dados los conocimientos que expongo en esta obrita), me he de limitar a decir solamente lo más preciso y vulgar.
Cuando el espíritu ha tomado la primera encarnación, es un ser de tan pequeña estatura como nuestras pequeñas monas, pero el volumen del cuerpo y miembros le hacen pesado y tardío en sus movimientos, cuya pesadez no tiene comparación con nada de nuestro globo. Un vello parecido al que tienen las monas entre sus pechos es el que cubre todo su cuerpo, y el pelo de la cabeza es parecido a la crin del caballo. Su paso por los mundos queda señalado en su cuerpo mismo, pues en cada encarnación aumenta en perfección y desarrollo su cuerpo hasta llegar a la forma de hombre, verificando después de su salida de la tierra, un trabajo de desmaterialización hasta llegar a la más próxima semejanza de Dios, esto es, hasta la mayor espiritualidad.
En cuanto al modo de vivir material antes de venir al destierro, es placentero en alto grado para los fuertes, pues que no conocen las penas y sí los mayores goces, no conocen la procreación material como nosotros ni conocen sexo, tienen y usan los dos, no existe lo tuyo y lo mío, como no existen los padecimientos morales ni materiales; pero como fuertes, validos de su orgullo, maltratan a los débiles o sumisos que no quieren ser orgullosos como ellos, deseando cumplir la encomienda.
A la clase de orgullosos, hemos pertenecido todos los que en el destierro nos hallamos en la actualidad, y no podemos atravesar las murallas que nos circundan, hasta que nos hagamos humildes y nos amemos mutuamente; mas si persistimos en ser egoístas y orgullosos tendremos que descender al nuevo destierro, en el cual los goces no existen, porque el sexo no se conoce, y los alimentos son tan escasos, que constantemente trabajan todos para poder obtenerlos y conservar sus materias. Nunca satisfacen sus necesidades, puesto que, para colmo de desdichas, es mezquina la luz material que llega a ellos, es como un vago resplandor procedente del Sol que apenas divisan.
Nuestra muralla atmosférica nos da calor y frío, la de ellos da frío constantemente, y, en fin, se hallan a tanta distancia de nosotros, respecto de su existencia, como nosotros de los hermanos que han cumplido la Ley Divina y están gozando de las delicias que a todos nos esperan, más tarde o más temprano, según sea nuestra voluntad. ¡Qué distintas son de las que aquí gozamos! ¡Qué bello es poder subir y ver la luz pura desde fuera de la atmósfera que nos rodea! ¡Cuánta belleza y qué felicidad se siente! ¿Y qué os diré de la que gozan nuestros hermanos que ya se han encarnado en mundos elevados? ¡Oh, si a los desterrados les fuera dado permanecer siquiera unos cortos instantes y contemplar lo que les espera, seguramente harían esfuerzos para llegar cuanto antes! ¡Qué mayor felicidad que ver todos sus caprichos materiales satisfechos! Allí sólo se siente un dolor, el de no poder sacar a sus hermanos del destierro porque por la Ley de Justicia no les ha llegado aún la hora; allí todo es bello, el vegetal y el animal al servicio del humano, dispuestos siempre a satisfacer todos sus deseos; los brutos que en la tierra son indómitos, le basta al hombre sólo pensar que los necesita para tenerlos a su disposición y servicio, todos se comprenden, hay un solo lenguaje, el Universal fluídico... ¿Qué mayor felicidad podemos desear...? Cumplamos, pues, la Ley que el Padre Universal nos dio y nuestro hermano Jesús nos recomendó, para poder volver pronto a nuestra verdadera Patria.

VI
CREACIÓN Y POBLACIÓN DEL MUNDO TIERRA

Un desprendimiento del mundo que conocemos con el nombre de Marte, (los Astrónomos llaman aerolito), fue el origen del mundo en que nos hallamos; en aquella época Marte tenía atmósfera, y al pasar el desprendimiento por ella se incendió, mas cuando llegó al punto que debía ocupar se detuvo, pero girando siempre como en el día lo verifica, creó la costra terráquea y el fuego quedó encerrado en su centro. Cuando la costra estuvo bastante preparada, salieron de ella los vapores acuosos en fuerza de la acción del fuego interior y se formó la atmósfera que la circunda. Una acción análoga formó los mares, principio vital del vegetal y animal que pronto poblaron la parte seca.
Cuando estos dos espíritus, (el vegetal y el animal), habían tomado su material envoltura y forma, vino el humano, tomando por Madre material la Tierra como en los demás mundos lo verifica; el vegetal y animal habían traído sexo conocido, para, en compensación de los sufrimientos, gozar deleites, ya que ellos no eran castigados; pero el humano vino castigado, y no trajo sexo conocido para que, prohibiéndole los goces, pudiera con más acierto meditar. De esta manera pobló la tierra el espíritu humano sin que la procreación material existiera, bastaba entonces al humano una sola encarnación. Vivía feliz, si comparamos aquel modo de ser con el que disfrutamos nosotros; el vegetal y el animal daban para cubrir todas sus necesidades, no conocía lo tuyo ni lo mío, como no conocía tampoco los padecimientos morales ni materiales; no había fronteras porque el mundo entero era su patria; por consiguiente no conociendo lo tuyo ni lo mío y no teniendo sexo, tampoco le podía dominar el egoísmo como en el día sucede.
En toda la primera época de la tierra, se vivió en esta forma, pero no conformándose los espíritus humanos con el castigo que se les había impuesto, y recordando que en otros mundos habían disfrutado de los goces sensuales, y viendo que el animal disfrutaba de ellos, tuvieron envidia y pidieron al Padre que les concediera también a ellos poderlos disfrutar; el Padre que, por la Ley de Amor, Bondad y Misericordia concede a sus hijos cuanto le piden, les concedió lo pedido, mas para que los humanos pudieran disfrutar de lo que deseaban, fue preciso que la Tierra pasara por un cataclismo total; al efecto, la tierra se incendió y se redujo a cenizas todo.
Hasta aquí la primera época terráquea, que concluyó con el cataclismo único total porque ha pasado, pues aunque luego ha pasado por cuatro más, sólo fueron parciales; con los que, y transcurridos muchos siglos de unos a otros, todo el globo ha disfrutado de la parte seca y de los mares.
Comprenda, pues, la humanidad, que la tierra ha pasado por cinco cataclismos, uno total de fuego y cuatro parciales de agua, y está pasando por el sexto para obtener el ascenso que le pertenece por Ley natural de progreso.

VII
SEGUNDA ÉPOCA, O SEA LO QUE SE EXPLICA POR EL PECADO ORIGINAL

Manifestada ya la concesión que el Padre Espiritual hizo al Espíritu humano por su ley de amor, bondad y misericordia, diremos lo que hizo por la ley de su Justicia.
Después de la catástrofe y en fuerza del poder de la materia, volvió a concentrarse el fuego en el centro terráqueo, y pronto la costra estuvo dispuesta para recibir las tres clases de espíritus como en la primera época; de la misma manera y siguiendo el mismo orden tomaron las materias respectivas, mas los humanos que habían pedido los goces sensuales, trajeron esta vez sexo conocido, no así los que se conformaron, pues vinieron con los dos para no gozar de ninguno. De este modo se pobló la tierra en las dos épocas que han sido necesarias a la humanidad desterrada, para el cumplimiento de su castigo con la pena del Talión. Todos se encarnaron sirviéndoles de Madre la tierra; dejando de verificarse así, cuando los varones y las hembras llegaron a la pubertad y se conocieron; entonces empezó la procreación material que en el día conocemos. Ved como el hombre estando en el Paraíso terrenal en la primera época, y siendo feliz, comió de la fruta que hasta entonces se le había prohibido, pero no por engaño de la Serpiente, como han dicho, sino por haberlo él pedido, sin que se haya de culpar a la mujer en absoluto, como se nos ha hecho creer; lo mismo que la salida del paraíso, que no fue otra cosa que el paso de la primera a la segunda época. No estoy conforme, por lo tanto, con que a esto se llame pecado original, no habiendo pecado en ello, ya que fue concedido por quien lo había quitado antes como castigo a los desterrados; creo estaría mejor comprendida la palabra pecado original, entendiendo por pecado nuestro orgullo y egoísmo, por ser la causa primera, ya que los tenemos desde la creación de nuestro espíritu.
En la segunda época tenemos al género humano disfrutando de los goces sensuales que pidió, y que el Padre no podía negarles por su Ley de Amor, Bondad y Misericordia; pero debía por la ley de Justicia privarle de algo, y le condenó a sostener su materia con su propio trabajo material, y a los padecimientos morales y materiales.
Habrá quien diga que el castigo fue duro, mas yo por mi parte lo creo justo. ¿Por qué el humano no había cumplido la Ley impuesta por el Creador? ¿No la había comprendido? Habiéndola comprendido, ¿por qué tuvo celos del animal? ¿Cómo supo que antes había disfrutado de los goces sensuales? Lo sabía por las relaciones que constantemente tenía con sus guías protectores. ¿Pues así como comprendió la parte egoísta no comprendió la caritativa? El animal debe llevar siempre consigo los goces para conmutarlos con las penas, ya que en todas partes ha de ser sumiso al humano, (por más que como él ascienda a mundos que no son destierro), y el humano sólo tenga padecimientos en el destierro; ¿por qué, pues, tenía celos de él? Esto mismo sucede al hombre en la actualidad, materialmente comete una pequeña falta y como es tan fea la oculta si puede, mas en cuanto ocultó la pequeña comete otra mayor y otra hasta que tiene que ser castigado por la ley... ¡Qué pocos son los que procuran enmendarse! Pues tenga presente el hombre que lo mismo le sucede tiempo ha con respecto a la Ley Divina, que por no haberla cumplido en otros mundos fue desterrado, y no conformándose con el castigo impuesto, (que era leve), tuvo que cargar con otro más pesado aunque no tanto como el que tiene en el día.
En aquel tiempo el hombre era libre, y sabía que cuanto en la tierra existía era para todos; mas habiéndose conocido el varón y la hembra empezó lo tuyo y lo mío, se formaron las familias, y empezó la superioridad e inferioridad, por consiguiente quien mandara y quien obedeciera; de las familias vinieron las caravanas, con ellas los fuertes y los débiles, o sea, los orgullosos y sumisos; de las caravanas vinieron los ejércitos. ¿Por qué? Porque los nuevos desterrados no podían avenirse con las leyes naturales que en el destierro regían, y con su orgullo trataban de rehacerlas. ¿Qué fruto sacaron? El de nacer grandes de la tierra y su orgullo quedaba satisfecho sacrificando si era menester a sus semejantes, gozaba la materia, mas el espíritu ganaba el cautiverio con los desterrados, pues del destierro no han podido salir sin sufrir la pena del Talión. ¿Han sido o son felices los egoístas y orgullosos? No, porque su ambición no podía ni puede quedar satisfecha jamás, y cuando en la tierra no hallaban se crearon un cielo y se inventaron dioses.
Al orgullo y egoísmo siguió su compañera la vanidad, así es que, no satisfechos con las pieles de los animales para resguardarse de los rigores del frío y del calor, fabricaron tejidos con vegetales, y éstos han aumentado en riqueza cuanto aumentó la variedad también. Los frutos naturales les disgustaron y los cultivaron para mejorar y los condimentaron para comerlos. De este modo, el hombre se ha hecho esclavo de las necesidades que él mismo se ha creado.
Creadas las necesidades, forzosamente para satisfacerlas vino el comercio, verificándose por el cambio de productos, pero siendo luego dificultoso se creó la moneda, siendo ésta fomento de las malas pasiones de los egoístas, incentivo constante de los ambiciosos o los fuertes. Reconocidas sus ventajas fue aceptada enseguida y se le tributó un culto, como en el día sucede. Si por la facilidad de las transacciones fueron útiles los metales, fueron también perniciosos, pues dotando al hombre de una segunda fuerza (armas) dio lugar a la lucha y la conquista; cuando un pueblo orgulloso tenía noticia de un terreno rico por sus metales o frutos y animales, se arrojaba sobre él sin reparar que los que lo habitaban eran sus hermanos, y les debían respeto como ellos a él. Este fruto el hombre sacó con no haberse conformado con el castigo que en principio trajo a la tierra o destierro... ¿Por qué, pues, pide libertad si él por sí se ha hecho esclavo? En el principio fue la fuerza la que se hizo esclava a sí propia y a los débiles, en la actualidad todos a la vez la practican, puesto que el orgullo se halla en toda la escala social. ¿Durará mucho tiempo? No, pero dejemos al tiempo que nos lo diga.

VIII
MARCHA FILOSÓFICA DE LOS HUMANOS EN LA TIERRA

Los Espíritus humanos filosofan en todo tiempo, tanto encarnados como desencarnados, y el hacerlo con más o menos acierto consiste en el grado de elevación que poseen fuera de la atmósfera terráquea.
En la primera época filosofaban y les era más fácil la comprensión elevada, porque estaban menos expuestos al egoísmo por no conocer lo tuyo ni lo mío; sus relaciones con los libres eran también más comprendidas, porque las religiones no eran numerosas; que, si bien no se practicaba en un todo la Ley Divina, tampoco era desatendida del todo, y prueba de ello es que al pedir los goces, muchos fueron los que volvieron sin sexo conocido, porque se conformaban con el castigo impuesto por aquélla.
Nuestra razón nos induce a creer que, en la segunda época, hubiera sido más fácil comprender el Amor y Caridad que nos debemos mutuamente por medio de la procreación material, pero lo tuyo y lo mío que el hombre conoció, le hizo tan egoísta, que poco se acordaba de la caridad, y si algún amor practicaban era material comúnmente; por lo cual sus maneras de filosofar eran exiguas y pocos los que comprendían el lenguaje espiritual. No obstante, algunos humildes empezaron a comprender, y al participar sus comprensiones a los fuertes eran maltratados por éstos y obligados a callar, pero tantos fueron los débiles que hablaron, que entre ellos formaron sus ideales filosóficos con más o menos acierto; pero los fuertes, celosos de que los humildes se hicieran fuertes y numerosos en filosofía, participaron de sus creencias, ¿para qué? para apoderarse más de toda la humanidad, no para seguir el adelanto moral filosófico.
Muchos débiles crearon ideales bastante buenos, mas, como mataban al orgullo y egoísmo, pronto la fuerza orgullosa consiguió deshacer cuanto aquéllos habían creado, y en su lugar con los mismos ideales formó su sistema que conservó el orgullo y egoísmo y creó, la humanidad, tantos dioses y creencias, cuantos fuertes y orgullosos se fueron presentando.
Los cuatro Diluvios porque ha pasado la Tierra, modificaron mucho las creencias y algunos pueblos llegaron a comprender al Dios verdadero, pero la fuerza orgullosa pudo un día velar aquellas luces que pronto serán de nuevo descubiertas. Las obras religiosas descubren gran luz a todos los que sin pasión ni rencor quieren leerlas y meditarlas; tomemos por base la Biblia, como la más conocida. ¿De cuántas maneras se puede comprender? De varias. ¿De cuántas maneras se comprende la verdad? Siendo Dios uno la verdad ha de ser una, luego la Biblia no es la verdad. La Biblia nos da a Noé como único elegido para la regeneración del género humano de aquel tiempo, el cual recibió de Dios el precepto creced y multiplicaos, y más tarde Moisés lo recibió contradictorio, según el sexto mandamiento, siendo Moisés también elegido. Esto sucede entre los que sólo siguen el Viejo Testamento; entre los que siguen el Viejo y el Nuevo sucede mucho más, pero tampoco debe extrañarnos, pues ellos admiten tres Dioses que los titulan Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo; según ellos, no puede encerrarse la verdad en una, sino en tres. Pero, si Dios Hijo es hombre y otro Dios es Espíritu. ¿Qué será el Dios Padre Creador Universal?
¿Cómo definiremos los atributos que a Dios se le conceden? ¿Dijo nuestro hermano Jesús (a quien nosotros secundamos), que él era Dios? No, puesto al enseñar las maneras de orar a los hombres dijo en las primeras palabras Padre nuestro, y con estas palabras ya dio a comprender que él era un hijo de Dios como lo eran cada uno de los humanos. ¿Por qué, pues, los que pretenden llamarse cristianos le hacen Dios? Jesús dijo a Pedro <<apártate de mí Satanás>> y con tal dicho dio a comprender que Satanás, demonio, o como queramos llamar al tentador, es el hombre, y no el espíritu libre, como nos dice la Biblia; dijo también que, con dos de los diez Mandatos de Moisés bastaban, con lo cual revocó el sexto, y al revocarlo aceptaba lo dicho por Noé: <<Creced y multiplicaos>>, y tuvo sus razones para decirlo, pues comprendía la reencarnación. He aquí una de las palabras que se dejó por decir. ¿Por qué no lo dijo? Porque la humanidad no estaba preparada para comprenderla. También dijo que vendría en espíritu y diría en otro época lo que entonces no podía comprender la humanidad.
Entonces recomendó la Ley Divina diciendo: <<Amor, Paz y Caridad os recomiendo con vuestros hermanos>>, para que la humanidad se fuera preparando, y hoy que se halla más preparada le dice que no ha comprendido estas tres palabras, pues falta a la caridad en su esencia con aceptar y continuar el sexto Mandato de Moisés.
Consideraciones. La Biblia dice que Dios habló a Noé, y le dijo: <<Creced y multiplicaos>>, que Dios escribió con su propio dedo los Mandatos de Moisés sobre las tablas de piedra, pero que Moisés las rompió en un arranque de cólera contra su pueblo. Que Jesús al ser preguntado cuáles eran los dos Mandatos más grandes, contestó: <<Amar a Dios sobre todas las cosas y a tu hermano como a ti>>; meditemos sobre esto, pero antes observemos de qué manera seguían sus prácticas Noé, Moisés y Jesús. Vemos a Noé procreando para que la tierra se poblara en cumplimiento del mandato que había recibido; vemos a Jesús practicando el amor, paz y caridad, que recomendaba, y Moisés ¿qué hacía? Medite la humanidad y comprenderá quien pueda, por mi parte no me es dado dar más explicaciones por el momento sobre si cumplía o no; pero, sí me es dado repetir lo que dijo el gran Filósofo, al cual tengo la honra de secundar aclarando y vulgarizando sus dichos esenciales, mas revocando lo que es revocable por Ley, puesto que la Biblia no es exacta.
Jesús dijo: <<Ama a tus hermanos como a ti que en ellos amas al Padre, no des a ellos lo que no quieras para ti, pero haz con ellos lo que quisieres que hagan contigo, no de otro modo puedes amar a tu Dios que está en los cielos>>.
Jesús sabía que a Dios por la ley de Amor, Bondad y Misericordia, no lo podemos ofender si no ofendemos a uno de nuestros semejantes; como no le podemos amar sin que amemos a todos en general; con lo cual declaró que, sólo uno de los Mandatos de Moisés es necesario; ¿qué mejores Leyes puede imponérsele a la humanidad ni más comprensibles en tan pocas palabras? ¿No dijo también que era preciso pagar la pena del Talión? Se dice que estando en la Cruz dijo: <<Padre, perdónalos que no saben lo que se hacen>>. Es verdad que habló, pero su palabras fueron éstas: <<Padre, perdónalos en cuanto quepa a la Ley de tu Justicia>>; porque sabía que pedir perdón al Padre tanto para sí, como para otros en absoluto, era lo mismo que pedirle que no fuera justo en su Divinidad; cuando hablaba de Dios nunca dijo la palabra Mi Padre, como se le atribuye, sino El Padre, con lo que daba a comprender que era hermano de los hombres. ¿Cuál, pues, ha sido el objeto de hacerlo Dios y misterioso cual nos han hecho creer? Yo en su nombre digo a la humanidad que todos pueden llegar a ser dioses como él, tan pronto cumplan su mandato, que para los que como él saben dominar el orgullo y egoísmo no hay misterios en el destierro, que hombre fue como los demás hombres, y que todo su misterio consistió en ser fiel intérprete entre el Espíritu Regentador de aquel tiempo y los desterrados encarnados, para recomendar la Ley Divina como quedó demostrado en el monte cuando algunos de los Apóstoles vieron y oyeron al Espíritu.
Jesús como espíritu adelantado vino a la tierra elegido por el mismo Regentador, su guía protector, y por su adelanto pronto dominó la materia que los desterrados habían preparado y que él como todos nosotros le había dado forma y vida; comprendió el lenguaje espiritual y cumplió su misión. He aquí todo cuanto nos han dado por grandes misterios; dejó la materia en la tierra y como todos sus hermanos que pueden ascender desde ella a mundos más elevados, se encarnó en el mundo que se designa con el nombre de Venus, para proseguir el progreso, y por su amor a los desterrados se estacionó, ha sido Regentador del destierro mientras la Ley de progreso se lo ha permitido, mas se ha vuelto a estacionar y no llegará al Padre hasta que consiga la regeneración de los desterrados que ha principiado ya.
Cumplido el más sagrado deber como intérprete del que me guía, para que la humanidad salga del estacionamiento en que se halla sumida, veamos siquiera sea a grandes rasgos a la humanidad en su marcha después del gran Filósofo.
Los que precedieron al Maestro, unos hablaron, otros escribieron según lo que habían oído, visto y comprendido de los espíritus libres que los guiaban. ¿Mas que se ha hecho de sus escritos y palabras? Un comercio a gusto y antojo de los mercaderes. ¿Dónde se hallan sus escritos? ¿Por qué la humanidad no los ve? Porque, según sus guardadores, el hombre no puede penetrar la verdadera Filosofía. ¿Creen, acaso, que por toda la eternidad ha de estar oculta? Pues se equivocan, porque desde el momento en que al hombre le es dado comprender el lenguaje universal, nada hay oculto para él cuando trabaja por caridad para sus hermanos, porque los espíritus invisibles, cuando conviene, penetran en todas partes y avisan cuando es necesario.
El Ante-Cristo sabía todo esto y pudo por algún tiempo velar la luz a la humanidad, (y en la actualidad él mismo la busca a pesar de haber sido canonizado su cuerpo), formando diablos, brujas y hechiceros, despreciando la amenaza de ojo por ojo, diente por diente; mas ya el momento ha llegado que las tinieblas dejen paso a la luz y que la cizaña sea arrojada al fuego... ¡Pobre Babilonia del siglo XIX! ¿Por qué no evitas parte de lo que te ha de venir? ¿Tú sabes que el séptimo sello está roto ya? ¿Por qué no descubres la luz que por tanto tiempo vienes ocultando? Descúbrela, por caridad, y mucho podrás salvar de lo que ha de caer al fuego que la tea del Ángel debe encender, mas si te resistes serás pasada por el fuego después de haber salvado la luz que guardas debajo del celemín.
Muchos son los que después del Ante-Cristo se han propuesto decir la verdad y sus materias han acabado en manos de los orgullosos. ¿Pero qué importa si después de haberlas dejado han servido de guías a otras para seguir el progreso en el cual ellos han progresado mucho más? Adelante, pues, y hagamos la regeneración por la parte que a cada cual nos ha sido concedida, con el lema de Amor, Paz y Caridad Universal, dejando a las tradiciones que cuenten todo lo demás hasta nuevo aviso.

IX
EL ESPÍRITU IGNORANTE EN LA ERRATICIDAD

Los espíritus que, separados de la materia que tomaron en la Tierra, no han podido atravesar la atmósfera que la circunda, son ignorantes, y podemos compararlos, respecto a sus relaciones con los materiales, con ciegos, pues ellos no conocen nada sino por el lenguaje espiritual.
Sólo pueden ascender en el espacio hasta el grado que alcanzaron por su cumplimiento a la Ley; están siempre entre nosotros, pero ninguna facultad les conceden nuestros guías protectores; sólo cuando nuestras materias descansan juegan con ellas, lo mismo que el niño cuando, en ausencia del verdadero dueño, coge los enseres de algún arte u oficio. Así hacen los espíritus ignorantes salidos de la turbación, pues quieren ser como los elevados; obra de ellos son las sacudidas que a veces sentimos al despertar repentinamente. Al niño que se le sorprende in fraganti se asusta y procura huir para no ser castigado, de la misma manera huye el espíritu juguetón, cuando el propio llega de sus excursiones, y como muchas veces deja precipitadamente la materia, da las mencionadas sacudidas, no así cuando la deja pausadamente, que es cuando la materia conserva varios recuerdos de algo.
Obedecen a los materiales cuando los llamamos por medio de invocación, si el espíritu del material es más elevado que ellos (aunque sea forzadamente), pero no obedecen siempre si ellos son más elevados.
Al dejar la materia quedan tan turbados que de nada se dan cuenta. Cuando ha pasado en parte la turbación, creen estar aún en las mismas ocupaciones materiales que cuando encarnados, prefiriendo el trabajo que más les agradó. Ha habido militares que al llamarlos nos han amenazado con la espada, por haberlos distraído de las maniobras que, según ellos, estaban dirigiendo. Jefe de Administración que en materia nos había tratado con cariño, nos contestó de este modo: —¿Por qué me distraes, no ves que estoy trabajando? ¿Te opones a que tenga trabajo adelantado? ¿De cuándo tan mal educado? Vete, déjame, no estoy para ti. —Mas habiéndole suplicado que me atendiera me replicó: —Grande debe ser tu apuro cuando me interrumpes tanto, habla, ¿qué quieres? —Entonces, habiéndole hecho presente su situación, se quedó pensativo, le aconsejé que meditara, y pronto comprendió su verdadero estado, y dando gracias por la caridad que se le había hecho, nos aconsejó siguiéramos nuestra obra en beneficio de los verdaderos pobres, que son los espíritus ignorantes.
Hemos encontrado, al que fue asesino, que huía de la justicia material, pero cogido, según él, por los que había asesinado, padecía horriblemente por no poder escapar ni poder coger el puñal que tenía a la vista para defenderse de ellos. Otros que, habiéndose suicidado, se sentían los padecimientos de la agonía, más los que, en su creencia, eran suficientes para el suicidio que cometieron. ¿Qué mayor infierno puede caber a un espíritu, ni qué mayor caridad puede el hombre practicar que sacar a aquel hermano de tal situación? Hallamos a otros, desesperados por no poderse vengar de los materiales, de los cuales no pudieron hacerlo estando en materia, y tramaban planes para conseguirlo... ¡Oh!, son tantos los que se hallan en tan triste estado que si tuvieran facultades para obrar sobre los materiales, ¡cuán pocos seríamos los que no sufriríamos los caprichos de los ignorantes! Pero afortunadamente para unos y otros, Dios es justo, no dando a ninguno más facultades que las que se gane por sus méritos.
Hemos hallado a usureros muy afligidos, porque los encargados se servían de sus riquezas, así como otros custodiaban los tesoros que ocultaban, sin participar el secreto a nadie, y como los herederos los buscaban temían que se los robasen; padeciendo horriblemente cada vez que alguno se aproximaba al lugar del tesoro, y, en fin, hemos comprendido que lo que las religiones nos han designado por Infierno, lo pasa cuando el espíritu ignorante libre sufre las mismas penas que en materia aumentadas aún, pero cuando se les hace ver su situación, son dóciles en general. Mas también los hemos hallado que, cuando han reconocido su situación, temerosos de la Justicia divina, tratan de escapar y es menester saberlos entregar bien asegurados, para que sus guías puedan llevarlos ante el Regentador para juzgarlos.
Los que han llegado al grado 12, el cual está en el confín de la atmósfera, sufren mucho, porque ven la luz y no la pueden alcanzar; esta clase de espíritus, en general, son dóciles y ellos mismos piden que se les haga caridad; no así los prófugos que se obstinan tanto, que es preciso ponerlos presos y no soltarlos hasta que han firmado el pacto y se halle conforme su Protector, porque dan nombres falsos y son muy astutos.
Cuando los espíritus tanto ignorantes como prófugos han sido presentados al Regentador, y éste, con su amor y justicia les ha sentenciado, los conducen al mundo de espíritus, en donde están retenidos, hasta que los encarnados hayan preparado las materias a las cuales ellos deben emigrar. Su estancia allí es para estudiar y comprender la encomienda; no padecen, pero tampoco gozan, pues saben que son sentenciados y esto les envilece más, cuanto más elevados son, porque comprenden mejor la falta (=4=).

X
GOCES DEL ESPÍRITU DESDE QUE CUMPLE LA LEY DIVINA

Ya dije que al destierro sólo vienen los espíritus rebeldes, puesto que los que cumplen la Ley Divina a su tiempo, se elevan siguiendo la Ley del progreso. A los desterrados se les obliga a reencarnar tantas veces cuantas necesiten, para sufrir la pena del Talión, mas cuando han traspasado la muralla atmosférica, se les permite volver del grado catorce, o sea, segundo de luz (si lo piden), desde un grado más elevado, ya no se les permite encarnar en  el destierro (=5=).
Desde el momento que el espíritu encarnado en el mundo Tierra, ha podido atravesar la atmósfera, medita y comprende lo elevado con gran facilidad, y cuanto más se eleva más comprende, porque en sus ratos libres, (cuando la materia descansa), toma posesión del grado que gana y estudia en él, llegando al extremo de recordar en materia lo que vio y oyó; pero estos casos sólo llegan, cuando las materias están dominadas lo bastante, para permitir al espíritu practicar la Ley.
Los espíritus encarnados, no pueden llegar al grado Mayor sin dejar la materia; no obstante, como la Ley de progreso es inmutable, como todas las leyes de la Divinidad, hay materiales que, sabiendo la misión que tienen para beneficio de la humanidad desterrada, piden y se les concede conservar la materia, pero debe pedir también el estacionamiento, hasta que haya cumplido su misión. Así pues, cuando el hombre cumple la Ley de amor y caridad espiritual con todos los humanos, tanto encarnados como libres, y procura echar de si, la parte material que arrastra desde la creación de su espíritu; éste se purifica, ve y comprende mucho más de lo elevado, que muchos espíritus libres, y no ha de extrañar al hombre que otros encarnados como él, según vemos en libros, estuvieran envueltos en una aureola luminosa, pues yo sólo veo en ello la Justicia divina, que alcanza lo mismo al libre que al encarnado; y es por lo tanto natural y nada misterioso.
Cuando esta clase de espíritus dejan su materia y no son prófugos, sino que con todo valor han seguido progresando sin temor a los padecimientos materiales, es tan leve su turbación que, puede decirse, no existe para ellos, pues hay ocasiones en que la materia aún está caliente, como vulgarmente se dice, cuando ya ellos están en su verdadera Patria, gozando de los beneficios que les esperaban... ¡Oh cuán grande es su felicidad! ¡Qué distinta de los pobres ignorantes! ¡Para éstos todo son penas! ¡Para aquéllos todo placeres!... Los ignorantes ven que, los que fueron sus deudos en materia y pobres tal vez, pasan y se elevan con la hermosa luz que ellos mismos rehúsan ver, porque les ofende, quieren volar a lo elevado como aquéllos, y no pueden dar un solo paso del grado que ganaron, y cuando aquellos que fueron sus deudos los llaman, huyen de la luz, y, en general, se ven en el caso, los elevados, de ocultarla para que no huyan de ellos.
Los ignorantes piensan sólo en las cosas materiales, y les preocupa el odio a unos, las riquezas materiales a otros, etc., etc.; los que se elevan aprecian tan poco cuanto en la Tierra existe, que si ellos pudieran hacer que nosotros nos eleváramos como ellos, nos ayudarían a salir de nuestras materias instantáneamente; pero han leído ya en el gran libro, y visto lo que nos falta para llegar a ser libres en verdad, y hacen por nosotros lo que nuestros guías protectores les permiten; sólo un pesar tienen, el de haber dejado en el destierro a hermanos, que no quisieron seguirles por la senda del amor y caridad que ellos siguieron (=6=).
Los espíritus elevados han de encarnarse por grande que sea su elevación, en el mundo que conocemos con el nombre de Venus, siquiera sea para tomar posesión, momentánea, de la materia aquella, esto en caso de haber ganado mucho; mas si sólo llegaron allí, deben permanecer hasta que, practicando caridad con los ignorantes desterrados, asciendan. Su categoría es de instructores, desde que pasaron del grado 14 ya indicado, y obedientes siempre a los mayores en elevación, o sea, guías protectores, en cuanto a los desterrados, mas se les permite ser guías protectores de los espíritus jóvenes, con los cuales se practican a ser pulimentadores, pero no se les permite hacer uso de los artefactos por cuenta propia.
Encarnados en mundos superiores, (=7=) pueden dejar la materia cuando les conviene, para hacer caridad a algún hermano, como nosotros la dejamos al estudiar, pero no pueden dejarla cuando le da forma y vida, ni emplearse ni custodiar a otros, pues en tales casos otros libres suplen su falta. Allí las formas materiales no son tan bellas como en el destierro, el sexo no se conoce, todos conservan y usan los dos, no existen los padecimientos morales ni materiales, ni la procreación material. Al salir del destierro todo son goces. Las formas materiales son de corta talla pero más gruesas, disminuyendo aquélla, cada vez que encarnan en otros mundos más elevados, hasta llegar a englobarse, pues hay formas de encarnados que, si los vieran muchos de los materiales desterrados, no quisieran llegar a tales mundos, y por mucho que los médiums videntes digan que ven formas extrañas, no dudo de su veracidad.
En cuanto a la vida material es como la nuestra; disfrutan del vegetal y animal para alimentarse; pero son menos groseros los alimentos, cuanto más elevado es el mundo que habitan; las comodidades son grandes, el caballo, por ejemplo, en Venus ya posee dos alas como nuestras aves, y obediente a cuanto los humanos materiales puedan necesitar, pues además de las dos alas que extiende para comodidad del viajero, conserva las cuatro patas, y hace uso de ellas cuando le conviene como en la Tierra. Nuestros avestruces con la misma forma que los conocemos, imitan al caballo sirviendo a los pequeñuelos, y, en fin, todas las especies que en la Tierra tenemos, se hallan allí sumisas al humano, y éste conserva las formas que ya conocemos, más las que le convienen para mayor comodidad. Los únicos trabajos en que debe ocuparse el humano, son la meditación y la práctica de la encomienda divina, pues aunque comprendan los espíritus, procuran estudiar por sí mismos, para adelantar más en la carrera; no se conoce el egoísmo, pues si alguno conoce algún medio de adelanto, lo da a cuantos se lo piden. Si dejando a Venus pasamos a Juno, hallaremos gran diferencia en todo, pero mucho mayor lo hallamos si pasamos a Vesta, en donde ya el humano posee dos alas, y de ellas hace uso como en la Tierra nuestra águilas, con lo cual queda dicho que los goces materiales son tan grandes, que el hombre no los puede imaginar.
Esto es todo lo que puedo decir a los materiales, de cuanto me ha sido dado ver, como material, de fuera del destierro; me mandan reservar lo demás, hasta que cada cual haya comprendido lo que pueda, de tantos misterios como nos han contado del infierno, purgatorio y limbo.
Vistos los instructores he de hablar de los Mayores, pero antes debo hablar de los grados. Aunque para los espíritus hay sólo dos clases: Superiores e Inferiores. Nosotros que no tenemos su elevación, y habiendo de clasificarlo todo para que nuestra inteligencia lo comprenda, hemos de dividir en cinco clases los espíritus que os he dado a conocer, y que forma la escala espiritual desde el destierro hasta el Padre, en este orden: 1ª Ignorantes o ciegos; 2ª Prófugos; 3ª Instructores; 4ª Mayores; 5ª Superiores. A las dos primeras hacemos caridad y la recibimos de las tres últimas.
Nos dicen también que calculemos 18 grados desde la Tierra a Venus, distribuidos en esta forma: 11 de tinieblas, 5 de luz y 2 intermedios; los 11 primeros los hallamos antes de pasar la atmósfera terráquea, los intermedios son los de 12 y 13, el 12 parte oscura que los espíritus ven la luz y no la pueden alcanzar (=8=), y el 13 ya goza de luz pero limitada, puesto que no pueden estar a la vista del Padre constantemente, como los del 14 en adelante (=9=). Los espíritus del 13 son pocos los que no vienen a reencarnar, pues su atraso les obliga a pedirlo, y si alguno se queda, es sirviendo a otros hermanos que les han concedido gracia, como confiarles parte de su misión, etc.; ya dijimos que, pasando del 14, no es posible volver a encarnarse; menos lo será del 15 en adelante.

XI
ESPÍRITUS MAYORES

Los espíritus Mayores son los oficiales del gran Arquitecto, por consiguiente, los pulimentadores de su obra; éstos son los encargados de usar los artefactos sobrantes en los grandes talleres, después de la creación de las tres clases de espíritus.
En el espacio hay moléculas de tantas clases cuantas especies de animales, vegetales y humanos existen en el destierro; como tenemos plantas venenosas, hay también animales venenosos; las moléculas elementales pertenecen al hombre y son los gases que despiden los cuerpos humanos, pero como hay materias que, cuando las dejaron los espíritus, estaban más dominadas que otras, pues no todos los espíritus saben dominarlas igualmente, de aquí que, las moléculas de la materia que dejan los espíritus elevados, despiden sus gases (moléculas) más purificados y sirven para la formación del espíritu humano; las de los menos elevados para los animales, y las de los ignorantes para los vegetales, sirviendo los gases de los animales y vegetales para dar al hombre los medios de progreso; y si no digan los físico-químicos, si han hallado en los animales y vegetales medicamentos para calmar al irritado, como para enardecer al pacífico, veneno para matar, como bálsamo para curar; pues de la misma manera, los médicos espirituales, recogiendo los gases desprendidos de plantas y animales, se valen para dar a cada uno su merecido. ¿Los aprendices físico-químicos tienen facultades para usar de los artefactos materiales a su voluntad? No, pues lo propio sucede con los espíritus; los instructores son aprendices, los mayores oficiales y los superiores maestros en la pulimentación, no teniendo esta facultad los ignorantes ni prófugos.
No sólo utilizan los espíritus oficiales, guías protectores, los artefactos para dar más o menos salud a nuestros cuerpos, sino también a los animales y plantas, pues como hay guías protectores personales, los hay también territoriales, y cada cual obra según las facultades que posee y lo que cree en justicia necesario. Fíjense y mediten sobre esto los que estudian los aportes de los espíritus.
Los hombres llaman fenómenos y secretos de la naturaleza, a hechos que deberían verlos muy claros, si meditaran y trabajaran por cuenta propia, único medio para no dejarse engañar por los que trabajaron y no comprendieron. ¿Cree o no cree el hombre que Dios existe y que es su Creador? Sí.
Pues si así lo cree, ¿cómo duda que cuando cumpla como buen hijo no habrá secretos para él?
Mas sigamos a los mayores u oficiales que mucho tenemos que estudiar con ellos. Las facultades que tienen, aunque limitadas, son muy amplias para obrar caridad, por lo que se presentan ante los materiales de los mundos cuyos regentadores son de su elevación, en tantas formas cuantas han tenido en la pluralidad, para que los que los ven, al hallarlos tan distintos de los que no pueden variar, mediten y comprendan que deben llegar al Padre, de donde proceden. ¿Qué importan los nombres que les queramos dar, sean cometas, bólidos, etc.? En general, son los que debemos conocer con la palabra vulgar de jefes inmediatos de los instructores, a los cuales destinan para ciertas misiones caritativas hacia los más ignorantes.
Toman también la categoría de Regentadores de mundos inferiores, misioneros, etc., y sus formas varían según la misión que toman o han tomado, y el grado que van ganando; a esta categoría pertenecen los que ciertas tradiciones nos han pintado de diablos con cuernos, otros con cola, pero tampoco fueron exactas sus pinturas, pues, la cola es por su forma más bien abanico, y no como la de nuestros animales, mas la cabellera tiene esa misma forma generalmente; del grado 15 al 18, en la escala mayor, se observan uno, dos y hasta tres cuernecitos como los de los corderillos. Muchos se presentan a los materiales representando la imagen del Padre, aunque su color no ha llegado al de perla pura; a su tiempo hablaremos de los deberes como guías protectores.

XII
SUPERIORES

Los espíritus que debemos conocer como Superiores, son los mensajeros, y se encargan de transmitir las órdenes universales a los regentadores de grado menor de los mundos de la pluralidad, (pues hay regentadores superiores, que son los que representan la imagen del que conocemos con la palabra vulgar de Sol), así como a los elegidos, reelegidos y elegidos entre los reelegidos materiales, y cuando en alguno de los mundos mencionados debe hacerse alguna gran evolución, son, en general, los que toman la dirección ayudando a los regentadores, como en el día sucede en el mundo Tierra, que siendo su regentador mayor por haberse estacionado, hay dos superiores (que también fueron regentadores de la Tierra antes que él) encargados de dirigir el cataclismo actual, por medio del cual, la Tierra dejará de ser destierro y pasará a ser mundo de estudio para los espíritus.
Aclaración: El mundo Luna fue destierro antes que la Tierra fuese creada; a la creación de ésta dejó de ser destierro la Luna, y sólo ha sido habitada por espíritus, que saliendo del destierro pasan a estudiar allí con sus guías protectores, hasta que los materiales preparan las materias que deben ocupar. He aquí, porqué los astrónomos antiguos habrán hallado ese mundo estéril, pues no encarnando en él los espíritus humanos, ningún servicio podían prestar los animales, y tampoco eran necesarios los vegetales. Hace algún tiempo tomaron materia los vegetales, luego la han tomado los animales, y también han empezado los humanos (aunque en minoría) como en el nuevo destierro.
Hemos dicho aclaración y es mi deber hacerla completa. Habiéndose comprendido ya por algunos materiales del mundo Tierra la Ley Divina, así como el lenguaje espiritual, pueden los espíritus libres estudiar entre ellos donde lo verifican con más amor, y como sólo pueden encarnar entre nosotros los del grado 12 ya indicado, hasta el 14 inclusive, pueden con gran facilidad adelantar ellos y los que nos hallamos en materia, con ventaja del progreso terráqueo; y como alguien preguntará a dónde van los espíritus que no han llegado a tales grados, lo explicaré.
Ya dije que por rebeldes hemos sido desterrados de nuestra verdadera patria, y traídos a este mundo, pero los nuevos rebeldes ya no vienen aquí, sino que pasan al nuevo destierro, así como los que han pasado ya por varias encarnaciones en éste y no han llegado al mencionado grado 12, pasan también allí a sufrir la pena del Talión. Siguiendo este curso disminuirá la humanidad en el mundo Tierra paulatinamente, hasta que quede como estaba la Luna hace siglo y medio, puesto que al desaparecer lo humano material desaparecerá también el animal y vegetal.
¿Cómo sucederá? Ya he dicho que paulatinamente, tal vez sin que los humanos se den cuenta de ello, excepción hecha de ciertos acontecimientos graves, que de un momento a otro deben llegar, para que se cumpla lo de: ¡separaré la cizaña del buen grano!

XIII
NUEVO DESTIERRO

Cierta religión, hablando del fin del mundo, nos ha dicho que vendría el Ángel y encendería la Tierra, y todo quedaría reducido a cenizas, separando los buenos para el cielo y los malos para el infierno; mas yo os digo que el Ángel a que alude, entre nosotros se halla dispuesto a obrar ya, de la manera explicada, y que el infierno que mencionan no es de fuego ni la Tierra se incendiará. El nuevo destierro se halla dentro de nuestro globo o mundo, y la luz del Sol penetra tan poco en él, que no ven el Astro, la claridad que reciben es cuando más como entre nosotros después de puesto el Sol y antes de anochecer, su atmósfera o muralla se puede comparar con una bóveda cuyo techo es de cristal, y encima lleno de agua. Su suelo húmedo y fangoso, los vegetales son de color amarillo. No me ha sido dado ver los animales, como los vegetales, pero sí los humanos (aunque momentáneamente), es tan triste su situación que horroriza el verlo, y el mismo horror nos impide poderlo explicar como muchos de mis hermanos tal vez desearían; no hay sexo conocido, sus caras como todo el cuerpo son de un color oscuro (como el de nuestros filipinos), y su deseo de alimentarse es tan grande que ni un solo instante descansan; siempre revuelven el fangoso suelo en busca de alimento, cuando lo hallan lo comen con avidez. Sus enseres son las manos, las cuales, aunque humanas, están bastante transformadas, puesto que las palmas son mayores que las nuestras y los dedos apenas si llegan a la mitad; nada puedo decir de su lenguaje porque no lo he oído (creo que se entienden con la mirada). En fin, sienten constantemente frío y hambre, y respecto a goces, sólo sé que los sexuales no existen. Eso es cuanto puedo decir del nuevo destierro, puesto que no he podido ver más hasta hoy. Réstame ahora dar mi parecer sobre la diferencia que hallo entre el nuevo destierro y el que habitamos, y lo hallo en relación directa con la que existe entre la Tierra y Venus; que si a mis hermanos les fuera posible pasar la atmósfera y ver la diferencia, creo que todos serían del mismo parecer.
Hechas, pues, estas aclaraciones, y no siéndome posible ir más adelante en la carrera espiritual que termina llegando los espíritus al Padre (aunque me consta que no acaba allí todavía, pues de nuevo se emprende otra carrera), debo decir que, como hay mundos regentados por hermanos mayores, y aquéllos nos prestan su luz, según el grado de elevación que ocupan, y dan las formas a los mundos, los hay superiores que nos presentan la figura del Padre, el cual es Regentador como hemos dicho del Sol, y que a Él sólo podemos llegar después de haber cumplido su mandato, no porque el calor nos lo prohíba, como se ha dicho, puesto que éste no existe en parte alguna, como en nuestra Tierra, como no existe otra atmósfera igual a la que ésta tiene y que es causa de los cambios de temperatura.

XIV
EL AMOR, PAZ Y CARIDAD

Estas palabras encomendadas por el Padre, Creador espiritual y recomendadas por nuestro hermano Jesús de Cafarnaúm (llamado el Cristo por unos y el Nazareno por otros), han sido comprendidas y explicadas por algunos materialmente (porque no conocían el lenguaje espiritual ni menos sabían que pudiera haber espíritus necesitados), no hay duda que el que como material lo ha cumplido, grandes méritos ha adquirido, mas los que reciben comunicaciones de los espíritus saben que para ellos no existe la caridad material, puesto que antes de venir al destierro los espíritus, ya había puesto el Padre en él todo lo que pudieran necesitar, pero todo para todos, y si alguno reserva lo que a su hermano le hace falta, después de haber cubierto sus necesidades, no cumple en verdad; por tanto, la caridad verdadera es enseñar para que los ignorantes puedan ver y comprender la luz divina, tanto libres como encarnados sin distinción de clases, sexo ni edades, puesto que todos son hermanos, y si en algún caso puede haber predilección, sea en lo material mas no en lo espiritual, porque entre los últimos no existe el parentesco. Así, pues, compréndase que las tres palabras son inseparables unas de otras, puesto que, faltando a una se falta a las tres, y para no equivocarse, basta no querer para el hermano lo que no se quisiera para sí, como hacer al hermano cuanto se quisiera para sí propio. Mas en la caridad material debe tenerse gran cuidado, pues debemos obrarla sin aumentar el egoísmo de quien la recibe, porque todos debemos ganar el pan con nuestro propio trabajo; pero tampoco debemos humillar a quien recibe la caridad.

XV
EGOÍSMO, ORGULLO Y VANIDAD

He aquí los únicos enemigos del espíritu, por los cuales el destierro es necesario. ¿Qué sería de nosotros si la ley de justicia no nos retuviera aquí hasta dejarlos por completo? ¿Qué de la humanidad en los demás mundos? ¿Dónde se hallarían la paz y goces que allí se disfrutan despojados de tales enemigos?. Meditemos por un momento, qué seríamos en este destierro si las leyes humanas no hubieran puesto una ley penal para los criminales, la cual los separa de los pacíficos y honrados, y podremos comprender la pregunta anterior; he aquí porqué sin el nuevo destierro no podría regenerarse la Tierra en muchos millones de siglos, pero es muy fácil separando los rebeldes de los que se van mejorando.
Desgraciadamente la humanidad pacífica se ve en el día precisada a aparentar ser orgullosa ante los orgullosos, porque está convencida que, si del todo los deja sería imposible la vida material; ¡y cuantas veces por la misma causa faltamos a ciertos deberes, qué grande sentimiento nos causa, puesto reconocemos que son nuestros hermanos! ¿Mas qué hacer con ellos, cuando vemos que sólo desean nuestra docilidad, para ser ellos más orgullosos y egoístas? ¿Debemos dejarlos y hacernos esclavos de su orgullo y egoísmo? No, debemos hacerles comprender que, como ellos, somos humanos y tenemos los mismos derechos, pero siempre usando la benignidad en el hecho aunque no sea en el dicho; orgullo, egoísmo y vanidad; ¡he aquí las causas de que la humanidad no comprenda el lenguaje universal y la ley divina!. Dios, al crearnos, nos da un mandato, que el orgullo y egoísmo no nos dejan recordar; vienen nuestros hermanos elegidos, nos lo recuerdan y en lugar de practicarlo como buenos, orgullosos y egoístas, se les sacrifica y sus palabras se velan para que los venideros no puedan ni siquiera conocerlas. ¿Se han creído los hombres orgullosos y egoístas, que no han de pasar por lo que hacen pasar a sus semejantes? ¿Dónde estaría el Padre de Amor y Justicia, si como ellos se creen no hubiera otra cosa que lo que llaman sociedad de la Tierra? No, lo que el hombre con su orgullo hace pasar a sus semejantes, no puede quedar impune, y por lo tanto tenemos ya un nuevo destierro en donde el espíritu pasa a humillarse, de la misma manera que hizo humillar, y no crean como han hecho creer, que le basta pedir perdón al que le dio su ser, no, porque es justicia infinita, y si perdonara a alguno de sus hijos, la ofensa que hizo a sus hermanos, ya no sería justo; es precisa la pena del Talión.
En otro tiempo sólo se conocían estos enemigos en los fuertes, mas desgraciadamente en la actualidad también domina la parte egoísta más si cabe en el débil que en el fuerte y cuando a fuerza de su egoísmo ha cogido alguna fuerza material es más orgulloso que aquél; he aquí porqué recomiendo gran cuidado en la caridad material a la par que la espiritual, debe darse tanta cuanta el necesitado pida voluntaria o forzosamente (para lo cual daré instrucciones).

XVI
DEBERES DEL GUÍA PROTECTOR PARA CON EL PROTEGIDO CON PACTO Y SIN PACTO

El libre albedrío que recibe el espíritu cuando sale del lado de su Creador es para que, cuando quiera, vuelva al lado de Él, pero nunca sin haber cumplido el mandato, y como el orgullo, egoísmo y vanidad, halagan tanto la materia, les domina tanto a muchos, que no pueden sufrir el amor, paz y caridad. Los guías que con permiso del Padre se han encargado de ellos no pueden usar los artefactos contra la voluntad de los protegidos, por el contrario, cuando ellos les aconsejan seguir la encomienda, y los protegidos despreciando sus consejos se empeñan en no seguirla, entonces los emplean para complacerlos en un todo; al orgulloso le dan para que tenga más orgullo, como al egoísta para que aumente su egoísmo; al contrario de los que tienen pacto contraído. Los espíritus que contraen pacto con su guía protector antes de encarnarse, son contrariados (generalmente), en todas sus empresas materiales que no le conduzcan por el amor universal de la humanidad, y si alguna vez se les ve florecer en ellas por algún corto tiempo es para darles nuevos desengaños y pruebas para ver su valor, así como que comprendan que hay algo que no es material, y les obligue a meditar; otros muchos sufren enfermedades más o menos penosas, según lo creen necesario para llegar al fin que se proponen, y cuando por estos medios no lo consiguen, destruyen la materia para que vuelvan a reencarnar después de haber estudiado cierto tiempo.
El pacto. La obra de los espíritus en el mundo de estudio se puede comparar con nosotros cuando vamos a las escuelas y universidades; a los ignorantes con nuestros niños en las primeras letras; éstos en general prometen ser fuertes, cumplir la encomienda, tal como la comprenden allí, y no cuentan en que, desde que empiezan a animar la materia, pierden mucha parte de aquella comprensión que antes poseían, sus guías les ofrecen ayuda, pero como les domina el orgullo que llevan desde la creación no la aceptan y conservan el libre albedrío, por lo que los protectores les dan artefactos para que cumplan su voluntad.
Vienen luego los de los grados 12, 13 y 14, que podemos comparar con nuestros estudiantes que ya han elegido carrera; en general los del 12 y 13 piden ayuda, aunque hay muchos que no; así como los del 14 podemos asegurar que la piden casi todos y en su mayoría ceden el libre albedrío a sus protectores, dándoles facultades para obrar sobre las materias que toman como dueños absolutos, y algunos que reciben misiones sobresalientes, ceden a sus protectores la elección de la materia que han de tomar, pues comprenden mejor que los otros, cual es la situación del espíritu en materia, y que obrando por cuenta propia no le sería tan fácil cumplir; de aquí que algunos hombres no somos más que instrumentos o máquinas, para que nuestros guías ilustren a la humanidad. ¡Feliz el que así pueda cumplir!. ¿Qué es el espíritu encarnado, para saber y comprender lo elevado por sí solo? ¿Qué razón puede dar un niño de su patria, que apenas nacido en España lo trasladaban a Fernando Poo? ¿Y qué de lo que pasa en su patria, aunque hubiere nacido en el palacio real, si otros hombres no se lo enseñan, o no viaja por ella para conocerla? Pues menos aún podemos saber los hombres de lo elevado sin la ayuda de nuestros hermanos libres; pero con ella y dominando nuestras materias podemos saber mucho, porque al espíritu le es fácil viajar por los grados que tienen ganados, y cuando el carcelero (la materia) es amigo del preso (el espíritu) también tienen sus confianzas y se descubren algunos secretos. Esto es lo que sucede al espiritista cuando cumple sus deberes, ve, oye y comprende lo elevado porque su materia permite con facilidad recordar lo que vio, cómo lo oyó y comprendió sin su compañía. Estas son las ventajas que lleva sobre sí el que no tiene libre albedrío, pero todavía tiene más y más grandes aún, puesto que cumpliendo como fiel intérprete y con valor, no es responsable de otra cosa que de su fidelidad en todos sus actos. ¿Qué más puede desear el espiritista? Pero guárdese mucho de faltar a la fidelidad.

XVII
LENGUAJE ESPIRITUAL - COMPRENSIÓN CON LOS ESPÍRITUS

El lenguaje espiritual es la meditación, y por medio de ella nos comprendemos con los espíritus libres, como con la palabra entre los hombres, pero para esta comprensión, es preciso el cumplimiento de la encomienda, y dirigir en un todo el pensamiento a Dios, separándole de toda cosa material y sin pasión, sin rencor contra ningún hermano. Téngase presente que siendo el Padre la esencia de justicia, no puede dejar de dar ni quitar a ninguno la comprensión que se haya ganado en lo espiritual, tanto al espíritu libre como al encarnado, pues, si así no obrara, no sería Dios justicia, como no sería caridad si nos prohibiera la comprensión con los hermanos desencarnados cuando lo merecemos.
Los espíritus guías protectores están ligados a los protegidos fluídicamente, y en todos nuestros actos, nos recuerdan la encomienda, (en la lucha del deseo de hacer algún mal, el remordimiento de la conciencia es el aviso del guía protector). Los que no están acostumbrados a relacionarse con ellos, dudan al principio por falta de fe; pero el que tiene fe en los atributos divinos y es constante en sus trabajos espirituales, pronto los vence, mas ¡desgraciado el que pretenda llamar a los espíritus sin cumplir la encomienda y estudia sólo lo que otros escribieron!. Algún espiritista ha dicho que sólo podemos comunicarnos con nuestro guía protector, pero esto fue una equivocación por cuanto aquél no pudo comprender la elevación de los espíritus, pero no sucederá tal en lo sucesivo siguiendo las instrucciones que daremos en este opúsculo, y no porque quisiera equivocarse. Los hombres tenemos libre albedrío para obrar y cumplir, y según sean las obras y el cumplimiento, son las relaciones más o menos frecuentes y elevadas.

XVIII
INSTRUCCIONES A LOS ESPIRITISTAS QUE DESEEN SEGUIR CON FE LA ESCUELA ESPIRITISTA

En otro lugar de este libro dije, que no podía decir otra cosa que lo que me ha sido dado ver, oír y comprender, en cuanto a lo elevado, y deseo cumplir fielmente para no retrasarme en la carrera espiritual; mas todos los conocimientos que se me han dado, he prevenido antes, que no se me daban para mí solo, sino para todos mis hermanos que los quisieran, tanto materiales como espirituales de menos elevación que yo. Doy, pues, estas instrucciones para que las recoja quien quiera y pueda, con la seguridad que es mi mejor manera de obrar caridad en la esencia.
El primer precepto espiritual es el cumplimiento de la encomienda, o sea, no dar a nuestros semejantes lo que no queramos que nos den a nosotros, y obrar con ellos como quisiéramos que, en igualdad de circunstancias, obrasen con nosotros.
El segundo es la meditación. Esta palabra se ha explicado y su explicación no se ha querido comprender por cuanto el Padre Astete, en su doctrina a los párvulos, aprobada por la casa de Roma dice textualmente: ¿Cuántas maneras hay de orar? —Dos, una mental y otra vocal. —¿Cuál de las dos es la mejor? —La mental, porque con ella se habla con Dios, con la vocal con los hombres. En efecto, con la meditación hablamos con Dios, y nos contesta según nos cabe en justicia, pero téngase presente que en el acto de meditar, debemos tener nuestro pensamiento fijo en el Padre espiritual, separado de todo lo material. Cuando obramos de este modo estamos en relación directa, y directamente reciben nuestros guías protectores la orden de educarnos en justicia.
Muchos son los que la primera vez de ponerse en comunicación del modo mencionado, han notado estremecimientos que los materiales llaman nerviosos, sin haber comprendido que los tales estremecimientos son el fluido universal de que empiezan a disfrutar transmitido por mediación del guía protector. El fluido suele recibirse generalmente flojo al principio, sin embargo, hay algunos materiales bastante sazonados ya para dar fruto, y suelen recibirlo bastante fuerte para poder escribir o hablar. Los que reciben el fluido flojo para escribir, sostengan el brazo y mano al aire sin que toque en la mesa en que escriben más que la punta del lápiz, y éste perpendicularmente y apoyado ligeramente para que pueda marchar libre sobre el papel, a voluntad del espíritu que acudió al llamamiento, y apoyarán la mano y brazo cuando comprendan que el fluido es fuerte para correr el lápiz, entonces procuren escribir lo que a su imaginación acuda, pero en todo tiempo fijo el pensamiento en Dios, y estén seguros que la comunicación que obtengan no es suya como en general se creen los primeros estudiantes.
Ciertas personas que se titulan espiritistas (por lecturas) tratan de amedrentar a los novicios con la palabra obsesores, mas yo les digo, que obsesor y demonio es una misma cosa, con la sola diferencia que a los primeros los hacen temporales, y a los segundos eternos, pero unos y otros sólo caben ser en los encarnados, no en los espíritus elevados ni en los ignorantes. Los primeros dan a cada uno lo que desea, o lo que le cabe en justicia, los segundos nada; por cuanto ya quedan explicadas las facultades que la ley de justicia les puede conceder; puede caber alguna parte a los prófugos, pero nunca a los aprendices, por cuanto sus guías no lo consienten hasta que ya pueden conocerlos y defenderse de ellos, a menos que los estudiantes se empeñen en abandonar a sus protectores por seguir a aquéllos; y para que cada cual pueda conocerlos y saber con quién trata daremos a conocer a los prófugos y sus costumbres.
Prófugos. Damos el nombre de prófugos a los espíritus que habiendo llegado al grado 14 entre la Tierra y Venus, leyeron en el gran libro y vieron:
1º/ Lo mucho malo que habían hecho en las diferentes encarnaciones y reencarnaciones porque habían pasado.
2º/ Que pasando del mencionado grado no podían volver a tomar encarnación en la Tierra, y para poder cumplir ciertas misiones les sería indispensable valerse de materias que otros desterrados ocupaban, si se las quieren prestar.
3º/ Que volviendo a reencarnar en el destierro podían adelantar, si cumplían la misión, en un año más que en ciento siendo espíritus libres; piden, pues, y se les concede reencarnar. Generalmente todos los espíritus que reencarnan desde ese grado traen y han traído grandes misiones progresivas, mas cuando han venido, y después de haber dejado la materia que tomaron, no alcanzaron más elevación que la que habían traído por no haber cumplido lo que prometieron, se avergüenzan de su falta, y prefieren la erraticidad a presentarse al Regentador. Estos son los espíritus que, siendo ignorantes, pretenden ser sabios cuando se les permite presentarse entre materiales que no los conocen, pero téngase presente, que cuando los elevados los dejan es por complacer a los materiales que los llaman. Son, en general, los que cuando hallan instrumentos que no saben su deber de tales, dan gusto con comunicaciones materiales sin meterse en alta filosofía. Debo advertir que, así como hay espíritus que por no haber cumplido lo que prometieron, se avergüenzan de presentarse al Regentador, y se hacen prófugos los hay también que conocen su falta, y se presentan para que no sea mayor, y así como los primeros tienen obligación (por ley) de volver a encarnar para continuar la obra que dejaron, los segundos pueden quedar estacionados hasta hallar otro hermano en materia que cumpla por ellos, y cuando el material se ha hecho responsable de aquel cumplimiento, ellos siguen el progreso.
Fácil es comprender entre materiales espiritistas, quién es el que progresa, quién se ha estacionado y quién se ha hecho prófugo conociendo el lenguaje espiritual, como lo demostraremos; mas volvamos a los preceptos puesto ya hemos dado a conocer a los prófugos, para que cada cual, según su voluntad, pueda leer y hablar, en el lenguaje universal.
El tercer precepto espiritual es que cuando el aprendiz comprende ya las dos anteriores, o sea, el fluido, debe procurar conocer al instructor que le guía, sin conformarse con el nombre que le dé, pues debe saber que tanto derecho tiene él de probar al libre como el libre de probar a él; porque siendo Dios justicia infinita ha de dar a cada uno lo que se merezca; así, pues, desde el momento que se prepara para invocar lo hará de esta manera, mentalmente y con su pensamiento buscando al Creador universal: Padre de misericordia, permite que venga a mí mi guía protector para que me ilustre en tu luz. Esta es la oración admisible como espiritual. Cuando ya empiece a escribir, debe, ante todo, pedir al instructor el lema espiritual, que es el siguiente: Dios es amor, paz, caridad, bondad, misericordia y justicia infinita. Si da el lema admita la comunicación sin reparo, y si en ella le aconsejara el espíritu que falte a la caridad con alguno de sus semejantes, acuda al Padre en queja de aquel hermano y obtendrá justicia; mas si al pedir el lema espiritual no se lo diere, digo esto: En nombre del Padre espiritual quedas preso. Siempre fijo en Dios el pensamiento y enseñando al espíritu el lema ya indicado, se le dice que medite.
Entonces verá el espíritu errante a su guía, que es quien le ha hecho tomar comunicación para que el de la materia lo prenda y al verlo comprende en un solo momento de meditación su error, luego se le obliga a escribir el lema y poner el nombre que llevó en su última materia (es más conveniente en cifra, para que la caridad quede más oculta), como pacto que contrae con su guía protector para ir al mundo de estudio que se le haya destinado; el guía o hermano caritativo que lo ha de conducir pronto se hallará en el otro brazo del escribiente y si está conforme con el nombre que dio el reo observará el que escribe que las manos se unen, elevan y que por fin quedan sin fluido; en caso contrario le hará señales negativas con la mano, por no ser verdadera la firma, y debe amonestarlo de nuevo hasta que el guía esté conforme. Cuando se comunique y reconozca por las instrucciones que se le dan, que es espíritu elevado, tenga cuidado en preguntarle si hay caridad, así como cuando haya empezado ésta, continuar hasta que su guía u otro espíritu elevado le ordene cesar, por haber más necesitados.
Observaciones:
1ª/ No se vaya a creer que los espíritus molesten al que asiduamente quiera trabajar, al contrario, comprenden mejor que nosotros, cuanto las materias pueden resistir; molestan sí, a los holgazanes o perezosos; por mi parte en el transcurso de tres años de estudio constante, he observado que habiéndome acostumbrado a no acostarme sin relacionarme con ellos, me han dado cada día (o noche según las ocupaciones materiales) según el cansancio de mi materia, o el trabajo que la esperaba al siguiente día, mandándome descansar unas veces, y otras aconsejarme, y hasta reprenderme, y castigarme por molestarla en demasía.
2ª/ Cuando los espíritus errantes no quieren comprender a sus guías y pedir encarnación, se unen varios caritativos, y cuando hallan grupos les enseñan la luz, y es lo bastante para conducirlos a donde creen conveniente, pues les causa el mismo horror que la guardia civil a nuestros criminales, con los cuales debemos compararlos en un todo.
Los espíritus, en general, son obedientes al material si los llama; los de mayor grado que él, por caridad, si con objeto de instruirse lo hace y los inferiores por deber; pero tenga mucho cuidado todo espiritista de no llamar a ninguno, sin que primero lo consulte con su guía protector, y podrá hacer la caridad sin faltar a ella; su deber es recibir al que venga y obrar caridad sin permitir preguntas de mera curiosidad. Explicaré a lo que se expone el que no conoce el grado del espíritu que se invoca. Ya he dicho que el inferior cuando se le invoca en nombre del Padre (Dios) obedece al superior, y más si el último es material; como obediente acudirá y en caso que esté animando una materia que ha de ser un viviente la abandone, y como no está formada aún, muere desde el momento que la deja el espíritu y queda la responsabilidad de que aquélla muere para el que le llamó; mas no sucederá esto si preguntamos antes a nuestros guías que nos dirán: "puede venir, o cumple". Respetando el cumple, o llamándole si puede venir. Este es el medio más seguro.
Creo que la facultad de escribir (médiums escribientes) es la mejor para los que deseen verdaderamente emprender lo demás, pues que para esto les es muy fácil a los espíritus dominar a los instrumentos. En otro tiempo, los espiritistas, se hicieron magnetizadores y siguen siéndolo todavía; pero, ¿qué fruto han sacado del magnetismo? ¿No han tenido presente que, la culebra también magnetiza al pajarillo para podérselo comer?. Así los espiritistas magnetizadores sazonando el fruto forzadamente se han tragado las comunicaciones materiales, y han dejado de comprender las espirituales elevadas. ¿Acaso los magnetizadores pueden magnetizar las materias de espíritus de más elevación que ellos? ¿Pueden como creen traer y llevar a los espíritus más elevados que ellos, siendo libres? No, es preciso para que un espíritu sea obediente al magnetizador que sea de menos elevación y si alguna vez se presentan espíritus elevados es por amor y caridad a los que los llaman sin saber ni comprender lo que se hacen. ¿No han comprendido los magnetizadores el por qué muchos instrumentos son maltratados en reuniones donde no se comprende el lenguaje espiritual o la meditación siquiera? ¡Pobres hermanos que validos de una facultad que sólo les sirve para manifestar su vanidad orgullosa no procuran reconocer el poder del verdadero magnetizador. ¿Qué es el hombre comparado con el espíritu de la escala Mayor y Superior? Si sabe cumplir fielmente su deber será un instrumento de ellos, mas sino cumple será juguete en un todo, pues nada más se ganó en justicia.
Todos los guías protectores desean adelantar en la carrera, y para poder cumplir la ley de caridad necesitan ser comprendidos material o espiritualmente, y hallándose la humanidad en tanto atraso les es preciso hablar por medio del instrumento material. Cuando sus protegidos se lo prestan voluntariamente, lo aceptan con agrado, y más si es fiel; esto lo saben muchos instrumentos, y algunos conocemos que se han enorgullecido hasta el punto de sobreponerse a los espíritus que cuando los han querido usar se han hecho los necesarios; pero, ¿qué fruto han conseguido?, que cuando han invocado y preguntado cosas que eran de su agrado les han negado la contestación o contestado a gusto del que pregunta, mas no la verdad, como al que cumple y se presta humilde y sumiso; de este modo y halagando las materias de los que no cumplen como fieles instrumentos los entretienen sin que se den cuenta ellos mismos, hasta que reciben los desengaños tan grandes como merecidos. Los espíritus no desean de los instrumentos más que voluntad y fidelidad para hacer de ellos el uso que crean necesario para llegar a los fines que se proponen, pero cuando no cumplen así imitan a nuestros músicos que arrinconan el instrumento que no les sirve.
Hemos visto en nuestras sesiones que cuando algunos espíritus han dejado el instrumento, hermanos materiales se han adelantado a quitar fluido al instrumento y preguntado por qué obraban de tal manera nos han contestado: "Porque en tal o cual reunión se obra del mismo modo". Preguntados si ellos tenían más poder que el que los había dejado, no han sabido contestarnos. ¿Por qué? Porque no conociendo la elevación del espíritu mal podían conocer la que ellos mismos ocupaban; mas tarde los mismos hermanos han reconocido que el verdadero magnetizador del instrumento es el espíritu que lo ocupa, y que el instrumento, desde el punto que siente el fluido por los síntomas, de peso en la frente, golpecitos en la cabeza o algún otro que muchos espíritus dan a sus instrumentos predilectos, debe elevar el pensamiento a Dios y hablar cuanto su lengua quiera decir; mas en tanto tiempo, esta clase de personas, deben meditar mucho y cumplir con exactitud el lema de amor y caridad en general, único medio para que consigan gran adelanto en la carrera espiritual. Pero, ¿cómo podrán cumplir este lema los que no se entregan cuando sienten la concentración, porque dicen, a su parecer, no es el espíritu de tanta elevación como ellos desean. Todos cuantos estén en la reunión pueden comprender la elevación del espíritu menos el concentrado, por cuanto ellos tienen el camino libre para dirigir su pensamiento al Padre, preguntando si es ignorante, prófugo, Instructor, Mayor o Superior; pero el concentrado no se halla en igual caso, y por más que le deje el espíritu en su intuición el grado y hasta el nombre que llevó en materia, nada puede sacar en limpio hasta quedar libre de su influencia.
Cuando los instrumentos se desarrollan por propia voluntad se hallan en estado de usar todas las facultades, como si no tuvieran tal concentración, al menos que, como generalmente sucede, se le cierren los ojos, para que, no viendo, no le distraiga lo material su pensamiento de lo elevado y pueda el espíritu funcionar con más libertad, pues con seguridad que hallarán poca o ninguna diferencia los físicos en el pulso del concentrado y del que no lo está. Al contrario del magnetizado por los hombres, ¿por qué esta diferencia?, preguntaréis, porque en el instrumento forzado se separa el espíritu propio de su materia y queda ésta a voluntad del que la quiera ocupar; pero en el voluntario no se va, sino que se funden los dos, el propio con el libre de donde dimana que, por elevado que sea el libre, no puede explicarse a su placer si el de la materia no tiene cierta elevación para acompañarlo; así pues, muchas veces sucede que espíritus de gran elevación toman instrumentos que son poco instruidos en la parte material y dicen palabras tan elevadas como difíciles de comprender para muchos que las oyen, y nos hallamos con otros de gran instrucción material, que sus comunicaciones gustan a los materiales por su expresión correcta, sus maneras de decir, etc.; mas si buscamos el estudio elevado en ellas encontramos que cualquier espíritu Instructor da más producto. He aquí unas de las causas del porqué los espiritistas que no estudian por sí mismos podrá ser su adelanto en la comprensión elevada, muy limitada, además que las materias no están siempre predispuestas a la misma fidelidad, porque la más pequeña pasión o rencor hacia alguno de sus hermanos los hace no ser tan fieles como es de desear; por esta razón doy la preferencia al instrumento escritor para ser fiel. Y ya he dicho, el que los instrumentos hablen con los ojos abiertos o cerrados sólo tiene por objeto no distraerse con las cosas materiales, luego ya se comprenderá que todo instrumento está concentrado siempre que lo elevado necesita hablar y el ser más o menos feliz en las discusiones que entable consiste en el buen desempeño de un cargo.

XIX
CURANDEROS MATERIALES

Muchos hermanos creyendo que el verdadero espiritista tiene la facultad de curar las materias se nos han acercado, consultándonos sobre algunas enfermedades, ofreciéndonos, además, gratificación, mas nosotros contestamos que, el verdadero espiritista debe obrar caridad en todo y no faltar a ella nunca a sabiendas.
El verdadero espiritista debe dar gratis lo que gratuitamente recibe, y nosotros siguiendo al Gran Maestro queremos imitarlo en cuanto podamos. Él curaba a los mancos, ciegos, etc.; pero no materiales sino espirituales, y si alguna vez lo hizo con las materias fue: 1º Cuando las ciencias materiales eran deficientes, y 2º, cuando los enfermos no tenían dinero para pagar al médico. Pero siempre después de consultar con el guía protector del enfermo y saber si convenía obrar o no, además, para tales curaciones no necesitaba ver ni tocar la materia enferma, pues le bastaba pedir a los que disponían de los artefactos que los usaran de distinto modo para que las curas fueran verdaderas. De este modo obraba la caridad material, sin faltar a ninguno de sus hermanos materiales ni espirituales.
Compréndase, como ya hemos dicho, que los guías protectores tienen los artefactos a su disposición para pulimentar el espíritu y si obramos los espiritistas en las materias enfermas por ellos, rechazamos su trabajo (haciéndolo sin su consentimiento), además, hermanos nuestros son los médicos, que para comer el pan, con el sudor de su rostro, estudiaron una carrera como otros aprenden un oficio; así, pues, vengan a mí los enfermos espirituales y les daré el bálsamo regenerador que recibí al mismo precio, con la seguridad que si saben usarlo estarán sanos tan pronto como sea su voluntad, y acudan las materias enfermas a los médicos materiales con fe y constancia, que ellos les darán, también, lo que pertenece a su clase, pues debemos dar a Dios y al César lo que a cada uno corresponde.

XX
MANIFESTACIONES DE LOS ESPÍRITUS

Varios espiritistas han dado reglas para conocer a los espíritus por medio de sus manifestaciones, pero esos hermanos han sufrido una equivocación, por cuando los espíritus no están sujetos a fórmula alguna para manifestarse a los materiales; son libres y como tales obran según lo creen conveniente para conseguir el objeto que se proponen (sobre todo los elevados). Si los espíritus estuvieran sujetos a reglas materiales todos esperaríamos a que las cumplieran para meditar, y el premio que nosotros recibimos lo gozarían ellos, puesto que Dios es justo; pero como para conocerlos y comprenderlos necesitamos meditar, y ellos desean que seamos ricos en lo espiritual, de aquí que se nos presentan de diferentes maneras y formas, para que nosotros acudamos al Padre por medio de la meditación para no ser engañados. ¿Acaso nuestros niños materiales cuando son engañados o maltratados por hermanos mayores (también materiales) no acuden al padre material en queja del engaño o maltrato que recibieron? ¿Y qué padre no atiende a sus hijos cuando se quejan en justicia? Pues si estos niños son atendidos por sus padres materiales, ¿cómo hemos de ser desatendidos los que acudimos al Padre espiritual para conocer a nuestros hermanos espíritus y no ser engañados por ellos? El Padre, que es todo amor, caridad, bondad y misericordia nos atiende siempre con su ley de justicia. ¿Acaso el material, cuando los pequeñuelos acuden en queja del castigo que recibieron de sus mayores, deja de aprobarlo si comprende que se lo merecieron? ¡Cuántas veces aprueba el castigo despreciando la queja y él mismo impone otro! Pues téngase presente que tienen relación íntima ciertas cosas materiales y las que tratamos; así, pues, nos limitaremos a decir algunos casos de los que hemos observado, tanto en nuestros estudios como en nuestras sesiones de instrucción y en algunas otras que hemos visto. Pero nos guardaremos bien de dar reglas ni proponer fórmulas, pues ya hemos dicho que gozan de libertad; son espíritus y las fórmulas y reglas son materia.
Observación 1ª —El lector habrá visto que mis primeros conocimientos en el espiritismo principiaron en Marzo de 1880, y que a los materiales no les debo más que las dos primeras preparaciones, pues la tercera ya la recibí del instructor espiritual.
La primera comunicación que recibí fue por escrito, en la cual se me trató con las palabras más indecentes e indecorosas que caben en el vocabulario español. Me hallaba materialmente solo, y cuando el espíritu me dejó, tomé el partido de consultarlo con mi guía material, y lo verifiqué el día siguiente. Cuando aquél vio el escrito, me habló de esta manera: —Es un espíritu ligero y si pronto no lo apartas de ti, andarás mal. —¿No hay algún medio para ello?, le pregunté, y me contestó. —No hay otro que dejar de escribir, o pedir a Dios que lo separe. Me retiré a mi casa y cuando quedé solo (trabajaba a solas por temor al escándalo, pues mi esposa era católica), invoqué y obtuve esta comunicación: "Has vencido la primera prueba; sigue con valor, que pronto sabrás conocer a los espíritus, y obrarás caridad, al que te dio la comunicación que guardas". Tres días más tarde obtuve comunicación, sirviendo de instrumento parlante, mi guía material; las primeras palabras fueron instrucciones para todos, y se me preparó para la videncia; siguiendo luego las instrucciones, para que pudiera conocer a los espíritus, de este modo: "Cuando sientas fluido, pide al espíritu el lema espiritual; si es elevado, te escribirá lo siguiente: Dios es amor, paz, caridad, bondad, misericordia y justicia. Entonces debes y puedes seguir la comunicación, preguntando siempre por lo elevado, y pronto podrás ser sabio en verdad, mas si preguntas por lo material, te engañarán muchas veces, y si no preguntas, se te dirá por añadidura. Deja las lecturas y reuniones hasta que hayas estudiado por ti mismo, pues te daremos educación especial, cual no la tuvo ningún espiritista; cuando hayas estudiado por ti mismo comprenderás los errores que otros cometieron, porque no les fue dado comprenderlos. En la primera comunicación llevaste la primera prueba, la resististe con valor y pronto tendrás preso al que te la dio; os conocisteis en materia, te perseguía y permití viniera a ti para que aprendas a obrar caridad con los necesitados; volverá pronto, porque son grandes sus deseos de venganza; pero no temas, porque como ignorante ningún poder tiene para con los materiales, mientras vosotros no queráis dejar a vuestros guías protectores. Atiende bien, no te quede duda en cuanto te digo; cuando se te presente un hermano y no te dé el lema que te he enseñado, ponlo preso en nombre de Dios, invoca siempre, y no lo sueltes hasta que haya escrito el lema que tú le enseñarás y escriba el nombre que llevó en materia; entonces me llamas, yo acudiré y me lo llevaré al mundo de los espíritus para que estudie. Gran contento fue para mí tal comunicación, y seguí estudiando con fe; ocho días más tarde volví a tener comunicación parlante por el mismo instrumento, pero cuando la familia del instrumento y la mía se hallaban reunidas, esperando la palabra del espíritu, los mandó retirar a todos, diciendo: "Sólo el hermano Pedro debe quedar, para él vengo; luego entraréis todos" entonces supe la misión que debía cumplir aquel instrumento, y me encargó que procurara no dejara de cumplir tratándolo como uno de mis hijos.
Acepté el encargo, y di el primer paso, según me había encargado, pues se proponía dejar la doctrina; quince días más tarde supimos las dos familias (sirviendo él mismo de instrumento) que de cuanto me prometió, nada había cumplido, pues había dejado las doctrinas y, por consiguiente, las misiones que él debía cumplir quedaban a mi cargo.
Contesté que me era imposible, por cuanto con mis conocimientos, tanto materiales como espirituales, no podía cumplir tal encargo. (Éste era el presente libro).
—¿Es tu voluntad?, me preguntó. —Sí, contesté, mas no mis fuerzas, por falta de conocimientos materiales y espirituales, si no me ayudáis los invisibles. —Los invisibles sólo necesitamos un instrumento que tenga valor para resistir los combates materiales con resignación y nos comprenda; esto lo hallamos en ti; si tu voluntad es aceptarlo, los trabajos son de cuenta nuestra; además yo tengo un libro en la mano, lo abro, y en la primera página leo el nombre del instrumento que ocupo, lo cierro y lo vuelvo abrir, y encuentro borrado el nombre, doy vuelta a la hoja, y hallo el tuyo; ¿quién será el destinado? —Entonces acepté y juré cumplir como fiel instrumento, por lo cual me propuse estudiar cuanto me fuere posible a la par que cumplir del mismo modo el lema de la encomienda. Pruebas me han dado de amor, para que tenga valor en todos los acontecimientos que puedan sobrevenir, pero también me han probado, y siguen probándome para que en todo tiempo esté alerta y que mis enemigos (el orgullo y egoísmo, pues no hay otros), no me venzan.
Constantemente seguí estudiando lo elevado, y cuando ha convenido lo material, me han demostrado el camino que debía seguir; cuando lo creyeron conveniente, no faltó ocasión para que comprobara mis estudios con los de otros espiritistas en casa de mi pobre guía material (a quien me fue forzoso dejar). Creídos algunos hermanos materiales de darme gran lección, a su manera, me invitaron a presenciar una curación; cuando nos hallábamos reunidas seis personas, llegó el curandero, y pronto empezó a hacer pases a la enferma sobre la cabeza para magnetizarla; pronto empezó ésta a reírse y a despreciar al magnetizador diciendo que acabaría con la materia, que saldría por el costado para destrozarla, le rogaban que no hiciera tal, contestaba que si no le saltaría los ojos, la frente, etc., y por fin, cedió a salir por los pies, quedando la enferma de la misma manera que antes de ser magnetizada.
Por mi parte probé al espíritu y comprendí que era de gran elevación, me hallaba en el puesto más retirado de la habitación, y cuando observé que tanto se apuraban todos por temor de que el espíritu maltratara la materia, me levanté de mi asiento con objeto de aconsejarlos que dejasen en paz a la enferma, y oí esta palabra: "Calla", conocí que quien me había hablado era mi guía y obedecí; más tarde se me aconsejó que por espacio de algún tiempo nada dijera de cuanto había comprendido, hasta que ellos obrasen, pues que convenía quitarles los pocos conocimientos espirituales que tenían, pues sólo los usaban, por egoísmo unos, por orgullo y vanidad otros, y la enfermedad era herpética material interna pero leve, dada por él mismo para que la enferma se acostumbrara a meditar, y esperaba conseguirlo por este medio, y que su deber como el mío era socorrer a los espíritus, que son nuestros verdaderos hermanos, no a las materias que son las que les impiden que puedan salir del destierro.
Observación 2ª, El prófugo. —Cuando mis instructores comprendieron que yo debía tomar alguna instrucción por mí solo, me permitieron leer algunas obras. Hallándome un día con una obra espiritista en las manos observé que la primera bienaventuranza había sido torcidamente comprendida por muchos; invoqué al hermano cuyo título llevaba el escrito, después de preguntar a mi Instructor, y no se hizo esperar; le pregunté si consentía que deshiciera aquel y otros errores que hallaba en sus obras, y me contestó: —Consiento pero no te lo permito. —¿Cómo debo comprender tu contestación? le pregunté. —Hermano Pedro, me contestó, tú quieres que todos comprendan el espiritismo como tú, y eso no lo conseguirás, sigue la hipocresía y harás muchos espiritistas, como yo hice, pero siguiendo la marcha que te has propuesto harás muy pocos. —Cuanto me aconsejas, espíritu, está fuera del amor y caridad que debemos a nuestros hermanos, por tanto no puedo aceptarlo. Lo probé y comprendí que tenía luz, por lo cual lo dejé en libertad. Pronto se presentó mi Instructor reprendiéndome porque no lo puse preso, contesté que había comprendido que tenía luz, y lo había respetado, mas él me contestó: —Sí, tiene luz pero es prófugo. —Pregunté si lo llamaría otra vez, y me contestó: —Déjalo hasta que él vuelva. En efecto, algún tiempo después se presentó acompañado de mi instructor, y me pidió que me encargara de deshacer los errores que él había dejado escritos, pues yo había comprendido en poco tiempo lo que él no había comprendido en mucho; que recopiló de buena fe, cuanto le había sido dado recoger, y que le permitiera quedar en libertad, para deshacer cuantos errores pudiera, antes de volver a reencarnar, que sería visible para muchos cuando fuere necesario, y que, después de haber cumplido de este modo, me pediría ayuda para marchar al mundo de los espíritus; varias veces se ha presentado ya, y ha sido rechazado por los que dicen adorarle, ¡y se titulan sus discípulos! mas espero que llegarán a comprenderlo, aunque tarde para muchos.
Observación 3ª, Espíritus de padecimiento. —A primeros de Diciembre de 1882, estaba en casa de un hermano hablando sobre la doctrina, y cuando discutíamos amigablemente se presentaron dos instrumentos acompañados de otros hermanos que habían sido (según luego comprendí) avisados para la reunión que había de tener lugar. Un instrumento se concentró y habló de los cometas, diciendo que son una chispa de luz del Padre Creador. Fue esto muy agradable para mí, puesto que pocos días antes había recibido una lección de astronomía espiritual; pero hallándome entre hermanos materiales que se complacían en decir que me hallaba obsesado, tomé el partido de callar en vez de discutir; pero pronto conocí mi falta, pues habiéndose concentrado otra vez en el mismo instrumento, el mismo espíritu me trató de animal, burro, etc., y cogiendo objetos que a mano del instrumento se hallaban, empezó a arrojarlos sobre mi materia desesperadamente. Como se quejaban de padecer frío, los allí reunidos, creyeron que era un espíritu ignorante, y procuraron hacerle caridad, de la manera que sabían; pero el espíritu supo engañarlos tan bien, que pronto, llorando el instrumento, dijo que buscaba a su familia, y por fin, golpeando el instrumento con su propia cabeza en donde podía, se fue el espíritu dejando maltratada y dolorida la materia del instrumento.
Enseguida habló otro instrumento sobre cosas frívolas, pero agradables para los allí reunidos, por no estar acostumbrados a comunicaciones elevadas, y habiendo dicho si queríamos interrogarle le pregunté, porque el hermano anterior había proferido aquellas palabras que yo admitía como prueba mas no como instrucción; a lo que contestó: —¿Qué dudas puedes tener, que sea para probarte? ¿Crees que estos hermanos no sufren pruebas también? ¿Cómo te acostumbrarías a la discusión si los espíritus no discutiéramos contigo? ¿No sabes que tienes que discutir mucho y los materiales no quieren discutir contigo? Prepárate, pues, que ya es tiempo que empieces; sin embargo, cuando concluyó la reunión observé que los hermanos materiales allí reunidos ningún fruto habían recogido de todo cuanto los espíritus habían hablado, pues todo lo habían comprendido puramente material y a su manera.
Al siguiente día escribí al presidente material suplicándole que, en caso de continuar las sesiones y permitírseme asistir a alguna, abriría discusión con los espíritus que se presentaran y comprendería que, todo cuanto había pasado la noche anterior, había sido causa el no haber yo discutido o al menos tomado la palabra cuando el espíritu me buscó sobre los cometas; concedida me fue la petición para el 26 del mismo Diciembre, a las tres de la tarde.
Sesión del día 26 de Diciembre de 1882. Los concurrentes a ella de 16 a 20 personas. Pronto un instrumento se halló ocupado, y dio muchas noticias astronómicas; cuando hubo terminado su peroración le rogué que nos hablara algo espiritual, pues que todo cuanto nos había dicho era puramente material, que dejara tales instrucciones para los materiales, pues nosotros no nos habíamos reunido allí para tal cosa, sino para recibir instrucciones espirituales; me contestó que por aquel día bastaba aquello, otro día nos daría lo que le pedía y se retiró.
Pronto el mismo instrumento hablo de esta manera:
—Espíritu: Estoy aquí, Presidente.
—Presidente: ¿Qué quieres?
—E. Contigo nada.
—P. ¿Con quién quieres?
—E. Con ese zopenco que está a tu lado.
—P. A ese hermano déjalo en paz ya que nada te dice.
—E. (Dándole la espalda del instrumento al Presidente). Nada quiero contigo, soy muy feliz, pero estos hábitos no son míos... ¿dónde estoy?... ¡ah! ya; estoy... estoy entre sabios burros, que buscan a Dios en las ciencias, y Dios no existe.
—P. (y otro hermano llamado M. a un mismo tiempo): Espíritu, todos cuantos aquí nos hallamos reunidos, protestamos de tus palabras.
—E. Sí; tu estudias para hallar a Dios en ellas, pero estudias para burro, porque no hay más Dios que el dinero, las mujeres y el buen vino. (Todo esto dijo acompañando gestos, que entre materiales llamamos indecorosos), por lo cual el Presidente lo amonestó porque en la reunión había señoras, a lo que contestó el Espíritu: Sí, señoras que en otro tiempo fueron caballeros, y sobre todo que no he venido aquí por ti.
—P. ¿Por quién has venido?.
—E. Por ese zopenco que tan callado está a tu lado.
—P. Hermano Pedro, por usted ha venido, háblele usted.
—Pedro. ¿Es conmigo con quien quieres hablar, espíritu?.
—E. Sí, hombre, sí, contigo que estás tan callado como un zopenco, pero... también ¿qué harás, si estás hecho espíritu en materia? Solo te faltan unos cilicios y un Santo Cristo para ser beato completo... cuéntame algo de esos espacios que tanto has recorrido, pero... soy tan feo, que tendrás a menos el hablar conmigo.
—Pedro. No, no eres feo ni lo fuiste en materia, puesto que entonces eras lo que se llama un buen mozo, y hoy en espíritu eres más hermoso todavía.
—E. ¡Qué! ¿Me conoces?.
—Pedro. Sí.
—E. Es claro, me conociste en el pozo; como que tú eras cangrejo.
—Pedro. Algunos baldes de agua tenemos sacado juntos, y pescábamos cangrejos también, me comería alguno ahora si lo tuviera.
—E. Pues yo si pudiera me comería... a ti.
—Pedro. Favor que me harías, porque comerías mi materia y yo quedaría libre.
—E. ¡Qué ganas tienes de quedar libre! porque no sabes que la gloria sólo consiste en el vino, el dinero y las mujeres, ¿quieres dinero y tendrás lo demás?.
—Pedro. No.
—E. Soy tan feo que ni dinero quieres de mí, pero mira, cuando vuelva a reencarnar seré mujer a ver si te enamoras de mí, pero... entonces tú serás burro, porque al reencarnar de nuevo yo seré mujer y tú burro.
—Pedro. No será así, porque enamorado de ti, ya lo estoy, y en cuanto a reencarnar, ya soy bastante burro de carga, y no espero volver a serlo.
—E. ¿Sabes que no volverás a reencarnar más en la tierra?.
—Pedro. Pondré los medios para no volver, y además, tú y otros hermanos me ayudaréis para que no vuelva.
—E. Tienes razón; más, mucho más que yo subirás; pero, ¿qué hacer? todos llegaremos, más tarde o más temprano, pero... tú estás enamorado de mí, ¿me conoces?.
—Pedro. Sí.
—E. ¿Cómo me llamo?.
—Pedro. Cuando estabas en materia empezaba tu nombre por una S.
—E. ¿Y qué letras más le seguían, picarón?.
—Pedro. Las demás me las callo.
—E. Creí que las ibas a decir.
—Pedro. ¿Quieres hacerme un favor?.
—E. Di, ¿qué quieres?.
—Pedro. Quiero decirte que basta ya de comedia y te pido por favor nos hables algo elevado, de lo mucho que sabes, y que algo me has enseñado a mí. ¿Lo harás?.
—E. Si el Padre me lo permite.
—Pedro. Sí; el Padre te permite todo lo que tú quieras decir para ilustrar a estos hermanos, que te han tomado por muy ignorante.
—E. Puesto que el Padre lo permite, ¿quieres que te eche un sermón?.
—Pedro. Sea como gustes, siempre que sea filosófico y elevado pero no sermón como los que oíamos en la iglesia.
—E. Pues bien, voy a hablaros de filosofía.
Cuando el Espíritu se disponía a hablar, trató el Presidente de sacarlo del instrumento, para lo cual probó de cogerle los pulgares de la mano de éste, pero en el mismo instante, otro instrumento que se hallaba concentrado, dijo estas palabras, acompañadas de una fuerte carcajada: "Orgulloso, ¿has creído en tu orgullo, que tienes bastante para sacarlo?, se irá cuando él quiera o se lo mande el Padre, que es el único que le puede echar". El Presidente, se quedó pálido sin saber lo que le pasaba, y el nuevo instrumento, dijo: "Vaya, espíritu, formalidad y a cumplir lo que has prometido, y sino, lo cumplo yo"; y dirigiéndose a Pedro, dijo: "Hermano, ¿qué deseas de este espíritu?". Pedro: Deseo que diga algo elevado, para que, los aquí reunidos, comprendan que el fanatismo los tiene estacionados, y comprendan también, que no hay espíritus obsesores más que para los que quieran ser obsesados; me tomasteis por instrumento para que lo explicara y me comprendieran, pues que como ellos, estoy en materia y como no quieren entenderme pido vuestro auxilio, para que unidos podamos practicar caridad al género humano.
—E. Tienes razón, y el hermano hablará.
En efecto, el espíritu que tantos disparates nos había dicho, empezó de esta manera: "Los espíritus cuando dejan la materia, están más o menos tiempo en turbación; digo tiempo, para que lo comprendáis mejor, no porque el tiempo se conozca entre los espíritus. Ellos se van elevando más o menos, según el peso que tienen, o sea, la parte material que les acompaña". Al llegar aquí, dijo el instrumento dirigiéndose al Presidente: "Tómalo, por tonto, orgulloso"
El Presidente pregunta: ¿Por qué siendo espíritus elevados se presentan de aquella manera?
—E. Para fastidiarte y matar tu orgullo; para que hubiera discusión, puesto que tú no la quieres. ¿Cómo comprenderéis la luz? ¿Por qué no discutís? ¿Qué adelantan los espíritus con venir a ilustraros, si no los comprendéis, porque vuestro orgullo no os deja?
Y, en fin, querido lector, con la comedia y borrasca que te explico, se fueron los invisibles dejando mal heridos a algunos de los materiales en su parte orgullosa. Visité a aquellos materiales ocho días después; prometieron avisarme para que tuviéramos sesiones de instrucción; el aviso no ha venido ni lo espero; aquellos hermanos dicen que estoy obsesado; y como mi deber es enseñar al que, voluntariamente quiera aprender, me abstengo de visitarlos, por no privarles del libre albedrío. No digo los nombres ni el sitio donde sucedió esto, porque debo decir la verdad sin faltar a la caridad; mas no sería extraño que si algunos leen esto y su razón se lo permite, certifiquen con su firma, la verdad del hecho. Te he señalado el día de tan feliz descubrimiento, y sólo añadiré, que todos mis estudios y experiencias son hechos en Barcelona, para que comprendas que donde florecen las grandes obras materiales, tampoco escasean las espirituales.

XXI
JESÚS, LLAMADO EL CRISTO, ES EL LAZO DE AMOR QUE UNIRÁ A LA HUMANIDAD

Ya veis, queridos hermanos de todas las religiones, lo que me ha sido dado, ver, oír y comprender de ultratumba cumpliendo la encomienda del Padre Espiritual lo mejor que puedo y obedeciendo a mis Instructores, Profesores y Maestros. Como al empezar mis estudios prometí dar gratis lo que gratuitamente recibiera, doy este opúsculo a luz para aquellos que quieran leerlo, pues comprendo que a quien tiene libre albedrío para nada se le debe forzar en las cuestiones que se llaman de conciencia. Pero también es mi deber recordaros que el Cristo fue el lazo de amor para la humanidad y sigue siéndolo hasta que consiga la regeneración. ¿No os prometió volver? (Juan, cap. 14, v. 25, 26; cap. 15, v. 26, 27; cap. 16, v. 12, 14). ¿No dijeron los espíritus en 1861 que el nuevo Mesías ha nacido ya o crece en la ignorancia y se dará a conocer cuando esté en disposición de reunir todas las doctrinas y religiones en una sola? ¿Dónde estará aquel niño? (=10=) ¿Cuál será la religión que podrá presentaros para que toda la humanidad pueda aceptarla? La misma que os presentó Jesús, la encomienda divina. ¿Dónde hallaréis otra más corta de palabras, ni que pueda haceros más felices? ¿Dónde hallar cosa más digna que tratar a nuestros semejantes del mismo modo que queramos ser tratados? Meditad y buscad mucho antes que la aceptéis y comprenderéis con vuestra razón qué Dios podéis aceptar si el vengativo que algunos presentan o el justiciero que os enseño; pero os suplico que os respetéis mutuamente para que seáis respetados, no hagáis como los fanáticos, que su orgullo los hace intolerantes. Mirad a Cristo e imitadlo, sed cristianos en verdad y habremos dado el gran paso. Sus doctrinas y cómo las practicó ya es sabido, mas también debo decir que no todos los que se titulan Cristianos lo son, como sucede con los que se titulan Deístas y Espiritistas.

XXII
DEÍSTAS

Deístas son los que comprenden los atributos de Dios y obedecen las leyes por Él dadas.
No debemos olvidar nunca que Dios por su ley de amor nos crea para tener con quien comunicarse y es visible para todos los seres humanos. —Por bondad y misericordia nos da el libre albedrío para volver a su lado cuando sea nuestra voluntad (=11=); por caridad concede que nuestros hermanos nos instruyan en su mandato; por la ley de justicia lo vemos, lo comprendemos y llegamos a Él los que cumplimos, mas no podemos conocerlo ni comprenderlo los que no obedecemos y mucho menos llegar a su lado; así se debe comprender la palabra Deísta.

XXIII
CRISTIANOS

Para poderse dar el título de cristiano es preciso comprender y practicar la ley divina, como Cristo la enseñó y practicó. No es cristiano el que no practica en toda su pureza la doctrina de Aquél.
Muchos son los que a su modo se creen serlo y se apoyan para probarlo en ciertos textos que llaman Sagrados, negando la comunicación de los espíritus libres con los encarnados; mas yo les voy a probar a tales hermanos, con sus mismo libros, que negando la comunicación niegan a Dios en su ley de amor y justicia y al mismo Cristo, a quien también hacen Dios.
1º Dios no tendría el atributo de amor sino fuera visible y se comunicara con todos sus hijos, por más que sean desterrados, si éstos cumplen su mandato, como no sería justicia si comprendieran su lenguaje los mismo lo que cumplen que los que no.
2º Niegan a Cristo como niegan a todas las personas sagradas que citan en sus evangelios, puesto que en ellos se dice, que María, madre de Jesús, habló con el ángel, lo mismo que José, su esposo, algunas veces; que los reyes tuvieron aviso y la estrella los guió hasta donde había nacido Jesús, que Éste habló más espiritual que materialmente y que el espíritu habló con Él en presencia de algunos de sus Apóstoles.
Que María de Magdal y la otra María vieron a Jesús después de muerto, como lo vieron también los Apóstoles, en figura humana, y que éstos hablaron luego porque el espíritu hablaba en ellos. Que Pablo, habiendo sido el más encarnizado enemigo de la doctrina de Jesús, lo vio y que su figura era la imagen de Dios.
¿Podréis negar estas palabras de vuestros evangelios? No, porque son los cimientos de vuestro edificio y al negarlos lo echáis por tierra, pero tened presente que si no los negáis y negáis que los demás hombres puedan también tener revelaciones, negáis al Ser Supremo Universal, tened presente que Juan en el cap. 4 vers. 24 dice: que Dios es espíritu y es menester que aquéllos que lo adoren lo hagan en espíritu y en verdad, y Ezequiel en el capítulo 39, 29 dice: y no esconderé mi rostro de ellos porque he derramado mi Espíritu sobre toda la casa de Israel, dice el Señor.

ÚLTIMO
A LOS DEÍSTAS, CRISTIANOS Y ESPIRITISTAS

Para poderse dar el título de cristiano espiritista es preciso comprender lo que hemos dicho de los Deístas y Cristianos, además comprender el lenguaje espiritual y a los espíritus. Hay, no obstante, quien se titula espiritista Racionalista, pero que no tienen fe en las comunicaciones con los espíritus, y pregunto yo: ¿Si vuestra razón es bastante para comprender lo elevado, para qué llamáis a los espíritus? ¿Es para que os diviertan y halaguen vuestra materia? Sin duda alguna, y como ignoráis que su misión es guiaros en lo espiritual, tomáis por espíritus malos a vuestros guías protectores cuando sus instrucciones no os complacen materialmente; por esto os digo que, para obrar de tal modo, no debéis titularos espiritistas, ni llamar burlones a los espíritus, ¡os cuadra mejor el título de burlones y burlados por holgazanería! —¿No sabéis el precepto de, comerás el pan con el sudor de tu rostro? ¿Cómo, pues, pretendéis ser sabios sin estudiar? ¿Y si estudiáis y no tenéis fe, en pretender lo que os enseñan vuestros Profesores, qué podéis esperar? ¿Qué hacen los Profesores materiales con sus discípulos cuando éstos no ponen el cuidado debido? ¿Creéis vosotros ser más que niños (y en mayoría incorregibles), comparados con vuestros instructores y profesores? No, y no podéis ser otra cosa mientras sostengáis que los espíritus ignorantes tengan facultad alguna para con los encarnados, pues en ello negáis la justicia divina, ¿por qué no reconocéis que vuestro orgullo es el que no os deja comprender más? ¡Oh, Kardec, si los que te llaman su Maestro comprendieran cuánto hacen retrasar tu Reencarnación en este mundo Tierra, tal vez dieran un paso más hacia el progreso; pero a tal punto ha llegado la holgazanería en ellos que no procuran por sí mismos, ni siquiera meditar, para comprender lo que tú recopilaste! Descansa, te ofrecí aclarar los errores que tú pudiste cometer al recopilar comunicaciones que, malos intérpretes, habían transmitido, y creo haberlo cumplido en esta pequeña obra.
¡Descansad!, pues, queridos hermanos, que en mis hombros dejasteis mucha parte de vuestra carga, yo os doy gracias por vuestra ayuda, como a mis Instructores, Profesores y Maestros por su dirección y valor, cual al Padre pedí al empezarla...
Mas no me es posible cerrar estas páginas sin recomendar tanto a los Deístas y Cristianos como Espiritistas, que mediten y comprendan su verdadero estado espiritual; tened en cuenta que no se puede servir a dos señores a un mismo tiempo, pero podréis servir a la verdad y a la felicidad, no dando a vuestros hermanos lo que no queráis para vosotros y haciendo con ellos lo que quisierais que harían con vosotros. He dicho que podéis servir a la felicidad, porque seréis tan felices como no podéis imaginaros, pues portándoos así, cumplís la encomienda divina y recordada por nuestro hermano Jesús, imitadlo, pues, que él os enseñó el camino de la Luz y de la única verdad. Jesús, como hombre, ejemplos dio de amor, paz y caridad con todos sus semejantes. El Sol lo mismo presta su luz y calor al rey, que al último vasallo; lo mismo al Papa, que al barrendero; lo mismo a la dama delicada, que a la negra esclava. ¿Qué mayor ejemplo queréis? ¿Por qué, todos los hermanos, no habéis de conocer esa Luz, esa verdad?
Jesús es el lazo de amor entre los desterrados, porque enseñó a todos por igual la manera de amarse en verdad; seguid, pues, su doctrina uniéndoos todos bajo la bandera de amor, paz y caridad, uníos todos, ya que en el lazo de amor cabe lo mismo el rey que el vasallo, el señor que el esclavo, el blanco que el negro; ¡sólo tres no tienen cabida!, el orgulloso, el egoísta y el vanidoso. Estos tres no pueden caber en el lazo del amor universal y como cizaña serán separados del buen grano y llevados al nuevo destierro, en el cual serán pulimentados, ya que es el taller para los triple rebeldes.

Una súplica a los Masones y a la casa de Roma para concluir

Masones, queridos hermanos, que por tantos siglos habéis sido martirizados por conservar la luz que otros se empeñaban en apagar; sed generosos con los que tanto os persiguieron descubriendo ese ojo de la justicia a toda la humanidad sin distinción, pues si grandes méritos habéis ganado en la conservación, cuando el progreso humano estaba atrasado, hoy podríais perderlos, teniéndolo por más tiempo secreto. LA CABAÑA os abre el camino, y el Padre por su mediación os suplica este cumplimiento.
Y tu, casa Romana, revela la Filosofía verdadera y no la ocultes más, porque si en otro tiempo la guardaste por incomprensible para los hombres, ya ves que aquello pasó y que hoy el hombre comprende que Dios no tiene misterios para los hijos que saben cumplir su encomienda, sólo guarda secretos para los holgazanes, orgullosos y egoístas.
Meditad y comprenderéis el lenguaje espiritual y seréis universales como vuestro Padre Espiritual.

<<Estas cosas os he hablado estando con vosotros. Y el Consolador, el Espíritu Santo que enviará el Padre en mi nombre él os enseñará y os recordará todo aquello que yo os hubiera dicho>> (Juan, XIV, v. 25, 26).
<<Pero cuando viniere el consolador que yo os enviaré del Padre, el Espíritu de Verdad que procede del Padre, él dará testimonio de mí. Y vosotros daréis testimonio, porque estáis conmigo desde el principio>> (Id., XV, 26, 27).
<<Aún tengo que deciros muchas cosas; mas no las podéis llevar ahora. Mas cuando viniere aquel espíritu de Verdad os enseñará toda la verdad, porque no hablará de sí mismo, mas hablará todo lo que oyere y os anunciará las cosas que han de venir. Él me glorificará, porque de lo mío tomará y lo anunciará a vosotros>> (Ídem XVI, 12 a 14).

FIN


APÉNDICE (=12=)
INSTRUCCIONES DE LOS ESPÍRITUS
LOS MESÍAS DEL ESPIRITISMO

1.— Ya se os ha dicho que un día, todas las religiones se confundirán en una misma creencia; voy a deciros cómo sucederá esto. Dios dará cuerpo a algunos Espíritus superiores, que predicarán el Evangelio puro. Vendrá un nuevo Cristo y pondrá término a todos los abusos que hace tanto tiempo duran, y reunirá a los hombres bajo una misma bandera.
El nuevo Mesías ha nacido ya, y él es quien restablecerá el Evangelio de Jesucristo. ¡Gloria a su poder!
No es permitido aún revelar el lugar donde ha nacido; y si alguien viniere a deciros: "Está en tal parte", no lo creáis; porque no lo sabrá nadie, antes de que sea capaz de darse a conocer, y hasta ese tiempo es preciso que se cumplan grandes cosas para que se allane el camino.
Si Dios os deja vivir el tiempo suficiente, oiréis predicar el verdadero Evangelio de Jesucristo por el nuevo misionero de Dios, y se verificará un gran cambio con motivo de las predicaciones de este bendecido niño; al oír su palabra poderosa los hombres de diferentes creencias, se darán la mano.
¡Gloria a ese enviado Divino, que restablecerá las leyes de Cristo, mal comprendidas y mal practicadas! ¡Gloria al Espiritismo que le precede y que esclarece todas estas cosas!
Creed, hermanos míos, que no seréis vosotros solos los que recibáis semejantes comunicaciones; pero guardad ésta en secreto hasta nueva orden —(San José— Sétif. Argelia, 1861).

NOTA.— Esta revelación es una de las primeras de esta clase que se nos han transmitido; pero la precedieron otras. Después se dieron espontáneamente un número muy grande de comunicaciones sobre el mismo asunto, en diferentes centros espiritistas de Francia y del extranjero, conformes todas en el fondo del pensamiento; y como en todas partes comprendieron la necesidad de no divulgarlas, y como ninguna se ha publicado, no pueden ser reflejo las unas de las otras. Este es uno de los ejemplos más notables de simultaneidad y de la concordancia de la enseñanza de los Espíritus, cuando llega el tiempo de hablar sobre un asunto.

2.— Está incontestablemente reconocido que vuestra época es una época de transición y de fermentación general; pero no ha llegado aún a ese grado de madurez que señala la vida de las naciones. Al siglo XX le está reservada la reforma de la humanidad; todas las cosas que se cumplirán de aquí a entonces, no son más que preliminares de la gran renovación. El hombre llamado a consumarla, no está aún en condiciones para cumplir su misión; pero ha nacido ya y su estrella apareció en Francia, señalada con una aureola, y se os ha revelado en África hace poco tiempo. Su camino está trazado con anticipación; la corrupción de las costumbres, las desgracias, consecuencia del desencadenamiento de las pasiones, y la decadencia de la fe religiosa, serán los signos precursores de su advenimiento.
La corrupción en el seno de las religiones, es síntoma de su decadencia, así como de los pueblos y de su régimen político, porque es indicio de falta de verdadera fe; los hombres corrompidos arrastran a la humanidad hacia una pendiente funesta, de la que sólo puede salir por una crisis violenta. Lo mismo sucede con las religiones que sustituyen al culto Divino, el culto del oro y de los honores y que se manifiestan más ávidas de los bienes materiales de la tierra que de los bienes espirituales del cielo. (Fenelón. Constantina, diciembre de 1861).

3.— Cuando debe tener lugar una transformación en la humanidad, Dios envía en misión un Espíritu capaz, tanto por sus pensamientos como por su inteligencia superior, de dominar a sus contemporáneos e imprimir a las generaciones venideras las ideas necesarias para una revolución moral civilizadora.
De vez en cuando, vemos, de este modo elevarse sobre el vulgo, seres que, a manera de faros, guían a los hombres por el camino del progreso, y les hacen recorrer en algunos años las etapas de muchos siglos. La misión de algunos está limitada a una comarca o a una raza; éstos son como oficiales subalternos que cada uno conduce una división del ejército; pero hay otros, cuya misión es la de obrar sobre la humanidad entera, y que sólo aparecen en épocas más raras que señalan la era de las transformaciones generales.
Jesucristo fue un enviado de los excepcionales, de la misma manera que vosotros tendréis, cuando llegue la época, un Espíritu Superior que dirigirá el movimiento de conjunto, y dará una cohesión poderosa a las fuerzas esparcidas del Espiritismo.
Dios sabe modificar oportunamente nuestras leyes y nuestras costumbres, y cuando se presenta un hecho nuevo, esperad y rogad, porque el Eterno no hace nada que no sea arreglado a las leyes de la divina justicia que rigen el universo.
Para vosotros que tenéis fe y que habéis consagrado vuestra vida a la propagación de la idea regeneradora, esto debe ser sencillo y justo; pero sólo Dios conoce al que está prometido; yo me limito a deciros: Esperad y rogad; porque ha llegado el tiempo, y el nuevo Mesías no os hará de faltar; Dios sabrá designarlo a su tiempo, y, además, él mismo se dará a conocer por sus obras.
Vosotros podéis esperar muchas cosas, ya que veis tantas extrañas con relación a las ideas admitidas por la civilización moderna. (Baluze. París, 1882)

4.— He aquí una pregunta que se repite por todas partes: ¿El Mesías anunciado es acaso la misma persona de Cristo?
Al lado de Dios hay innumerables Espíritus que han llegado a lo más alto de la escala de los Espíritus puros, y que han merecido ser iniciados en sus designios para dirigir su ejecución. Dios elige entre ellos a sus enviados superiores encargados de misiones especiales. Podéis llamarlos Cristos; es la misma escuela; y son las mismas ideas modificadas según los tiempos.
No os maravilléis, pues, de todas las comunicaciones que os anuncian la venida de un Espíritu poderoso, bajo el nombre de Cristo; es el pensamiento de Dios revelado a cierta época, y que se trasmite por el grupo de Espíritus superiores que están cerca de Dios, de quien reciben las emanaciones para presidir en lo venidero a los mundos que gravitan en el espacio.
El que murió en la cruz tenía que cumplir una misión, y esta misión hoy se renueva por otros Espíritus de ese grupo divino que vienen, os repito, a presidir los destinos de vuestro mundo.
Si el Mesías de quien hablan esas comunicaciones no es la personalidad de Jesucristo, es el mismo pensamiento. Es el que Jesús anunció cuando dijo: "Yo os enviaré el Espíritu de verdad que debe restablecer todas las cosas"; es decir, para conducir a los hombres a la sana interpretación de sus enseñanzas, porque previó que los hombres se desviarían del camino que les trazó.
Además, era preciso completar lo que entonces no pudo decirles, porque no lo hubieran comprendido. Este es el motivo de que una multitud de Espíritus de todos grados, bajo la dirección del Espíritu de Verdad, han ido a todas las partes del mundo y a todos los pueblos a revelar las leyes del mundo espiritual, cuya enseñanza había aplazado Jesús y por medio del Espiritismo echar los fundamentos del nuevo orden social. Cuando se hayan cimentado todas sus bases entonces vendrá el Mesías que debe coronar el edificio y presidir la reorganización con ayuda de los elementos que se habrán preparado.
Pero no creáis que este Mesías sea solo; habrá muchos que, por la posición que cada uno ocupará en el mundo, abarcarán las grandes partes del orden social: la política, la religión y la legislación, al objeto de que marchen acordes hacia el mismo fin.
Además de los principales Mesías brotarán Espíritus de genio para los pormenores, y que, como subalternos animados de la misma fe y del mismo deseo, obrarán de común acuerdo bajo el impulso del pensamiento superior.
Así es como se establecerá poco a poco la armonía del conjunto; pero es preciso que de antemano se cumplan ciertos acontecimientos. (Lacordaire. París, 1862)

LOS ESPÍRITUS DESIGNADOS

5.— Son muchos los Espíritus superiores que concurrirán poderosamente a la obra reorganizadora, pero no todos son Mesías; es preciso que distingamos:
1º Los Espíritus superiores que obran libremente y por su propia voluntad.
2º Los Espíritus señalados, es decir, designados para una misión importante. Estos tienen la radicación luminosa que es la señal característica de su superioridad. Son elegidos entre los Espíritus capaces de cumplirla; sin embargo, como tienen su libre albedrío pueden desfallecer por falta de valor, de perseverancia o de fe y no están al abrigo de los accidentes que pueden abreviar sus días. Mas como los designios de Dios no están a merced de un hombre, lo que no hace uno, otro es llamado a hacerlo. Por esto son muchos los llamados y pocos los escogidos. ¡Feliz aquel que cumple su misión según las miras de Dios sin desfallecer!
3º Los Mesías, seres superiores que han llegado al más alto grado de la jerarquía celeste, después de haber alcanzado una perfección que les hace para siempre infalibles, y les coloca sobre las debilidades humanas, aún estando encarnados. Admitidos a los consejos del Altísimo, reciben directamente su palabra, que se encargan de transmitir y hacer cumplir. Verdaderos representantes de la divinidad, cuyo pensamiento poseen; de entre ellos, elige Dios sus enviados especiales o sus Mesías para las grandes misiones generales, confiando los detalles de ejecución a otros Espíritus encarnados o desencarnados que obran según sus órdenes y bajo su inspiración.
De estas tres categorías son los espíritus que deben concurrir al grande movimiento regenerador que se opera. (Éxtasis sonambúlico. París, 1866).

6.— Amigos míos, vengo a confirmar la esperanza de los altos destinos que están reservados al Espiritismo. Este glorioso porvenir que os anunciamos se cumplirá por la venida de un Espíritu superior, que reasumirá en la esencia de su perfección todas las doctrinas antiguas y modernas, y que por la autoridad de su palabra conducirá a los hombres a las nuevas creencias. Parecido al sol saliente disipará todas las oscuridades hacinadas sobre la eterna verdad por el fanatismo y la inobservancia de los preceptos de Cristo.
La estrella de la nueva creencia, el Mesías futuro, crece en la oscuridad, pero ya tiemblan sus enemigos y las virtudes del cielo se conmueven.
Vosotros preguntáis si ese nuevo Mesías es la misma persona de Jesús de Nazareth; ¿qué os importa si los dos están animados de un mismo pensamiento?
Las imperfecciones son las que dividen a los Espíritus, mas cuando las perfecciones son iguales, nada les distingue; forman unidades colectivas sin perder su individualidad.
El principio de todas las cosas es oscuro y vulgar; lo pequeño crece; nuestras manifestaciones, acogidas al principio con desdén por la violencia o por la indiferencia banal de la ociosa curiosidad, esparcirán oleajes de luz sobre los ciegos y los regenerarán.
Todos los grandes acontecimientos han tenido sus profetas, alternativamente incensados y desconocidos. A la manera que Moisés conducía a los hebreos, nosotros os conduciremos hacia la tierra prometida de la inteligencia.
¡Admirable semejanza! Se producen los mismo fenómenos, no ya en el sentido material destinado a sorprender a los hombres niños, sino en su acepción espiritual. Los niños se han vuelto adultos; aumentándose el blanco; los ejemplos ya no se dirigen a los ojos; la varita de Aarón está rota y la única transformación que operamos es la de vuestros corazones atentos al grito del amor que del cielo retumba sobre la tierra.
¡Espiritistas! Comprended la gravedad de vuestra misión, estremecerse de alegría, porque no está lejos la hora en que el Divino enviado regocijará al mundo. Espiritista laboriosos, benditos seáis en vuestros esfuerzos y perdonados en vuestros errores. La ignorancia y la turbación os ocultan aún una parte de la verdad que sólo el celeste mensajero puede revelar por completo. (San Luis. París, 1862).

7.— La venida de Cristo despertó en vuestra tierra sentimientos que por un momento la sometieron a la voluntad de Dios; mas los hombres ciegos por sus pasiones no pudieron guardar en sus corazones el amor al prójimo, el amor al maestro del cielo. El enviado del Todopoderoso abrió a la humanidad el camino que conduce a la morada feliz; pero la humanidad ha retrocedido del paso inmenso que Cristo le hizo dar; ha vuelto a caer en el cenagal del egoísmo y el orgullo le ha hecho olvidar a su Creador.
Dios permite que su palabra se predique otra vez sobre la tierra, y debéis glorificarlo por haberse servido llamaros antes que a los demás para que creáis lo que más tarde se enseñará. Regocijaros, porque se aproximan los tiempos en que esta palabra se hará oír. Mejoraos, aprovechándoos de las enseñanzas que Él nos permite daros.
¡Produzca sus frutos el árbol de la fe, que tan profundas raíces echa en la actualidad, y maduren esos frutos como madurará la fe que anima hoy a alguno de vosotros.
Sí, hijos míos, el pueblo se agrupará al paso del nuevo Mensajero anunciado por el mismo Cristo, y todos acudirán a oír la divina palabra, porque reconocerán el lenguaje de la verdad y el camino de la salvación. Dios que nos ha permitido iluminaros y sosteneros en vuestra marcha hasta hoy, nos permitirá también daros las instrucciones que os sean necesarias.
Pero vosotros que habéis sido los primeros favorecidos con la creencia, debéis cumplir también vuestra misión; es preciso que guiéis a los vuestros, que aún dudan de las manifestaciones que Dios nos permite; tendréis que hacer brillar a sus ojos los beneficios de lo que tanto os ha consolado; porque en vuestros días de tristeza y abatimiento han hecho nacer en vuestro corazón esa esperanza, sin la cual hubieseis quedado desalentados.
Esto es lo que será preciso participar a los que aún no creen, no con precipitación inoportuna, sino con prudencia y sin chocar de frente con las preocupaciones arraigadas de mucho tiempo. Un árbol viejo no se arranca de un solo golpe, como una hierba, sino poco a poco.
Sembrad desde ahora lo que queráis recoger más tarde; sembrad el grano que llegará a fructificar en el terreno que habréis preparado y cuyo fruto recogeréis vosotros mismos, porque Dios os tomará en cuenta lo que habréis hecho por vuestros hermanos. (Lamennais. Havre, 1863).

PORVENIR DEL ESPIRITISMO

8.— El Espiritismo, después de sus primeras jornadas, aguerrido, desprendiéndose cada día más de las oscuridades que le han servido de pañales, muy pronto hará su aparición en la gran escena del mundo.
Los acontecimientos marchan con tal rapidez, que no puede desconocerse la poderosa intervención de los Espíritus que presiden los destinos de la tierra. Hay una especie de conmoción íntima en los flancos de vuestro globo, como si estuviera en los dolores del parto; nuevas razas que saliendo de las altas esferas vienen a agruparse a vuestro lado, esperan la hora de su encarnación misionera y se preparan para el estudio de varias cuestiones que hoy remueven la tierra.
Por todas partes se ven señales de decrepitud en los usos y legislaciones que ya no están en relación con las ideas modernas. Las viejas creencias, adormecidas hace siglos, parece quieren despertarse de su entorpecimiento secular y se admiran de verse sorprendidas por nuevas creencias dimanadas de filósofos y pensadores de este siglo y del pasado. El sistema bastardeado de un mundo que sólo era un simulacro, se derrumba ante la aurora del mundo real, del mundo nuevo. La ley de solidaridad, de la familiar ha pasado a los habitantes de los estados para conquistar en seguida toda la tierra; mas esta ley tan sabia, tan progresiva, esta ley divina, en una palabra, no se ha limitado a este único resultado; infiltrándose en el corazón de los grandes hombres, les ha enseñado que no sólo era necesario para el grande mejoramiento de vuestra mansión, sino que se extiende a todos los mundos de vuestro sistema solar, para desde allí difundirse por todos los mundos de la inmensidad.
Bella es esta ley de la solidaridad universal, porque contiene esta máxima sublime: Todos para uno y uno para todos.
He aquí, hijos míos, la verdadera ley del Espiritismo, la verdadera conquista del porvenir próximo. Marchad, pues, impávidos por vuestro camino sin hacer caso de las burlas de los unos y del gastado amor propio de los otros. Estamos y estaremos con vosotros bajo la égida del Espíritu de Verdad, Señor mío y vuestro. (Erasto. París, 1863)

9.— El Espiritismo extiende todos los días el círculo de su enseñanza moralizadora. Su grande voz ha resonado de una a otra parte de la tierra. La sociedad se ha conmovido, y de su seno han salido los aceptos y los adversarios.
Adeptos fervientes, adversarios hábiles, pero cuya propia habilidad y nombradía ha servido para defender la causa que querían combatir llamando la atención de las masas sobre la nueva doctrina, incitándoles el deseo de conocer las enseñanzas regeneradoras que sus adeptos preconizan de quienes pretendían mofarse y ponerlos en ridículo.
¡Contemplad el trabajo que se ha hecho y alegraos de su resultado! ¡Mas qué indecible efervescencia se producirá en los pueblos, cuando los nombres de sus escritores más distinguidos se unirán a los más oscuros o menos conocidos de aquellos que se agrupan alrededor del estandarte de la verdad!
Mirad lo que han producido los trabajos de algunos grupos aislados, la mayor parte contrariados por la intriga y la mala voluntad, y juzgad la revolución que se operará cuando todos los miembros de la gran familia espiritista se darán la mano y declararán con frente erguida y noble corazón la sinceridad de su fe y de su creencia en la realidad de la enseñanza de los Espíritus.
Las masas aman el progreso, lo buscan, pero lo temen. Lo desconocido inspira un secreto terror a los hijos ignorantes de una sociedad alimentada de preocupaciones que ensaya sus primeros pasos en el camino de la realidad y del progreso moral. Las grandes palabras de libertad, progreso, amor y caridad impresionan al pueblo sin conmoverlo y muchas veces prefieren su estado presente y mediano a un porvenir mejor, pero desconocido.
La razón de este miedo del porvenir está en la ignorancia del sentimiento Moral de un gran número y del sentimiento inteligente de los otros. Pero no es cierto, como han dicho muchos filósofos célebres, a quienes ha engañado una falsa concepción del origen de las cosas, como yo mismo dije —¿Por qué avergonzarme de confesarlo? ¿Acaso no he podido engañarme? -No es cierto, repito, que la humanidad sea mala por esencia; no, perfeccionando su inteligencia, no extenderá el vuelo de sus malas cualidades. Alejad de vosotros esos pensamientos de desconfianza que descansan sobre un falso conocimiento del espíritu humano.
La humanidad no es mala por naturaleza, pero es ignorante, y por lo mismo más apta para dejarse gobernar por las pasiones. Es progresiva y debe progresar para alcanzar sus destinos; ilustradla, mostradle sus enemigos ocultos en la sombra; desarrollad su esencia moral, que es innata en ella, sino que está dormida bajo la influencia de los malos destinos y reanimaréis el lucero de la eterna verdad, de la eterna presencia del infinito, de lo bueno y de lo hermoso que reside siempre en el corazón del hombre, aún del más perverso.
Hijos de la nueva doctrina, reunid vuestras fuerzas, que el soplo divino y el socorro de los buenos Espíritus os sostengan y haréis grandes cosas. Vosotros tendréis la gloria de haber puesto las bases de los principios imperecederos, cuyos frutos recogerán vuestros descendientes. (Montaigne. París, año 1865)

LAS ESTRELLAS CAERÁN DEL CIELO

10.— ¡Oh! ¡Qué hermosa es la luz del Señor! ¡Qué prodigioso esplendor derraman sus rayos! ¡Sion Santa! Bienaventurados aquellos tabernáculos. ¡Oh! ¡Qué armonía puede compararse a las esferas del Señor! ¡Hermosura incomparable para los ojos mortales, incapaces de divisar todo lo que no puede estar bajo el dominio de los sentidos!
El Espiritismo viene a iluminar a los hombres como la espléndida aurora de un nuevo día. Luceros más intensos aparecen ya en el horizonte, y los Espíritus de las tinieblas, viendo que su imperio se desmorona, se entregan a la impotente ira haciendo su último esfuerzo en infernales tramas. El ángel radiante del progreso extiende ya sus blancas alas matizadas, las virtudes de los cielos se conmueven y las estrellas se desprenden de su bóveda, pero transformadas en Espíritus puros, que vienen, como lo anuncia la Escritura en lenguaje figurado, a proclamar sobre las ruinas del viejo mundo el advenimiento del Hijo del Hombre.
¡Bienaventurados aquellos cuyo corazón está preparado para recibir la semilla divina que los Espíritus del Señor esparcen por todos los vientos del cielo! ¡Bienaventurados aquellos que cultivan en el santuario de su alma las virtudes que Cristo vino a enseñarles y que continúa enseñándoles por la voz de los médiums, es decir, por los instrumentos que repiten las palabras de los Espíritus! ¡Bienaventurados los justos, porque de ellos será el reino de los cielos!
Amigos míos, continuad marchando por el camino que se os ha trazado; no sirváis de obstáculo a la verdad que quiere ilustrar al mundo, no, sed propagadores celosos e infatigables como los primeros apóstoles, que no tenían techo que los cobijara, pero que marchaban a la conquista iniciada por Jesús sin segunda intención, sin vacilar; que lo sacrificaban todo, hasta la última gota de su sangre para establecer el Cristianismo.
Vosotros, amigos míos, no necesitáis hacer tan grandes sacrificios, no; Dios no os pide vuestra vida, sino vuestro corazón, vuestra buena voluntad. Sed, pues, celosos y marchad unidos y confiados repitiendo la palabra divina: "¡Padre mío, hágase vuestra voluntad y no la mía!" (Dupuch, Obispo de Ángel. Burdeos, 1863)

LOS MUERTOS SALDRÁN DE SUS SEPULCROS

11.— ¡Pueblos escuchad!... Una grande voz resuena de una a otra parte de los mundos; es la del Precursor anunciando la venida del Espíritu de Verdad que viene a enderezar los caminos torcidos, en los que se pierde el espíritu humano en falsos sofismas. Es la trompeta del Ángel que viene a despertar a los muertos para que salgan de sus sepulcros.
Habéis leído muchas veces la revelación de Juan, y os habéis preguntado: ¿Pero qué quiere decir? ¿Cómo se cumplirán estas cosas sorprendentes? Y vuestra razón confundida se hunde en un tenebroso dédalo, de donde no podría salir, porque queréis tomar a la letra lo que se dijo en estilo figurado.
Ahora que ha venido la época en que van a tener lugar una parte de esas predicaciones, aprenderéis a leer poco a poco en ese libro en el que el discípulo, muy amado, consignó las cosas que le fue permitido ver. Sin embargo, las malas traducciones y las falsas interpretaciones os molestarán aún algún tiempo, pero con un trabajo asiduo llegaréis a comprender lo que hasta el presente había sido para vosotros una carta cerrada.
Comprended, sin embargo, que si Dios permite que se rompan los sellos más pronto por algunos, no es para que esta enseñanza se quede estéril en sus manos, sino para que como infatigables roturadores, desmonten las tierras incultas; es con el fin de que ellos fecunden con el dulce rocío de la caridad, los corazones secos por el orgullo y aprisionados en mundanales cadenas, en quienes no ha podido germinar aún la buena semilla de la palabra de vida.
¡Cuantos hay consideran la vida como un festín perpetuo, en que se suceden sin interrupción las distracciones y placeres! Inventan mil bagatelas para entretener sus ocios; cultivan su talento, porque es una de las brillantes facetas que sirven para hacer notable su personalidad; estos tales se parecen a esas burbujas de jabón efímeras, que reflejan los colores del prisma columpiándose en el espacio; atraen un instante las miradas, las buscáis después, y... han desaparecido sin dejar ninguna señal. Del mismo modo esas almas mundanas brillaron con esplendor prestado, durante su corto pasaje sobre la tierra, y nada han dejado útil, ni para sus semejantes, ni para ellos mismos.
Vosotros que conocéis lo que vale el tiempo, vosotros a quienes se os ha revelado poco a poco las leyes de la eterna sabiduría, sed instrumentos dóciles en las manos del Todopoderoso para llevar la luz y la fecundidad a esas almas, a quienes se dirigen aquellas palabras: tienen ojos y no ven, oídos y no oyen, porque habiéndose desviado de la antorcha de la verdad y escuchado la voz de las pasiones, su luz es sólo tinieblas, en medio de las cuales, el Espíritu no puede reconocer el camino que le hace subir hasta Dios.
El Espiritismo es esa voz poderosa que resuena ya hasta en los confines de la tierra; todos la oirán. Felices aquellos que sin taparse voluntariamente los oídos, saldrán de su egoísmo como lo harían los muertos de sus sepulcros y cumplirán desde ahora los actos de la verdadera vida, la del Espíritu que se desprende de las trabas de la materia, como hizo Lázaro del sudario, a la voz del Salvador.
El Espiritismo señala la hora solemne en que deben despertar las inteligencias, que han hecho uso de su libre albedrío, para entrar en los fangosos senderos, cuyos miasmas deletéreos han infestado el alma de un veneno lento que le da todas las apariencias de la muerte. El Padre celeste se apiada de sus hijos pródigos, tan abandonados, que ni siquiera se acuerdan de la casa paterna, y para ellos permite Dios esas manifestaciones brillantes destinadas a convencerles, de que más allá de este mundo de formas perecederas el alma conserva el recuerdo, el poder y la inmortalidad.
Ojalá que esos pobres esclavos de la materia puedan sacudir la torpeza que les ha impedido ver y comprender hasta hoy; ojalá puedan estudiar con sinceridad, a fin de que penetrando en su alma la luz divina, arroje de ella la duda y la incredulidad. (Juan Evangelista. París 1866)

EL JUICIO FINAL

12.— Jesús vendrá sobre las nubes a juzgar a los vivos y a los muertos.
Sí, Dios le enviará, como le envía todos los días, para que haga esa justicia soberana en las llanuras inmensas del éter. ¡Ah! cuando Santiago fue arrojado desde lo alto del templo de Jerusalén, por los Pontífices y fariseos, por haber anunciado al pueblo reunido, esta verdad enseñada por Cristo y sus apóstoles, acordaros que al oír esta palabra del justo, la multitud se prosternó gritando: ¡Gloria a Jesús hijo de Dios, en lo más alto de los cielos!
Vendrá sobre las nubes a celebrar sus formidables juicios. ¡Oh Espiritistas! ¿Acaso no equivale esto a deciros que viene perpetuamente a recibir las almas de aquellos que vuelven a la erraticidad? Pasad a mi derecha, dice el pastor a sus ovejas, vosotros que habéis obrado bien, siguiendo los designios de mi Padre; pasad a mi derecha, y subid hacia Él; en cuanto a vosotros que os habéis dejado dominar por las pasiones de la tierra, pasad a mi izquierda, vosotros estáis condenados.
Sí, vosotros estáis condenados a volver a empezar el camino que habéis hecho, en una nueva existencia terrestre, hasta que estéis hartos de materia y de iniquidades y que al fin echéis la impureza que os domina. Sí, vosotros estáis condenados, id, pues, y volved al infierno de la vida humana, mientras que vuestros hermanos de mi derecha van a lanzarse hacia las esferas superiores, en donde no existen las pasiones de la tierra, hasta el día que entrarán en el reino de mi Padre, después de una mayor purificación.
Sí, Jesús vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos; a los vivos: los justos, los de su derecha; a los muertos: los impuros, los de su izquierda; y cuando los justos se elevarán en alas de la virtud, la materia volverá a dominar aún a los impuros, hasta que estos salgan vencedores en los combates contra la impureza, despojándose en fin y para siempre de sus crisálidas humanas.
Espiritistas, ya veis que vuestra doctrina es la única que consuela, la sola que da esperanza, no condenando a una pena eterna a los desgraciados que se han portado mal, durante un minuto de la eternidad; la única, en fin, que predice el verdadero fin de la tierra por la elevación gradual de los Espíritus. Progresad, pues, despojándoos de las creencias erróneas para entrar en la región de los Espíritus amados de Dios. (Erasto. París, 1861)

13.— La sociedad en general, mejor dicho, la reunión de seres tanto encarnados como desencarnados que componen la población flotante del mundo, en una palabra, una humanidad, no es otra cosa que un gran niño colectivo que, como todo ser dotado de vida, pasa por todas las fases que suceden en cada uno, desde el nacimiento hasta la edad más avanzada; y así como el desarrollo del individuo va acompañado de ciertas perturbaciones físicas e intelectuales, que incumben más particularmente a ciertos períodos de la vida, la humanidad tiene sus enfermedades de desarrollo, sus revoluciones morales e intelectuales.
A una de estas grandes épocas que terminan un período y empiezan otro, estáis llamados para asistir. Participando a la vez de las cosas del pasado y de las del porvenir, de los sistemas que se desploman y de las verdades que se cimientan, tened cuidado, amigos míos, y poneos de parte de la solidez, del progreso y de la lógica, sino queréis ser arrastrados al precipicio; y abandonad los palacios aparentemente suntuosos, pero minados por su base, que sepultarán muy pronto bajo sus ruinas a los desgraciados demasiado insensatos para no querer salir de ellos, a pesar de los avisos que se les han prodigado en todos conceptos.
Todas las frentes se ponen sombrías, y la aparente calma que gozáis, sólo sirve para acumular mayor número de elementos destructores.
El huracán que destruye el fruto de los sudores de un año, va precedido algunas veces de anuncios que permiten tomar las precauciones necesarias para evitar en lo posible la devastación. No sucederá así ahora. El cielo nublado se serenará; las nubes desaparecerán; luego, de repente, todos los furores comprimidos por tanto tiempo se desencadenarán con inaudita violencia.
¡Desgraciados aquellos que no habrán preparado una morada! ¡Desgraciados los fanfarrones que irán al peligro desarmados y con el pecho descubierto! ¡Desgraciados aquellos que se arriesgarán con la copa en la mano! ¡Qué decepción tan terrible les espera! ¡Caerán heridos antes que la copa sostenida por su propia mano les llegue a los labios!
A la obra, pues, espiritistas, no olvidéis que debéis ser muy prudentes y previsores. Tenéis un escudo, sabed aprovecharlo; tenéis un áncora salvadora, no la despreciéis. (Clélie Duplantier. París, 1867)

NOTA DEL EDITOR

A raíz de la publicación del folleto Los Espíritus: su creación, transmigración, etc., etc., un espiritista se atrevió a escribir unos comentarios y los envió a La Cabaña, ésta le contestó; se cruzaron dos o tres cartas y hasta que se dio por terminada la polémica no tuve conocimiento de ello.
Me había propuesto no decir una palabra pero, bien reflexionado, creo que aquel caballero, que tan abiertamente falta a las reglas de buena educación, de una instrucción tan corta que apenas si sabe lo que es gramática y que acaso de espiritista sólo tiene el nombre y no la conciencia, merece un correctivo. Ha de saber que, para discutir, es preciso dominar bien la materia y tener una instrucción mucho más vasta que la que él posee; no es suficiente peinar canas, es preciso que las vigilias dedicadas al estudio, hayan estropeado el cuerpo y madurado el cerebro, y además, comprender que todo lo que se refiere a los espiritistas no es música celestial sino que es ciencia. ¿Qué diría aquel señor si yo me metiese a juzgar una obra de música de más o menos mérito? Se reiría de mí, porque yo no diría más que sandeces, ya que desconozco, no las reglas de composición solamente, sino la escala musical.
Si puse Revelación primera, fue para ordenar las publicaciones que saliesen de la Reunión Amor, Paz y Caridad, no porque creyera que aquélla fuera la primera en absoluto; como tampoco soy tan necio en creer como aquel buen señor, que la tercera que ha habido en el Mundo Tierra haya sido la de Allan Kardec, como éste pomposamente estampa en sus obras.
Dios se ha manifestado a los hombres en diferentes países en muchas épocas y basta para saberlo el más superficial conocimiento de la historia, ¿por qué, pues, se atreve nadie a sentar tan rotundamente que él es el tercer elegido? ¿Y cómo presunción tanta puede tener secuaces ciegos que lo crean? —Me lo explico, sólo viendo gente como el caballero en cuestión que, siendo una solemne nulidad en esta materia, quiere pasar por doctor; la vanidad, es el único móvil, porque si un maestro se abroga un pomposo título, éste alcanzará a sus discípulos; si él es el elegido por excelencia, ellos son los discípulos del elegido y también son excelentes.
En pleno siglo XIX no es posible la mistificación, se sabe o no se sabe, es bueno o malo; las medias tintas sólo son de efecto en los cromos, los colores impuros o chillones sólo sirven para las cajas de mixtos.
No puedo extenderme más en este asunto; quisiera probar la inmensa nulidad del referido caballero, y pues no puedo en esta ocasión, otra vez será; por ahora sólo le recomiendo que no se meta en lo que no entienda para que no caiga en el ridículo y haya de decirle como en la ocasión presente ¡zapatero a tus zapatos!

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Teología, Cosmología, Ontología y Moral Espiritista por La Cabaña
Publicado por la reunión familiar del Amor, Paz y Caridad universales

Notas a pie de página del opúsculo:
Teología, Cosmología, Ontología y Moral Espiritista por La Cabaña. Publicado por la reunión familiar del Amor, Paz y Caridad universales

=1=
Esta luz es la espiritual, la que con tanto afán busca y desea alcanzar la humanidad entera.

=2=
Esta comprensión es espiritual también.

=3=
NUEVA.— No se quiere decir que nazca ahora mismo y con este título; nueva, porque el espiritismo como hoy se explica, cuenta muy pocos años de existencia.

=4=
Describiremos y explicaremos los grados en las Instrucciones a los Espiritistas. Véase, además, el folleto: "Los Espíritus, su creación, transmigración, etc. EL PASTOR". Barcelona (1884).

=5=
Desde este grado vino Jesús en su última encarnación y vivió poco su materia por haber alcanzado su espíritu el grado Mayor.

=6=
Muchos espiritistas se quejan de haber sido muchas veces engañados por los espíritus; no es posible que los elevados hagan tal cosa, si no es el que les pregunte lo interesadamente, es decir, preguntándoles cosas materiales; si hubieran preguntado sólo lo espiritual seguramente que jamás sufrirían decepciones.

=7=
Toda la pluralidad es tierra como en este mundo en que nos hallamos, en cada uno de ellos, al entrar el espíritu se envuelve en substancia propia del mismo.

=8=
Esto es el purgatorio católico.

=9=
Hallándose el grado 13 en el confín de la atmósfera, y como la tierra da vuelvas continuamente, no siempre los espíritus del grado 13 están en presencia del sol como los del 14 en adelante; recibiendo los espíritus la luz del sol, que es el mundo regido por el gran Regentador Universal (Dios), ha convenido señalar esos dos grados intermedios.

=10=
Varias comunicaciones en el folleto "El espiritismo en la Biblia", por Enrique Stecki.

=11=
El hombre puede lo que quiere; por lo tanto llegará a su Criador cuando se lo proponga, cuando sea su voluntad. No quiere decir esto que el hombre sea igual a Dios, muy al contrario, es su hijo y depende de Él, pero habiendo el Padre establecido unas leyes fijas no cabe duda que el que las cumpla, alcanzará premio de Él y este premio es gozar de su presencia; el que no las cumpla, ha de sufrir el castigo. Pues bien, si nos proponemos ser buenos, cumplir los mandatos del Criador y sacrificarnos por nuestros hermanos si es preciso, nada más natural que al terminar nuestra existencia terrena vayamos al Padre. Si obramos al revés y echamos en olvido las leyes divinas, en vez de premio hemos de sufrir un castigo. Teniendo esto presente, no debe extrañar que se diga que el hombre va al Padre cuando lo quiera el hombre, pues que en su voluntad está el ser bueno o el ser malo y por tanto alcanzar premio o castigo.

=12=
Por la mucha importancia que tienen estas comunicaciones las transcribimos al fin de este opúsculo y pertenecen a la obrita de Enrique Stecki "El espiritismo en la Biblia". Apéndice. Trad. esp. por D. J. B. I. D. V., S. Martín de Provensals. 1871.

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